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Imagen Exterior de España y Opinión Pública Visitado
Sombras chinescas: un análisis de la imagen de China en España
Javier Noya
ARI Nº 121-2005 - 28.9.2005

Tema: ¿Cuál es la opinión de los españoles sobre China? ¿Está afectando la sensación de amenaza económica a la percepción del país en general?

Resumen: Cada vez está más presente en los medios de comunicación españoles y en la opinión pública la amenaza económica que supone China. Conforme aumenta esta sensación de amenaza, ¿cuál es la opinión de los españoles sobre China? ¿Está afectando la sensación de amenaza económica a la percepción del país en general? ¿Este sentimiento es mayor o menor que en otros países de nuestro entorno? Con este análisis intentamos mostrar que no hay un trasfondo político o social amplio. Por tanto, es difícil que se puedan producir nuevos episodios de violencia xenófoba.

Análisis: Cada vez está más presente en los medios de comunicación españoles y en la opinión pública la amenaza económica que supone China. Se respira una tensión creciente. En muchos debates, tertulias, y no de medios minoritarios, sino de masas, ya es incluso habitual oír encendidas llamadas al boicot de los productos y establecimientos comerciales chinos.

Pero hay que recordar que no sólo ha habido palabras. Hace ya un año de la crisis del calzado de Elche, en la que se produjeron episodios violentos de ataques contra establecimientos chinos y quema de calzado con origen en el país asiático.

En estos mismos días también está todavía muy presente la cuestión del bloqueo a la importación de los productos textiles chinos. La amenaza china es una cuestión que seguirá acaparando la atención de la opinión pública, y cada vez más.

Pero la anterior cuestión también ha puesto de relieve la polémica entre los países europeos respecto al textil chino. Grandes países productores como España tienen una actitud distinta a la de países fundamentalmente importadores, como Alemania.

Ante esta situación, las preguntas son evidentes. Conforme aumenta la sensación de amenaza, ¿cuál es la opinión de los españoles sobre China? ¿Está afectando la sensación de amenaza económica a la percepción del país en general? ¿Este sentimiento es mayor o menor que en otros países de nuestro entorno?

En el análisis defenderemos que efectivamente el recelo no es una cuestión política, ni tampoco social, aunque en modo alguno se puede decir que sea estrictamente comercial, ni por lo tanto, coyuntural, pues se alimenta de un sustrato profundo de valores.

No es una cuestión política
Frente a lo que puede suceder en otros países, como Japón o los EEUU, los españoles no ven en China una amenaza geoestratégica. No es un peligro exterior.

En la encuesta internacional de GlobeScan/PIPA/BBC World Service de diciembre de 2004 se intentaba medir el sentimiento de amenaza que podría despertar la conversión de China en potencia mundial. Concretamente, se preguntaba si “la influencia de China en el mundo era positiva o negativa”. En la media de los 22 países en los que se realizó el sondeo el 48% la consideró positiva, y el 30% negativa.

En España un 37% la considera positiva y un 33% la considera negativa. Por lo tanto, como en la mayoría de los países, predomina lo positivo, aunque también cabe hablar de una mayor ambivalencia española.

Las series del BRIE indican que sólo un 20% de los españoles cree que “la conversión de China en potencia mundial” es una amenaza para los intereses vitales de España en los próximos diez años. La percepción se sitúa en los niveles más bajos de la decena de potenciales amenazas por las que se pregunta. Y, ante todo, es importante señalar que este porcentaje es la mitad del que encontramos en los EEUU: según el estudio Global Views 2004 del German Marshall Fund, hasta un 40% en 2004, con valores de casi el 60% a mediados y finales de los 90.

La visión positiva de China como actor internacional se nutre de la crítica a la política exterior norteamericana. A tenor de los resultados del Barómetro de febrero de 2005, sólo un 20% cree que “el poder creciente de China es una amenaza para el poder mundial” frente a quienes positivamente valoran que “con el tiempo China puede servir de contrapoder a los EEUU”: un 64%. Esta visión positiva de China es todavía más frecuente entre:

• Jóvenes de 18 a 30 años: 76%, frente al 52% en los mayores.
• Universitarios: 74%, frente al 48% en los niveles inferiores de estudios.
• Clase media-alta: 74%, frente al 55% en la baja.

Por lo tanto, la visión amable de China como contrapoder se da en segmentos altos de la población, y no en sectores marginales o polarizados ideológicamente.

Este efecto que produce la crítica a los EEUU también se extiende a la valoración de otros aspectos, como el respeto a los derechos humanos. Para su estudio sobre “globalización y derechos humanos”, el CIS planteó en octubre de 2004 la pregunta “¿cuál cree Vd. que es el país donde menos se respetan los derechos humanos?”. A pesar de las noticias sobre la pena de muerte o la persecución de disidentes en China, sólo un 2% de los españoles menciona este país, mientras que hasta un 14% alude a los EEUU y otro 14% a Irak.

El dato tiene todavía más jugo si pensamos que los españoles son especialmente críticos con la violación de los derechos humanos. En la reciente encuesta del estudio Transatlantic Trends 2005, realizada en EEUU y una decena de países europeos, la población española es de las que está más de acuerdo con que “debido a su violación de los derechos humanos la UE/EEUU deberían restringir sus intercambios económicos con China”. Lo piensa el 61% de los españoles, cuando la media en Europa o los EEUU es del 50% aproximadamente.

Tampoco es social
La comunidad china establecida en España tampoco parece despertar un especial recelo entre los españoles. Así lo demuestran varios indicadores.

Tomemos la variable de la confianza que despiertan distintos grupos. Según los resultados del BRIE 8, en una escala de 1 a 4 los chinos reciben una puntuación de 2,4. No están ni entre los grupos que generan más confianza ni más desconfianza: ni blanco ni negro, sino gris.

Estamos ante una medición fiable de una actitud que parece perfectamente cristalizada y, por lo tanto, no es inestable. En las series del INCIPE, que incluyen una escala de 0 a 10 de “estima” por distintos países, a lo largo de los 90 los valores máximos los alcanza Alemania, en torno a 6, y los mínimos Irak, en torno a 2. China aprueba con una media de 5.

En este mismo sentido, y escarbando bajo estos primeros indicadores muy groseros, los resultados de un estudio de imagen llevado a cabo por el Real Instituto Elcano indican que se aprecia una actitud semejante a la que pueda haber hacia otros grupos con los que no hay experiencia de contacto directo. Manejando la llamada escala de Bogardus, que mide la tolerancia hacia un grupo en distintos ámbitos, de los más íntimos a los más alejados de la experiencia directa del entrevistado, el resultado fue que el 96% de los españoles acepta a los chinos como compañeros de trabajo, como vecinos o como amigos. Sólo un 29% no se casaría con un chino. Este rechazo en el ámbito más íntimo es:

• Del 38% entre las mujeres, frente al 19% entre los varones.
• Menor entre los jóvenes, 25%, que entre los mayores, 45%.
• Mayor en los niveles inferiores de estudios: 37%.

No es un sentimiento extendido a los segmentos medios y altos. Por lo tanto, es mayoritario y está muy localizado.

Tras este sentimiento de simpatía difusa, sin embargo, también se demanda de la comunidad china una mayor apertura a la sociedad española. A tenor de lo apuntado por el BRIE 8, de febrero de 2005, la mayoría de los españoles, el 63%, piensa que “la comunidad china en España no se integra en la sociedad española”. Sólo el 27% piensa que “la comunidad china en España se integra en la sociedad española”. La visión de los chinos como comunidad cerrada se da:

• Menos entre los mayores de 65 años: 47%.
• Más entre los universitarios: 74%, frente al 46% en los niveles inferiores de estudios.
• Más en la clase media-alta: 74%, frente al 50% en la baja.

Por lo tanto, es de nuevo la visión sobre todo de segmentos altos de la población.

Quizá la propia fortaleza de las relaciones familiares en la comunidad china, que se traslada al propio tipo de actividad económica, mayoritariamente por cuenta propia, favorecen esta visión de comunidad cerrada.

Aparentemente es la economía
Hasta el momento hemos descartado los factores políticos y sociales. Todo apunta a que la sinofobia actual tiene un componente fundamentalmente económico, tanto por la competencia en precio de los productos chinos, como por el atractivo del gigante asiático como destino inversor dado el menor coste del factor trabajo, con el consiguiente riesgo de deslocalización.

La encuesta internacional ya mencionada, la GlobeScan/PIPA/BBC World Service de diciembre de 2004, se planteó la cuestión de si el hecho de que China se hiciese cada vez más fuerte en términos económicos era un hecho positivo o negativo.

Como ya vimos que sucedía en el aspecto político en la media de los 22 países, para la mayoría (un 49%) es positivo, frente al 33% que lo considera negativo. Por el contrario, España (junto con EEUU e Italia) es el país del mundo en el que se alcanzan cotas más altas de recelo, hasta tal punto que se invierten los porcentajes de la media: un 47% lo considera negativo y sólo un 31% positivo.

En el mismo sentido, en la última encuesta del Pew Global Attitudes Project realizada en mayo de 2005 en 16 países, España es el segundo país del mundo en sentirse más amenazado. A la pregunta de si el crecimiento económico de China es bueno o malo para el país del entrevistado, prácticamente uno de cada dos españoles, el 48%, responde que “malo”. Sólo Francia, con un 60%, supera dicho porcentaje. En ningún otro país avanzado encontramos estos sentimientos de amenaza.

Profundizando en esta cuestión, según los resultados del BRIE del 8 de febrero de 2005, sólo el 30% de los españoles cree que “el mercado chino es una gran oportunidad para las empresas españolas”, frente al 61% que afirman que “los precios de las importaciones chinas son una amenaza para las empresas españolas”. China es una amenaza, más que una oportunidad. Y esta amenaza se percibe más entre:

• Los titulados superiores: 65%.
• Clase baja: 69%, frente al 50% en la alta.
• Derecha: 68%, frente al 60% en la izquierda.

Estamos ante un recelo no sólo presente en la opinión pública, sino también muy extendido entre las elites económicas. En la encuesta de PriceWaterhouseCoopers a expertos y empresarios españoles, en torno al 70% considera que el riesgo de deslocalización de empresas hacia otros países es alto o muy alto. Un 80% considera que la industria española no puede competir en términos de costes laborales. Un 52% cree que tampoco puede hacerlo en tecnología. Y, en general, se piensa que los sectores más afectados por la deslocalización serían el textil, el calzado y los juguetes.

Pero, ¿es China?
Es evidente que el aspecto económico pesa, pero también que no lo hace en solitario, pues no es un hecho coyuntural. La sinofobia actual se inscribe en un plexo más complejo de actitudes relacionadas con la competencia y la globalización.

Como ha señalado Pippa Norris se da una profunda diferencia en Europa entre los países del norte y el sur, a favor del libre comercio los primeros (media del 50%), en contra los segundos (media del 25%). España está en ese núcleo duro de países más opuestos.

El estudio de Kaltenthaler (Explaining Support for Trade Liberalization) muestra que España es uno de los países más opuestos a la liberalización comercial. A la pregunta de si “debería haber controles más estrictos a la venta de productos extranjeros para proteger los puestos de trabajo de los ciudadanos de nuestro país” encontramos porcentajes de respuesta positiva del 72% en España, frente al 43% en Alemania y al 52% en Noruega.

La última Encuesta Mundial de Valores viene a refrendar que estamos ante un problema que hunde sus raíces en factores estructurales de la cultura económica. Ante la afirmación de que “la competencia es buena: impulsa a la gente a trabajar y desarrollar buenas ideas” en todo el mundo, China es el cuarto país más de acuerdo, con un 80%, de manera que paradójicamente es un país formalmente comunista el que más se adhiere a la mentalidad de libre mercado. Por el contrario, España es el séptimo país más en desacuerdo, aunque con un valor cercano al del más proteccionista, que es Francia con un 46%.

Ante la afirmación inversa de que “la competencia es mala: saca lo peor que hay en la gente”, coherentemente Francia de nuevo está en la vanguardia proteccionista. Es el segundo país más de acuerdo, con un 25%. En España el porcentaje es del 16%. Pero en las antípodas tenemos a China, que con un 8% se sitúa entre los menos de acuerdo.

En definitiva, Francia y España son los países más recelosos ante China, siendo al mismo tiempo dos de los países más proteccionistas, más contrarios a los valores de libre mercado defendidos en China y otros países en vías de desarrollo. Recordemos que el auge de Asia, más que el mundo islámico, era una de las preocupaciones fundamentales en la propuesta original de Huntington. ¿Estamos ante un choque de civilizaciones?

¿O será más bien que, à la Marx, las actitudes reflejan la realidad material? En el índice de FP/Kearney año tras año España retrocede puestos en el índice de globalización. El déficit comercial aumenta progresivamente. España durante mucho tiempo ha competido en sectores como el calzado y el textil, y lo ha hecho en precio, no en diferenciación. En este contexto, para nuestro país se hace más aguda la percepción de la globalización como amenaza, dado que esa es exactamente la estrategia competitiva de la potencia asiática. Por lo tanto, el problema para los españoles en realidad no es China: es la globalización y la competencia internacional creciente en mercados en los que tradicionalmente operábamos ventajosamente con una estrategia de precio.

Conclusiones: Desde hace algún tiempo en España se extiende el recelo hacia China como amenaza. Con este análisis hemos intentado mostrar que no hay un trasfondo político o social amplio: por tanto, es difícil que se puedan producir nuevos episodios de violencia xenófoba.

Por un lado, en el aspecto político, China ahora mismo se está beneficiando de las enormes sombras que se ciernen sobre la imagen de los EEUU en España (y en el mundo). El recelo ante la política exterior norteamericana hace que los españoles defiendan un escenario multipolar, y en este sentido hasta se vería a China con buenos ojos. No hay temor en este sentido, ni tampoco críticas al modelo político chino. Incluso en el terreno de los derechos humanos los EEUU tienen una imagen peor que la de China.

Por otro lado, en el aspecto social, los chinos se mueven en una zona gris, de indiferencia. No despiertan la simpatía de la que se benefician los latinoamericanos, pero tampoco el recelo que pesa sobre los marroquíes, por ejemplo. Únicamente se demandaría una mayor apertura de la comunidad china a la sociedad española.

Es exclusivamente en el aspecto económico donde surgen los temores y recelos por la amenaza que suponen las importaciones chinas y el atractivo de China como destino inversor. Pero del análisis también se colige que no se trata de un sentimiento coyuntural ni dirigido específicamente contra dicho país. La aparente sinofobia española es el precipitado de una cultura económica proteccionista que produce las actitudes negativas de los españoles ante la competencia internacional y la globalización económica.

Sobre este amplio foco de valores y actitudes que constituye la cultura política y económica, la irrupción del gigante asiático hace que se proyecten en la opinión pública unas amenazadoras “sombras chinescas”. La enorme visibilidad de este país hace que las miradas se centran en él, cuando en realidad el problema es otro: la competencia creciente de los países emergentes y, en el futuro, de los que están en vías de desarrollo. En términos más coloquiales, podemos decir también que ahora mismo los chinos están “pagando el pato”.

 

Javier Noya
Investigador principal, Área de Imagen de España, Real Instituto Elcano

 

 
 
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