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estudios internacionales y estratégicos

Indignación de Marruecos contra Ban Ki-moon: ¿es el Sáhara Occidental un territorio “ocupado”?

Khadija Mohsen-Finan . ARI 31/2016 - 14/4/2016

Ver también versión en inglés: Morocco’s indignation with Ban Ki-moon: is the Western Sahara an ‘occupied’ territory?

Tema

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha despertado las iras de Marruecos al hablar de la ocupación del Sáhara Occidental y recordar la incertidumbre que se cierne sobre el estatuto de este territorio después de más de 40 años.

Resumen

El enfado de Marruecos sigue en el aire. Ban Ki-moon efectuó una visita –la primera de esta índole– a los campos de Tinduf, en Argelia, donde desde 1975 viven millares de saharauis que reivindican la independencia del Sáhara Occidental. Asimismo, el secretario general de las Naciones Unidas se presentó en Bir Lehlu, localidad al noreste del Sáhara Occidental, en la zona controlada por el Frente Polisario y considerada una “zona liberada” por los saharauis de Tinduf. En ese mismo lugar fue donde el Frente Polisario proclamó el 27 de febrero de 1976 la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), y desde esta localidad emite la Radio Nacional de la República Árabe Saharaui Democrática. La prensa marroquí habló de provocación.

Análisis1

Aparte de la visita en sí, Marruecos ha tildado de “inaceptables” los comentarios de Ban Ki-moon al desplazarse a estos lugares de fuerte carga simbólica. El funcionario de mayor rango de las Naciones Unidas, que suele hacer gala de un comedimiento ejemplar, expresó su gran compasión por los refugiados saharauis que conoció en Tinduf: “Me entristeció sobremanera ver a tantos refugiados, en especial a los jóvenes que nacieron allí. Los niños que nacieron al principio de esta ocupación tienen ahora 40 o 41 años. Cuarenta años de vida en condiciones difíciles. Quise transmitirles esperanza, que no es el fin del mundo para ellos”. En opinión de Rabat, se cruzó una línea roja cuando el secretario general habló explícitamente de “ocupación” para designar el control ejercido por Marruecos desde 1975 en el Sáhara Occidental, un territorio sobre cuyo estatuto la ONU no ha adoptado todavía ninguna decisión.

Se trata de la primera vez que Ban Ki-moon adopta un tono tan firme en relación con la política sahariana de Marruecos. Además, no lo hace en territorio neutral, sino desde Tinduf, localidad reivindicada por Marruecos hasta 1972.2 El jefe de la diplomacia marroquí, Salaheddine Mezouar, que se presentó en la sede de las Naciones Unidas el 14 de marzo para reunirse con Ban Ki-moon, no observó una evolución destacable en su actitud, ya que el secretario general confirmó la finalidad de la visita y, asimismo, expresó un genuino malestar por la manifestación celebrada contra él en Rabat el día anterior. Por su parte, el ministro marroquí intentó diferenciar entre la ONU y su secretario general para desacreditarlo por considerar que Marruecos “ocupa” el Sáhara.

“Desliz semántico”

Para Marruecos, el uso del término “ocupación” constituye una “ruptura de la neutralidad”. Ban Ki-moon se habría excedido en su misión y en sus funciones. En realidad, pese a que hasta el momento nunca hubiese formulado comentarios al respecto, el secretario general no está obligado a permanecer neutral frente a los asuntos de los que se encarga la ONU y, en un sentido más amplio, frente a los conflictos vigentes. La Carta de las Naciones Unidas definió a su secretario general como una personalidad comprometida, autorizada a “llamar la atención del Consejo de Seguridad hacia cualquier asunto que en su opinión pueda poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”.3 Más allá de las grandes líneas que definen las facultades y la función del diplomático, el secretario general dispone de un margen de acción considerable para llevar a cabo su misión. Presentado por la ONU como “portavoz de los intereses de los pueblos del mundo, en particular los pobres y vulnerables”,4 el secretario general debe hacer valer en cada una de sus misiones su independencia, su imparcialidad y su integridad.

Al mencionar el término ocupación –entendiéndose que se trata de la ocupación del Sáhara por parte de Marruecos (un 80% de la antigua colonia española)–, Ban Ki-moon niega a Marruecos el derecho de estar presente en dicho territorio. A pesar de sus marcadas connotaciones, el término no fue utilizado por casualidad. El secretario general podría haber hablado de “anexión”, que se habría llevado a cabo en virtud del Acuerdo de Madrid, firmado el 14 de noviembre de 1975 entre Marruecos, España y Mauritania, sobre la división del territorio, aunque ese tratado, ratificado por las Cortes Generales españolas, nunca fue reconocido por las Naciones Unidas.

En un comunicado, el gobierno marroquí destaca que este tipo de “deslices semánticos que se desvían de forma drástica de la terminología empleada tradicionalmente por las Naciones Unidas hieren los sentimientos de todos los marroquíes y ponen en entredicho la credibilidad del secretario general de las Naciones Unidas”. La tensión no hizo más que crecer tras la manifestación organizada el 13 de marzo en Rabat, pero la ONU no ha intentado quitar hierro a las declaraciones de su secretario general. Su portavoz comentó abiertamente que se trataba sin lugar a dudas de un “territorio no autónomo cuyo estatuto aún está por definir y cuyos refugiados son incapaces de volver a sus hogares en condiciones de gobierno satisfactorias”.

La respuesta no se hizo esperar. Marruecos exigió la salida de 84 miembros del personal de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) y anunció la cancelación de la contribución voluntaria que destina a su funcionamiento. Rabat amenazó también con retirar sus contingentes que participan en operaciones de mantenimiento de la paz –por ejemplo, Marruecos aporta cerca de 2.300 cascos azules a la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUSCO)–.

Obstáculos para la misión de la ONU

La tensión entre las Naciones Unidas y Marruecos nunca había alcanzado estas cotas de importancia, pero las trabas para la libertad de acción de la misión de la ONU siempre han estado ahí, si bien es verdad que sólo han sido denunciadas en contadas ocasiones y que, por norma general, han sido aceptadas por los distintos secretarios generales y por sus enviados especiales en el Sáhara. Desde 1991, fecha de la creación de la MINURSO tras el acuerdo de alto el fuego que preveía la organización de un referéndum, todas las misiones se han topado con los mismos escollos. En septiembre de 1991, mientras la MINURSO se encargaba de identificar a los saharauis nativos de la región para la confección de listas electorales con vistas a la organización de un referéndum, Hasan II ordenó un nuevo censo para los saharauis, a los que consideraba un pueblo disperso. Ante las transferencias masivas de población hacia El Aaiún procedentes de distintas provincias marroquíes para figurar en las listas electorales, el responsable de la MINURSO, Johannes Manz, presentó su dimisión argumentando que no deseaba convertirse en el “virrey del Sáhara”.

Más recientemente, en su informe de 2012 sobre la situación del Sáhara Occidental, el secretario general de la ONU destacó, ya sin ambages, los obstáculos interpuestos por Marruecos para el buen funcionamiento de la MINURSO. Según este informe, al actuar en el Sáhara igual que en territorio marroquí, Marruecos contribuye a enturbiar el conflicto. Además, el texto menciona ejemplos de confusión entre el Sáhara –territorio no autónomo– y Marruecos, como por ejemplo la organización de elecciones marroquíes en la zona, la obligación para los vehículos de la MINURSO de llevar matrículas diplomáticas marroquíes, o bien la colocación de banderas de Marruecos alrededor del cuartel general de la misión, creando así “una apariencia que suscita dudas en torno a la neutralidad de la ONU”. Marruecos se defendió de estas acusaciones considerando que las actividades de la misión de la ONU se desarrollan “dentro de los límites de la práctica establecida”. Ahora bien, tal y como precisa el informe, “es justamente la práctica establecida la que plantea las dificultades a las que se enfrentan las actividades de la MINURSO. De hecho, la evolución de las limitaciones a lo largo de los años dificulta cada vez más que la MINURSO pueda cumplir su mandato con credibilidad”.

Sin ir más lejos, el año pasado, en su informe anual de 2015, Ban Ki-moon hizo mención al Foro Crans-Montana,5 que se celebra todos los años a mediados de marzo en Dajla, pese a que “el estatuto definitivo del Sáhara Occidental sigue siendo objeto de un proceso de negociación entablado bajo los auspicios de las Naciones Unidas”.

Las “provincias recuperadas”

En realidad, esta confusión entre el Sáhara y Marruecos es la raíz misma del conflicto. Después de la retirada definitiva de España en 1976, Marruecos decidió integrar de forma paulatina esta antigua colonia española en su espacio soberano. Desde el punto de vista territorial, esta integración se concibió como una expansión de la administración de Marruecos y una implantación del Estado marroquí en las que Rabat considera “provincias recuperadas”. La integración ha quedado confirmada de forma regular mediante la extensión de las elecciones nacionales a estos territorios y las actuaciones del Ministerio de Interior. Los actos de carácter internacional dan visibilidad a esa política: así ocurrió cuando el recorrido del rally París-Dakar atravesó Smara, mencionando entre paréntesis Marruecos, o por ejemplo con la organización del Foro Crans-Montana en Dajla.

Para Hasan II, que fue quien pergeñó esta pauta de integración, la idea era desarrollar estas “provincias”, antes de conseguir que la comunidad internacional admitiese el carácter marroquí del Sáhara. Esta situación nunca había sido denunciada abierta e inequívocamente por las Naciones Unidas ni por Estados como Francia, España o incluso EEUU. La política sahariana de Marruecos se basó en “los derechos históricos” a los que se refiere Rabat, poniendo por delante con frecuencia el Acuerdo de Madrid firmado con España y Mauritania. No obstante, Hasan II, a sabiendas de que este acuerdo no había sido reconocido por las Naciones Unidas, repetía hasta la saciedad que “tarde o temprano, es preciso que nuestro título de propiedad del Sáhara sea depositado en el registro de las Naciones Unidas”.6

En ausencia de este título de propiedad al que hacía mención Hasan II, la política de integración tiene sus límites en lo que atañe a la gestión por parte de Marruecos de los recursos y la población del territorio. En diciembre de 2015, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) decidió dejar sin efecto el acuerdo agrícola y de pesca con Marruecos porque este acuerdo “no presenta las garantías necesarias para que los recursos de la región del Sáhara beneficien a los habitantes locales”. Más lejos en el tiempo, en noviembre de 2009, se puso de manifiesto la cuestión de las relaciones políticas entre los saharauis y el poder marroquí con motivo de la huelga de hambre emprendida por Aminatu Haidar. Este icono de la resistencia saharaui volvía precisamente de Nueva York, de recibir el premio al valor que concede la Fundación Train. En el aeropuerto de El Aaiún, escribió “Sáhara Occidental” como su lugar de residencia y dejó vacía la casilla reservada a la nacionalidad. Acto seguido, las autoridades marroquíes la expulsaron a las islas Canarias, pero, tras negarse a abandonar el aeropuerto, comenzó una huelga de hambre que se prolongó durante un mes. Aminatu rechazó la nacionalidad española que le ofreció Madrid, así como el estatuto de refugiada. Dijo que deseaba volver a su casa en el Sáhara, sin considerar en ningún momento que se tratara de una región de Marruecos. Tras rechazar su entrada, Rabat quiso que la comunidad internacional condenara la actitud de la militante. Ahora bien, tanto Madrid como las Naciones Unidas se guardaron muy bien de expresar una opinión al respecto. Al final, Aminatu Haidar pudo regresar a su domicilio en El Aaiún.

Conclusiones

La urgencia de una solución negociada

Estos y otros ejemplos similares ponen de manifiesto que el control ejercido por Rabat en el Sáhara sobre las personas y los recursos tiene sus límites. Gracias al apoyo de EEUU y Francia, Marruecos cree que puede esquivar una solución jurídica para el conflicto. Al proponer en 2007 un plan de autonomía que los Estados occidentales estimaron creíble y serio, Rabat se negó a conversar con la parte contraria. En su calidad de juez y parte en la solución de este conflicto, el reino magrebí adoptó de alguna manera el papel de la ONU. Ahora bien, dejando aparte estas maniobras políticas, también cabe considerar el hecho de que Marruecos es incapaz a día de hoy de negociar la soberanía de un territorio que considera suyo y que lleva gestionando sin mayores contratiempos desde hace 40 años.

Habida cuenta de esta realidad, la intención de Ban Ki-moon parece incongruente y en cierto modo incomprensible. Muchos se preguntan qué habrá podido incitar a este hombre tan afable a prender la llama de un conflicto tan violento con Marruecos. Hipótesis no faltan. El secretario general está al final de su mandato, por lo que no cabe duda de que se siente más libre para expresar agravios ya existentes en los informes anuales que ahora hace públicos. Pese a su aparente amabilidad, quienes siguen de cerca la cuestión del Sáhara saben de sobra que Ban Ki-moon nunca ha hecho concesiones a Rabat. En 2012, tras la aparición de su informe anual sobre el Sáhara, Marruecos exigió la destitución de su enviado especial, Christopher Ross. Ahora bien, al contrario que sus predecesores, que pusieron fin a la misión de sus enviados especiales, Ban Ki-moon lo mantuvo en el cargo.

Hace ya años que Christopher Ross intenta llamar la atención sobre las vicisitudes de la ONU para gestionar este conflicto, para el que le gustaría encontrar de verdad un desenlace por dos razones que considera esenciales. La primera tiene que ver con la situación de los saharauis, una población olvidada y sin perspectivas de futuro que se encuentra confinada en campos de refugiados. La segunda guarda relación con la geopolítica regional, ya que se trata de una región en la que se aprecia la incipiente implantación del yihadismo internacional, como al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y la organización Estado Islámico. El final del conflicto del Sáhara Occidental evitaría que los aguerridos saharauis que conocen bien la zona se incorporasen a las filas de los grupos yihadistas. A día de hoy, aunque es cierto que no se han constatado dichas conexiones, tampoco se puede desechar de un plumazo semejante eventualidad.

Khadija Mohsen-Finan
Profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de París I (Panthéon Sorbonne) e investigadora asociada sobre el Magreb en el Institut de Relations Internationales et Stratégiques (IRIS)


1 Este texto apareció publicado originalmente en la web Orient XXI.

2 Tinduf estuvo en el centro de las reivindicaciones marroquíes para hacer realidad la visión del “Gran Marruecos”, un mapa diseñado por el partido Istiqlal y después adoptado por el poder marroquí en el que se incluyeron los territorios reivindicados por Marruecos en virtud de sus “derechos históricos”. La “guerra de las arenas” (1963) que enfrentó a Marruecos y a Argelia por la ausencia de una demarcación de las fronteras entre los dos países comenzó en Tinduf. Argel se negó a replantearse las fronteras heredadas del periodo colonial. La controversia sobre la pertenencia de Tinduf terminó el 15 de junio de 1972 con la firma de un acuerdo fronterizo entre Argelia y Marruecos, ratificado en 1973 por Argel y en 1992 por Rabat, en el que se consagra la afiliación argelina de Tinduf.

3 Carta de las Naciones Unidas, Capítulo XV, Artículo 99.

4 “La función del Secretario General”, sitio web de la ONU.

5 Organización internacional no gubernamental suiza creada en 1986. Sus foros, organizados a lo largo y ancho del planeta con presencia de dirigentes empresariales y personalidades políticas, están muy mediatizados.

6 Entrevista en Le Monde, 2/IX/1992.