|
Tema: El IEPG es un índice
sintético desarrollado por el Real Instituto Elcano que cuantifica y
ordena la proyección exterior de los países en los terrenos económico,
militar, científico, social y cultural[1].
Resumen: El Índice Elcano de
Presencia Global (IEPG) es un ambicioso ejercicio de análisis con el
que el el Real Instituto Elcano viene a sumarse a los diversos
esfuerzos realizados para conceptualizar la globalización y,
más en concreto,conocer la capacidad que tienen los diferentes países
de moldear ese proceso a partir de su posicionamiento internacional en
distintos ámbitos. Se trata de una medición general y agregada
delapresencia exterior de los países. El ejercicio tiene una lógica
integral considerando un conjunto amplio de campos que incluye la
economía, la defensa, los movimientos de población, la ciencia y la
cultura o la ayuda al desarrollo.Al calcularse de forma anual y para
una cincuentena de países, que incluyen a los más importantes del mundo,
el IEPG permite comparaciones internacionales y temporales de la
presencia global. Se constituye así como una herramienta útil
paraanalizar las tendencias globales en la presencia internacional y
para examinar la política exterior de los países para los que se
calcula. El IEPG 2010 nos dice que el país con mayor presencia global
es Estados Unidos. Le siguen Alemania, Francia, Reino Unido, China y
Japón. España, a la que se le dedica la reflexión final en las
conclusiones, se sitúa en noveno lugar.
Análisis: El Índice Elcano de
Presencia Global (IEPG) es un ejercicio de agregación sintética de
datos que cuantifica y ordena la proyección exterior de los países en
los terrenos económico, militar, científico, social y cultural. Con el
IEPG, el Real Instituto Elcano viene a sumarse a los esfuerzos
realizados desde el mundo académico, algunos organismos internacionales
y diversos thinktanks para comprender mejor la
globalización
En el terreno teórico de las relaciones internacionales, ese
debate ha prestado atención a los nuevos equilibrios mundiales después
de la guerra fría, a la aparición de potencias emergentes en una
economía cada vez más interdependiente o a conceptos más complejos de
poder que incluyan elementos llamados “blandos”. Sin embargo, sólo se
ha dado muy parcialmente el paso desde la conceptualización teórica a
la medición empírica. Es verdad que existen ya algunos intentos de
evaluar y comparar a los países en algunas dimensiones vinculadas con
el impacto de la globalización –como, por ejemplo, la apertura
y competitividad económicas, el compromiso con el desarrollo o la
reputación de su imagen–. Hay también algunos trabajos tentativos, de
autores norteamericanos o chinos, que pretenden renovar los esfuerzos
tradicionales de medir una dimensión tan delicada y discutible como la
del poder nacional. Sin embargo, no existe hasta la fecha ninguna
medición general y agregada del posicionamiento internacional objetivo
de los países en el mundo globalizado y éste es el vacío que el IEPG
aspira a colmar.
El ejercicio tiene una lógica integral al considerar que la
presencia en el mundo globalizado es multifacética y hasta cierto punto
las dimensiones están conectadas. Por ejemplo, a pesar del indudable
peso comercial y tecnológico de Alemania o Japón, su escasa proyección
militar reduce globalmente su posición, y también hay casos de países
–como Arabia Saudí gracias al comercio energético, la inmigración y las
visitas a La Meca o la ayuda al desarrollo– que consiguen una
importante presencia final a partir de unos altísimos resultados en
solo tres o cuatro categorías.
La presencia global de los países se situaría en un nivel
intermedio entre, por una parte, los activos disponibles en la esfera
interna que se pueden internacionalizar y, por otra parte, el poder o la
influencia realmente ejercida a escala mundial. Es decir, el IEPG no
mide directamente cuán poderosos o influyentes son los Estados, sino el
posicionamiento internacional de los distintos países (tanto de su
sector público como privado) en diversos ámbitos; lo que puede, eso sí,
afectar luego al ejercicio de ese poder o influencia.
Al calcularse de forma anual y para un grupo de países que
incluye a los más importantes del mundo, el IEPG permite comparaciones
internacionales y temporales de la presencia global. Aunque se ha
calculado por primera vez para 2010, el índice se ha reconstruido
también en calas temporales que se remontan a 1990, a fin de poder
analizar la evolución del mundo posterior a la guerra fría. A partir de
ahora, el IEPG se actualizará con los datos disponibles el 31 de
diciembre de cada año.
El IEPG se constituye como una herramienta tanto para elaborar
un panorama de la globalización como para analizar la política
exterior de los países. En el primero de los casos, porque permite
examinar las tendencias globales en la presencia internacional: por
ejemplo, quiénes están mejor posicionados y en qué ámbito; qué países o
regiones desarrollan un ascenso o un declive relativo de presencia y a
qué ritmo; cómo evolucionan en general o en particular los elementos
duros (presencia militar o empresarial) y blandos (difusión de ideas o
atractivo para las personas); hasta qué punto se asiste a un escenario
de multipolaridad o unipolaridad, etcétera.
Y en el segundo de los casos, en relación con el estudio de la
acción exterior, el IEPG es útil para conocer mejor los esfuerzos de
promoción internacional de los países para los que se calcula y también
la eficacia de su acción diplomática en términos de influencia. Esto
es, se puede examinar por un lado, y a la luz de los resultados de
presencia global obtenidos, los esfuerzos de internacionalización
realizados a partir de la proyección exterior de los activos
disponibles. Y, por el otro, se puede evaluar la capacidad de un país
para moldear la globalización a través de su política exterior que,
además de descansar en otros recursos de poder, se puede apoyar y
retroalimentar sobre esa presencia. Además, el IEPG permite el análisis
sectorial de la presencia que los países priman (cuándo se apuesta por
unos elementos sobre otros), y la relación existente o no entre
presencia objetiva y notoriedad o prestigio percibido.
En un primer momento, el IEPG cubre la presencia global de una
selección de 54 países entre los que están los 42 países con mayor PIB
–lo que incluye a todos los miembros del G-20– además de los que no se
encuentran en esta selección por tamaño económico pero sí son miembros
de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
y/o de la Unión Europea. Eso quiere decir que la vocación del índice
es ir incluyendo a todos los países del mundo, por pequeños que sean, a
medida que existan datos disponibles para los 14
indicadores.
Los indicadores se agrupan en cinco áreas: economía, defensa,
migraciones y turismo, cultura y ciencia y ayuda al desarrollo. La
economía se compone de las exportaciones de bienes y las de servicios,
de las exportaciones energéticas y de las inversiones directas en el
exterior. La defensa se mide con las tropas efectivamente desplegadas en
el extranjero y con la capacidad de despliegue militar. Las
migraciones y el turismo recogen tanto el total de población inmigrante
como la llegada de turistas al país. El área de ciencia y cultura
registra diversas manifestaciones como la difusión internacional de
actividades audiovisuales (cine, música, radio o televisión) o los
deportes (juegos olímpicos y fútbol masculino). También contempla la
generación de patentes internacionales o la actividad internacional del
sistema académico-universitario, tanto en su faceta investigadora, a
través de las publicaciones académicas, como en la docente, mediante la
atracción de estudiantes extranjeros. La ayuda al desarrollo se mide a
partir de los datos de ayuda oficial.
Gráfico 1.
Estructura del IEPG

Diversos criterios han guiado la selección de indicadores. Los
primeros dos criterios –dimensión transnacional y unidireccionalidad–
son los más claramente relacionados con la especificidad de un índice
que pretende medir la proyección global: el primero significa que todos
los indicadores de medición de la presencia incluidos tienen un
carácter expresamente internacional, y el segundo implica que esa
presencia se mide siempre en una única dirección o sentido que va desde
el interior de los países hacia fuera de sus fronteras. Los siguientes
criterios tienen que ver con el objetivo de considerar la proyección
exterior que sea tangible; es decir, la realmente conseguida de forma
absoluta, cuantitativa y objetiva por los países sin que el IEPG como
tal tenga en cuenta los medios o esfuerzos empleados para obtener el
resultado final, ni el grado relativo de internacionalización de cada
país, ni tampoco incorpore datos que impliquen juicios discrecionales
sobre la naturaleza cualitativa de esa presencia, y sin que, por último,
se incluyan variables basadas en juicios u opiniones. Los dos
criterios finales –mínimo número de indicadores para el máximo de los
casos y variabilidad de los datos– son aplicables a cualquier otro
índice agregado, comparativo y de renovación periódica ya que, por un
lado, se busca la mayor capacidad explicativa y aplicable a todos los
casos usando el menor número posible de variables e indicadores, y, por
otro, la selección de los componentes debe permitir que sean sensibles a
la variación de resultados en el corto plazo.
De todos los anteriores, tal vez el elemento más
característico del IEPG es que sólo incluye en su seno variables que
contengan información expresa sobre la dimensión exterior o, si se
prefiere, transfronteriza de cada caso incluido. Es decir, y a modo de
ejemplo, se recogen los flujos económicos internacionales de carácter
comercial y financiero pero no el PIB; se recogen los flujos humanos
pero no la población; y se recoge el despliegue militar exterior o la
desplegabilidad pero no la fuerza militar disponible.En este sentido,
no se recogen datos sobre los activos internos de los países, ni
siquiera sobre los activos potencialmente internacionalizables, sino
que el cómputo del índice se reduce a manifestaciones expresas de
presencia internacional conseguida. Así, por ejemplo, no se recogen
variables como la biodiversidad,la oferta gastronómica, las reservas de
petróleo o el número de monumentos patrimonio de la humanidad que, si
bien pueden derivar en mayor presencia exterior, no lo harán de forma
automática. Siguiendo los mismos ejemplos, la presencia global en estos
ámbitos se traduciría en una mayor afluencia turística o un mayor
volumen de exportaciones; indicadores que sí se recogen.
¿Qué dice el IEPG 2010? Emergentes y
emergidos
Los resultados del primer IEPG, sobre todo en conjunción con
las series históricas retrospectivas, permiten muy ricos análisis de
fondo que aquí se condensan en un primer análisis. Sin duda, la primera
conclusión es la extraordinaria proyección norteamericana. Estados
Unidos es el país con mayor presencia en 10 de los 14 indicadores, y
solo es superado en comercio de bienes (por China y Alemania), energía
(donde lideran las grandes potencias exportadoras como Rusia o Arabia
Saudí), turismo (Francia) y en patentes internacionales (Japón). El
liderazgo es espectacular sobre todo en el ámbito militar pero, con
todo, la acelerada reducción del margen con sus perseguidores en lo
económico confirma que el mundo se está transformando y que en los
últimos años, además, lo hace cada vez más rápido. Piénsese que a mitad
del siglo XX el comercio estadounidense representaba el 50 por cien
mundial y tenía una base tecnológica muy superior a la de sus rivales;
mientras hoy genera solo el 16 por cien del comercio (menos que la UE)
y, salvo excepciones, ya no es el líder industrial-tecnológico en casi
ningún sector.
Gráfico 2 Resultados del IEPG
2010
Detrás de EE UU quedan los países europeos: Alemania es el
segundo del IEPG, Francia tercero, Reino Unido cuarto, Italia octavo y
España noveno. Se trata de países que se benefician de una serie de
factores como: la relativa competitividad de sus sectores industrial y
de servicios, la vocación internacional de sus gobiernos, su
interdependencia en un espacio geográfico reducido, la condición de
ejes de los flujos internacionales de comercio, comunicaciones o
transacciones, o incluso su alta calidad de vida. Por distintos
motivos, y aunque aún siguen ocupando una posición alta en la
globalización, se observa en cambio un Japón en declive y una Rusia que
prácticamente basa su séptimo puesto en el gas o el petroleo y sus
capacidades militares heredadas de la Unión Soviética. China, por su
parte, aparece en el quinto lugar del ranking
global y puede que en breve se convierta en el segundo, pues no sólo
está empezando a superar a los grandes países europeos en el comercio,
sino también en otros ámbitos no económicos como, por ejemplo, el
impacto internacional de su deporte o incluso de su investigación
científica.
Por último, y de forma sin duda llamativa si se considera la
reciente actividad de estos otros países emergentes en los medios de
comunicación y los círculos políticos, algunas economías de gran tamaño y
rápido crecimiento como India o Brasil aparecen aún muy poco
internacionalizados en términos relativos –18º y 25º del IEPG,
respectivamente–, superadas por algunos pequeños países europeos, como
Holanda (11º) y Bélgica (14º).
¿Significa entonces esto que, por su metodología, el IEPG
prima a los países desarrollados frente a los países en desarrollo y
los emergentes? No o, al menos, no necesariamente
ceterisparibus, aunque es indudable que en algunos
ámbitos (el comercio de servicios, la difusión científica o la misma
cooperación internacional) parece claro que superar un determinado
umbral de desarrollo o, al menos, haber generado una masa crítica
interior suficiente, ayuda a traspasar las fronteras. En todo caso, si
un país ocupa un lugar más alto o más bajo del esperado en el
ranking, entonces es posible que o bien su
presencia internacional efectiva no se corresponda con la percepción
que se deriva de su presencia mediática, su poder o influencia (ya sea
global o, seguramente, regional), o bien que haya habido un punto de
inflexión reciente en la tendencia de su proyección exterior.
En otras palabras, lo que puede indicar el IEPG cuando se
produce este “desencaje” es que el país en cuestión quizá está
“boxeando” por encima o por debajo de su peso –en el sentido de que
ejerce influencia aunque tenga una baja presencia o viceversa– o que su
nivel actual de presencia global es el resultado de una tendencia
acusada al alza o a la baja de dicha presencia.
En el caso concreto de la tensión entre los pequeños países
europeos –los emergidos– y las economías emergentes, ¿qué dicen los
datos? En primer lugar, muestran que la mayor parte de los pequeños
países europeos como Holanda y Bélgica, al igual que otros más grandes
como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia o España tienen una
tradición de presencia exterior que, en muchos casos, se remonta a
varios siglos. Esto les ha permitido acumular unos canales de
proyección exterior que garantizan diversas formas de presencia en el
extranjero. Por poner un ejemplo, la difusión cultural se da, en parte,
porque al menos tres lenguas europeas son lenguas globales. En segundo
lugar, algunos de estos países, por su pequeño tamaño geográfico y/o
poblacional –y, por tanto, de su mercado interno– han recurrido
necesariamente a modelos de desarrollo económico orientados al
exterior. Más concretamente, Holanda y Bélgica, pero también el Reino
Unido, son hoy importantes hubs financieros, lo que
les sitúa, atendiendo al stock acumulado, en los
primeros puestos de inversores en el exterior (5º, 8º y 3º,
respectivamente). En tercer lugar, se trata de países desarrollados,
postindustriales en muchos casos, lo que les hace más susceptibles de
expandirse internacionalmente: 7 de los 10 primeros exportadores de
servicios son europeos, al igual que 5 de los 10 primeros destinos
turísticos, y 8 de los 10 primeros países en difusión
cultural.
Sin embargo, los llamados emergentes o BRIC (Brasil, Rusia,
India y China) se encuentran, casi todos ellos, en pleno proceso de
desarrollo y de expansión internacional sin que además exista una
interdependencia tan alta como la que une a los países europeos con sus
vecinos en una densa red de flujos transnacionales. Se trata, por lo
general, de grandes países con un potencial mercado interior que podría
ser el eje de una estrategia de desarrollo económico. De hecho, un
modelo de desarrollo orientado hacia el interior reduce la
vulnerabilidad del país a choques externos, por lo que tradicionalmente
suelen ser los países con pequeños mercados internos los que optan por
modelos de desarrollo económico más extravertidos –véase por ejemplo
que Corea del Sur ocupa la 15ª posición–. No es casual entonces que dos
países grandes que han optado por una estrategia más orientada al
mercado interior, India y Brasil, ocupen el 18º y el 25º puesto en el
ranking del IEPG. En este sentido, China es la
gran excepción: un país con un territorio y un tamaño poblacional
inmensos que, sin embargo, optó por un modelo económico fuertemente
orientado al exterior que lo sitúa en el 5º puesto del IEPG 2010, con
una espectacular progresión en los últimos años. Eso sí, como recuerdan
los datos, una cosa es que China haya pasado a estar en el mundo de
manera muy relevante y otra muy distinta es que el mundo haya pasado a
ser chino.
Entonces, ¿por qué sorprende ver a los europeos en puestos
altos y a los emergentes puestos bajos? Porque Europa está en declive
en su posición internacional mientras que los emergentes están en
ascenso. En el último lustro se han multiplicado los artículos de
opinión y académicos y las noticias de prensa que muestran estas dos
tendencias paralelas. Sin duda, tanto los IEPG retrospectivos como sus
futuras ediciones mostrarán estas tendencias.
Pero además, podría darse el caso que un país como Brasil
también fuese superado por otros con similar grado de desarrollo medio y
con un tamaño económico no sólo algo menor sino también con unos datos
de crecimiento menos veloz en los últimos años; es el caso de México,
que ocupa la 20ª posición del IEPG y, por tanto, supera al país
suramericano en cinco puestos. La razón de este sorprendente resultado
merece tres comentarios. El comentario previo es que el IEPG, pese a
que otorga un resultado final ligeramente favorable a México, es capaz
de detectar aquellos indicadores (como el militar o el tecnológico) en
que Brasil tiene más presencia. En segundo lugar, es obvio que cada uno
tiene posiciones muy distintas en lo relativo a la
internacionalización. Es verdad que Brasil exporta materias primas a
China y eso le dará ventaja en el futuro pero, mientras tanto, la
peculiar situación fronteriza de México con EE UU no sólo sigue
plasmándose en una intensísima relación comercial, migratoria o
turística con un gigante de la que carece Brasil, sino que eso se
traslada también a un esfuerzo mucho mayor en la agenda bilateral que
en la global –que se demuestra en el hecho de que aproximadamente la
mitad del cuerpo diplomático mexicano destacado en el exterior se
encuentre en el vecino del norte–. Y esto lleva al tercer comentario
relativo a la percepción: Brasil, gracias a su activa diplomacia y a la
ausencia de un vecino más fuerte en Sudamérica, se ha forjado en los
últimos años una imagen de líder regional de la que seguramente adolece
México.
Curiosamente, la posición de España en el IEPG puede mostrar
una realidad tal vez inversa. Su presencia global es bastante
significativa (la 9ª total), como resultado de ocupar un puesto
medio-alto en casi todos los indicadores e incluso destacar en alguno
de ellos; por ejemplo, ser la 7ª exportadora mundial de
servicios, la 9ª en inversión directa de sus empresas en el extranjero,
la 9ª en despliegue militar, la 8ª en número de inmigrantes, la 4ª en
llegada de visitantes, la 7ª en difusión cultural, la 9ª en
publicaciones científicas internacionales, o la 6ª en ayuda al
desarrollo. Sin embargo, al igual que un país puede tener niveles bajos
de presencia global y ser una potencia relevante (como el antes
mencionado caso de Brasil o también Sudáfrica), podría ser que España
tuviese una alta presencia que no se traduce correlativamente en
influencia mundial.
En cierto modo es lógico. España -como le ocurre también a
otras potencias medias como Canadá, Italia o Corea del Sur- no puede
aspirar al liderazgo en su región, aun cuando su caso sea peculiar
porque tiene en cambio la ventaja de poder proyectarse de modo natural
hacia otras regiones y, en particular, América Latina. Por decirlo de
manera gráfica, mientras el español es el quinto idioma de Europa,
supone tal vez la segunda lengua internacional.Sin embargo, las
lecciones que se extraen del IEPG para el caso español son más
ricas.
Conclusión:
A lo largo de las últimas dos décadas España ha asistido a una
importante expansión de su presencia desde un punto de partida muy
bajo en casi todos los indicadores. A finales de los ochenta España no
tenía multinacionales, ni tropas desplegadas en el exterior, ni
inmigración significativa, ni proyección deportiva, ni realizaba apenas
cooperación al desarrollo. Este cambio radical de los patrones de
presencia global, salvo en lo referente a la tecnología y a la educación
donde la internacionalización sigue siendo bastante baja, significa
que España es un actor mundial muy diferente al de hace veinte o
veinticinco años y que esa transformación se debería plasmar, en
cantidad y calidad, en su política exterior.
La traducción en cantidad, esto es en los recursos dedicados a
la acción diplomática, sí se ha producido. Hoy pese a algunas
deficiencias, y siempre que se supere el peligroso riesgo de recortes
generalizados a consecuencia de la crisis, la presencia de España es ya
notable en los foros multilaterales y en el nivel bilateral. Hoy el
número de organizaciones internacionales a los que se pertenece, la red
de representaciones y los medios humanos o financieros dedicados a la
política exterior se ajustan más o menos al lugar que teóricamente le
corresponde.
Es, sin embargo, en lo referente a la calidad –o, si se
prefiere, en lo relativo a estrategia y coordinación- donde el IEPG
podría ser más revelador de las carencias. Durante mucho tiempo se dijo
que España boxeaba por encima de su peso porque iba cumpliendo con
éxito su objetivo de ser reconocida como potencia media -pese a no
disponer objetivamente de empresas, ejército, u otros activos
internacionalizados- en la escena mundial de la que tanto tiempo había
estado ausente. Sin embargo, en la medida que el país ya tiene una alta
presencia global efectiva en casi todos los ámbitos, y que el
prerrequisito de estar en el sitio que le corresponde hace ya mucho
tiempo que se alcanzó, podría concluirse que se corre el riesgo de
boxear por debajo de peso. Y así puede que sea, en efecto, si el empeño
continúa demasiado enfocado a la inserción en una foto histórica antes
que en planificar a largo plazo una actuación que descanse sobre el
despliegue simultáneo de la presencia y de la capacidad de gestionar el
entorno internacional de acuerdo a sus valores e intereses.
Ignacio Molina e Iliana Olivié
son investigadores principales en el Real Instituto Elcano y
coordinadores del IEPG
[1] Este ARI ha sido
publicado como “Estudio Elcano” en la revista Política
Exterior, nº 141 - Mayo / Junio de 2011
|