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estudios internacionales y estratégicos

España en el mundo en 2017: perspectivas y desafíos

Ignacio Molina (coord.). Elcano Policy Paper 1/2017 - 27/2/2017


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Resumen

España en el mundo durante 2017: perspectivas y desafíos

Trabajo colectivo del Real Instituto Elcano que pretende hacer un análisis prospectivo de la posición internacional de España de cara a 2017 y cierto balance de lo ocurrido durante 2016. La primera sección repasa las continuidades y cambios en el arranque de un nuevo ciclo, incluyendo un panorama general de la política exterior, las perspectivas para la cooperación al desarrollo y la proyección cultural. En segundo lugar se exponen los retos a los que se enfrenta el país en materia de seguridad, política de defensa y lucha contra el terrorismo. La tercera sección afronta las cuestiones económicas, con atención a la coyuntura internacional y las implicaciones para España en el ámbito comercial, energético, de innovación digital y de flujos migratorios. A continuación se aborda el papel de España en los asuntos globales: el futuro de la gobernanza multilateral, los derechos humanos, la lucha contra el cambio climático y la promoción de la igualdad de género en el mundo. La quinta sección explora las cuestiones relativas al papel de España en Europa, prestando especial atención al Brexit, el auge de los populismos euroescépticos, la crisis migratoria y la relación con Rusia. Finalmente, se hace un repaso a lo que puede esperarse de la acción exterior en los demás espacios geográficos, empezando esta vez el análisis por EEUU bajo Donald Trump, para acabar –tras el examen de América Latina y el Mediterráneo– en la región de Asia Oriental. El documento se cierra con unas conclusiones.

Contenidos

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2017?

  1. La acción exterior: recuperar el tiempo perdido
  2. La seguridad: fin y principio de ciclos pero amenazas persistentes
  3. Economía y demografía: una buena coyuntura en un clima de malos augurios
  4. España y los asuntos globales: aspirando a potencia media
  5. España ante los desafíos europeos: la integración puesta a prueba
  6. España ante los desafíos regionales: más riesgos que oportunidades

Conclusiones: no es cierto que hayamos tenido ya suficientes expertos

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2017?

Por quinta vez consecutiva el Real Instituto Elcano (RIE) se asoma al nuevo año realizando este ejercicio colectivo que, como indica su título, trata de analizar el lugar y el papel a desempeñar por “España en el mundo” durante los próximos 12 meses. Se trata de un documento que pretende ofrecer a la vez un balance de lo ocurrido en el convulso 2016, pero sobre todo una previsión de prospectiva a corto plazo y algunas claves que podrían ayudar a nuestro país a afrontar mejor el horizonte, tanto el inmediato como el más lejano.

No se puede negar que el escenario internacional actual, ya sea a escala mundial o en el nivel regional de la UE, resulta en muchos casos inquietante para nuestra seguridad, la recuperación del bienestar perdido durante la crisis, e incluso algunos de los valores democráticos y liberales más importantes que compartimos una gran mayoría de españoles. Pero tampoco debemos abonarnos al pesimismo y, si bien terminaré estas palabras de presentación al documento con una llamada de atención sobre la necesidad de prepararnos para un escenario de alto riesgo, el panorama internacional sigue ofreciendo muchas oportunidades que debemos abordar de forma proactiva. En el RIE seguimos creyendo que el principal reto exterior que tenemos como país es conectarnos mejor con la globalización y la integración europea. Lo peor sería responder a esta compleja coyuntura actuando a la defensiva o contagiándonos de los aires aislacionistas y proteccionistas que soplan con fuerza, quién lo diría, en el mundo occidental.

El análisis que aquí se presenta vuelve a ser un producto coral coordinado por Ignacio Molina pero en el que participan todos los investigadores de la casa, una casa que además crece y que en el año pasado ha incorporado varias caras nuevas. En esta edición son ya 28 las firmas que contribuyen a la publicación. Me resulta particularmente grato dar la bienvenida a los cuatro coautores que engrosan esa lista por primera vez porque atestiguan algunos de los desarrollos más importantes que ha experimentado el RIE a lo largo de 2016.

En primer lugar Luis Simón, especialista en seguridad europea y transatlántica, que dirige desde hace unos meses nuestra recién estrenada Oficina en Bruselas. Contar con una delegación permanente fuera de Madrid y en un sitio tan relevante como la capital belga, sede institucional de la UE y de la OTAN, ya está contribuyendo de modo activo a difundir nuestros trabajos y mejorar la influencia que deben tener en los grandes debates europeos las ideas generadas en España. También sirve para reforzar nuestros lazos con otros think-tanks, en especial con el IFRI, el instituto francés de referencia en los estudios internacionales, con el que compartimos instalaciones y con el que hemos organizado hace poco el seminario que sirvió de inauguración formal a la Oficina.

A continuación he de mencionar a Francisco Andrés, que en este documento examina las cuestiones de la agenda digital y cuyo trabajo diario como coordinador de la Oficina de Proyectos de nuestro Instituto se ha visto recompensado por un gran éxito: la reciente concesión por parte de la Comisión Europea de una investigación del programa H2020 (proyecto MINDb4ACT “Innovative, ethical and effective actions to tackle radicalization leading to violent extremism”), en donde vamos a dirigir un consorcio de 18 instituciones europeas: universidades, institutos, asociaciones industriales, consultoras, ONG y varias agencias o fuerzas de Seguridad (como el Ministerio de Justicia de Italia, la Academia de Policía de Finlandia, la Guardia Civil, las policías regionales de Poznan, Baviera e Irlanda del Norte, y la Policía Municipal de Madrid). En los próximos años, lideraremos la investigación más puntera que se desarrolle en la UE sobre temas prioritarios para la salud de nuestras democracias tales como la intervención con menores en la lucha contra el terrorismo, el papel de la mujer en el proceso de radicalización, la prevención en escuelas y cárceles, o las trabas a la distribución de material violento en Internet.

Y, finalmente, también saludo a Mira Milosevich y a Andrés Ortega, que son dos de nuestros más activos Investigadores Senior Asociados. En el caso de Mira, su incorporación como experta en Europa Oriental contribuye de manera relevante a lograr el objetivo de cubrir mejor el seguimiento de importantes áreas de la política mundial (un propósito que queremos ampliar pronto a África subsahariana). Andrés, que analiza los asuntos relativos a la gobernanza multilateral y que desde hace tiempo escribe semanalmente la sección “El Espectador Global” en nuestro blog, nos ha ayudado además en 2016 a conectarnos con otra gran red: el “Think20” o T20 que agrupa importantes think-tanks de los países que forman parte del G20 y en el que el RIE representa a España. Además, su colaboración demuestra que nuestro Instituto es capaz de tener una mirada muy amplia hacia el mundo que, junto a la interdisciplinariedad y el pluralismo de sensibilidades, no desaprovecha a quienes tienen una larga experiencia de dedicación a la prospectiva y al análisis de asuntos internacionales. Y ello, claro está, combinado con la juventud de los nuevos ayudantes de investigación que siguen incorporándose o las decenas de becarios en prácticas que animan el día a día y fortalecen nuestro compromiso de forjar sinergias con el mundo universitario español.

Por lo demás, 2016 ha vuelto a ser un año muy productivo para el Instituto en lo que respecta a sus actividades, publicaciones habituales y amplia presencia en los medios. Seguimos trabajando en tres frentes en donde resulta singularmente valioso un análisis riguroso e independiente de la política mundial. Así, procuramos que políticos, altos funcionarios, empresarios y otros actores de la sociedad civil conozcan mejor el contexto internacional en el que se inserta España, animándolos a que esa inserción se refuerce en su toma de decisiones. Al mismo tiempo, intentamos acercar la realidad de nuestro país y de su proyección exterior a los observadores extranjeros. Y también por supuesto, yo casi diría que primordialmente, ofrecemos claves al conjunto de la ciudadanía interesada en los asuntos internacionales y estratégicos; no sólo la española sino también la de otros muchos países latinoamericanos, europeos y mediterráneos, de donde provienen la mayor parte de nuestros lectores.

Ese esfuerzo se ve recompensando y valorado. Junto a los abrumadores datos empíricos que pueden ofrecerse sobre número de trabajos, descargas en la Web, seguidores en las redes o asistentes a nuestros actos, el RIE sale otra vez bien parado en los rankings internacionales como los que publican la Universidad de Pensilvania o la Academia China de Ciencias Sociales. En el primero de los índices aparecemos como el primero de España y el 30 del mundo en la categoría de institutos dedicados a la política exterior y las relaciones internacionales (2016 Global Go To Think-Tanks Index Report), así como el 19 en la lista de todos los think-tanks generalistas de Europa Occidental. En el segundo (Global Think-Tank Evaluation Report 2015), somos el único centro español entre los 100 primeros del mundo, alcanzando el puesto 34.

Podría poner punto final aquí a esta presentación y hacerlo con la satisfacción del buen balance sobre el trabajo realizado desde el Instituto y la amplia acogida que ha tenido por nuestros muchos amigos. Pero sería superficial por mi parte no terminar recuperando el tono de preocupación expresado al inicio sobre lo que nos depara 2017. Nuestro país, aún con todas sus debilidades, parece ir superando los momentos tan difíciles que hemos vivido en el último decenio. En el terreno socioeconómico queda mucho camino por recorrer para alcanzar la prosperidad a la que aspiramos pero los datos de crecimiento son esperanzadores y, según el FMI, este año se recuperará por fin el nivel del PIB que teníamos en 2008. En lo político, y aunque también sigue resultando necesario mejorar nuestra vida pública en diversos ámbitos, lo cierto es que el Índice de Democracia 2016 recién publicado por The Economist Intelligence Unit nos coloca entre las 20 democracias de más calidad del mundo. Sin embargo, ahora que hemos iniciado una interesante nueva etapa caracterizada por el pluralismo y justo cuando estábamos alcanzando mejores condiciones para acometer las reformas necesarias (en el ámbito de la innovación, la convivencia territorial, la cohesión social, la transparencia y, en fin, nuestra influencia exterior como potencia media), afrontamos los mayores desafíos internacionales y europeos desde la caída del Muro de Berlín.

“Hay, por tanto, que atreverse a pensar en España lo que hasta hace poco era impensable y ahora ya solo es improbable”

Junto a las convulsiones a la seguridad firmemente instaladas en los últimos años, tanto en la frontera del Este (Ucrania y otros varios territorios de la vecindad europea), como en la del Sur (Siria, Irak, Libia, el drama de los refugiados o la amenaza terrorista), el mundo se enfrenta a un auténtico cambio de paradigma sobre lo que significa la libre circulación de bienes, personas e ideas. El Brexit por una parte y, sobre todo, la elección del 45 presidente de EEUU, Donald J. Trump, son dos acontecimientos de primer orden que pueden erosionar profundamente el enfoque abierto y relativamente cosmopolita que se venía afirmando en el mundo, y sobre todo en Europa, desde hace ya mucho tiempo, y del que España tanto se ha beneficiado.

Aunque un escenario de desintegración europea o una pauta perdurable de retraimiento soberanista en las grandes potencias no es el escenario base que se maneja en este documento, eso no quiere decir que no sea una alternativa posible. Hemos visto en el pasado reciente demasiados cisnes negros como para seguir menospreciando su posibilidad. Hay, por tanto, que atreverse a pensar en España lo que hasta hace poco era impensable y ahora ya solo es improbable. Porque no es ni mucho menos lo mismo que se ralentice la regulación internacional o que aumenten de forma más o menos coyuntural los aranceles que abandonar hostilmente los acuerdos de libre comercio y despreciar las organizaciones y foros de coordinación económica o lucha contra el cambio climático hoy existentes. Tampoco tiene nada que ver que Washington zahiera un poco a sus aliados europeos (no le falta razón para hacerlo y no es la primera vez que lo hace) o adopte un tono más beligerante frente a China, Corea del Norte e Irán, que una escalada imparable de la agresividad en esos escenarios a la vez que se cuestiona a la OTAN y se acepta que Rusia hace bien en rivalizar con los valores occidentales. En el ámbito propiamente europeo, pese a que la correlación de fuerzas y los sistemas electorales complican mucho un desenlace destructivo para la UE, tampoco puede ignorarse que dos fuerzas eurófobas encabezan los sondeos en los Países Bajos y Francia; y que la llegada al Elíseo de Marine Le Pen provocaría un golpe que podría ser letal para el proyecto europeo. En suma, no debemos esperar lo peor, pero sí prepararnos para esa eventualidad.

Otras veces en el pasado reciente, la acción exterior y europea de España se ha confiado excesivamente al escenario más probable (por ejemplo, un rápido triunfo de EEUU y sus aliados en la Guerra de Irak durante 2003 o un impulso a la construcción europea con el Tratado Constitucional en 2005) y ha acabado sorprendiéndole una realidad más desagradable, sin haber articulado auténticos planes de contingencia. Ahora lo que está en juego es mucho más importante. Y aunque puede incluso haber algunas oportunidades en este año tan difícil (por ejemplo, los desarrollos en Washington y Londres como acicates para tomarse más en serio la necesidad de reforzar la seguridad propiamente europea), lo más prudente es no descartar un nuevo cisne negro y realizar la prueba de esfuerzo sobre cómo afectaría a España la peor de las alternativas. ¿En qué situación quedaríamos si descarrila la UE o se afianza la desglobalización?, ¿dónde seríamos más vulnerables?, ¿cómo podríamos reaccionar?, y ¿quién nos acompañaría? Preguntas ciertamente inquietantes a las que deberíamos poder dar respuesta.

Emilio Lamo de Espinosa
Presidente del Real Instituto Elcano
| @PresidenteRIE

Conclusiones: no es cierto que hayamos tenido ya suficientes expertos

Resulta obvio constatar que 2016 no salió exactamente como se esperaba y aún estamos algo paralizados por el desconcierto producido como consecuencia de ciertos desarrollos de los acontecimientos a lo largo del año pasado. En efecto, el muy convulso panorama electoral (con la victoria del Brexit en junio, la elección del nuevo presidente de EEUU en noviembre, el auge de los populismos euro-escépticos en el corazón de Europa y, en menor medida, la larga interinidad del escenario español o la derrota de los gobiernos en los referendos de Colombia e Italia) condujo indefectiblemente a una sensación de incertidumbre sobre el momento político y cierta confusión sobre cómo abordar el futuro inmediato. No vamos a negar que la coyuntura es especialmente compleja y, como se ha mencionado en varios epígrafes este trabajo, no resulta del todo descartable que algunos de los fenómenos producidos el año pasado trascienda lo coyuntural, dando lugar a cambios más estructurales en el orden global y europeo de la post Guerra Fría. No obstante, parece necesario hacer dos importantes precisiones: en primer lugar, que no es del todo cierto que esas grandes sacudidas recientes fueran tan sorprendentes y, como luego se dirá, la edición anterior de este mismo documento adelantó algunas de ellas. En segundo lugar, que el paradigma de legitimidad y gobernanza internacional fundado en la segunda mitad del siglo XX, y que ahora parece estar en duda, puede ser endeble pero también más resiliente de lo que de forma precipitada tienden a considerar algunos analistas.

En relación con la primera precisión –hasta qué punto desde los think-tanks no fuimos capaces de entender una realidad compleja y advertir de la posibilidad de un año tan turbulento– merece la pena señalar que cualquier análisis detallado de los sondeos en EEUU o el Reino Unido no llevaban en absoluto a la conclusión de que el Brexit y Trump eran impredecibles. De hecho, la mitad de las decenas de encuestas publicadas en ambos países hace ahora doce meses (enero-febrero de 2016) otorgaban ya la victoria a la opción que aparentemente no podía suceder. En el caso estadounidense, los sondeos agregados mostraron que Hillary Clinton nunca tuvo más de cinco puntos de ventaja sobre Donald Trump, cuyo histrionismo y radicalidad eran bien conocidos por el público estadounidense desde el principio de la carrera presidencial. La diferencia entre los pronósticos y el resultado final –teniendo en cuenta además que la candidata demócrata ganó el voto popular por 48% a 45,9%, aunque el complejo sistema electoral norteamericano acabase otorgando la Casa Blanca a su oponente– fue por tanto bastante pequeña. Y si se observan los estudios bien afianzados de identificación de partido entre los votantes estadounidenses, se comprueba que en ningún momento de los últimos 40 años ha dejado de haber un equilibrio demoscópico entre demócratas y republicanos, de manera que cualquier candidato elegido por uno de los dos partidos en el largo y participativo proceso de primarias tenía desde luego opciones de ganar. Si observamos lo ocurrido en el Reino Unido, la conclusión es la misma o incluso más clara, puesto que absolutamente todos los sondeos realizados desde el fin de la era Blair hasta 2012 otorgaban ventaja a los partidarios de abandonar la UE; una actitud asentada además sobre una larga serie histórica de fuerte euro-escepticismo que se remonta al momento mismo de la adhesión en 1973. Es verdad que la apuesta del anterior primer ministro, David Cameron, por un nuevo estatus renegociado había conseguido que las encuestas posteriores tendieran al empate, pero nunca hubo auténtica ventaja para los europeístas, que finalmente acabaron perdiendo por 51,9% a 48,1%. En suma, no tanta sorpresa.

Pero, si todo esto era así, ¿no lo advirtieron los analistas? Es obvio que sí que lo hicieron. Hay cientos de publicaciones y grabaciones, algunas de ellas atribuibles al Real Instituto Elcano, que así lo atestiguan. Cosa distinta es que el ambiente político y periodístico dominante proyectara la impresión contraria –simplificando y magnificando lo que sólo eran pequeños puntos de diferencia a favor de Clinton o del Remain– o también que, una vez producido el desenlace, se prefiriese hacer una lectura exagerada e injusta sobre lo mucho que habían fallado los expertos. Evidentemente, los expertos podemos errar, porque el comportamiento humano no es del todo predecible y porque la política comparada y las relaciones internacionales tienen un ingrediente de ‘agencia’ que impide las exactitudes de las ciencias naturales. Pero lo cierto es que en este caso apenas hubo fallo. O no, desde luego, como para llegar a deslegitimar la labor de los analistas independientes del mundo académico o de los think-tanks.

Como quiera que sea, la labor de prospectiva resulta ciertamente compleja y es bueno que se someta a evaluación, determinando dónde se acierta y dónde no, para poder mejorar. El ejercicio que hemos realizado en estas páginas, y que ahora llega a su quinta edición, se caracteriza por la elaboración de escenarios a corto plazo sobre España y su conexión exterior que son luego rápidamente testados. En años anteriores hemos dedicado una parte de estas conclusiones precisamente a comprobar hasta qué punto la realidad confirmó o se desvió de nuestras perspectivas. Y es obvio que esta vez –donde ese ejercicio parece mucho más espinoso– resulta más interesante que nunca realizar esa evaluación. No es exagerado decir que partimos con el listón alto porque este documento lleva cinco años consecutivos acertando en su análisis de grandes tendencias: la superación de la crisis del euro aunque sin grandes avances federalizantes, la persistencia de fuertes amenazas a la seguridad provenientes del vecindario meridional y oriental, la gradual recuperación de la posición de España dentro de la UE y de su imagen internacional, los problemas para una política exterior más influyente mientras no se recupere el esfuerzo en cooperación al desarrollo y proyección cultural-científica, el escasísimo recorrido de la pretendida internacionalización del proceso soberanista catalán, la moderación en los precios de la energía, la relativa estabilidad de Marruecos y América Latina, la institucionalización de ciertos asuntos globales en la agenda política mundial (cambio climático, igualdad de género) y un largo etcétera.

Pues bien, pese a lo dicho sobre lo complicado que resultaba acertar en 2016, podemos concluir que hemos vuelto a superar el desafío. En el escenario nacional, nuestras principales predicciones de hace un año ya apuntaban al mantenimiento de la recuperación económica (con un buen comportamiento del factor exterior: exportaciones y turismo), una mejora adicional de la imagen-país o el logro del equilibrio entre los flujos migratorios de entrada y salida, mientras en el plano político se apuntaba la alta probabilidad de la repetición electoral, que finalmente se produjo en junio, y a la dificultad para adoptar reformas estructurales o incluso decisiones de menor calado por parte de un gobierno interino y en minoría parlamentaria. En el contexto regional europeo, además de señalar la mayor importancia de las cuestiones migratorias sobre las económicas (con un impacto directo en el auge populista), se apuntaba que la UE y el Reino Unido alcanzarían pronto un acuerdo para intentar evitar el Brexit, pero se advertía sobre la alta probabilidad de un resultado adverso. En el amplio plano mundial, si bien no se realizaron predicciones sobre las elecciones presidenciales en EEUU –por quedar fuera del objeto de un estudio dedicado a España– se volvió a acertar en el terreno de las tendencias económicas o energéticas (que fueron en general positivas) y de la seguridad (sin grandes cambios en lo referente a la amenaza terrorista ni a los escenarios más complejos de Siria, Libia, o Ucrania).

Como se ha dicho en las páginas anteriores, el panorama para 2017 resulta mucho más complejo en lo global, como consecuencia del triunfo de Trump y el radical cambio de la doctrina dominante en la política exterior estadounidense que eso supone. Aunque el impacto directo bilateral con España será seguramente escaso a corto plazo, el efecto indirecto ha comenzado ya a observarse de forma preocupante en muy diversos escenarios: el deterioro del vínculo diplomático y comercial transatlántico, el incierto futuro de la OTAN, la mayor tolerancia hacia la agresividad rusa, los peligros que se ciernen sobre México y otros países latinoamericanos, el enfrentamiento con China y gran parte del mundo islámico y, por encima de todo ello, la erosión de la gobernanza económica y financiera mundial y el abandono de la globalización como paradigma político e intelectual. Como es sabido, hay incluso quien vaticina que estamos ante el principio del fin del orden liberal internacional surgido en la segunda posguerra mundial.

“Una cosa es estar prudentemente preparados como país para lo peor y otra distinta es exagerar la probabilidad de que realmente suceda”

Las perspectivas concretas para Europa no resultan mejores, por las grandes vacilaciones que resultan de combinar el calendario electoral inminente en estados miembros absolutamente claves –en todos los casos, con partidos populistas antieuropeos en auge– y el arranque del delicado proceso de retirada británica de la UE. España se juega mucho en esa encrucijada. Por lo que respecta al Brexit, si bien el acuerdo final sobre los importantes intercambios interpersonales, comerciales y de inversiones cruzadas se demorará aún bastante, sí que se decidirá en este año algo tan crucial como el clima político de la negociación. Pero si esto es trascendental para España, mucho más lo será comprobar hasta qué punto una mayoría social en Francia y Alemania –que, a diferencia del Reino Unido, sí resultan imprescindibles para el futuro de la integración europea– sigue respaldando el proyecto indudablemente más estratégico para nuestro país.

Con todo, y aquí corresponde introducir la segunda precisión a la que se aludió al principio, una cosa es estar prudentemente preparados como país para lo peor y otra distinta es exagerar la probabilidad de que realmente suceda. El sistema político de EEUU tiene contrapesos y equilibrios institucionales, políticos o sociales que ya están funcionando y que probablemente impidan que los elementos más dañinos del programa de gobierno de Trump se conviertan en irreversibles. Por supuesto asistiremos a lo largo del año a giros ultraconservadores en algunas de las políticas decididas en Washington pero, pese a todo, eso forma parte legítima de la vida democrática. Otra cosa distinta es si eso puede ir más allá, amenazando los fundamentos del orden liberal que ha imperado en el país norteamericano durante toda su historia contemporánea y que éste ha promovido en el exterior de manera tan destacada desde hace tres cuartos de siglo.

No lo sabemos con certeza, y eso es ya fuente de enorme inquietud, pero también es verdad que el mundo ha podido generar también en estos años sus propios ‘checks and balances’ en forma de multipolaridad, y de una incipiente gobernanza internacional (Naciones Unidas, G20, OMC, Bretton Woods, etc.) y regional (NAFTA, OTAN, UE, OSCE) que no resultará fácil de esquivar ni desmontar. No se nos escapa el papel tan importante a desempeñar por la UE en ese test de resiliencia del multilateralismo liberal. Los dos momentos fundacionales del sistema de legitimidad hoy vigente en el mundo (1945 y 1989) fueron rápidamente complementados en el ámbito regional europeo (1950 y 1992) con la puesta en marcha del proceso comunitario y su conversión en Unión Europea. Ese es el orden en el que fundamentalmente se asienta hoy la prosperidad y seguridad de España. Sus cimientos son seguramente sólidos para superar este embate de proteccionismo nacionalista e incluso puede aprovecharse la ocasión para repensar y reforzar algunos de sus fundamentos, sobre todo por lo que respecta al reforzamiento de la UE como auténtico actor internacional y, de puertas para adentro, atendiendo a la desigualdad y frustración de muchos sectores sociales que ven en la globalización y la integración supranacional más amenazas que oportunidades.

Para concluir, y aunque resulta obvio que a lo largo del año dominará la preocupación por saber hasta qué punto hay un riesgo cierto de que se confirme la hipótesis más dramática, sigue habiendo muchos ámbitos de alcance medio a los que prestar atención. Este documento los ha repasado en sus distintas secciones. Y también ha desgranado una gran cantidad de medidas que el gobierno español y el resto de actores públicos podrían comenzar a desplegar para mejorar nuestra conexión con el mundo. En ese sentido, y terminando con una breve reflexión sobre nuestra labor como think-tank, resulta más importante que nunca reforzar nuestro compromiso con una ciudadanía más informada sobre los asuntos internacionales, que los españoles presten más atención a lo que ocurre más allá de nuestras fronteras y que exijan que lo que ocurra dentro se conecte con el exterior para maximizar fortalezas y reducir vulnerabilidades. La democracia requiere un público bien informado sobre cuestiones básicas. Cuando la máxima autoridad del planeta juguetea con la post- verdad o la realidad alternativa (sobre el impacto de la globalización, la inmigración, el cambio climático, la regulación financiera internacional, la estigmatización indiscriminada como terroristas de países enteros, o la importancia de la integración europea) resulta más necesaria que nunca nuestra labor. Y resulta más necesario que nunca que los ciudadanos españoles sean conscientes de todo lo que se juegan en esa conexión entre España y el mundo.

Charles Powell
Director del Real Instituto Elcano
 | @CharlesTPowell

Coordinado por Ignacio Molina con la colaboración de Jessica Almqvist, Haizam Amirah Fernández, Francisco Andrés, Félix Arteaga, Ángel Badillo, Diana Barrantes, Gonzalo Escribano, Mario Esteban, Carlota García Encina, Carola García-Calvo, Carmen González Enríquez, Manuel Gracia, Lara Lázaro, Patricia Lisa, Salvador Llaudes, Carlos Malamud, Mira Milosevich-Juaristi, Iliana Olivié, Andrés Ortega, Miguel Otero Iglesias, Aitor Pérez, Fernando Reinares, Luis Simón, María Solanas y Federico Steinberg, y con presentación a cargo de Emilio Lamo de Espinosa y conclusiones de Charles Powell.

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