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estudios internacionales y estratégicos

Trump, Rajoy II y el futuro de la relación estratégica entre España y EEUU

Luis Simón. ARI 86/2016 - 13/12/2016

Tema

La puesta en marcha de una nueva legislatura en España y la reciente elección de un nuevo presidente en EEUU requieren una reflexión sobre el futuro de la relación bilateral.

Resumen

En buena parte de Europa y de España, las reacciones iniciales a la victoria electoral de Trump se han caracterizado por un tono marcadamente pesimista, cuando no apocalíptico. Esto no es ninguna sorpresa: en buena medida, dichas reacciones no hacen sino reflejar el tratamiento caricaturesco que se ha venido dando al fenómeno Trump en Europa durante más de un año. Sin embargo, la elección democrática de Trump por parte del pueblo estadounidense sugiere que ha llegado el momento de pasar página. Después de todo, EEUU sigue siendo el pilar fundamental de la seguridad europea (y global) y una referencia clave para la política exterior y de defensa española.1 La inminente llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca y la formación de gobierno en España tras más de un año de incertidumbre política abren una serie de oportunidades para relanzar la relación bilateral. Este ARI esboza una posible agenda en esa dirección, centrándose concretamente en el ámbito de la defensa.

Análisis

La relación bilateral entre España y EEUU parece asentarse sobre unas bases cada vez más sólidas. La decisión de desplegar cuatro destructores estadounidenses Arleigh Burke en la base naval de Rota (tomada a finales de 2011 por Obama y Rodríguez Zapatero e implementada por el gobierno de Mariano Rajoy durante su primera legislatura) y la de albergar hasta 2.500 marines en la base de Morón de la Frontera son buena prueba de la creciente importancia estratégica de nuestro país para EEUU. Asimismo, el compromiso de los partidos Socialista y Popular con estas medidas sugiere que la relación bilateral estratégica entre España y EEUU podría estar entrando en una fase de madurez, dejando atrás los vaivenes de la época de Aznar y los primeros años de Rodríguez Zapatero.

Cabe señalar, sin embargo, que los (importantes) avances experimentados en la relación bilateral durante los últimos años responden a iniciativas estadounidenses a las que España ha respondido positivamente, pero que no se han visto necesariamente correspondidas por una actitud pro-activa por parte de nuestro país que esté arraigada en una visión clara sobre el futuro de la relación bilateral.2 En este sentido, este ARI pone el énfasis en la necesidad de adoptar una nueva política que deje atrás el paradigma actual de “España como base operacional” y permita transitar hacia un nuevo paradigma de “España como actor estratégico y socio privilegiado” (de EEUU). Con el fin de avanzar en esa dirección, se esbozan aquí dos objetivos generales: (1) la consolidación y explotación de aquellos atributos geoestratégicos españoles identificados como prioritarios por parte de EEUU (ámbitos de defensa antimisiles, anfibio y de operaciones especiales); y (2) el desarrollo de otras dimensiones de la alianza España-EEUU que podrían ser de interés específico para nuestro país como, por ejemplo, el refuerzo del componente político-estratégico de la relación bilateral (más allá del estrictamente militar/operacional) y la explotación del potencial extra-europeo (Atlántico e Indo-Pacífico) de la alianza. En cualquier caso, la promoción de dichos objetivos requeriría un incremento de la inversión española en defensa (utilizando como punto de partida el compromiso adquirido por el presidente Rajoy de aumentar el presupuesto hasta el 2% del PIB en 2024), así como un mayor esfuerzo a la hora de promocionar la cultura de defensa en España.

Trump y el futuro de la política exterior y de seguridad de EEUU: primeras pistas

En los últimos años, las consecuencias del auge económico y estratégico de China se han convertido en el principal quebradero de cabeza para la Gran Estrategia estadounidense.3 Con el fin de garantizar que el auge chino no supondrá una amenaza para el equilibrio geopolítico de la región Asia-Pacífico, el presidente Obama anunció a finales de 2011 su llamado “eje” o “pivote” estratégico hacia dicha región.4 Dicho “eje” contempla un mayor esfuerzo y compromiso estadounidense en Asia-Pacífico, asentándose sobre tres pilares principales: diplomático, económico y militar. Así, en los últimos años, el gobierno de EEUU ha tomado una serie de medidas encaminadas a reforzar sus alianzas y relaciones bilaterales en la región, ha negociado el Trans-Pacific Partnership (un sistema de libre comercio que incluye a once aliados y socios en Asia y el Hemisferio Occidental y que, de momento, excluye a China) y ha reforzado su presencia militar en la zona.5

Dadas las actuales tendencias económicas y demográficas globales, la decisión de priorizar Asia es considerada por buena parte de la elite estratégica e intelectual estadounidense como una apuesta estratégica a largo plazo.6 Dicha decisión plantea dudas sobre el futuro y la sostenibilidad de la presencia estratégica estadounidense en otras regiones que hasta hace pocos años han sido prioritarias, como Europa y Oriente Medio.7 A este factor deben añadirse la fatiga intervencionista causada tras más de 15 años de guerras inconclusas en Oriente Medio y Asia Central, y los reflejos aislacionistas de parte de la sociedad estadounidense, aspectos que podrían generar dudas adicionales sobre la sostenibilidad del compromiso estratégico de EEUU en Europa y Oriente Medio, e incluso también en el mismo Asia-Pacífico.

Es cierto que la escalada de tensiones con Rusia tras su anexión de Crimea en marzo de 2014 y la fuerte inestabilidad experimentada en Siria e Irak en los últimos dos años han requerido la atención de Washington, habiendo llevado a Obama a dedicar más tiempo del que posiblemente hubiese deseado a Europa y Oriente Medio, e incluso habiendo podido dificultar o ralentizar su apuesta por virar estratégicamente hacia Asia.8 Sin embargo, tal como el mismo presidente Obama ha reconocido abiertamente, la respuesta de EEUU hacia el desafío presentado por Rusia en Europa del Este y el Estado Islámico en Iraq y Siria, si bien ha incluido un componente militar, ha ido acompañada por un intento de evitar una excesiva escalada de tensiones (en el caso de Rusia) y un despliegue significativo de tropas terrestres estadounidense (en el caso de Oriente Medio).9

En lo que a Europa se refiere, si bien la Administración Obama ha reiterado su compromiso inquebrantable con la seguridad de los países bálticos y ha liderado una serie de iniciativas en la OTAN encaminadas a reforzar la disuasión y la defensa en Europa del Este, también ha insistido en la necesidad de que dichas iniciativas giren en torno a un mayor esfuerzo por parte de los aliados europeos. En este sentido, en la cumbre de la OTAN en Gales (2014), EEUU arrancó el compromiso por parte de sus aliados europeos de aumentar progresivamente sus presupuestos de defensa hasta llegar a un 2% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2024; mientras que en la última cumbre aliada en Varsovia (2016), EEUU lideró una serie de medidas de disuasión que incluyen el despliegue de un batallón aliado en cada uno de los tres países bálticos, liderados respectivamente por Alemania, el Reino Unido y Canadá.10

El presidente-electo Trump no ha esbozado todavía una visión detallada sobre sus planes en el ámbito de la política exterior y de seguridad.11 Es cierto que su compromiso electoral de eliminar el Trans-Pacific Partnership podría poner en riesgo uno de los elementos principales del “eje” de Obama hacia la región Asia-Pacífico.12 Sin embargo, su retórica de confrontación con China apunta a que Trump percibe la relación con el gigante asiático desde una óptica de competición estratégica. Algunos analistas incluso sugieren que las referencias de Trump a una posible subida de aranceles a los productos chinos podrían ser una antesala de una situación de guerra comercial entre ambos países.13 Por otro lado, el énfasis de Trump en la necesidad de aumentar el presupuesto de defensa, sus referencias a la importancia de preservar la supremacía tecnológico-militar estadounidense y su especial fijación en reinvertir en la Armada y aumentar significativamente el número de buques de guerra (una medida que tendría especial relevancia en el entorno marítimo asiático) podrían sugerir que el refuerzo de la posición estadounidense en Asia-Pacífico seguiría siendo una prioridad estratégica para Trump.14 En este sentido, algunos analistas insisten en que las conversaciones iniciales del presidente-electo con los líderes de Japón y Corea del Sur han podido servir para ratificar su compromiso con sus principales aliados en la región.15

En lo que a Europa se refiere, existen numerosas especulaciones sobre un posible entendimiento entre Trump y Putin.16 Sin embargo, es preciso señalar también la existencia de múltiples interrogantes sobre el significado exacto, el alcance o los obstáculos de un posible entendimiento entre EEUU y Rusia. En este sentido, y más allá del interés ruso en alimentar una narrativa de acercamiento (con el fin de sembrar dudas en Europa sobre el compromiso de seguridad estadounidense), es importante no extraer conclusiones prematuras sobre la línea política a seguir por Trump sobre Rusia. En cualquier caso, parece que, al menos, Trump haría lo posible por evitar una excesiva escalada de tensiones en Europa del Este. En este sentido, parecería razonable esperar que Trump siguiese la línea general marcada por Obama de pedir un mayor esfuerzo a los aliados europeos, tanto en lo que se refiere a su nivel de gasto en defensa como a presencia y elemento material a la hora de reforzar la disuasión en Europa del Este.

En Oriente Medio, si bien Trump ha proyectado una retórica característicamente agresiva contra el autodenominado Estado Islámico (EI), al que ha prometido “aniquilar”, también ha evitado cualquier referencia explícita a un posible despliegue masivo de tropas terrestres estadounidenses en la región, seguramente necesario para llevar a cabo su “aniquilación”.17 Más bien, Trump y sus asesores en temas militares parecen estar poniendo el acento sobre el potencial ofrecido por ataques selectivos aéreos, operaciones especiales y la necesidad de un mayor esfuerzo de los aliados regionales a la hora de luchar contra el EI.18

En resumidas cuentas, las primeras pistas que Trump ha proporcionado respecto a su posible agenda en política exterior y de seguridad podrían apuntar hacia un supuesto cambio de retórica y táctica, en el sentido de recurrir a la teatralización y amenazar explícitamente con el fin de forzar a aliados y posibles socios a realizar un mayor esfuerzo en defensa y aumentar su compromiso con objetivos estratégicos estadounidenses. Este esquema podría ser aplicable a sus advertencias a aliados europeos y asiáticos de que el compromiso de EEUU para con su seguridad está vinculado a un mayor esfuerzo presupuestario por su parte.

Sin embargo, y sin menospreciar la relevancia de este cambio de tono y otros posibles cambios, las pistas que ha dado Trump en materia de política exterior y de defensa en Europa y Oriente Medio no parecen mostrar un giro radical respecto a la líneas generales trazadas por la Administración Obama, en el sentido de: (1) reclamar un mayor esfuerzo por parte de aliados y socios regionales; (2) mantener una presencia militar “ligera” que ponga el acento sobre medios aéreos, anfibios y de operaciones especiales; y (3) contribuir a la seguridad no a través de tareas de “desgaste” en “primera línea de fuego”, sino proporcionando a los países aliados cobertura estratégica a través de iniciativas que resalten el liderazgo tecnológico de EEUU y que a la vez requieren un escaso compromiso de medios humanos o materiales (como la defensa anti-misiles, la seguridad cibernética y la disuasión nuclear).19 La consolidación de esta tendencia podría abrir una serie de oportunidades para España y para su relación bilateral con EEUU en el ámbito de la defensa.

La creciente importancia estratégica de España para EEUU

El compromiso a largo plazo de Washington con la región Asia-Pacífico y la insistencia del presidente-electo Trump en la necesidad de que los aliados de EEUU sean responsables de su seguridad podrían sugerir la consolidación de una tendencia que ha caracterizado la presidencia de Obama: el retraimiento estratégico estadounidense en regiones como Europa y Oriente Medio.20 Si bien EEUU mantiene importantes intereses en dichas regiones y estaría comprometido con sus alianzas y partenariados regionales, es de prever que su actitud a la hora de lidiar con ciertas amenazas en Europa del Este y Oriente Medio sea más selectiva, y su papel estratégico sea más indirecto. En este sentido, es de esperar que EEUU mantenga una presencia militar avanzada en Europa y Oriente Medio, con el fin de reaccionar con rapidez ante posibles contingencias que puedan afectar a sus intereses.

Sin embargo, tal como ya se ha avanzado, es previsible que Trump siga haciendo hincapié en el hecho de que sus aliados y socios regionales deben destinar más esfuerzos y recursos financieros a su propia defensa, y jugar un papel clave “en primera línea de fuego”, ya sea en Europa del Este o en Iraq/Siria. Este modelo podría resaltar el valor geoestratégico de España para EEUU. Por un lado, la condición de la Península Ibérica de doble o triple fulcro, conectando Europa y África, el Atlántico y el Mediterráneo (y la ruta hacia Oriente Medio), e incluso el Atlántico Norte y el Sur, resalta el atractivo de España como plataforma, convirtiendo a nuestro país en un recurso para la proyección de medios anfibios, navales y de operaciones especiales estadounidenses en Europa y sus regiones colindantes.21 Asimismo, la distancia entre la Península Ibérica y los principales teatros operacionales en Europa del Este y el Levante confieren un sentido de profundidad estratégica a la postura de fuerza de EEUU en Europa y su vecindario, dotándole de flexibilidad y libertad de maniobra. Estos rasgos resaltan la importancia geoestratégica de España para EEUU a medio y largo plazo, lo cual vendríaavalado por algunas de las decisiones tomadas recientemente en Washington respecto a su postura de fuerza en nuestro país, a saber:

  1. En primer lugar, la decisión de asignar permanentemente cuatro destructores antimisiles Arleigh Burke a la Base Naval de Rota convierten a España en el núcleo aglutinador de la estrategia de defensa antimisiles de EEUU en Europa,22 así como en el principal punto de referencia de la Marina de EEUU en Europa y en el Mediterráneo (en la actualidad la US Navy no tiene ningún buque asignado de forma permanente en ningún otro punto de Europa). Según el Almirante Stavridis, los cuatro destructores Arleigh Burke desplegados en Rota desempeñarán una amplia gama de misiones que irían más allá de la defensa antimisiles, y podrían incluir operaciones humanitarias y de interdicción marítima, operaciones de mantenimiento de la paz y operaciones de contra-insurgencia, así como labores de entrenamiento y ejercicios en el Mediterráneo, los mares Negro y Rojo, la costa este de África y la zona del Golfo de Guinea.23 Dicho despliegue, por tanto, apuntala el papel de Rota como núcleo aglutinador del potencial marítimo-naval de EEUU en Europa y sus alrededores.

    Por otro lado, la elección de Rota como punto de referencia de la defensa antimisiles en Europa subraya el valor específico de la Península Ibérica en relación a Europa del Este y Oriente Medio. La situación geográfica de España (en Europa pero alejada del “frente del Este”) permite a EEUU reconciliar la necesidad de desplegar un sistema antimisiles europeo con su voluntad de evitar una excesiva escalada de tensiones con Rusia (mucho más reticente al despliegue de sistemas de defensa antimisiles en Europa Central y del Este). Asimismo, España constituye una base idónea para neutralizar misiles provenientes de Irán, dado su emplazamiento en la trayectoria balística entre el Golfo Pérsico y Europa. Finalmente, la condición de la Península Ibérica de “doble fulcro”, conectando el Océano Atlántico y el Mediterráneo (y el Atlántico Norte y Sur), confiere una gran flexibilidad y versatilidad de movimiento a los destructores estadounidenses (tanto para tareas de defensa antimisiles como en general).

  2. En segundo lugar, cabe destacar que, en 2012, EEUU solicitó al gobierno español acoger un contingente de 550 marines en la base de Morón de la Frontera. Dicha decisión fue propiciada por el ataque a la embajada estadounidense en Bengasi, y tuvo como principal objeto contar con una fuerza de reacción rápida que pudiese responder ante posibles contingencias, principalmente en el norte y oeste de África.24 El gobierno español autorizó dicho despliegue provisional el 19 de abril de 2013 por el plazo de un año, prorrogable. El 7 de marzo de 2014 se renovó la autorización por un año más, con un incremento de efectivos a 850 marines, que podrían alcanzar los 1.100 durante las rotaciones de tropas, y 17 aeronaves. A los cometidos de la fuerza se añadió entonces el adiestramiento y ejercicios bilaterales y multilaterales en Europa y África. Posteriormente, a mediados de 2015, EEUU y España procedieron a la revisión de su convenio bilateral de Cooperación para la Defensa (vigente desde 1988) con el fin de ofrecer a las fuerzas armadas de EEUU el uso permanente dela base de Morón y permitir la presencia de hasta 2200 militares, 500 civiles y 36 aeronaves.25 Esta serie de decisiones subraya la fiabilidad y el valor que EEUU confiere a España como plataforma de proyección de poder anfibio y de operaciones especiales en África. En este sentido, convendría también destacar la compatibilidad del Buque de Proyección Estratégica Juan Carlos I con la aeronave estadounidense MV-22 Osprey y la escasez de plataformas anfibias estadounidenses en el Mediterráneo.

  3. Finalmente, cabe también señalar que la creciente inversión de Irán en armamento de munición guiada y su desarrollo de capacidades de negación de área y acceso (Anti Access/Area Denial) subraya la vulnerabilidad de las bases militares estadounidenses en el sur del Golfo Pérsico.26 En aras de mitigar dicha vulnerabilidad, varios expertos estratégicos estadounidenses han considerado diversas medidas, entre las que destacaría el refuerzo de las capacidades de defensa antimisiles de los aliados estadounidenses en el sur del Golfo Pérsico. Otra de las posibles medidas a debate, quizá de mayor relevancia para España, estaría relacionada con una posible transferencia de recursos militares del sur del Golfo Pérsico a bases más seguras en el sur de Europa (fuera del alcance de las capacidades anti acceso iraníes).27 En este sentido, el valor de Rota a la hora de neutralizar posibles ataques a Europa con misiles balísticos provenientes de Irán, la seguridad política, legal y militar de la presencia estadounidense en nuestro país y el desarrollo de una creciente infraestructura militar en el mismo, podrían convertir a España en un importante candidato para futuros despliegues estadounidenses en el sur de Europa.

España vista desde EEUU: ¿base operacional o socio estratégico?

Dada su posición geográfica y su condición de aliado OTAN, España aporta una valiosa fuente de profundidad estratégica a la postura de la fuerza de EEUU en relación con Europa (defensa antimisiles y medio marítimo), África (ámbitos anfibio y de operaciones especiales) y Oriente Medio (defensa antimisiles y, potencialmente, ámbitos marítimo, anfibio, aéreo y de operaciones especiales). Sin embargo, esta concepción de España como baluarte de la proyección de poder marítimo-anfibiorepresenta una visión estratégica proyectada por EEUU sobre nuestro país, que no parece encontrarse por el momento claramente arraigada en un concepto estratégico propio. En este sentido, cabe señalar que dicha concepción (consustancial a la actual postura de la fuerza estadounidense) alberga un gran potencial estratégico para España. Esto es así por varias razones, en cierta medida conectadas.

Por un lado, la explotación del concepto de España como punto de referencia y fuente de profundidad estratégica para las fuerzas armadas estadounidenses en el vecindario ampliado europeo (que comprendería Europa, el Norte de África, el Sahel, el Golfo de Guinea/África Occidental, el Levante e incluso el Mar Rojo y la zona del Cuerno de África) constituye un excelente punto de partida para el continuo refuerzo de nuestra alianza bilateral con EEUU. Para España, dicha alianza supone un elemento de disuasión estructural y una fuente de seguridad ante posibles contingencias en nuestro vecindario sur; un recurso valioso a la hora de ampliar su influencia diplomática y estratégica en Europa (y mitigar nuestra dependencia política); así como una oportunidad para reforzar sus capacidades de defensa y avanzar en el desarrollo de su potencial marítimo y extra-europeo.28

Por otro lado, la percepción estadounidense de España como punto de referencia y fuente de profundidad estratégica subrayaría el potencial de nuestro país en el marco de una más amplia estrategia occidental para Europa, África y (potencialmente) Oriente Medio, situándolo en condiciones de optar a posiciones de (co) liderazgo político-estratégico junto a países como EEUU, el Reino Unido y Francia.29 Esto, a su vez, ofrecería a nuestro país un marco de acción estratégica que le permitiría contribuir a la seguridad de Europa, África y Oriente Medio sin destinar todos sus recursos a ello, liberando así energías necesarias para su proyección estratégica y diplomática en teatros o regiones más lejanas cuya importancia económica y demográfica va al alza, a saber el Atlántico Sur/África Occidental, Ibero-América y el ámbito Indo-Pacífico.

Tomando como referencia estas premisas, parecería aconsejable para España aprovechar los principales elementos de la visión proyectada por EEUU sobre ella con el fin de darles forma alrededor de un concepto estratégico propio, dejando atrás el paradigma de “España como base operacional” y avanzando hacia un nuevo paradigma de “España como actor estratégico y socio privilegiado”. Dicho concepto debería, asimismo, resaltar intereses específicos de España, algunos de los cuales no estarían necesariamente contenidos en la visión proyectada sobre ella por EEUU. Se identifican en este sentido dos posibles líneas de acción paralelas:

  1. La consolidación y explotación de aquellos atributos geoestratégicos de la Península Ibérica identificados como prioritarios por parte de EEUU (a saber: los ámbitos antimisiles/Europa/Mediterráneo y África/anfibio/operaciones especiales). El refuerzo de la alianza bilateral con EEUU requiere ir más allá de la celebración de decisiones (pasadas o futuras) de EEUU de destinar más recursos a sus bases en España, o de refrendar dichas decisiones.

    Dado su propio interés en reforzar la relación estratégica con EEUU, España podría adoptar una actitud pro-activa hacia la realidad de la presencia estadounidense en su territorio, poniendo en marcha medidas encaminadas a “dar otra vuelta de tuerca” a dicha presencia (en Rota y Morón) y crear los incentivos necesarios para que EEUU haga un uso más extensivo de sus bases en España. Dichas medidas podrían incluir: un mayor énfasis en tareas de formación, entrenamiento y ejercicios bilaterales; una mayor coordinación bilateral en ámbitos como la inteligencia, la vigilancia y el reconocimiento (especialmente en el Mediterráneo, el Norte de África, el Sahel, el Golfo de Guinea, el Levante y el Mar Rojo); 30 una mayor implicación de las fuerzas armadas españolas en las misiones y tareas realizadas por las fuerzas de EEUU radicadas en España (especialmente en los ámbitos de la defensa antimisiles, de seguridad marítima, anfibio y de operaciones especiales); y el desarrollo de los vínculos de Rota y Morón con una más amplia infraestructura nacional que apoye la acción conjunta de nuestras fuerzas marítimas, anfibias y de operaciones especiales.

  2. El desarrollo de otras dimensiones de la alianza España-EEUU no necesariamente identificadas como prioritarias por EEUU, a saber: el refuerzo del componente político-estratégico de la relación bilateral (más allá del estrictamente militar/operacional) y la explotación del potencial extra-europeo (Iberoamérica y entorno Indo-Pacífico) de la alianza.

    La consolidación del potencial español en los ámbitos de defensa antimisiles, seguridad marítima, anfibio y de operaciones especiales en Europa, África y Oriente Medio debe estar acompañada por el desarrollo de otras dimensiones en la relación bilateral, que no han sido necesariamente identificadas como prioritarias por EEUU, pero que serían de interés estratégico para España. Cabría destacar en este sentido la necesidad de reforzar las bases político-estratégicas de la relación bilateral de defensa España-EEUU (muy centrada actualmente en el ámbito estrictamente militar) y la de desarrollar la proyección marítima extra-regional (en Iberoamérica y en el corredor marítimo Indo-Pacífico).

Conclusión

La elección de un nuevo presidente en EEUU y la constitución de un nuevo gobierno en España presentan una serie de oportunidades para nuestro país a la hora reforzar su relación bilateral con EEUU el ámbito de la defensa. En concreto, este ARI ha hecho hincapié en la idea de transitar desde el modelo actual de España como base operacional estadounidense hacia un nuevo paradigma: “España como socio estratégico privilegiado” (de EEUU). Con ese fin, se han identificado dos líneas de acción prioritarias, a saber: (1) la necesidad de una mayor inversión en aquellos ámbitos donde la relación bilateral ofrece mayor potencial (defensa antimisiles, proyección naval y anfibia, y operaciones especiales); y (2) la necesidad de ampliar el horizonte de la relación bilateral, llevándola más allá de lo estrictamente militar (y reforzando su componente político-estratégico), pero también más allá del vecindario inmediato de España, desarrollando así el potencial extra-Europeo y extra-Mediterráneo de la relación y explotando su potencial en zonas como el Atlántico Sur, Iberoamérica y el entorno Indo-Pacífico, un área pujante donde España debe reforzar su presencia estratégica. En última instancia, la promoción de dichos objetivos requerirá un incremento de la inversión española en defensa (utilizando como punto de partida el compromiso adquirido por el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, de aumentar el presupuesto hasta el 2% del PIB en 2024), así como un mayor esfuerzo a la hora de promocionar la cultura de defensa en España.

Luis Simón
Director de la Oficina de Bruselas del Real Instituto Elcano
| @LuisSimn


1 Sobre la importancia de EEUU para la política exterior y de seguridad española véase Charles Powell (2011), El Amigo Americano: España y Estados Unidos: de la dictadura a la democracia, Galaxia Gutenberg, Madrid.

2 Ignacio Molina (2012), “España y los EEUU de Barack Obama: una reconciliación sin brillo”, ARI, nº 73/2012, Real Instituto Elcano.

3 Véase, por ejemplo, G. John Ikenberry (2008), “The Rise of China and the Future of the West: Can the Liberal System Survive?”, Foreign Affairs, vol. 87, nº 1, pp. 23-37; y Aaron L. Friedberg (2011), A Contest for Supremacy: China, America and the Struggle for Mastery in Asia, W.W. Norton & Company Inc., Londres y Nueva York.

4 Véase, por ejemplo, Mike Green (2016), “The Legacy of Obama’s ‘Pivot’ to Asia”, Foreign Policy, nº 3, septiembre.

5 Para un análisis detallado sobre el “eje” hacia Asia véase, por ejemplo, Kurt Campbell (2016), The Pivot: The future of American Statecraft in Asia, Twelve, Nueva York y Boston; Nina Silove (2016), “The Pivot Before the Pivot: US Strategy to Preserve the Power Balance in Asia”, International Security, vol. 40, nº 4, primavera; y Michael J. Green y Zack Cooper (2014), “Revitalizing the Rebalance: How to Keep US Focus on Asia”, The Washington Quarterly, vol. 37, nº 3, pp. 25-46.

6 Véase, por ejemplo, Campbell, op. cit.; y Joseph S. Nye Jr. (2013), “Our Pacific Predicament”, The American Interest, vol. 8, nº 4.

7 Luis Simón (2016), “Balancing Priorities in America’s European Strategy”, Parameters, vol. 46, nº 1, pp. 13-24.

8 Para un análisis exhaustivo de la política exterior y de seguridad de EEUU bajo la presidencia de Obama véase Charles Powell (2015), “La política exterior y de seguridad de Barack Obama: ¿hacia un nuevo paradigma geopolítico estadounidense?”, DT, nº 20/2015, Real Instituto Elcano.

9 Véase Jeffrey Goldberg (2016), “The Obama Doctrine”, The Atlantic, abril.

10 Véase Alexander Mattelaer (2016), “Revisiting the Principles of NATO Burden-Sharing”, Parameters, vol. 46, nº 1, pp. 25-33.

11 Para una aproximación véase “Donald Trump Delivers Foreign Policy Speech”, Center for the National Interest, 27/IV/2016.

12 Vease Richard Higgott (2016), “Trump on Trade: From Populism to Policy”, Expert Comment, nº 48/2016, Real Instituto Elcano.

13 Higott (2016), ibid.

14 Las referencias de Trump a la necesidad de aumentar el gasto militar y los recursos de la Armada pueden encontrarse en su discurso sobre política exterior en el Center for the National Interest (nota 8).

15 Véase, por ejemplo, Michael Auslin (2016), “Trump’s Pivot to Asia”, The Wall Street Journal, 14/XI/2016.

16 Jonathan Eyal (2016), “Russia and Donald Trump”, RUSI Commentary, 10/XI/2016.

17 Véase en este sentido Deep Dive (2016), “Trump and the Future of US Foreign Policy”, Geopolitical Futures, 11/XI/2016.

18 Ibid, p. 2.

19 Véase, en este sentido, Luis Simón (2015), “Understanding US Retrenchment in Europe”, Survival: Global Politics and Strategy, vol. 57, nº 2, pp. 157-172; y Luis Simón (2016), “Seapower and US Forward Presence in the Middle East: Retrenchment in Perspective”, Geopolitics, vol. 21, nº 1, pp. 115-147.

20 Véase, en este sentido, Powell (nota 6), pp. 21-29.

21 Para una excelente exposición de las características geoestratégicas de la Península Ibérica véase Juan Vicens Vives (1940), España: Geopolítica del Estado y del Imperio, Editorial Yunque, Barcelona.

22 Carlota García Encina (2016), “Rota, Obama y la defensa antimisiles”, Comentario Elcano, 11/VII/2016.

23 William H. McMichael (2012), “Admiral: Rota DDG Mission Goes Beyond BMD”, Navy Times, 5/III/2012.

24 Cabe destacar en este sentido que el SPMAGTF de Morón ha actuado en zonas más alejadas como Sudán del Sur.

25 “España y Estados Unidos Refuerzan su Cooperación”, Ministerio de Defensa, 27/VII/2015.

26 Véase, por ejemplo, Mark Gunzinger y Christopher Dougherty (2011), Outside-In: Operating from Range to Defeat Iran’s Anti-Access and Area-Denial Threats, Center for Strategic and Budgetary Assessments, Washington DC.

27 Ibid.

28 Sobre este último aspecto, véase Luis Simón (2016), “España después de Europa: la proyección marítima como elemento de la renovación estratégica española”, Estrategia Exterior Española, nº 14/2016, Real Instituto Elcano.

29 Sobre la importancia estratégica que el espacio geográfico delimitado por el Golfo de Guinea, el Cuerno de África, el Magreb y el Sahel véase Félix Arteaga (2013), “La defensa que viene. Criterios para la reestructuración de la defensa en España”, Elcano Policy Paper, octubre.

30 Para un análisis exhaustivo de las amenazas en el flanco sur y la posición de España ante las mismas véase Félix Arteaga (coord.) (2014), “España mirando al sur: del Mediterráneo al Sahel”, Informe Elcano, nº 18, Real Instituto Elcano.