Francisco Rubio Llorente - In memoriam

Emilio Lamo de Espinosa, presidente del Real Instituto Elcano, recuerda a Francisco Rubio Llorente, quien fue miembro del Consejo Científico del Instituto. Comunicado - 25/1/2016

Francisco Rubio Llorente ha sido, sin duda, uno de nuestros más brillantes constitucionalistas y ello en un país que no carece precisamente de constitucionalistas brillantes. En mi opinión era, sin embargo el mejor por dos razones que no aparecen, que no brillan. La primera es que poseía una nada frecuente profundidad de pensamiento y sus argumentos tienen tanta hondura como extensión quizás porque tenía visión histórica –porque tenía también visión clásica- y no le fascinaba el presente inmediato frente al cual se situaba siempre como de medio lado, para tomar distancia y verlo mejor. Digamos pues que Francisco Rubio Llorente no solo argumentaba; antes de hacerlo había pensado, y mucho, lo que iba a  decir. Rara vez hablaba por hablar pues le preocupaba mucho más la precisión, e incluso la oportunidad de la palabra, el momento adecuado, que su brillo. Era, por decirlo lisa y llanamente, una persona de rara humildad intelectual y notable sencillez.

La segunda razón deriva de esta primera: a diferencia de muchos pensadores e intelectuales Rubio Llorente poseía una inagotable dosis de sensatez, prudencia y buen sentido. Él creía que por su condición extremeña, casi rural y campesina, que exhibía con gusto y orgullo. Pero no es así, pues podría citar muchos extremeños carentes del seny que a él le caracterizaba. Y esa enorme sensatez que exhiben todos sus trabajos, los que poseen vocación científica pero también los que publicaba en la prensa diaria, le blindaba y le vacunaba contra todo tipo de modas intelectuales, una verdadera plaga hoy en día. Pues también frente a esas modas se colocaba de medio lado, con cierta sorna, pues había ido y ha vuelto varias veces antes de que esa idea fuera moda.

Rubio Llorente no era un hombre intelectualmente frío. Muchos creen –a partir de ciertas simples interpretaciones de Max Weber- que la ciencia se construye desde el desapasionamiento y con frialdad, mecánicamente. No es cierto; se construye desde y con la pasión, como mostró el propio Weber en su vida. Y Francisco Rubio tenía una enorme pasión intelectual, que alimentaba con una gran fuerza, con un extraordinario vigor. Por eso sus textos combinaban sabiamente compromiso y distanciamiento, proximidad y lejanía.

Que a partir de esos datos, de ese carácter, Francisco Rubio llegara a generar una verdadera escuela de Derecho Público, con una extraordinaria pléyade de discípulos, no debe extrañar a nadie. Como tampoco que en este casa, en el Instituto Elcano, estábamos orgullosos de poder contar con él en nuestro Consejo Científico.

Es un honor que nos hacía; él debería saber que lo sabíamos, aunque esta oportunidad de decirlo llegue ya algo tarde.

Emilio Lamo de Espinosa
Presidente del Real Instituto Elcano
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