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El petróleo, geopolítica en Oriente Medio y la OPEP (ARI)
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Alejandro Vigil García
ARI Nº 54-2002 - 19/09/2002

Este texto analiza la importancia de Oriente Medio y de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para la cobertura de las necesidades energéticas mundiales y relaciona los principales acontecimientos geopolíticos de la zona y de la propia OPEP con el comportamiento del precio del petróleo. Tras un análisis de cifras de producción, reservas y demanda, el autor llega a la conclusión de que Oriente Medio y la OPEP son, y seguirán siendo en el futuro, la clave para garantizar un adecuado suministro energético a un precio razonable. Por este motivo, conseguir estabilidad para la zona (algo que no se ha conseguido en todo el siglo XX) es cada día que pasa un objetivo más importante para la buena marcha de la economía y de la seguridad global.

La mejor forma de entender la importancia estratégica de la zona y de la OPEP es relacionar las principales cifras de producción, reservas y demanda de petróleo. Para empezar, es necesario destacar, quizá, lo obvio: el petróleo sigue siendo la principal fuente de energía primaria en el mundo. En el año 2001, el peso del petróleo en la cesta energética mundial era del 38,5%, a bastante distancia del 24% del peso del carbón y el gas natural (Figura 1). A pesar de los planes de diversificación energética puestos en marcha por los países occidentales, el petróleo tiene un peso hoy similar al que tenía a comienzos de los años ochenta. Además, las proyecciones de organizaciones como la Agencia Internacional de la Energía o el Departamento de Energía de EEUU apuntan a que dicho peso será igual al actual en la cobertura de las necesidades energéticas mundiales en los próximos veinte años.    


Figura 1. Peso de las energías primarias

Fuente: BP statistical review of world energy 2002

Si el petróleo es la energía dominante en el mundo, Oriente Medio y la OPEP lideran la oferta de esta materia prima. La producción de los países de Oriente Medio alcanzó en 2001 los 22,2 millones de barriles diarios (bbl/d), lo que representa el 30% de la producción mundial. Los principales productores de la región son Arabia Saudí (8,8m bbl/d), Irán (3,7m bbl/d), Emiratos Árabes Unidos (2,4m bbl/d), Irak (2,4m bbl/d), Kuwait (2,1m bbl/d), Omán (1m bbl/d), Qatar (0,8m bbl/d), Siria (0,6m bbl/d) y Yemen (0,5 m bbl/d). Si a la producción de estos países le añadimos la producción de tres importantes países “hermanos” del Norte de África (Egipto, Libia y Argelia), llegamos a 26m bbl/d, lo que supone el 35% del total mundial. De estos doce países, sólo cuatro no son miembros de la OPEP (Omán, Siria, Yemen y Egipto). Los otros ocho junto a Venezuela, Nigeria e Indonesia forman la poderosa Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), responsable del 41% de la producción mundial en el año 2001 (30,2m bbl/d).   

La importancia de la zona y de la OPEP se ve reforzada por el hecho de que el 65% de las reservas probadas mundiales se encuentran en Oriente Medio y porque la OPEP controla el 78% de las reservas totales. Por otro lado, las reservas de Oriente Medio en gas natural, la energía con mayor potencial de crecimiento, también es significativa, con un 36% de las reservas probadas mundiales.

Teniendo en cuenta que otros países productores tienen menos reservas y campos más maduros, está claro que la tendencia para los próximos años es que Oriente Medio y la OPEP ganen cuota de mercado en el suministro de petróleo. En sus proyecciones hasta el año 2020, el Departamento de Energía norteamericano estima un aumento de la cuota de mercado de la OPEP hasta el 45% en 2010 y hasta el 50% en 2020.

 

 

 

Figura 2. Cuota de mercado de Oriente Medio y OPEP

Fuente: Departamento de Energía de EEUU

Como se puede observar en la Figura 2, y como luego analizaremos, la OPEP ya tuvo una cuota de mercado del 50% a comienzos de los años setenta.

Otro dato interesante es el volumen de exportaciones desde Oriente Medio hacia los principales puntos de demanda energética, ya que la región sólo consume el 6% de la producción mundial. En el año 2001, la región exportó unos 19 millones de barriles: 4,2m a Japón, 6,4m al resto de Asia, 3,5m a Europa y 2,8m a EEUU y 1,0m a otros destinos. La región representa aproximadamente un 50% de las exportaciones mundiales y de ahí los problemas que para el suministro del mercado energético mundial ha generado la inestabilidad existente en la región, especialmente  durante la segunda mitad del siglo XX y este comienzo del XXI.

Junto a la seguridad en el suministro, el otro factor clave es el precio del petróleo. Aunque en los últimos años, el crecimiento de los servicios dentro de la economía mundial ha reducido la sensibilidad de la economía a las variaciones de los precios, sigue existiendo una importante relación entre el precio del crudo y el crecimiento económico. Algunos estudios estiman que cada 5 dólares de cambio en el precio del crudo el efecto expansivo o depresivo en el crecimiento global es de un 0,5% del PIB mundial. La conclusión aquí es que aunque la sensibilidad sea menor, el precio del crudo puede continuar provocando o acelerando crisis económicas, como ya ocurrió tras las crisis de 1973 (embargo de petróleo), 1979 (revolución iraní) ó 1990 (Guerra del Golfo). Como se puede observar, estos tres grandes impactos nacieron de la inestabilidad política de Oriente Medio. Esta relación histórica entre política en Oriente Medio y el mercado del crudo es lo que vamos a intentar explicar a continuación.

Un rápido análisis de la Figura 3 permite ver con claridad la elevada correlación existente entre los precios del crudo y diversos acontecimientos geopolíticos en Oriente Medio. Como hemos visto anteriormente, la cobertura de la demanda energética parece depender cada vez más de esta región, por lo que es fácil extrapolar que un factor clave para la estabilidad de precios y suministro energético radica en estos países.

 
Figura 3. Precios del crudo (US$/bbl) y acontecimientos geopolíticos

Fuente: elaboración propia

La historia de Oriente Medio como principal exportador energético está íntimamente ligada a las necesidades de los países consumidores de buscar nuevas fuentes de abastecimiento de crudo. La historia moderna del petróleo comienza en EEUU a finales del siglo XIX con los primeros yacimientos de crudo y el crecimiento de la demanda, impulsado primero por la lámpara de queroseno, y luego por el motor de combustión interna. En 1910, entre el 60% y el 70% de la producción mundial se concentraba en EEUU. Antes de la Primera Guerra Mundial surgen los proyectos pioneros de producción y exportación internacionales, llevándose a cabo en Irán, bajo control del imperio británico, los primeros descubrimientos de crudo en la región, en 1908, por parte de la compañía Anglo Persian (antecesora de British Petroleum, BP). El período que media entre las dos guerras mundiales supone un impulso definitivo a los proyectos de exploración y producción en Oriente Medio, entrando en escena la industria norteamericana (Exxon y Mobil), a partir de 1928 en Irak, tras fuertes tensiones diplomáticas entre Reino Unido y EEUU. Se estima que Reino Unido, gracias a su presencia colonial, controlaba el 50% de las reservas mundiales a comienzos de los años veinte. Esta hegemonía británica comenzó a declinar con los éxitos de la industria norteamericana en Arabia Saudí y Kuwait. En 1933, Chevron consigue una concesión de 60 años para producir en Arabia Saudí y se forma un sociedad conjunta entre la norteamericana Gulf Oil (hoy parte de Chevron) y British Petroleum, para producir en Kuwait.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Oriente Medio se convirtió en una región de gran importancia estratégica para EEUU, basada en la necesidad de garantizar fuentes de suministro barato para su mercado hambriento de productos petrolíferos. En los años cincuenta, con sólo el 6% de la población mundial, EEUU consumía un tercio de la producción petrolera total. Ésta es la época de grandes inversiones (nuevos yacimientos, redes de oleoductos, etc.) y de las “Siete Hermanas”. Las “Siete Hermanas” eran BP, Royal Dutch/Shell y cinco americanas, Texaco, Mobil Oil, Gulf Oil, Standard Oil of California (Socal) y Standard Oil of New Yersey (luego Exxon). Estas compañías monopolizaron hasta tal grado la vida económica y política de sus países huéspedes, que acabaron convirtiéndose en un objetivo fundamental para el movimiento nacionalista que se estaba desarrollando en la región desde finales de la Segunda Guerra mundial.

El fin del colonialismo y la partición de Palestina, que implica la creación del Estado de Israel en 1947, fue el origen de un fuerte sentimiento nacionalista en la región que se ve acompañado de una creciente unidad entre los países musulmanes. La combinación del nacionalismo con los excesos cometidos por las petroleras anglo-norteamericanas llevará a los procesos de nacionalización de los activos de producción extranjeros, que inicia Irán en 1951.

La nacionalización de los activos de las compañías petroleras en Irán se puede considerar un hito en la historia de esta materia prima en Oriente Medio. Aunque la medida no era novedosa, ya que antes Rusia, con la revolución bolchevique, y México, en 1938, habían nacionalizado sus industrias petroleras, la nacionalización de los activos de BP en Irán en 1951 por parte del Gobierno de Mohammed Mossadegh tuvo importantes consecuencias en la zona, ya que demostraba el creciente poder de los gobiernos de la región frente a las petroleras de los países occidentales. La nacionalización implicó un boicot al petróleo iraní por parte de las “Siete Hermanas” y probablemente fue el principal motivo del posterior golpe de Estado llevado a cabo con la ayuda de la CIA norteamericana, que acabó con el gobierno de Mossadegh, restaurando la posición anterior de las compañías anglo-americanas en Irán. A pesar del fracaso de este proceso, el camino de la nacionalización se hizo evidente para otros gobiernos de la región, que veían la posición de las petroleras extranjeras en sus países como una nueva colonización. A pesar del boicot a la producción iraní durante esta crisis, el mercado estaba bien abastecido, por lo que no se produjo una variación muy significativa de los precios (siempre por debajo de los 4 dólares por barril).

El siguiente gran hito en la política de Oriente Medio fue la crisis del canal de Suez, en 1956. Esta crisis se inicia con la nacionalización por parte del gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser de todos los activos del canal de Suez, pero tiene su base en los sentimientos nacionalistas del pueblo egipcio y en la creciente tensión existente entre Israel y sus vecinos árabes (la primera guerra entre tropas del nuevo Estado de Israel y sus vecinos árabes se desarrolla entre 1947 y 1949). Aunque la guerra derivada de esta crisis sólo supuso derrotas para los egipcios, el resultado político final (la nacionalización del canal) representó un gran éxito para el gobierno de Nasser. A pesar de los problemas causados al transporte marítimo de crudo derivados de esta crisis, los precios una vez más se mantuvieron estables por debajo de los cuatro dólares por barril, debido al exceso de oferta.

Como vemos, el objetivo de EEUU de garantizar la estabilidad del suministro de crudo a precios competitivos, se estaba manteniendo a pesar de la creciente tensión existente en Oriente Medio. La situación de bajos precios del crudo se derivaba fundamentalmente de la posición de dominio de las “Siete Hermanas”, que fijaban los precios de referencia para el pago de regalías e impuestos a los países huéspedes de forma artificialmente baja. El sentimiento de los principales países exportadores de estar siendo expoliados de su principal riqueza explica el nacimiento de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 1960. En septiembre de ese año, en Baghdad, Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí y Venezuela constituyen esta organización con tres objetivos fundamentales: (1) la estabilidad de precios; (2) mayor participación en las decisiones de producción de las compañías y; (3) criterios transparentes de fijación de precios. La organización mantuvo un perfil bajo durante los primeros años de su existencia, aumentando progresivamente su número de miembros: Qatar (1961), Indonesia (1962), Libia (1962), Emiratos Árabes Unidos (1967), Argelia (1969), Nigeria (1971), Ecuador (1973-1992) y Gabón (1975-1994).        

Con la revolución libia de 1969, liderada por Muammar el-Gadaffi, se vuelve a poner en marcha, de forma ya irreversible, el proceso de nacionalizaciones de la industria petrolera en Oriente Medio. A la nacionalización de los activos de Libia en 1970, seguirán otros países como Irak en 1972, Arabia Saudí en 1974 o Kuwait en 1975. Durante la década de los setenta, las petroleras occidentales son expulsadas de la región, aunque normalmente recibiendo elevadas compensaciones o firmando acuerdos de suministro a largo plazo.

Con una OPEP más reforzada, un importante control de los Estados de la región sobre la producción de petróleo y una elevada agitación militar derivada del conflicto israelí-palestino llegamos a uno de los hitos más importantes para las relaciones oriente-occidente y el mercado del petróleo, el embargo árabe a la exportación de crudo a Occidente de 1973 (primera crisis de precios del petróleo). El embargo dio lugar a que los precios del crudo se triplicaran hasta unos doce dólares por barril, elevando de forma significativa la factura energética de Occidente y siendo un factor clave para la crisis económica de 1974-1975. El embargo fue decretado por Arabia Saudí, y otros países de la región, contra EEUU y Holanda como arma política frente al apoyo que Occidente prestaba a Israel durante la guerra del Yom Kippur. Esta guerra, que se desarrolló durante tres semanas, en octubre de 1973, fue la respuesta de los países árabes a la humillación resultante del arrollador éxito militar israelí en la Guerra de los Seis Días, en 1967. El embargo duró sólo unos meses, hasta marzo de 1974, pero tuvo un impacto decisivo, tanto en los países de Oriente Medio, que descubrieron el poder político del petróleo, como en Occidente, que sufrió los efectos negativos de su alta dependencia del petróleo. A partir de esta crisis de precios, los países occidentales iniciaron políticas de diversificación y ahorro energéticos y, entre otras medidas defensivas, se crea la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en 1974, como contrapeso a la OPEP, y EEUU constituye la Reserva Estratégica de Petróleo en 1975. Hay que destacar que, aunque EEUU logró reducir su consumo de crudo en casi un millón de barriles/día en 1974 y 1975, volvió alcanzar los niveles de consumo anteriores a esta crisis en 1976 con unos 17,5m bbl/d, el 30% de la demanda mundial de petróleo. Por parte de la producción, la subida de precios supuso un fuerte incentivo para la búsqueda de nuevas reservas y zonas de exploración para las compañías occidentales, que desembocó, entre otros, en importantes descubrimientos en el Mar del Norte. A pesar de que el embargo sólo duró unos meses, los precios ya no volvieron a los niveles anteriores y se mantuvieron entre once y trece dólares por barril hasta la segunda crisis de precios. Este nivel respondía probablemente al mayor control de la oferta por parte de la OPEP y a la pérdida de peso de las “Siete Hermanas” por el proceso de nacionalizaciones en curso.

La segunda crisis de precios del crudo se produce como consecuencia de la revolución iraní de 1979, a la que siguió la guerra Irán-Irak (1980-1988). El impacto en el mercado del crudo de la revolución iraní fue muy importante debido al colapso que sufrió su producción y a que Irán, aliado tradicional de EEUU, se había convertido durante los años setenta en uno de los principales exportadores de crudo para los países occidentales. La producción iraní cayó desde 5,3m bbl/d en 1978 a sólo 1,3m bbl/d en 1981. Como consecuencia de la guerra con Irán, la producción iraquí pasó de 2,5m bbl/d en 1979 a 1,0m bbl/d en 1981. Aunque esta vez las economías occidentales estaban más preparadas para afrontar la crisis y redujeron de forma importante sus consumos de crudo, la caída en la oferta provocó un largo período de precios extraordinariamente altos. Entre 1979 y 1985, los precios del crudo estuvieron situados entre los 27 y los 36 dólares por barril, unas diez veces más que los niveles anteriores a la primera crisis de precios. Esta segunda crisis tuvo un impacto más negativo en los países en vías de desarrollo, ya que, junto al aumento de su factura energética y a procesos de inflación, tuvieron que hacer frente a un ciclo de crisis financieros por su elevada deuda externa.

Un nuevo aumento espectacular de los precios del crudo impulsó aún más el proceso de inversión en nuevas reservas, lo que hacía peligrar el equilibrio oferta-demanda. Para hacer frente a esta situación, la OPEP aplicó por primera vez en 1982 el sistema de cuotas de producción que están tan de actualidad estos días. Arabia Saudí redujo su producción desde 10,2m bbl/d en 1981 (17% de la producción mundial) a 3,6m bbl/d en 1985 (6% del mercado).

En 1986, ante la continua pérdida de cuota de mercado por parte de la OPEP (desde el 39% en 1981 al 29% en 1985), la organización se lanza a una estrategia de recuperar mercado que provoca, como era de esperar, la tercera crisis de precios del crudo, esta vez positiva para los países consumidores. Los precios se derrumban por debajo de los 10 dólares por barril en 1986 y se mantienen entre los 13 y los 15 dólares por barril hasta el final de la década. Entre otros impactos, los bajos precios del crudo afectaron a las inversiones en zonas de costes de producción elevados (principalmente Mar del Norte), impulsaron el consumo de productos e hicieron pasar a un segundo plano los proyectos de diversificación energética. La OPEP recuperó cuota de mercado, hasta alcanzar un 38% en 1990.

Una cuarta crisis de precios del crudo se produce en 1990, con la invasión de Kuwait por parte de Irak (agosto de 1990) y la Guerra del Golfo (enero-marzo de 1991). El embargo a la exportación de petróleo de Irak, decretado por la ONU a raíz de la invasión, implicaba el riesgo de reducir la producción mundial en más de 4m bbl/d (6% del total), lo que provocó una fuerte subida de los precios desde US$16.0/bbl, antes de la crisis, hasta US$28.0/bbl, con un pico en septiembre de casi US$40.0/bbl. A partir de la autorización de la ONU, en octubre de 1990, de utilizar la fuerza contra la invasión iraquí y ante el aumento de la producción llevado a cabo por los principales países productores, especialmente de la OPEP, los precios del crudo descendieron a los niveles de antes de la invasión. Destaca el aumento de la producción de Arabia Saudí, que pasó de 7m bbl/d en 1990 a 9m bbl/d en 1992. Prácticamente todos los países productores de Oriente Medio condenaron la invasión y apoyaron las acciones de fuerza contra Irak lideradas por EEUU.

La década de los noventa fue un periodo de relativa estabilidad de precios, que oscilaron entre 15 y 18 dólares. Durante estos años uno de las tendencias más significativas fue la caída de la producción de la antigua Unión Soviética, tanto por la caída del consumo interno, como de la producción por falta de inversión. En los noventa, los países de la antigua Unión Soviética perdieron casi 5m bbl/d de producción, que fue reemplazada casi exclusivamente por la OPEP que, durante la década, aumentó su cuota de mercado desde el 38% hasta el 42% en 1998. A pesar de esta caída de producción, la crisis asiática de finales de 1997 y 1998 tuvo un impacto importante en la demanda global de crudo que no fue valorado adecuadamente por la OPEP.

En plena crisis de las economías asiáticas la organización aprobó, en noviembre de 1997, un aumento de las cuotas de producción que llevó a los precios del crudo de nuevo por debajo de los 10 dólares por barril. Esta crisis de precios bajos, a pesar de su breve duración, tuvo importantes efectos en la industria del petróleo. Por una lado, la industria petrolera experimentó un proceso de consolidación espectacular, que concluyó con la formación de tres grandes petroleras globales (ExxonMobil, la ya existente RD/Shell y nueva BP, con la compra de AMOCO y ARCO) y de varias petroleras regionales con mayor alcance internacional (TotalFinaElf, ChevronTexaco y ConocoPhilips, entre otras). Por otro lado, la caída de precios llevó a los países de la OPEP a un alto nivel de consenso y cohesión que hizo efectivos los recortes de cuota aprobados a comienzos de 1999. De esta forma, los precios del crudo se recuperaron con rapidez durante 1999, superando en septiembre de 2000 los 35 dólares por barril, debido, fundamentalmente, a la lentitud de la OPEP en incrementar sus cuotas de producción para cubrir el crecimiento de la demanda. Durante esta etapa, la OPEP define una banda indicativa de precios de crudo (US$22.0-28.0/bbl) para llevar a cabo sus intervenciones en el mercado, retirando producción cuando los precios bajen por debajo de 22 dólares por barril y aumentando producción cuando superen los 28 dólares.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 tuvieron un breve efecto alcista en los precios del crudo, ya que tras las iniciales conjeturas sobre la posibilidad de que EEUU llevara a cabo acciones de castigo, contra algunos de los países productores que consideraba sospechosos de apoyar al terrorismo internacional (Irak, Irán, o Libia), el mercado se centró en los contundentes mensajes de garantía del suministro por parte de la OPEP (que abandonó de forma temporal su banda de precios) y en la caída de la demanda que provocaron los atentados, principalmente por su impacto en el tráfico aéreo.

En la actualidad, el mercado del petróleo vive una nueva etapa de incertidumbre y altos precios (cercanos a los 30 dólares por barril) debido, por un lado, al elevado nivel de cumplimiento de cuotas de producción por parte de la OPEP en la primera mitad del año, y, por otro lado, al  temor a una intervención unilateral por parte de EEUU contra el régimen iraquí. De esta forma, la OPEP se encuentra con una de las posiciones más complicadas de los últimos años de cara a la reunión de los días 18 y 19 de septiembre en Osaka (Japón). Los precios del crudo se encuentran en unos niveles muy elevados, en parte debido a un factor especulativo (prima de guerra) que la organización no puede controlar y que algunos estiman entre tres y siete dólares por barril. Por otro lado, a pesar de la reciente sobreproducción respecto a las cuotas (8% en agosto de 2002 frente a una media de los últimos años inferior al 5%) los inventarios se mantienen en niveles razonables, lo que implica que no hace falta más crudo en el mercado. Probablemente, la solución más probable es que la OPEP decida lanzar un mensaje políticamente correcto de aumento de cuotas para garantizar el suministro y ayudar a la recuperación de la economía mundial, pero sin llevar a cabo un incremento significativo de la producción efectiva, que podría provocar un derrumbe de los precios similar al de 1998. Aumentando las cuotas de producción entre un millón y un millón y medio de barriles al día (5%-7% sobre la actual cuota de 21,7m bbl/d) la OPEP podría alcanzar de forma simultánea ambos objetivos.   

Figura 4. Sobreproducción de OPEP frente a cuotas

 

 

 

Fuente: AIE y elaboración propia

Como hemos visto, la situación geopolítica de Oriente Medio y la OPEP son factores fundamentales para el precio y para el suministro de la principal materia prima energética, el petróleo. La historia de Oriente Medio está directamente ligada a la del petróleo y éste tiene un impacto decisivo en la economía mundial. Las proyecciones de futuro apuntan a que, con independencia de los ciclos de sobreproducción que se seguirán produciendo y de la aparición de nuevas zonas de producción (Caspio y Oeste de África), la producción y las reservas de Oriente Medio y de la OPEP seguirán teniendo un peso decisivo en el mercado petrolífero. En este contexto se plantean muchas cuestiones sobre el clima de hostilidad que se está generando entre el mundo árabe y los países occidentales tras los atentados del 11 de septiembre. Una intervención unilateral de EEUU sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU podría llevar de nuevo al mundo árabe a utilizar el arma del petróleo frente al poder militar de EEUU. En cualquier caso, las complejas relaciones y equilibrios existentes en Oriente Medio seguirán siendo uno de los principales focos de atención en los próximos años.

Alejandro Vigil García

Especialista en el sector de petróleo y gas, ha trabajado como analista financiero en este sector durante años y ha trabajado mucho en el sector en Europa y América Latina

 

 
 
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