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Enseñanza y uso de la lengua española en el Sáhara Occidental (ARI)
Leyre Gil Perdomingo y Jaime Otero Roth
ARI 116/2008 - 26/09/2008

Tema: Este ARI[1] ofrece, en una primera aproximación, una visión general de la situación de la enseñanza del español y el uso de la lengua en el territorio del antiguo Sáhara español.

Resumen: Con este ARI, resultado de una investigación realizada sobre todo a través de entrevistas, encuestas y algunas estadísticas ofrecidas por organismos españoles y marroquíes –dado que la bibliografía sobre el tema es casi inexistente–, se pretende mostrar que en este territorio que un día fue provincia de España la lengua española sigue estando viva entre la población de origen saharaui, a pesar de los obstáculos que su uso y enseñanza han encontrado en la administración del territorio, hoy en manos de Marruecos.

Análisis: Es conocida la situación de la población saharaui actualmente radicada en los campamentos de Tinduf, en el Sur de Argelia, constituida políticamente como República Árabe Saharaui Democrática (RASD). A pesar de la precariedad de estos asentamientos, que los hace casi por entero dependientes de la ayuda internacional, los saharauis han podido crear una mínima estructura estatal, incluyendo representaciones diplomáticas en el exterior, y obtener un reconocimiento internacional que les permite recibir ayuda humanitaria y fondos de cooperación de las Naciones Unidas y la UE, entre otros. El árabe es el idioma oficial de la República, según la Constitución, y el español se considera lengua de trabajo. Por su parte, la población saharaui que permaneció en el Sáhara español –región marginal dentro de un país en desarrollo, alejada de las rutas comerciales y de los circuitos turísticos– padece graves carencias materiales además de abusos de derechos humanos y un severo aislamiento del exterior, agravado por las restricciones de acceso a parlamentarios, periodistas, escritores, fotógrafos, investigadores, etc., por parte de la administración marroquí.

Marruecos ocupa en la actualidad la mayor parte del Sáhara Occidental –después de la retirada de Mauritania del sur de la ex colonia en 1979– y reclama su plena soberanía sobre la totalidad del territorio. Desde su proclamación, en 1976, la RASD reivindica a su vez la autodeterminación del Sáhara español. El Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguía el-Hamra y Río de Oro), movimiento creado en 1973 para combatir el dominio colonial, se opone a la ocupación marroquí desde las áreas que quedan fuera del perímetro del muro construido por Marruecos para proteger el “Sáhara útil”. El conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario, que conoció períodos de enfrentamiento armado, se viene manifestando sobre todo a partir del alto el fuego de 1991, por medio de protestas civiles a favor de la autodeterminación, a las que las autoridades marroquíes responden a menudo con detenciones y encarcelamientos. Según el informe del secretario general de la ONU al Consejo de Seguridad de octubre de 2007, durante este año hubo manifestaciones de estudiantes en las universidades de Agadir, Casablanca, Marrakesh y Rabat, seguidas de detenciones, así como acoso a militantes de los derechos humanos en el 'Territorio'.

Desde septiembre de 1991, una misión internacional de Naciones Unidas, la MINURSO, con sede en El Aaiún, capital de la antigua provincia española (y de la actual región de Laâyoune-Boujdour en la nomenclatura franco-marroquí), supervisa las condiciones del alto el fuego y prepara la convocatoria de un referéndum eternamente aplazado sobre el destino del territorio. En el plano internacional, la reivindicación de Marruecos sobre el territorio sigue sin ser reconocida por las Naciones Unidas ni las principales potencias con influencia en la zona.

En este contexto, y a pesar de la presencia de la administración y los colonos marroquíes, la lengua española se mantiene entre la población del Sáhara Occidental, en parte debido a las infraestructuras heredadas de la época colonial española –en la que se inició la escolarización y la alfabetización de una población mayoritariamente nómada–, en parte como seña distintiva de identidad frente a la administración y al sistema educativo marroquí, predominantemente francófonos. Es difícil precisar el número de hablantes o de aprendices de español entre la población del Sáhara Occidental. En los campamentos de Tinduf, donde se calcula habitan unos 165.000 saharauis, hay en torno a 25.800 estudiantes de español, según datos recogidos por el Instituto Cervantes. Si admitimos que, por motivos históricos, los mayores de 50 años conocen el español, a aquellos habría que sumar el 5% de la población, si bien el paso del tiempo ha podido limitar su competencia lingüística. Además, el español se mantiene vivo entre las nuevas generaciones gracias, entre otras cosas, a los programas de estudio y visitas infantiles cubanos, españoles y de otros países hispanohablantes. Según datos recogidos por Pilar Candela para el Anuario del Instituto Cervantes, 1.831 estudiantes saharauis de nivel medio y superior se graduaron en Cuba en el curso 2004-2005.

La población saharaui residente en los campamentos es destino prioritario de la Cooperación Española; en 2006 ocupó el lugar 18º entre los receptores de Ayuda Oficial al Desarrollo y superó los 19 millones de euros. Por agentes, el mayor contribuyente fue la administración autonómica (Andalucía, País Vasco y Canarias en cabeza), seguida de la administración central (Ministerios de Asuntos Exteriores y Cooperación y de Trabajo y Asuntos Sociales), las entidades locales y las universidades. La educación (que incluye un programa para cursar estudios superiores en España) es una de las líneas estratégicas de la Cooperación Española, de la que recibe la partida mayor de las contribuciones no de emergencia para la población saharaui.

En cuanto al territorio del Sáhara Occidental, según datos de Naciones Unidas basados en el censo marroquí, tenía en 2007 una población de 480.000 personas, cantidad que incluiría, junto a los saharauis de origen, la población de origen marroquí (sucesivas oleadas de colonos desde 1975) y el contingente militar (en torno a 160.000 hombres). Se calcula que entre el 20 y el 40% de la población es de origen saharaui, aunque los datos son poco exactos porque los censos no recogen con exactitud el origen de la población. Según el censo de 1974, el 13% de los adultos podían leer y escribir en español. La lista del censo electoral para el referéndum de autodeterminación actualizada por la MINURSO en 2000 cifraba en unos 85.000 los residentes históricos en el territorio con derecho a voto. No es posible estimar siquiera aproximadamente sobre estas bases, y sin mayor información, el número de habitantes del Sáhara que conservan un dominio nativo o equivalente de la lengua española. La infraestructura educativa es escasa: 40 escuelas primarias, 13 secundarias del nivel general y ninguna institución de enseñanza superior, según los datos disponibles más recientes. A pesar de ello, los datos de escolarización y alfabetización recogidos según la división administrativa marroquí (que divide el Sáhara Occidental en tres demarcaciones que en conjunto no coinciden con el antiguo territorio español: Oued ed Dahab-Lagouira, Laâyoune-Boujdour y Guelmin-Es Semara) muestran que las dos regiones más meridionales están por encima de la media marroquí en niveles de alfabetización y escolarización. Según el censo de 2004, la escolarización en Marruecos fue del 57% en mayores de 10 años; del 80,4% en primaria y el 20% en secundaria.

Según datos del censo marroquí de 2004, el 30,4% de la población alfabetizada en el conjunto de Maruecos lo está en árabe, el 53,1% en árabe y francés, el 16,0% en francés, árabe y otras, el 0,2% en árabe y otras lenguas, y el 0,3% en otras lenguas. Los resultados publicados del censo no recogen datos separados sobre el español, que podrían explicar las ligeras diferencias respecto a la media nacional en las regiones del sur. En las tres regiones del sur destaca el porcentaje de hablantes de hasanía (entre el 18% y el 40% de los mayores de cinco años), el dialecto árabe del Sáhara Occidental y de Mauritania.

Según una encuesta publicada en 2005 por el CIDOB, el 21,9 por ciento de los encuestados hablaban español en Marruecos, el 6,1% sólo el árabe, el 29% el árabe y el francés, el 35,6% el árabe, el francés y el inglés, y el 8,3% el árabe, el francés y el español. Las regiones donde la proporción de personas capaces de hablar español resultó mayor fueron Alhucemas ó Al Hoceima (73%), en el antiguo Protectorado, Tánger (48,9%) y El Aaiún (28,6%), una de las tres divisiones en que quedó repartido el Sáhara español después de la ocupación marroquí. La misma encuesta revela que es en las regiones de Alhucemas y El Aaiún (Laâyoune) donde el pasado colonial tiene más peso como vía de conocimiento de España; los medios de comunicación españoles, sin embargo, parecen importar menos en el sur que en otras regiones para el conocimiento de España. En conjunto, el 63,1% de los encuestados lamentaron la relegación del español en el sistema educativo marroquí, defendiendo su importancia por la proximidad geográfica y los lazos seculares entre España y Marruecos. Por regiones, los porcentajes mayores de quienes opinan así se dan en Alhucemas (90,4%), Safi (88,4%), Beni Mellal (75,5%), Oujda (72,1%) y El Aaiún (69,4%).

En cualquier caso, junto a lo que pueda haberse conservado de la presencia del español y a la importancia que pueda tener el español como elemento auto-identificatorio de la población saharaui, las nuevas expectativas creadas por los medios de comunicación, la emigración y las relaciones comerciales de Marruecos con España parecen haber dado un nuevo impulso al español como lengua útil para las perspectivas laborales en general. Aunque la enseñanza del español en la enseñanza secundaria tiene larga tradición como segunda lengua extranjera, sobre todo en el antiguo Protectorado, su introducción en la enseñanza primaria marroquí es reciente y sigue actualmente muy por detrás del inglés en la oferta educativa.

La herencia colonial

Durante la última fase de la época colonial se hicieron ciertos esfuerzos por incrementar el nivel educativo de las nuevas provincias, aunque la realidad fue que el acceso a la escuela quedó muy limitado a un sector de la población. En un primer momento, los centros públicos o escuelas del gobierno español seguían el mismo sistema que las escuelas de la Península, aunque con pequeñas modificaciones para los alumnos saharauis tales como las clases de hasanía y de Corán.

Tabla 1. Maestros y alumnos en la enseñanza primaria del Sáhara Occidental, 1954-1962

 

Maestros

Alumnos

Años

Europeos

Nativos

Europeos

Nativos

1954

6

2

127

132

1955

8

3

220

191

1956

10

3

232

202

1957

8

2

156

23

1958

9

1

185

152

1959

6

1

105

139

1960

16

5

259

856

1961

16

16

273

1.135

1962

23

16

317

1.253

Fuente: Claudia Barona, Los hijos de la nube, Madrid 2004.

Las cifras de la Tabla 1 nos permiten hacernos una idea de la lenta incorporación de profesorado nativo, que tan sólo incrementa su número hasta aproximarse al del profesorado europeo a partir de 1960, fecha en que se abre un centro escolar El Aaiún. Al final del período colonial, en 1974, el Anuario Estadístico de España recoge las cifras de 204 maestros (144 europeos y 60 naturales o “profesores de religión islámica”) y 7.608 alumnos (2.321 europeos, 3.184 naturales y 2.103 adultos), además de 621 alumnos de enseñanza secundaria (398 europeos, de los cuales 255 varones y 143 mujeres; y 223 naturales, de los cuales 208 varones y 15 mujeres).

Además podemos observar el crecimiento irregular del alumnado nativo debido a factores que no se tuvieron en cuenta a la hora de implantar las escuelas, tales como el desconocimiento de la lengua y cultura española o la falta de interés de los padres por la escolarización de sus hijos, elemento totalmente ajeno a su cultura nómada de pastoreo de dromedarios. Sólo progresivamente se adaptó el plan educativo a las necesidades del lugar: se crearon las “escuelas nómadas”, así como residencias para alumnos nativos en los principales centros urbanos; se sustituyó la lengua y la literatura española por lengua y literatura árabe; y se redujo la asignatura de lengua española y su importancia curricular. Mediados los años 60 se crearon dos escuelas de formación profesional, una escuela hogar de la Sección Femenina y un centro de capacitación de funcionarios nativos. En 1964 se iniciaron las estancias en la Península para realizar estudios de especialización. A pesar de estos esfuerzos, un informe de 1973 del inspector de enseñanza primaria reconoce que la situación de la educación en el Sáhara era muy deficiente. Un testimonio de la sección femenina del Movimiento, de 1975, pone de relieve las carencias del sistema, incapaz de satisfacer las demandas de las alumnas:

“Llevamos 6 años asistiendo a clase y no sabemos hacer la O con un canuto [...] estamos cansadas de coser sacos [...] tenemos gran interés por aprender y deseamos aprender por orden prioritario:

  • Lengua árabe: 2 horas diarias.
  • Lengua española: 2 horas diarias.
  • Labores del hogar: 1 hora diaria.

"No entendemos la lengua española con el actual sistema de hacer dictados sin explicar nada”. (C. Barona, 2004).

A partir de 1975, tras la Marcha Verde y la anexión del territorio por Marruecos y Mauritania, comenzó una lenta degradación de los pocos elementos de la cultura española que habían conseguido hacerse un hueco entre la población nativa. En 1981 se graduó la última promoción del bachillerato español y a partir de esa fecha tan sólo pudo continuar con su labor educativa la escuela primaria La Paz, único lugar en el que se podía estudiar español de manera oficial.

Panorama actual de la enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ELE) en Marruecos

Desde la ocupación, el árabe y el francés se convirtieron en lenguas oficiales en el Sáhara Occidental y todo funcionario debía dominar estos idiomas, lo que significó una barrera para los nativos alfabetizados en castellano y hasanía. Las escuelas adaptaron su sistema al del resto del país, incluido el estudio de los idiomas que se arabizó y afrancesó por completo, eliminando todo elemento cultural español y saharaui. Se hacen necesarios, por tanto, unos apuntes sobre el sistema educativo marroquí y la posición que en él ocupa la enseñanza del español.

Según un informe del año 2006 de la Consejería de Educación española en Marruecos, en el sistema educativo público marroquí la enseñanza de segundos idiomas se iniciaba a los ocho años con la enseñanza del francés como primera lengua extranjera. Ésta permanecía en el currículo hasta el final de la Enseñanza Secundaria con una carga horaria de ocho horas semanales en Primaria, y seis horas en la Secundaria Colegial. Una nueva ley de educación plantea adelantar la iniciación de la enseñanza del francés a los siete años de edad con carácter obligatorio, y prevé el estudio de la segunda lengua extranjera en quinto de Primaria (10 años). Actualmente se está iniciando la enseñanza de la segunda lengua extranjera en los últimos cursos del ciclo colegial. En la Enseñanza Secundaria post-obligatoria, la segunda lengua extranjera está implantada en los cursos de Tronco Común y 1º y 2º de Bachillerato, siendo el inglés y el español las opciones mayoritarias, sobre todo el primero. Una minoría de centros ofrece también la posibilidad de estudiar el alemán y el italiano. La carga horaria que le corresponde a esta segunda lengua extranjera es de cuatro horas semanales.

Hasta el año 2005, 15 de las 16 Academias educativas de Marruecos impartían español en la Secundaria post-obligatoria. Según los datos facilitados por el Ministerio de Educación Nacional de Marruecos referidos al período 2000-2005, existían 242 institutos con oferta de español, con 575 profesores y 49.759 alumnos de ELE (muy por detrás del inglés, que roza los 500.000 alumnos). Estos datos son significativos, pues haciendo un balance de los últimos 10 años en Marruecos, comprobamos que prácticamente se ha doblado el número de alumnos y que el número de centros y de profesores ha aumentado casi en un 30%.

Cabría suponer que en la región “Sur”, correspondiente a las antiguas provincias españolas, la elección del español como segunda lengua extranjera (después del francés que es obligatorio) fuera mayoritaria por razones de proximidad cultural e histórica. Sin embargo, al observar las cifras que el informe anteriormente citado nos ofrece sobre el número de alumnos de ELE en las escuelas públicas marroquíes, descubrimos la situación más que marginal que el castellano ocupa en la región de Al Aaiún.

Tabla 2. Enseñanza de español en la secundaria marroquí, 2005

Fuente: Ministerio de Educación de Marruecos.

Esta situación se debe a que hasta el curso 2006-2007 no era posible estudiar castellano en las escuelas públicas del sur de Marruecos. Es decir, a pesar de que formaba parte de la supuesta oferta académica, en estos territorios no era oficialmente posible aprenderlo. Tan sólo en el año 2005 se corrigió esta situación y se abrió una plaza de profesor de ELE en El Aaiún. Doce alumnos pudieron beneficiarse de esta novedad.

Tabla 3. ELE en la escuela pública en el sur de Marruecos en el curso 2006-2007

Academias Zona Sur

Centros

Profesores

Alumnos

Agadir

13

13

1.510

Laayoune-Boujdour

3

3

565

Dakhla-Lagüira

5

5

314

Guelmim-Smara

3

3

406

Beni-Mellal

8

6

731

totales

32

30

3.526

Fuente: Asesoría lingüística de Agadir, 2007.

Durante el curso 2006-2007 ha aumentado el número de centros que imparten español como segunda lengua extranjera en el sur. Según datos ofrecidos por la Asesoría Lingüística de Agadir, entre El Aaiún, Villa Cisneros (Dajla o Dakhla) y Smara hay actualmente 11 profesores y 1.285 alumnos. Estas cifras están aún lejos de las de otras regiones de tradición hispanohablante como Tánger y Tetuán, donde en el curso 2005-2006 fueron 28 los centros públicos que impartieron ELE, con 91 profesores en total y 9.144 alumnos, sin contar con los alumnos que estudian en los colegios españoles existentes en estas dos ciudades (un colegio y un instituto en Tánger, un colegio y dos institutos en Tetuán).

El gobierno español tiene 10 establecimientos de primaria y secundaria en Marruecos, en las ciudades de Alhucemas, Larache, Rabat, Nador, Tánger, Tetuán, además del pequeño colegio La Paz de El Aaiún. Las diferencias numéricas de profesorado y alumnado entre los colegios e institutos del norte de Marruecos y el único colegio del sur son más que significativas. Durante el curso 2002-2003, el colegio La Paz tuvo 108 alumnos y 2 profesores sobre un total de 4.316 y 293 respectivamente.

Además de la escuela pública marroquí y los colegios españoles, la lengua castellana se puede estudiar en uno de los seis centros que el Instituto Cervantes tiene repartidos por el país: Casablanca, Fez, Marrakesh, Rabat, Tánger y Tetuán, y en las aulas externas de Alhucemas, Nador, Larache y Chefchaouen. En ellas han cursado español durante el curso 2005-2006 un total de 8.866 alumnos. Sin embargo, al sur de Marrakesh (el centro más reciente, abierto en 2007 y aún dependiente de la dirección de Casablanca) no existe ningún aula o centro del Cervantes. Los alumnos que deseen examinarse del Diploma de Español como Lengua Extranjera (DELE) deben desplazarse a Agadir (a 700 km de El Aaiún), siendo el Liceo Francés de esta ciudad el centro oficial de exámenes DELE desde 2005. En la última convocatoria realizada en Agadir (12 de mayo de 2007) se presentaron a las pruebas un total de 44 alumnos, siendo un 38% de los candidatos procedentes de El Aaiún.

Cuadro 4. DELE: candidatos en mayo de 2007

Mayo 2007

El Aaiún

Resto

Total

Nivel inicial

9

12

21

Nivel intermedio

8

14

22

Nivel superior

0

1

1

Fuente: Liceo Francés de Agadir.

En el nivel educativo superior, existen en Marruecos cinco universidades públicas (de 14) con departamento de español, donde más de 2.600 alumnos estudiaban filología hispánica según el Anuario del Instituto Cervantes de 2003: Mohamed V de Rabat (17 profesores, 351 alumnos), Sidi Mohamed Ben Abdellah de Fez (16, 768), Abdelmalek SEADI de Tetuán (13, 469), Hassan II de Casablanca (11, 441) e Ibnou Zohor de Agadir (12,572). La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) colabora en ellas a través del programa de lectorados. Al sur de Agadir no hay ninguna posibilidad de prepararse como futuro hispanista, ni siquiera es posible obtener el diploma oficial de ELE.

Situación actual de la enseñanza de ELE en el Sáhara Occidental

La posibilidad de aprender español en el Sáhara Occidental es más que precaria. Como ya hemos podido comprobar, la situación en el sur de Marruecos, antiguo Sahara Occidental, es muy precaria en lo relativo al aprendizaje y enseñanza de ELE de manera oficial. Sin embargo, esto no ha impedido que existan pequeñas academias privadas, asociaciones y grupos de jóvenes, además del colegio español de El Aaiún.

En la ciudad de Sidi Ifni (cedida a Marruecos en 1969, 13 años después de su independencia), donde aún se puede pasear por la calle Oviedo, pernoctar en el mítico hotel Suerte Loca o escuchar un viejo bolero junto al paseo marítimo de estilo andaluz, la lengua española tan sólo se puede aprender en el Centro Juvenil de la ciudad. La mayoría de la treintena de alumnos de esta pequeña asociación cultural está compuesta por mujeres que necesitan aprender la lengua para que el consulado les permita reunirse con sus maridos en España, o por jóvenes que desean emigrar. En esta asociación se dan seis horas semanales de ELE con los pocos materiales que se consiguen. La Asociación de Amigos de Ifni suele mandar libros y algunos manuales, aunque es preferible trabajar con manuales de edición marroquí, más fáciles de conseguir para todo el mundo.

Se percibe un interés creciente hacia la lengua española, mucho tiempo olvidada, a pesar de que el gobierno marroquí y el español no hayan llegado a ningún acuerdo sobre las campañas culturales que se pensaban llevar a cabo en alguno de los seis edificios que aún pertenecen al Consulado español de Agadir y que serían sedes perfectas para desarrollar cursos, seminarios, conferencias. Mientras tanto, la pequeña asociación de jóvenes de Sidi Ifni seguirá siendo la “casa de la lengua española”.

Muy diferente es la situación en El Aaiún, donde existe una considerable actividad cultural “alternativa” entre la que se cuenta una variada oferta de cursos de ELE, debida a los propios habitantes de la ciudad, al colegio La Paz y a algunas ONG españolas que ofrecen cursos casi improvisados. Actualmente existe una asociación de hispanófonos fundada por saharauis que estudiaron bajo sistema español, y que hoy en día siguen teniendo una relación muy estrecha con la lengua y la cultura española. Los miembros de esta asociación se reúnen para charlar, recitar poemas, intercambiar lecturas y también para enseñar a los más jóvenes que deseen empezar a conocer el castellano.

Llama la atención lo precario de este centro, en el que al estilo saharaui, una alfombra es el único mobiliario de la sala de reuniones, y no hay más de 10 pupitres en el aula. La biblioteca es una mezcla de viejos libros de texto de la época del protectorado entre los que destaca un manual de ciencias naturales de Anaya, un manual de lengua y literatura de la editorial Susaeta, y algunos tebeos de Zipi y Zape de hace más de 30 años. Además de dar clases de ELE, casi gratuitas, la asociación hace por alfabetizar a muchas personas que estudiaron bajo sistema español pero que no saben escribir ni en árabe ni en francés, lo que les convierte en analfabetos “circunstanciales”. En esta asociación no existe una plantilla de profesores fijos, sino que se trata de pequeñas colaboraciones de los miembros de la asociación, todos ellos con dominio del castellano pero sin formación de profesores de ELE.

Por otra parte, en El Aaiún existe actualmente un buen número de academias de idiomas que ofrecen ELE y en las que estudian alrededor de 600 alumnos. Sin embargo, la calidad de la enseñanza en estos centros, con pocas excepciones, adolece de escasa formación del profesorado y de su falta de constancia por ser actividad complementaria de su economía. El acceso a materiales didácticos no es tarea fácil, debido a las restricciones impuestas por las fuerzas de seguridad marroquíes al libre tráfico de publicaciones, en particular si son en castellano.

Gracias a las nuevas tecnologías, algunos alumnos pueden recurrir a los materiales que el CVC ofrece en la red, pero la realidad es que la mayoría no tienen Internet en casa y deben dirigirse a los ciber-cafés, donde muchas veces la conexión es de mala calidad. De las 40 academias privadas de la ciudad, tan sólo una prepara a los alumnos para el DELE, ofreciendo cursos específicos para los niveles inicial e intermedio. Para muchas familias saharauis, el aprendizaje es un lujo que no todos se pueden permitir.

Desde el año 2005, los exámenes DELE de la zona sur de Marruecos se realizan en el Liceo Francés de Agadir. Hay alumnos que para poder examinarse hacen un viaje largo y costoso a través del desierto desde El Aaiún. La mayoría de los examinandos son alumnos del propio Liceo Francés o alumnos de alguna de las escuelas o asociaciones de El Aaiún, siendo muy escaso el porcentaje de candidatos de Agadir ajenos al Liceo. Los alumnos de ELE del Liceo Francés de Agadir tuvieron en 2006 una de las mejores tasas de aprobados de todo Marruecos, con un 86% en el nivel inicial y un 84% en el intermedio, sobresaliendo sobre el resto de centros oficiales de exámenes y de los propios Institutos Cervantes. Si tenemos en cuenta únicamente a los alumnos procedentes de El Aaiún, el porcentaje de aprobados en 2006 fue del 68,5%, 10 puntos por encima de la media nacional. Los resultados de los alumnos del sur, sin embargo, empeoraron significativamente en la convocatoria de mayo de 2007.

El colegio La Paz de El Aaiún existe desde la época del protectorado y en su momento llegó a alcanzar los 1.000 alumnos. Tras la Marcha Verde, el centro quedó reducido a su mínima expresión, con apenas un profesor y menos de una decena de alumnos. Durante 14 años la situación fue de casi abandono pero el centro sobrevivió y en los últimos 10 años ha conocido una notable mejoría. Actualmente hay dos profesores funcionarios españoles enviados por un período de seis años, y dos profesores locales que se ocupan de las asignaturas de árabe e inglés. No se enseña francés. Estos cuatro profesores dan clase a unos 80 alumnos repartidos en dos aulas en las que se mezclan varios niveles de primaria. El centro tan sólo ofrece clases hasta 6º de primaria.

Una vez que los alumnos han llegado a 6º, deberán continuar sus estudios en España, normalmente en la Comunidad Canaria, con la que el centro tiene una serie de acuerdos y becas.

Esto supone un verdadero inconveniente para muchos padres, que consideran que a los 12 años sus hijos son demasiado jóvenes como para dejar la casa familiar y vivir en una residencia. Además, existen toda una serie de requisitos para la admisión de nuevos alumnos, como el tener familiares que hablen español o hermanos que ya estén o hayan estado matriculados en el colegio. Por estos motivos, muchos padres acaban optando por la educación nacional, o incluso por la educación en algún colegio privado bilingüe francés-árabe que permita que sus hijos se integren mejor en la sociedad marroquí. Además de este centro de titularidad española, en El Aaiún hay cuatro colegios donde se estudia español según el sistema marroquí.

Perfil del alumnado de ELE

Sobre la base de encuestas a 60 alumnos de academias privadas y colegios públicos de Smara, El Aaiún y Tarfaya, pueden extraerse algunos rasgos del perfil de los estudiantes de español en el Sáhara Occidental.

El 71,4% de los alumnos encuestados nació en el Sáhara Occidental o en Sidi Ifni y un 28,5% en el norte de Marruecos (Casablanca, Fez, Marrakesh o Chichaoua). Un 50% de los alumnos nació antes de 1986. De los nacidos en el Sáhara después de 1986, la mayoría son hijos de marroquíes que se desplazaron al territorio tras la Marcha Verde, como se puede deducir en un primer lugar porque la mayor parte identifica su lengua materna como árabe, no como hasanía.

Apenas un 27% de los alumnos estudia español desde hace más de un año, de hecho la gran mayoría apenas lleva tres meses asistiendo a clases. La mayoría se conforma con tener unas nociones muy básicas, sin llegar a perfeccionar. Esta inconstancia tiene además un matiz de impaciencia que lleva a muchos alumnos a querer presentarse a los exámenes del DELE sin tener la base necesaria para superar las pruebas, lo que en la última convocatoria de mayo de 2007 se tradujo en un alto índice de suspensos. Por sí mismos, los resultados de las encuestas revelan un discreto nivel de competencia.

Los motivos por los que los alumnos estudian español se pueden dividir en tres principalmente: afectivos, laborales y de prestigio de la lengua. La mayoría de los alumnos nacidos antes de 1986 estudia español por razones subjetivas y personales (por placer, porque es importante en su ciudad, porque alguien de su familia hablaba español, etc.). Los nacidos fuera del Sáhara o después de 1986 lo hacen en su mayoría por motivos laborales, pues se quieren dedicar a la hostelería o a la educación o pretenden emigrar a España, en muchos casos siguiendo el ejemplo de sus familiares. En estos casos es frecuente que influya la elección de la lengua por su prestigio e importancia internacional.

Muchos de los encuestados consideran que el español es un idioma fácil, simpático, con una bonita pronunciación. Hecho que puede estar relacionado con el auge de lo latino, que se refleja en la pasión por los cantantes y estrellas del panorama español y latinoamericano. Como ha señalado Lola Infante, la imagen de España y del español en el Magreb cambió radicalmente desde el ingreso en la CEE en 1986 y el despegue económico de los últimos 20 años. No falta el motivo identitario: “... toda la gente saharaui habla español”. Existe una evidente conciencia de la importancia de esta lengua en el territorio y entre la población autóctona, que se pone de manifiesto en la rotundidad con la que se afirma que el español está muy extendido entre la población saharaui, o que es una característica de esta población por razones históricas y de proximidad geográfica con las islas Canarias.

La encuesta muestra lo familiares que resultan los medios de comunicación españoles, especialmente entre la población de origen saharaui. En una sociedad en la que el acceso a los libros es limitado, la antena parabólica y la radio son la puerta hacia otras culturas, que permite que los aprendices de ELE puedan practicar la lengua al tiempo que se informan sobre actualidad, cine, música, etc. La piratería permite captar cientos de canales, muchos de ellos españoles, lo que ha hecho que series, programas y presentadores de la televisión española sean aquí tan populares como en España. Además, la cercanía a las Islas Canarias permite captar las emisoras de radio españolas. Por otro lado, existen varias radios locales, de Villa Cisneros y El Aaiún, que emiten algunos de sus programas en castellano.

Conclusiones: Este breve resumen del panorama general de la enseñanza de ELE en el Sáhara actual es apenas una pincelada sobre un tema del que no es fácil obtener información dadas las circunstancias de la zona. La política marroquí de subsumir la población de la antigua colonia española en el conjunto de Marruecos, mediante la recolonización y las nuevas divisiones territoriales, dificulta la tarea de recoger datos precisos sobre hablantes o estudiantes de español. Con todo, de los datos disponibles pueden extraerse algunas conclusiones bastante claras de la situación.

El castellano es un idioma vivo en el Sáhara Occidental, a pesar de que desde 1975 el gobierno marroquí lo haya relegado en la educación y la administración. Gracias al esfuerzo de la población originaria, que siente como propio este idioma, se ha seguido transmitiendo y enseñando a pesar de la precariedad y la falta de recursos. Esta precariedad se refleja en varios aspectos tanto de infraestructura como de contenido, método y personal docente. La enseñanza reglada, de titularidad marroquí o española, respaldada por la lejana asesoría de Agadir, es insuficiente. Las academias privadas que enseñan ELE rara vez tienen un profesorado con formación específica, lo que se traduce en una enseñanza pobre y con bases muy inestables. La imposibilidad de acceso a buenas bibliotecas o a la prensa impide que los alumnos profundicen en su aprendizaje a través de referencias literarias, siendo la radio y la televisión los únicos medios de comunicación, lo que se refleja en la precaria expresión escrita del alumnado.

La lengua española forma parte todavía de la identidad de la población que se sigue reconociendo como saharaui. En los campamentos, la asociación entre causa política e identidad cultural mantiene viva la enseñanza del español, y ha dado lugar incluso a una literatura en español, marcada en sus temas por la guerra, el éxodo y el exilio. Sin embargo, en el Sáhara actual la población está compuesta aproximadamente en dos tercios por marroquíes instalados en la zona tras la Marcha Verde, cuya relación con la lengua española es diferente, mucho más pragmática y menos idealizada. Quizá sea este aspecto idealizado de la lengua y la cultura españolas el que ha permitido que se relacione el castellano con una época “dorada” en la que los saharauis sentían que se hacía algo por ellos. A pesar de lo engañosa que puede resultar la memoria, la realidad es que hoy en día esta población, que no aparece en ninguna estadística, se siente parte de la comunidad hispanohablante y lucha por mantener viva la lengua de Cervantes.

En el contexto de la promoción internacional del español, y en el más amplio de la política de cooperación cultural y educativa española, el Sáhara Occidental es una laguna difícilmente justificable. Mientras la cooperación destinada a los campamentos no cesa de crecer, fruto de una simpatía muy extendida por el pueblo saharaui y propiciada por la descentralización desbordante de la ayuda española, la presencia oficial en la antigua provincia sigue estancada en el punto donde se quedó tras los acuerdos de 1975 y la subsiguiente “terminación de la presencia española en el territorio”. Lo mismo puede decirse de la antigua provincia de Sidi Ifni, donde la huella cultural española se extingue paulatinamente desde la cesión en 1969. Las circunstancias geopolíticas de la región explican en buena medida lo que podríamos llamar el segundo abandono del Sáhara Occidental por parte de España. Del retroceso de la presencia cultural española es el principal responsable la administración marroquí, con su política de marroquinización excluyente. Sin embargo, España no debiera esperar a que el contencioso territorial se resuelva para reforzar su cooperación cultural y educativa en el territorio del Sáhara Occidental hoy administrado por Marruecos, del mismo modo y por las mismas razones por las que no ha dejado de incrementarla en el conjunto del reino alauí, especialmente en las regiones correspondientes al antiguo Protectorado. Quizá entonces sea demasiado tarde para recuperar el tiempo perdido.

Es casi imposible reflejar en una breve memoria la presencia semioculta del castellano en esta parte del mundo, pero paseando por las calles medio abandonadas, tomadas por las fuerzas marroquíes o de la MINURSO, los niños te saludan con un “buenos días”, en los bares se escucha a Julio Iglesias y es posible comerse un plato de gofio canario.

Leyre Gil Pedromingo
Arabista y profesora de ELE en Marruecos

Jaime Otero Roth
Investigador principal, Lengua y Cultura, Real Instituto Elcano


[1] Los autores agradecen a quienes en el Sáhara, en Marruecos y en España tuvieron la generosidad de prestarles su tiempo y su saber para la elaboración de este análisis.

 
 
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