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Impacto de la crisis laboral sobre la población inmigrante (ARI)
Ramón Mahía y Rafael del Arce
ARI 21/2010 - 28/01/2010

Tema: La crisis económica ha provocado un aumento sustancial del desempleo entre la población inmigrante, cuyo tamaño ha continuado aumentando pese a la reducción de oportunidades laborales.

Resumen: Tras un período de extraordinario crecimiento económico y una formidable generación de empleo, la población laboral inmigrante ha sufrido un duro ajuste durante el primer año y medio de crisis. Las tasas de paro se han elevado desde el 17% en 2008 hasta el 29% en el tercer trimestre de 2009. Una mayor exposición y vulnerabilidad del colectivo laboral inmigrante ha determinado un ajuste que, aunque está afectando también a los nativos, presenta características diferenciales que son estudiadas en este ARI.

Análisis

Entendiendo el auge para comprender la crisis
Entre los años 2000 y 2007, España vivió uno de los períodos de mayor prosperidad económica. El crecimiento medio anual del PIB real fue del orden del 3,5%, una cifra sensiblemente mayor que el promedio del 2,2%-2,4% registrado en la UE (2,2% para la UE-15 y 2,4% para la UE-25 y UE-27, según Eurostat).

Esta bonanza se caracterizó por el papel predominante de sectores productivos cuyo desarrollo creaba una intensa demanda de mano de obra: construcción (especialmente residencial) y servicios de escaso valor añadido.

Ambos sectores fueron los que lideraron el crecimiento económico durante este período: en el caso de la construcción, la aportación al crecimiento pasó del 9% en el quinquenio 1996-2000 al 15% en 2001-2007, mientras que, para el caso de los servicios privados, la aportación pasó del 48% hasta el 60%. En sentido contrario, el sector industrial disminuyó su protagonismo, reduciendo su aportación promedio para el avance económico del 23% al 6%.

Figura 1. Contribución de los principales sectores al crecimiento económico español: comparación entre 1996-2000 y 2001-2007


Fuente: elaboración propia a partir de Pesos sobre datos Corrientes y Tasas de variación interanuales sobre Índices de Volumen Encadenados 1996-2007. Base 2000 (estimación provisional para el Año 2007) Contabilidad Nacional de España (INE).

La consecuencia más visible de este modelo de vigoroso crecimiento liderado por sectores poco productivos[1] fue la extraordinaria generación de empleo: durante el período 2001-2008 se crearon 4,7 millones de empleos netos. Así, aunque el mercado laboral español representa sólo el 9% del stock de trabajadores de la UE-27, fue sin embargo responsable de la creación de más del 31% de todo el empleo comunitario en la UE-27 generado entre 2001 y 2007.[2]

Del mismo modo que España se distinguió en el mundo por traducir el crecimiento económico en una intensa generación de empleo, vuelve a ser ahora protagonista por el efecto inverso. La Figura 2 ilustra la posición de los países de la UE-27 en términos de retroceso del PIB (eje horizontal) y caída del empleo (eje vertical) en el período comprendido entre el segundo trimestre de 2008 y el segundo trimestre de 2009. La posición de España muestra una caída del PIB de alrededor del -4%, algo menos que una media europea más cercana al -5% (4,8 AE-16[3] y 4,9 UE-27), pero, sin embargo, un retroceso del empleo del 7% frente a una media en la UE del 2%.

Figura 2. Crisis en Europa: caída del PIB y caída del empleo en la UE-27: comparación del segundo trimestre de 2008 con el segundo trimestre de 2009

Fuente: elaboración propia a partir de datos de Eurostat y datos contenidos en el informe “Statistics in Focus” (Eurostat, 79/2009). Aunque se representan todos los países, se muestran sólo algunas etiquetas para los más representativos.

No obstante, la comparación más relevante del efecto de la crisis en España frente al resto de Europa no se observa con los datos de caída del empleo, sino con los datos relativos al aumento del desempleo. La Figura 3 añade a la ilustración previa, como tercera dimensión, el aumento del desempleo (representado por el diámetro de la esfera en cada país), lo que permite claramente singularizar y dimensionar la crisis española frente al resto de países de la Unión. Así, por ejemplo, aunque Irlanda y España han sufrido caídas similares del empleo (posición cercana en el gráfico) el incremento del paro en España (tamaño de la esfera) es enorme en comparación con el irlandés.

Figura 3. La crisis en Europa y caída del PIB, caída del empleo e incremento del desempleo en la UE-27: comparación del segundo trimestre de 2008 con el segundo trimestre de 2009

Fuente: elaboración propia a partir de datos Eurostat. Aunque se representan todos los países, se muestran sólo algunas etiquetas para los más representativos (algunos países de caída extrema del empleo –como Estonia, Letonia y Lituania– se han eliminado de este gráfico para visibilizar mejor el conjunto).

Efectivamente, la UE-27 ha incrementado su desempleo entre el segundo trimestre de 2008 y el tercer trimestre de 2009 en 5,1 millones de personas, de los cuales 1,8 millones corresponden a España; en definitiva: España ha sido “responsable” de más del 30% del nuevo desempleo en la UE.

Este incremento del desempleo tan extraordinario no se debe a una única causa, pero, en cierto modo, puede juzgarse como el reverso negativo de un modelo de crecimiento previo con escasa productividad. Por decirlo de un modo sencillo: el crecimiento generó mucho empleo y la caída destruye, simétricamente, mucho empleo.

En este marco, surge una cuestión: ¿significa esto que, en sólo un año de crisis se han destruido casi los mismos empleos que costó casi una década entera generar? Afortunadamente, la respuesta es no. El saldo crecimiento-crisis en términos de empleo es netamente positivo merced a la cuantiosa incorporación de nueva población activa en nuestro mercado laboral. Efectivamente, la Figura 4 muestra que en el momento actual (con datos relativos al tercer trimestre de 2009) contamos con más empleados (barra azul) que en 2000 y, al tiempo, con más desempleados. El aumento de la población activa ha sido, efectivamente, de más de 4,5 millones de personas, por lo que el saldo final del período “crecimiento-crisis” (2000-2009) combina una generación neta de empleo de casi 3,2 millones de ocupados y un aumento del desempleo de 1,7 millones respecto al volumen de 2000.

Figura 4. Activos, ocupados y parados en 2000, 2007 y 2009

 

Media
2000

Media
2007

3T09

 

Saldo de la fase
de crecimiento

2000-2007

Saldo de la fase de
crecimiento+crisis

2000-2009

Ocupados (1)

15.681.800

20.324.600

18.870.200

4.642.800

3.188.400

 

Parados (2)

2.455.700

1.771.100

4.123.200

 

-684.600

1.667.500

Pob. activa (1+2)

18.137.500

22.095.700

22.993.400

 

3.958.200

4.855.900

Fuente: EPA, datos del tercer trimestre de cada año.

El papel de la inmigración en el crecimiento y las consecuencias de la crisis: ¿qué nos dicen las cifras agregadas?
La formidable generación neta de empleo del período de auge económico (4,8 millones de ocupados) sólo pudo apoyarse parcialmente en la oferta laboral nativa, mermada por un proceso de envejecimiento muy evidente: la ratio de reemplazo del mercado laboral se había situado en el 1,2 en 2001[4] y la población potencialmente activa (16-65 años) creció poco más de 50.000 personas al año entre 2001 y 2007. De este modo, el leve incremento de la tasa de actividad nativa (del 65,3% al 69,6%) y la moderada reducción de la tasa de desempleo nativo (3,5 puntos porcentuales acumulados a lo largo de los ocho años) se tradujeron “sólo” en 2 millones de nuevos empleos nativos. Así pues, la creación de casi 5 millones de nuevos empleos en este período se ha nutrido de la incorporación al mercado de trabajo español de 2,5 millones de ocupados extranjeros: cinco de cada 10 nuevos empleos fueron ocupados por trabajadores extranjeros que procedían, en un 95%, de países en desarrollo o subdesarrollados.

Figura 5. Activos, ocupados y parados en 2000, 2007 y 2009: distinción entre nativos y extranjeros

   

2000

2007

2009

 

Saldo de la fase
de crecimiento

2000-2007

Saldo de la fase de
crecimiento+crisis

2000-2009

Nativos

Ocupados (1)

15.151.000

17.478.200

15.997.700

 

2.327.200

846.700

 

Parados (2)

2.358.500

1.391.100

3.044.000

-967.400

685.500

 

 

Pob. activa (1+2)

17.509.500

18.869.300

19.041.700

 

1.359.800

1.532.200

Extranjeros

Ocupados (1)

530.800

2.846.400

2.872.500

 

2.315.600

2.341.700

 

Parados (2)

97.200

380.000

1.079.200

 

282.800

982.000

 

Pob. activa (1+2)

628.000

3.226.400

3.951.700

 

2.598.400

3.323.700

Fuente: EPA, datos del tercer trimestre de cada año. Los datos de la población extranjera incluyen la población con doble nacionalidad.

Tras la llegada de la crisis, y siempre en términos agregados, el saldo global para la población ocupada extranjera indica que hoy en día “se mantiene”[5] un volumen de alrededor de 2,3 millones de puestos de trabajo creados durante el período de expansión (2000-2007), una cifra compatible con un paro extranjero que hoy es, aproximadamente, de 1.000.000 de personas. Este paro extranjero es, por tanto, la combinación de unos 300.000 desempleados que ya existían en la época de bonanza y unos 700.000 “nuevos” parados por incremento de la población activa. En suma, la incorporación de población activa extranjera durante el período 2000-2009 ha sido de 3,3 millones de personas, de las cuales en la actualidad un 70% tienen empleo y un 30% están desempleadas.

Conviene observar, aun a grandes rasgos, las diferencias y similitudes en la dinámica intertrimestral de la crisis para nativos e inmigrantes. Considerando el crecimiento trimestral del desempleo en ambos colectivos, puede decirse que, en ambos casos, el perfil temporal de ajuste es similar, con un punto crítico de máximo crecimiento del desempleo a principios del 2009 y una evidente desaceleración de este “drenaje” del mercado en el segundo y tercer trimestre.

Sin embargo, puede observarse que la incidencia del desempleo ha comenzado antes y ha sido más duradera para la población nativa que para la extranjera. Efectivamente, ya desde mediados de 2007 el desempleo empezó a crecer en términos intertrimestrales en la población nativa y lo ha seguido haciendo hasta el momento actual; por el contrario, el desempleo sólo comenzó a crecer en el colectivo extranjero a mediados de 2008 y se habría detenido igualmente a principios del año actual.

Por otro lado, si observamos la evolución de la población activa junto al incremento del desempleo, podemos constatar que existe una diferente composición agregada del incremento del paro en ambos colectivos.

Así, el incremento del paro nativo desde mediados de 2008 se compone de lo que podría denominarse “empleos netos destruidos o nuevos parados”, es decir, ocupados previamente que han perdido su puesto de trabajo, y no de “nuevos activos” (barra verde), es decir, personas que se han sumado a la búsqueda activa de empleo y no han logrado encontrar un trabajo. Más aún, durante los últimos tres trimestres, la población activa se ha reducido en términos intertrimestrales, colaborando a la desaceleración del avance trimestral del paro.

Por el contrario, el paro inmigrante ha crecido impulsado por la constante incorporación de nuevos activos, una sobreoferta (acumulación de la población activa) que no ha podido ser absorbida por el mercado laboral desde el segundo trimestre de 2008. Es decir, los inmigrantes en edad activa han seguido llegando en mayor medida que la demanda efectiva de empleo.

En términos relativos, la población inmigrante ha visto incrementada su “tasa” de paro hasta cotas formidables, alcanzando el 27% en 2009[6] frente al 16% nativo. Los microdatos de la EPA revelan una realidad aún peor: si en el 2008 el porcentaje de las personas inmigrantes que declaraban no haber trabajado en la semana de referencia era del 36,4%, durante el segundo trimestre del 2009 el porcentaje se elevaba hasta el 46%.

Dicho de otro modo, el diferencial en la tasa de paro de inmigrantes y nativos (en cierto modo, la mayor dificultad de los inmigrantes para encontrar trabajo) ha crecido desde un mínimo de 4,4 puntos porcentuales en el tercer trimestre de 2007 hasta máximos superiores al 12% en 2009.

Por otro lado, si empleamos las tasas de empleo absolutas (empleados entre población en edad laboral) en lugar de las tasas de paro habituales (desempleados entre población activa) podemos contemplar de forma impactante la magnitud absoluta del ajuste: desde un máximo cercano al 45%, las tasas de empleo empezaron a disminuir en el caso de los españoles en el cuarto trimestre de 2007 y se han reducido más de 4 puntos porcentuales hasta finales de 2009. En el caso de los extranjeros, las tasas de empleo absolutas se han precipitado desde el máximo del 58% de principios de 2008 hasta el 49% del tercer trimestre de 2009.

Adicionalmente, las cifras oficiales manejadas de la EPA no permiten observar con precisión la magnitud real del ajuste en el mercado laboral irregular. La incidencia del trabajo informal en la población inmigrante es muy relevante por varias razones y podía cifrase en torno a 800.000 trabajadores extranjeros a finales de 2007,[7] momento en el que el ajuste del mercado laboral empezó a sentirse con fuerza en la población nativa. Aunque los datos de la EPA se derivan de encuestas y, por tanto, reflejan teóricamente la realidad formal e informal,[8] la presencia de un sub-mercado informal tan importante hace extremadamente complejo un diagnóstico comparado preciso sobre el ajuste ante la crisis del empleo nativo e inmigrante.

Paro inmigrante y paro nativo: ¿dos categorías de parados?
¿Existe un perfil de parado inmigrante? ¿Es la nacionalidad del parado una categoría analítica de interés? Más allá de las cifras agregadas revisadas en el apartado previo, conviene observar con detalle las características precisas del paro inmigrante y contrastarlas con el colectivo de desempleados nativos. Esta comparación permite responder interesantes preguntas, especialmente dos de ellas:

  • ¿Es el empleo inmigrante más vulnerable? ¿Por qué razón? (Sectores, antigüedad, temporalidad,…).
  • ¿Existe discriminación adicional por razón de procedencia o simplemente debemos decir que el inmigrante estaba “expuesto” en mayor medida que el nativo por ocupar segmentos (actividad, antigüedad, contrato…) más vulnerables?

Cobra interés en este punto estimar la presencia de inmigrantes respecto al total de trabajadores en cada sector productivo, así como aquellos sectores en los que principalmente se ocupan.

Figura 6. Porcentaje de ocupación de inmigrantes por sectores

 

% total empleados

% total Inmigrantes

Agricultura

21.3

6.2

Energía

7.7

3.1

Industria

10.4

6.8

Construcción

21.2

15.8

Servicios de mercado

17.2

63.2

Servicios de no mercado

3.3

4.9

Total

13.8

100

Fuente: elaboración propia a partir de EPA, microdatos, tercer trimestre de 2009. El dato de inmigrantes solo recoge aquellos de carácter económico.

Los inmigrantes se ocupan principalmente en el sector servicios (un 63,2%), seguido del de construcción (15,85%). Es importante reseñar que en este último sector (y residualmente en el de la agricultura) representan uno de cada cinco empleados del total en España. Dicho lo cual, y ateniéndonos a que es precisamente en estos sectores donde más se han concentrado los efectos adversos de la crisis, es previsible que los inmigrantes estén sufriendo de un modo más contundente la pérdida de empleo generalizada.

Esta situación es compatible con que, prestando atención a la destrucción de empleo que se ha producido en las distintas ocupaciones laborales, tanto entre los nativos como los inmigrantes, puede constarse que el impacto, en términos relativos, es similar (véasde la Figura 7). Tan sólo aparecen diferencias notables en aquellos sectores en los que más representados estaban los inmigrantes, empleados en ocupaciones no cualificadas, con una menor antigüedad laboral y con un mayor número de contratos temporales (lo que facilita su despido). Es el caso de los “trabajadores no cualificados” fundamentalmente. El ratio de temporalidad es del 22% para los nativos y del 45% para los inmigrantes. En cuanto a la antigüedad laboral media, se trata de 1.7 años frente a 8,2, respectivamente.

Figura 7. Ocupaciones laborales previas al despido: porcentaje de personas respecto al total despedido en cada grupo

 

Nativos (%)

Inmigrantes (%)

Fuerzas armadas

0,08

0,00

Dirección de las empresas y de las administraciones públicas

1,93

0,81

Técnicos y profesionales científicos e intelectuales

5,01

1,80

Técnicos y profesionales de apoyo

9,50

2,11

Empleados de tipo administrativo

8,69

2,65

Trabajadores de servicios de restauración, personales, protección y vendedores de comercio

17,29

19,57

Trabajadores cualificados en la agricultura y en la pesca

1,16

1,46

Artesanos y trabajadores cualificados de las industrias manufactureras, la construcción,…

22,56

26,91

Operadores de instalaciones y maquinaria, y montadores

9,36

8,37

Trabajadores no cualificados

24,43

36,32

Fuente: elaboración propia a partir de EPA, microdatos, tercer trimestre de 2009.

Por otro lado, más allá de la mayor o menor exposición y fragilidad del trabajador inmigrante, resulta interesante observar dos cuestiones adicionales de extrema importancia:

  • El mayor impacto que la situación de desempleo genera en un inmigrante respecto a un nativo.
  • La menor capacidad de recuperación del desempleado inmigrante (menor “resiliencia”).[9]

Efectivamente, es fácil intuir que el desempleo genera una situación relativamente más penosa al inmigrante que al nativo por varias razones:

  • El inmigrante (y las familias inmigrantes) tienen una mayor dependencia de las rentas salariales con escasas fuentes de ingresos alternativas.
  • Su volumen de ahorro es reducido, como el de cualquier otro trabajador con escasos salarios, nativo o inmigrante, pero reducido adicionalmente en muchos casos por las remesas enviadas a sus países de origen. Un estudio realizado para la Comunidad de Madrid en 2007[10] indicaba que la cantidad promedio de ahorro interno por hogar inmigrante no excedía los 160 euros al mes, una vez descontado un envío promedio de remesas estimado de unos 180 euros.
  • La exposición al desempleo de la unidad familiar es más acusada como consecuencia de un mayor grado de homogamia[11] (formativa y laboral). Así, es relativamente frecuente encontrar familias inmigrantes con todos sus miembros desempleados.
  • La mayor parte de los inmigrantes sólo pueden acreditar una trayectoria laboral breve y una antigüedad muy reducida que limita el acceso y la cuantía de las indemnizaciones por despido y las prestaciones por desempleo. Así, los microdatos de la Encuesta de Estructura Salarial referida a datos de 2006 indicaba, como ya se ha dicho, una antigüedad media de 1,7 años de media, frente a los 8,2 años para los nativos, y la tasa de cobertura estimada para la prestación por desempleo de población inmigrante apenas alcanzaba el 33% a finales de 2007.[12]
  • La dimensión y alcance de las redes sociales es mucho más limitado, lo que acentúa el grado efectivo de desprotección ante una situación de crisis, al contar con un menor apoyo de rentas de familiares, amigos, etc.

Respecto a la menor “resiliencia” de la población inmigrante, deben considerarse también varios factores agravantes, entre los que destacan:

  • Una biografía laboral inmadura que limita la adaptabilidad a los cambios de la demanda, la movilidad sectorial, etc.
  • Un menor conocimiento de los recursos adaptativos: re-inserción laboral, autoempleo, etc.
  • Un estatus administrativo provisional (excepto para los que han alcanzado ya el permiso de residencia permanente) que limita su adaptabilidad, imponiendo plazos o restricciones a su participación en el mercado laboral.[13]

Conclusión: La crisis económica española está en consonancia con las características de su crecimiento mayúsculo durante la década inmediatamente anterior: si dicho crecimiento se sustentó básicamente en sectores altamente demandantes de mano de obra (construcción y servicios), la pérdida de actividad en los mismos produce ahora una reducción notable en el número de empleados, aunque, por el momento, el saldo siga siendo netamente positivo.

En términos relativos, la población inmigrante ha sufrido un duro ajuste durante este primer año y medio de crisis: su tasa de paro se elevó desde el 17% que se registraba en 2008 hasta el 29% en el tercer trimestre de 2009; y ello, a pesar de que ya en ese trimestre se registró una reducción en el número de activos no nativos.

En el caso de los inmigrantes, confluyen un gran número de factores que les hacen más proclives a estos recortes del empleo: por un lado, se ocuparon fundamentalmente en los sectores hoy más críticos y, por otro, tienen una menor antigüedad laboral y un mayor índice de temporalidad en sus contratos (por lo que resulta más barato y rápido su despido). En definitiva, son los más expuestos a reestructuraciones laborales, aunque en una medida bastante similar a la de los nativos que se encuentran en sus mismas condiciones.

Por último, existen otra serie de factores que también hacen que el retorno al mundo laboral sea más complejo para este colectivo (su menor “resiliencia”). Entre otros, se podrían citar el menor recurso a redes sociales que pudieran ayudarles a encontrar un empleo o la menor experiencia laboral demostrable.

Ramón Mahía
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid

Rafael del Arce
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid


[1] En los sectores de la construcción y los servicios se han anotado reducciones de la productividad aparente del factor trabajo desde 1995 hasta el inicio de la crisis con unas medias anuales del -1,6% y del -0,3%, respectivamente, según datos homogéneos de Contabilidad Nacional.

[2] Datos homogéneos, “Labour Force Survey”, Eurostat.

[3] Área euro a 16 países (fuente: Eurostat).

[4] La ratio de reemplazo compara el número de individuos que se incorporan al tramo de edad potencialmente activa (mayores de 16 años) con aquellos que salen de ese mismo colectivo al cumplir los 65 años. Una tasa de reemplazo de 2 indica, por ejemplo, que por cada trabajador que “sale” de la población potencialmente activa se incorporan dos nuevos jóvenes potencialmente activos. Esta ratio llegó a alcanzar valores de 2,3 a principios de los 80 según fueron incorporándose los baby boomers a la fuerza laboral; sin embargo, el efecto baby boom llegó a su fin a principios de los 90 y quedó en 1,1 en 1999 y se mantiene en estos niveles hasta la actualidad.

[5] Es evidente que esto no significa que cada uno de los ocupados hayan mantenido su puesto de trabajo sino que el saldo neto (nuevos parados + nuevos ocupados) se ha “compensado”.

[6] Tercer trimestre.

[7] C. González-Enríquez (2009), “Undocumented Migration. Counting the Uncountable. Data and Trends across Europe. Country Report: Spain”, Project CLANDESTINO, funded by the 6th Framework Programme for Research and Technological Development under Priority 7 Citizens and Governance in a Knowledge-Based Society, Research DG, European Commission.

[8] La EPA permite inferir tasas de irregularidad (comparando el número de ocupados inmigrantes que registra la EPA con el número de inmigrantes cotizantes a la Seguridad Social) superiores al 28%.

[9] Originalmente el término proviene de la física (es la cantidad de energía que guarda un cuerpo al deformarse), una energía que el cuerpo usa para reponerse tras la deformación, para alcanzar su estado natural. En psicología se usa para referirse básicamente a algo que puede denominarse “flexibilidad adaptativa”, un concepto que en el contexto de crisis tiene también una interpretación inmediata: la capacidad del desempleado de “retornar” el estatus de “ocupado”.

[10] “Hábitos de Consumo de los Extranjeros en la Comunidad de Madrid”, Consejería de Economía e Innovación Tecnológica, dirigido por José Vicens (UAM) y coordinado por Ramón Mahía (UAM) (no publicado).

[11] El término “homogamia” se refiere al matrimonio entre individuos que comparten alguna característica culturalmente importante. La homogamia puede estar basada en similitudes de clase, etnicidad, religión, etc.

[12] Estimación realizada para el estudio “Impacto de la inmigración en el sistema de protección social”, proyecto Premio Extraordinario del CES 2007, dirigido por José Vicens (UAM) y coordinado por Ramón Mahía (UAM) y Paloma Tobes (UAM) (en revisión).

[13] Esta restricción de la movilidad desapareció en julio del 2009. En esa fecha el gobierno aprobó una modificación del Reglamento de la Ley de Extranjería que anuló esa condicionalidad del primer permiso de trabajo a un sector y una provincia.

 
 
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