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El papel de la OTAN y su evolución en la era de la globalización
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Anders Fogh Rasmussen
17/09/2010

Señor ministro de Asuntos Exteriores,
Señor vicepresidente,
Excelencias,
Señoras y Señores,

Es un gran placer estar en España hoy. Permítanme comenzar agradeciendo al Real Instituto Elcano la organización de este acontecimiento. Como ustedes acaban de escuchar en esta amable introducción, me dedico a la política. Y, como cualquier político, creo que es muy importante salir del despacho con el fin de poder estar al tanto de lo que piensan las personas que no están en los ministerios.

Esto me ha sido muy útil recientemente ya que aproveché la experiencia de un Grupo de Expertos –dentro del cual el español Fernando Perpiñá-Robert Peyra era un miembro destacado– para contribuir en la formulación de ideas sobre un nuevo Concepto Estratégico para la OTAN. Pero este foro también me da la oportunidad de compartir mis ideas. Esta es la razón por la que estoy encantado de estar aquí, con todos ustedes, para tratar un asunto que nos importa a todos: nuestra seguridad.

Creo que Madrid es un muy buen lugar para mantener este debate por dos razones. En primer lugar, porque esta ciudad sabe muy bien lo que sucede cuando la seguridad, que todos damos por descontada, salta de pronto por los aires. Vi tan solo por televisión las terribles imágenes de los atentados ocurridos aquí hace unos pocos años. Pero puedo imaginar bastante bien lo devastadores que fueron. El terror que tanta gente tuvo que sentir, tratando de huir, intentando encontrar a sus seres queridos. El dolor que mucha gente debe sentir todavía, cuando piensan en aquellos que perdieron sus vidas en aquellos atentados terroristas.

Evoco esas imágenes porque pienso que es importante que no olvidemos nunca lo valiosa que es nuestra seguridad. Es el soporte de nuestra economía. Es lo que alimenta a una democracia sana. Y no debemos tomarla nuca por descontado. España, y Madrid en particular, saben esto de sobra.

Pero los atentados ilustran otra verdad muy importante: que hoy en día, nuestra seguridad no puede ser garantizada exclusivamente dentro de nuestras fronteras. Los atentados de Madrid estuvieron inspirados por al-Qaeda –una hidra terrorista, con miembros procedentes de todos los puntos del globo; con raíces en el Golfo, campos de entrenamiento en el sur de Asia y en el Magreb, y víctimas desde Afganistán hasta Europa, pasando por África y EEUU–. Utilizan Internet para conspirar; emplean las modernas tecnologías para atacar y huir. Poner guardas en las fronteras no supone una defensa efectiva contra estos grupos.

Entonces ¿qué podemos hacer al respecto? Hay quienes aseguran que la mejor estrategia es mantener un perfil bajo. No moverse. No ofender a nadie. Y esperar que ataquen a otro.

Yo estoy totalmente en contra de este planteamiento. Por dos razones. En primer lugar no podemos permitirnos un mundo en el que los terroristas campen a sus anchas, con tal de que tengan a otros en su punto de mira. Este tipo de inestabilidad se extendería muy pronto, y nadie estaría a salvo. Es así de sencillo.

También creo firmemente que debemos defender nuestros valores. El terrorismo y el extremismo violento no deben tener refugio seguro, ningún espacio donde descansar, ningún campo de entrenamiento. Todos debemos utilizar las herramientas adecuadas, lo que incluye apoyar la educación, luchar contra la exclusión y la injusticia social, y utilizar la diplomacia con el fin de tratar de resolver las cuestiones políticas que, intencionadamente o no, alimentan el extremismo.

Pero a veces debemos de actuar con mayor dureza. Desafortunadamente –y es una enorme desgracia– hay quienes no quieren ninguna reconciliación. No quieren la paz, a ningún precio. Hay quienes tienen objetivos extremos, y sus métodos son extremadamente violentos. Defendernos de ellos debe incluir, en ocasiones, el uso de la fuerza militar.

Por eso estamos en Afganistán, bajo mandato de las Naciones Unidas. Porque sin ayuda el pueblo afgano no podría hacer frente a los talibán. Y porque los talibán siguen siendo lo que han sido durante más de una década –protectores contumaces de al-Qaeda–.

Sé que hace solo unas semanas tres españoles fueron asesinados por el agente de policía afgano al que estaban entrenando. Permítanme que exprese mis condolencias a las familias de quienes perdieron sus vidas y a todos los seres queridos de los españoles que han pagado el precio más alto en Afganistán.

Pero puedo deciros lo siguiente. Me he reunido con nuestros soldados en Afganistán. Saben exactamente por qué están allí: para protegeros a los que estáis aquí. Para mantener la presión sobre los talibán; para acorralar a al-Qaeda. Y para convertir a Afganistán, lo antes posible, en un lugar en el que los terroristas no tengan nunca cobijo.

Muchos de ustedes pueden estar pensando: sí, sabemos por qué están allí nuestros soldados. Pero, señor secretario general, la verdadera cuestión es: ¿está funcionando?

Mi respuesta es ésta. Despacio pero de forma segura, está funcionando. Por supuesto, el día a día es difícil. Pero, a grandes rasgos, la situación es la siguiente: en dos tercios del país el conflicto es limitado y el progreso sustancial.

En el sur y el este del país la situación sigue siendo de gran conflicto, es verdad. Pero al-Qaeda no tiene ningún refugio seguro en Afganistán; los talibán están sometidos a presión en casi todas partes; y las encuestas muestran que, sin el menor asomo de duda, el pueblo afgano quiere que nos quedemos y terminemos nuestra labor.

Las cosas se están moviendo también en el frente político. Habrá elecciones nacionales el 18 de este mes. No serán perfectas. Pero hay que tener en cuenta que son solo las segundas elecciones parlamentarias que se han celebrado en el país. Y no es una mera anécdota que haya 400 candidatas femeninas. Se enfrentan a amenazas graves, pero están perseverando, y eso es algo de lo que sentirse orgullosos.

Así que hay progresos militares y progresos políticos. Esta estrategia puede funcionar y lo está haciendo. Pero llevará tiempo y exigirá resistencia.

Lo cual nos lleva a la cuestión del tiempo: ¿cuándo serán capaces los afganos de valerse por sí mismos? ¿Cuánto tiempo llevará todo este proceso?

Mi respuesta es sencilla: tenemos un calendario claro y tenemos un proceso claro para cumplirlo.

Nuestro objetivo es que, para el año 2014, los afganos tomen las riendas de todo el país, y empezaremos a transferirles el mando a partir del año que viene.

No obstante, me gustaría hacer hincapié en que entregar las riendas no significa irse del país. Quiere decir pasar a asumir un papel de apoyo. Y significa que las tropas aliadas –disponibles nuevamente gracias a la transición– serán desplazadas a veces a otras áreas, es decir, no serán necesariamente enviadas a casa.

Mi objetivo es hacer un anuncio claro en la Cumbre de Lisboa, el próximo mes de noviembre, acerca de cómo y cuándo llevaremos a cabo la transición.

Escucho a menudo esta frase: “nosotros tenemos los relojes, los talibán tienen el tiempo”. Pero esta opinión demuestra una incomprensión absoluta sobre lo que estamos haciendo en Afganistán. Por supuesto que no vamos a estar allí siempre. No deberíamos quedarnos para siempre. Pero estamos entrenando a 300.000 agentes de policía y soldados afganos, y ellos viven allí. Los talibán no pueden aguantar más tiempo que ellos, y nosotros no nos iremos hasta que las fuerzas de seguridad afganas no estén preparadas para asumir por sí mismas la responsabilidad. En otras palabras: los talibán pueden poner bombas, asesinar y aterrorizar. Pero no pueden hacerse con el poder. No pueden ganar.

Nos enfrentamos a días, meses y años difíciles. Pero la OTAN se mantendrá firme. No permitiremos nunca que los talibán tomen el poder por la fuerza. No permitiremos nunca que al-Qaeda vuelva a tener un refugio seguro en Afganistán. Y nunca apoyaremos ningún acuerdo político que sacrifique los derechos humanos, incluyendo los derechos de la mujer, consagrados en la constitución afgana.

Señoras y Señores,

España ha sido un aliado incondicional desde el primer día. Sus soldados están desarrollando una gran labor, y están contribuyendo a que las cosas cambien. Están haciendo de Afganistán un lugar mejor. Y, desde el otro lado del mundo, están colaborando para que nosotros estemos más seguros aquí en casa.

Pero el objetivo de nuestra misión en Afganistán no es tener fuerzas internacionales combatiendo eternamente contra terroristas y extremistas. El objetivo es convertir a Afganistán en un lugar en el que el terrorismo no encuentre cobijo incluso después de irnos.

Porque la gente confiará en su gobierno.

Porque los responsables políticos a los que elijan les proporcionarán servicios.

Porque tendrán puestos de trabajo.

En este tipo de entorno, los terroristas no podrán encontrar un refugio seguro ni echar raíces. Lo que significa que no necesitaremos seguir allí.

Esa es la única solución sostenible. Pero la vía militar por sí sola no puede llevarnos allí. Una lección fundamental de esta misión, así como de nuestras operaciones en los Balcanes, es que en el siglo XXI, la OTAN no puede hacerlo sola. Necesitamos socios –y, para ser francos, nuestros socios nos necesitan a menudo, también–. Las soluciones políticas, la ayuda económica y el desarrollo tienen que ir de la mano. Tenemos que enfrentarnos a las causas fundamentales así como a los síntomas, con frecuencia al mismo tiempo.

¿Y qué quiere decir esto? Quiere decir que la OTAN debe trabajar mucho más estrechamente con otras organizaciones internacionales, como la ONU y la UE.

Durante la Guerra Fría, la OTAN y la ONU no tenían mucho contacto. Pero esto ha cambiado radicalmente a lo largo de la última década.

Las misiones de la OTAN y de la ONU en los Balcanes y en Afganistán trabajan conjuntamente a diario, sobre el terreno.

La OTAN ha ayudado a apoyar a la Unión Africana en Darfur, a petición del secretario general de la ONU.

A instancias del Programa Mundial de Alimentos, desde hace más de un año hemos escoltado a los buques que llevaban cargas de alimentos a Somalia.

Y en la actualidad existe un acuerdo estratégico de asociación que crea el marco para una mayor cooperación y ayuda mutua entre la OTAN y las Naciones Unidas en el futuro.

Ese tipo de colaboración es exactamente lo que necesitamos. Y lo mismo ocurre con la UE.

Los días en que la OTAN y la UE se miraban uno a otro con recelo han quedado atrás. La UE se ha convertido en un actor polifacético en la escena internacional, incluyendo los asuntos de seguridad. En especial cuando se trata de comprometerse políticamente y de aportar expertos del sector civil –en materia policial, de reconstrucción, de desarrollo– la UE está trabajando in situ y contribuyendo a cambiar las cosas.

Y la OTAN también está ahí, trabajando codo con codo con las misiones de la UE en los Balcanes, en Afganistán, y frente a las costas del cuerno de África. En este último lugar, la UE, por medio de la Operación Atalanta y la OTAN con la Operación Ocean Shield (Escudo del Océano) están llevando a cabo conjuntamente una operación contra la piratería con el objetivo de facilitar la navegación segura por la región.

Señoras y Señores,

Necesitamos abordar el asunto de la seguridad de forma global. La OTAN tiene sus puntos fuertes. Al igual que los tienen la UE y la ONU, así como las Organizaciones No Gubernamentales. Tenemos que hacer todo lo posible para que esos puntos fuertes se refuercen unos a otros, lo que significa dialogar, planificar y actuar de forma conjunta, siempre que ello sea conveniente.

Hay otra lección vital a extraer de nuestra operación en Afganistán: que la Alianza debe pedir la colaboración de socios de todo el globo de forma aún más activa.

En esta operación participan 47 países con sus fuerzas armadas, 28 de ellos son miembros de la OTAN y 19 son países asociados. Pero contamos con el apoyo de otras naciones, más allá de la coalición ISAF.

Por su parte, los Estados de Asia Central están aportando sus esfuerzos en materia de tránsito y de lucha contra el narcotráfico.

Rusia está colaborando en permitir el tránsito de nuestros suministros, así como en la lucha contra el auge del narcotráfico.

Japón ha aportado miles de millones de euros para financiar la reconstrucción y la formación de policías.

Y la ayuda recibida de muchos países musulmanes ha puesto de manifiesto que ésta no es una lucha entre religiones o culturas –es una lucha contra el terrorismo–. Y ésta es una parte esencial del éxito, porque debilita la propaganda que los extremistas tratan de vender.

Una buena parte de este apoyo y comprensión ha venido de países de nuestra asociación Diálogo Mediterráneo. Y España puede estar orgullosa porque este país apostó por el Diálogo Mediterráneo.

En la actualidad siete socios mediterráneos participan en consultas políticas periódicas y cooperan en una serie de cuestiones de interés común. Nuestros socios mediterráneos han llegado a conocernos. Hemos disipado muchos malentendidos. Y hemos conseguido una gran confianza recíproca.

Estos son los pilares de la seguridad, y España sabe muy bien que la seguridad en la Cuenca mediterránea es un bien compartido que hay que preservar y cultivar.

La seguridad es un bien compartido también a nivel mundial. Por esta razón creo que la OTAN debería abrirse a nuevos socios, y ser receptiva cuando otros países se planteen colaborar con la Alianza. Ante todo, para conocernos mejor unos a otros. Y porque existen cuestiones de seguridad que son motivo de preocupación a nivel mundial, como el terrorismo, o la piratería o la seguridad energética, o incluso las implicaciones que el cambio climático tiene en la seguridad. Pienso que la OTAN podría ser un foro en el que aliados y asociados, antiguos y recién llegados, puedan compartir opiniones sobre lo que está ocurriendo y cuál es la mejor manera de reaccionar.

Señoras y Señores,

En la próxima Cumbre de la OTAN en noviembre, vamos a adoptar un nuevo Concepto Estratégico. El concepto estratégico marcará la dirección de la Alianza para los próximos 10 años más o menos.

Y pienso que el enfoque global y lops partenariados tendrán que ocupar un lugar destacado en este documento –porque la seguridad del siglo XXI es algo más que únicamente la fuerza militar–. Para poder llevar a cabo nuestra misión de seguridad debemos mejorar nuestra capacidad de interactuar con organizaciones y socios que puedan complementar las operaciones militares con reconstrucción y desarrollo civil, lo que incluye el refuerzo de la capacidad civil y una mejor gobernanza.

La OTAN que estoy describiendo aquí no es la Alianza de la Guerra Fría. Por supuesto, los pilares son los mismos: cooperación transatlántica; compromisos firmes de defendernos unos a otros ante cualquier ataque; y el compromiso de todos los aliados para con los valores en los que todos creemos. Pero merece la pena examinar de nuevo la forma en que estamos construyendo esos cimientos hoy en día: con nuevos socios, y nuevas misiones, en nuevos lugares.

Parafraseando una expresión estadounidense: esta ya no es la OTAN de los tiempos de tu papá.

Gracias y estoy a su disposición para cualquier pregunta o comentario.

Anders Fogh Rasmussen
Secretario general de la OTAN


* ver vídeo de la conferencia (en inglés)

 
 
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