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ABC DE LA MISIÓN DE LÍBANO


¿Por qué hay tropas españolas desplegadas en Líbano?
Mapa de Líbano. Fuente: University of Texas Libraries. Perry–Castañeda Library Map Collection.

¿Cuál es la misión española en El Líbano?

  • Verificar el cese de hostilidades y vigilar que ambos bandos respetan la “Línea Azul” de separación.
  • Apoyar el despliegue de las fuerzas armadas libanesas en el sur del país y sus operaciones relacionadas con el retorno de desplazados.
  • Apoyar al Gobierno y a las Fuerzas Armadas libanesas en su responsabilidad de establecer una zona libre de armas ilegales entre la Línea Azul y el río Litani y en la de evitar la entrada de armamento a través de las fronteras.

¿Qué se ha logrado hasta ahora?

  • Permitir la presencia de las fuerzas armadas libanesas entre el sur del río Litani y la Línea Azul de separación (más de 15.000 acciones de apoyo)
  • Evitar los enfrentamientos directos entre las partes beligerantes en el conflicto de 2006 y fomentar su confianza y colaboración con UNIFIL.
  • Prevenir la presencia y actividades de milicias armadas (más de 80.000 patrullas y 12 millones de kilómetros recorridos).
  • Además de participar en los contactos directos con las autoridades locales, el contingente español ha gestionado casi 300 proyectos humanitarios de impacto rápido, ejecutando directamente unos 200 propios por un importe superior a los 2 millones de euros; ha atendido sanitariamente a 13.000 civiles, distribuido 40 toneladas de ayuda humanitaria y dado empleo directo a unos 250 civiles libaneses.
  • También ha llevado a cabo más de 1.300 acciones de desminado y desactivación de explosivos para limpiar las zonas bombardeadas con submuniciones en 2006, las zonas adyacentes a las bases y la Línea Azul.

¿Qué riesgos tiene la misión?

  • Los derivados de posibles enfrentamientos entre grupos religiosos, entre milicias de las facciones políticas o entre grupos rivales dentro de los campos de refugiados palestinos.
  • Los atentados directos contra UNIFIL o la contestación de su presencia por actores libaneses.
  • Que los ataques desde territorio libanés por Hezbolá u otros grupos combatientes provoquen una respuesta militar israelí.


INTRODUCCIÓN

(actualizado a septiembre 2011 y elaborado por el Grupo de Trabajo sobre Misiones del Real Instituto Elcano)

PDF. Ivanosca López–ValerioDescargar pdf

Análisis de la situación (a 1 de septiembre de 2011)
El secuestro de dos soldados israelíes el 12 de julio de 2006 por Hezbolá provocó la intervención de Israel contra El Líbano que se prolongó durante 34 días. La resolución 1.701 del Consejo de  Seguridad de Naciones Unidas de 11 de agosto pretendía reforzar su Fuerza Provisional en El Líbano (UNIFIL) hasta un total de 15.000 soldados para cumplir eficazmente el mandato de las resoluciones 425 y 426 de 1978 (en las que se pedía a Israel el cese de las acciones militares y la retirada del Líbano) y, además, apoyar a las fuerzas armadas libanesas para establecer una zona libre de personal armado e impedir la entrada de armamento en el país. El Consejo de Ministros de 1 de  septiembre de 2006 decidió atender a la petición y el Congreso autorizó la intervención española con respaldo mayoritario seis días más tarde.

El incremento de cascos azules facilitó la retirada israelí y la llegada de las Fuerzas Armadas libanesas para controlar el espacio situado entre el río Litani y la Línea Azul de separación. Hasta ahora, UNIFIL ha cumplido su misión con un número limitado de incidentes graves: lanzamientos de cohetes sobre territorio israelí en junio de 2007, enero de 2008, y en enero, febrero y septiembre de 2009; atentados contra vehículos de las tropas de UNIFIL del 8 de enero de 2007 y el 28 de mayo de 2011, en Rmeilé, al norte de Sidón, y del 26 de julio de 2011 al sur de Sidón. Los incidentes más frecuentes se producen sobre la Línea Azul, a pesar de que las tropas de NNUU comenzaron a instalar postes señalizadores en abril de 2008 para evitar violaciones. Los más graves se produjeron el 2 de agosto de 2010 en El Adeisse, cuando un incidente fronterizo en la Línea Azul provocó tres víctimas libanesas y una israelí en el primer enfrentamiento armado desde 2006. Recientemente, el 15 de mayo de 2011 se produjo el incidente más grave cuando el Ejército israelí abrió fuego contra manifestantes palestinos que trataron de saltar la valla en Maroun al–Ras, al sur del Líbano, matando a 7 civiles e hiriendo a 111. Los informes del Secretario General reflejan las tensiones periódicas entre las fuerzas de UNIFIL y la población afín a Hezbolá como las registradas en julio de 2010 para protestar por su presencia o evitar sus actividades (la última conocida el 6 de abril de 2011 cuando la población de Aita as Shaab impidió la entrada de una patrulla francesa) pero no existe una situación de acoso organizado a las fuerzas de UNIFIL. A 30 de junio de 2011 participan en UNIFIL 12.349 militares y 1.000 civiles y el mandato de la misión, prorrogado por la Resolución 1937 del Consejo de Seguridad de NN.UU., finalizaba el 30 de agosto de 2011.

España lidera el Sector Este (ver Figura 1) aportando el Mando y Cuartel General, incluidos los sistemas de mando y control para encuadrar al Grupo Táctico español, en el que se integra un pequeño contingente salvadoreño, el grupo de oficiales serbios y el resto de fuerzas indias, nepalíes, indonesias, malasias, camboyanas y chinas. Además, el general de división Alberto Asarta está al frente de UNIFIL, con lo que es el jefe de la Misión (Head of Mission) y jefe de la Fuerza (Force Commander). En la operación Libre Hidalgo participan 1.032 militares españoles con carácter permanente (medio centenar en Naqoura) dentro de los más de 4.000 de la Brigada Multinacional Este y del Cuartel General de UNIFIL, lo que sitúa a España como el quinto contribuyente de personal sobre el terreno. En total han rotado unos 12.800 miembros hasta la fecha (entre mayo de 2008 y marzo de 2009, España participó también en la Fuerza Marítima de UNIFIL con un patrullero de altura para ayudar a la Marina libanesa a vigilar sus aguas territoriales e interceptar la entrada de armas y mercancías ilegales). El contingente español sufrió un atentado el 24 de junio de 2007 que le causó seis muertos y dos heridos. Su autoría sigue sin conocerse y ni la investigación libanesa ni la de la Audiencia Nacional española confirman ni deniegan la reivindicación de al–Qaeda (en agosto de 2007 Ayman al–Zawahri apoyó el atentado en una cinta de video y en abril de 2008 reiteró sus amenazas contra UNIFIL). El coste financiero hasta finales de 2010 ha sido de 791 millones de euros, de ellos 173 correspondientes a 2010 y otros 46 millones a través del Plan de Desarrollo de NN.UU.

Figura 1. Despliegue de UNIFIL

Situación operativa
El Ejército libanés trata de controlar las actividades armadas y el tráfico de armas en la zona fronteriza y por vía marítima pero no ha cumplido el mandato de las resoluciones 1.559 (2004) y 1.701 (2006) de desarmar a todas las milicias incluidas las de Hezbolá (en las dos primeras misiones pueden contar con la colaboración de UNIFIL pero la segunda es de su responsabilidad exclusiva). Los dirigentes libaneses se comprometieron en mayo de 2008 a negociar el desarme dentro del Diálogo Nacional pero el proceso se encuentra estancado y las Fuerzas Armadas libanesas son conscientes de que cualquier intento de desarme por su parte podría desencadenar un enfrentamiento abierto con Hezbolá y otro interno entre sus distintas afinidades cristianas, suníes, chiíes y drusas de sus miembros.

Mientras la presencia de fuerzas libanesas apoyadas por las de UNIFIL ha impedido la presencia abierta de milicias armadas de Hezbolá en la zona de despliegue, continúan produciéndose sobrevuelos diarios israelíes de aviones, tripulados o no, sobre territorio libanés que UNIFIL sólo puede denunciar. Israel justifica la invasión del espacio aéreo libanés por la necesidad de vigilar el rearme de Hezbolá, una acusación que Hezbolá no niega y que las autoridades israelíes afirman que se están produciendo tanto al norte del río Litani como dentro del área de operaciones de UNIFIL (ver las estimaciones israelíes de construcciones subterráneas de Hezbolá en la Figura 2). En abril de 2010, Israel acusó a Siria de facilitar el acceso de Hezbolá a misiles Scud que se almacenarían en territorio sirio o en el norte del Líbano y también ha acusado a Irán de facilitar medios aéreos no tripulados a Hezbolá, así como de mantener unos 4.000 miembros de los Guardianes de la Revolución en suelo libanés y entrenar a miembros de Hezbolá en suelo iraní.

Figura 2. Instalaciones militares de Hezbolá en la parte sur de El Líbano

Fuente: Imágenes del The Washington Post (31.03.2011) cedidas por las Fuerzas de Defensa de Israel

Sin embargo, no hay evidencias contrastadas de tráfico de armas al sur del río Litani o que el contrabando de armas se efectúe a través de la frontera terrestre entre Siria y El Líbano, a pesar de que puede ocurrir porque la Fuerza Fronteriza libanesa carece de los medios y la formación necesaria para garantizar el control completo de la frontera común que ejerce desde el 1 de abril de 2010 (informe LIBAT). Tampoco por vía marítima, pese a que la Fuerza Naval de Naciones Unidas ha solicitado información a más de 38.000 buques desde 2006, de los que las fuerzas navales libanesas han inspeccionado a unos 1.000 sin verificar el contrabando de armas. En consecuencia, los informes del Secretario General de NNUU (el último de julio de 2011, S/2011/406) reiteran que no han recibido evidencias que comprueben las acusaciones israelíes, evidencias cuya recogida corresponde a las autoridades y fuerzas libanesas. 

El contingente español está dedicado habitualmente a vigilar la zona de separación y a patrullar su zona de responsabilidad: unos 60 Km. de Línea Azul con una profundidad de entre 6 y 25Km– y donde se encuentran la población de al–Ghajar y las Granjas de Shebaa. La primera está dividida por la Línea Azul y ocupada por Israel en su parte norte. Se ha venido negociando sin éxito un acuerdo en conversaciones entre UNIFIL y las dos partes. A mediados de noviembre de 2010, Israel anunció su retirada pero dio marcha atrás en enero de 2011 cuando Hezbolá hizo caer el Gobierno del Primer Ministro Hariri. También se encuentran las granjas de Shebaa en los Altos del Golán que se reivindican por las partes por su importancia estratégica y por sus acuíferos. En la zona de despliegue español, no tienen presencia armada abierta los miembros de Hezbolá aunque desarrollan misiones de inteligencia vigilando las actividades de UNIFIL y conservan la infraestructura que utilizaron para resistir la invasión israelí (ver Figura 3). Además, continúa progresando una colonización chií de la zona inmediata a la Línea Azul mediante la adquisición de inmuebles y terreno por Hezbolá y sus partidarios a precios superiores a los de mercado, lo que dificulta la labor de UNIFIL y favorece la implantación de Hezbolá. A pesar de lo anterior, el contingente español desarrolla su actividad con normalidad y los soldados salen a las poblaciones vecinas. Cuando se produce un incidente serio se aumentan las medidas de protección y se suspenden las salidas para reanudarlas de forma controlada cuando mejoran las condiciones de seguridad.

Figura 3. Instalaciones de Hezbolá en al–Khiyam dentro del área española de responsabilidad

Fuente: Imágenes del The Washington Post (31.03.2011) cedidas por las Fuerzas de Defensa de Israel

Fuera del área de responsabilidad de UNIFIL, al norte del río Litani, preocupa el incremento de capacidades y presencia militar de Hezbolá, tal y como recogen el informe del Secretario General, Ban Ki–moon, al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 29 de junio de 2009 (ver S/2009/330) y todos los informes posteriores. Según ellos, Hezbolá sigue con capacidad militar autónoma y las armas palestinas dentro y, sobre todo, fuera de los campamentos de refugiados constituyen una amenaza grave a la estabilidad actual. También representan una fuente de preocupación los grupos del Frente Popular para la Liberación de Palestina–Comando General y Fatah al–Islam. Más preocupante es la posibilidad que grupos chiíes acaben actuando fuera del control de los líderes tradicionales o que yihadistas controlados por al–Qaeda actúen contra los “cascos azules (una posibilidad reforzada con evidencias como la detención del 21 de julio de 2009 por las Fuerzas Armadas Libanesas de los integrantes de una red que planeaban atentar contra las fuerzas de UNIFIL). Tengan afinidad con Irán, pertenezcan al yihadismo de al–Qaeda o se trate de suníes anti–chiíes, la aparición de nuevos actores islamistas armados complica el mantenimiento de un equilibrio precario e inestable y justifica la preocupación del Secretario General de NNUU.

Los lanzamientos de cohetes sobre Israel son otra fuente de riesgo aunque en los últimos meses no se han producido lanzamientos. Los últimos tuvieron lugar el 8 de enero de 2009 mientras tenían lugar combates en Gaza, cuando 3 cohetes katyushas alcanzaron Israel y otros dos cohetes de 122 mm disparados el día 14 cayeron en territorio libanés controlado por tropas españolas. Israel respondió con disparos de artillería a ambos sin previo aviso a UNIFIL y Hezbolá rechazó su autoría pero al igual que en el pasado, queda la duda de que se puedan efectuar esos lanzamientos desde el territorio controlado por Hezbolá sin su consentimiento.   El 21 de febrero de 2009 se produjo otro lanzamiento desde el sur de Tiro, avisando las Fuerzas de Defensa de Israel a UNIFIL antes de su respuesta artillera y manteniéndose la comunicación entre ambas. En septiembre de 2009 se produjo un lanzamiento de cohetes desde el Sector Oeste sobre Israel, que respondió con artillería, sin que se produjeran bajas. Últimamente no se han producido lanzamientos pero debido a los acontecimientos de Siria, se han desplegado tropas libanesas y sirias en la frontera común para evitar el paso de armas y militantes hacia Siria, así como fuerzas israelíes en la frontera para evitar la entrada de activistas palestinos o libaneses en Israel.

Situación política
El Líbano ha disfrutado de una cierta estabilidad tras el final de la guerra civil y la firma de los Acuerdos de Taïf de 1989, que redistribuyeron las cuotas de poder de las diversas confesiones que el Pacto Nacional les asignaba desde la independencia (el nuevo reparto se hizo a partes iguales entre cristianos, por un lado, y musulmanes y drusos por otro). Sin embargo, no se pudo consolidar la estabilidad política debido a la ocupación siria y a su injerencia en los asuntos internos. El apoyo o la resistencia a la influencia siria condujo a un enfrentamiento sectario agravado por los atentados selectivos contra los parlamentarios antisirios en los que fueron asesinados 8 de los 68 miembros de la Coalición gubernamental 14 de Marzo, empezando por el líder Rafiq Hariri en febrero de 2005 y terminando por el de Antoine Ghanim en septiembre de 2007, aunque también ha afectado a políticos prosirios como Saleh Aridi del Partido Democrático Libanés el 10 de septiembre de 2008.

Precisamente, el asesinato del ex primer ministro Rafiq Hariri produjo una ola de protestas contra Siria que la obligó a una retirada unilateral de sus fuerzas y total del territorio libanés. Tras la retirada, se ha mantenido un pulso por el poder entre la Coalición 8 de Marzo (chiítas de Hezbolá y de Amal junto con maronitas del general Michel Aoun) y la Coalición 14 de Marzo (suníes de Hariri, maronitas de Samir Geagea y de  Amine Gemayel y drusos de Walid Jumblatt) que ha perpetuado la fragmentación y confrontación entre religiones, clanes y los grupos cristiano–suní y prosirio. Los atentados también se dirigieron contra miembros de las Fuerzas Armadas libanesas: el 13 de diciembre de 2007 dirigido contra el jefe de operaciones del Ejército, el general Francois el Hajj, responsable de las acciones de limpieza en el campo palestino de Nahr el–Bared en mayo de 2007, y el 13 de agosto de 2008 y el 29 de septiembre del mismo año sobre vehículos y personal en Trípoli. El Líbano vivió su último momento grave de tensión en mayo de 2008 cuando las milicias de Hezbolá se enfrentaron a los partidarios gubernamentales tras intentar el Gobierno libanés acabar con su red de comunicaciones internas y con su control de los accesos al aeropuerto de Beirut. Los enfrentamientos armados rompieron una tregua que duraba 18 años desde que acabó la guerra civil en 1990 (en agosto de 2010 se produjo un enfrentamiento armado entre partidarios de Hezbolá y la organización suní Al–Ahbash en algunos barrios de Beirut pero que no llegó al nivel de violencia de los mencionados en mayo de 2008).

La situación política mejoró nuevamente a partir del Acuerdo de Doha, Qatar, de 21 de mayo de 2008, para modificar la ley electoral y redistribuir los escaños entre los distintos grupos religiosos (El Acuerdo aseguró a la Coalición 8 de Marzo 11 de los 30 miembros del Gabinete libanés, lo que le permite vetar decisiones que afecten a sus intereses –como la de desarmar a sus milicias– o a los de Siria e Irán). El Acuerdo desbloqueó la elección del Presidente Suleiman, la constitución de un nuevo Gobierno de unidad nacional el 11 de julio y la puesta en marcha de un Diálogo Nacional desde septiembre de 2008 entre las partes libanesas. El 7 de junio de 2009 tuvieron lugar las elecciones generales con la victoria, inesperada, de la Coalición 14 de Marzo de Saad Hariri a la que se unió el PSP de Walid Jumblatt, frente a la Coalición 8 de Marzo liderada por Hezbolá (71 de los 128 escaños frente a 57).

A pesar de su derrota electoral, Hezbolá dispone de suficiente capacidad para controlar el Estado libanés, hacer de él un Estado islámico y aumentar la visibilidad de la influencia siria e iraní en la zona. Hezbolá continúa detentando un poder armado que no debería tener en aplicación de la Resolución 1599(2004) de Naciones Unidas. Disponer de capacidades militares le permite legitimar su rol de garante armado de la resistencia frente a Israel y le da una capacidad de influencia decisiva en los asuntos internos, tal y como denuncia la coalición opositora 14 de Marzo que considera a Hezbolá la principal fuente de desestabilización del país. Cuando comenzaron las especulaciones sobre la inminencia de un dictamen del Tribunal Especial creado por Naciones Unidas para investigar el asesinato de Rafiq Hariri en 2005, Hezbolá amenazó con crear “una explosión” en Beirut y en todo El Líbano y realizó nuevas demostraciones de poder militar que coadyuvaron al cambio de Gobierno. A pesar de las mediaciones saudita y siria, primero, y turca y qatarí después, o las concesiones del Primer Ministro Saad Hariri, Hezbolá consiguió derribar al Gobierno el 12 de enero de 2011 cuando la renuncia de los 10 ministros de Hezbolá y el apoyo druso permitió el nombramiento del suní Najib Mikati como candidato a convertirse en Primer Ministro. Su nombramiento el 5 de junio de 2011 modificó el equilibrio de fuerzas previo.

Además de los clanes y facciones religiosas internas, en el conflicto libanés influyen otros actores externos como Estados Unidos, Siria, Irán, Arabia Saudita e Israel. En los últimos meses, tanto la nueva Administración estadounidense como Arabia Saudita –tras la mediación egipcia y kuwaití– ofrecieron a Siria incentivos como el levantamiento de sanciones y fondos para el desarrollo o empleos para jóvenes sunnís para que se distanciara de Irán y colaborara en la estabilización de Oriente Medio, Irak y Afganistán. Sin embargo, tras el cambio de Gobierno, Estados Unidos canceló toda su posible asistencia al Gobierno del Líbano por sus relaciones con Hezbolá.

La “primavera” árabe no tuvo ningún efecto directo de contagio sobre El Líbano, aunque sí que afectó al nuevo Gobierno por la especial relación entre Siria y Hezbolá. El mismo Gobierno que promovió en Naciones Unidas la intervención militar contra el régimen de Gadafi es el que luego ha apoyado al sirio de Bashar el–Assad para evitar su condena en la Liga Árabe o en Naciones Unidas. Los líderes de Hezbolá han expresado su apoyo explicito a sus mentores de Damasco aunque han desmentido que sus milicias apoyaran la represión del régimen sirio. De igual forma, los opositores suníes liderados desde París por Saad Hariri han negado su apoyo a los activistas sirios y condenado a las autoridades sirias por su represión contra la población. La caída del régimen de Bashar el–Assad perjudicaría especialmente a Hezbolá, porque pondría en riesgo la continuidad del apoyo sirio y beneficiaría a la comunidad suní en la medida que pudiera recuperar todo el poder de influencia que pueda perder Hezbolá, pero en uno y otro caso existe el riesgo de que los enfrentamientos registrados entre las facciones libanesas en algunas ciudades deriven en un enfrentamiento abierto, lo que devolvería a El Líbano a una situación de guerra civil.  

Por su parte, Irán ha mantenido abierto el frente libanés para presionar a Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita. Durante su visita en octubre de 2010 a El Líbano, el Presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, además de reiterar su apoyo a Hezbolá y de firmar 17 acuerdos comerciales y económicos, acusó al Tribunal de Naciones Unidas que está investigando el asesinato del Presidente Hariri de estar al servicio de estadounidenses e israelíes. Irán recela de la aproximación entre Siria y Arabia Saudita –el Rey Abdullah y el Presidente Asad visitaron El Líbano el 31 de julio de 2010– porque afecta a la controversia entre suníes y chiíes en Oriente Medio. Irán apoya estratégica y económicamente a Hezbolá (se estima que recibe 10.000 millones de dólares anualmente para su labor asistencial) pero últimamente se especula sobre su apoyo a otros grupos insurgentes en su lucha contra grupos suníes y una restricción en el flujo de fondos desde Teherán. Precisamente el apoyo saudita a esos grupos armados o a partidos políticos como el de Saad el Hariri potencia el papel de Arabia Saudita como alternativa a Irán en la zona. Irán y Siria competían por influir en los asuntos internos libaneses y ambos han ayudado militarmente a Hezbolá aunque Siria no deseaba que la organización se volviera autosuficiente y ejercía cierto papel de contención, un papel que parece desvanecerse con la desestabilización siria y que Israel puede echar de menos en el futuro.

Las relaciones entre Líbano e Israel habían mejorado dentro de la tensa calma reinante. Entre julio y agosto de 2008 se llegó a un acuerdo humanitario que permitió intercambiar prisioneros y restos mortales entre Hezbolá e Israel y la entrega de datos sobre las bombas de racimo dispersadas durante 2006 (desde esa fecha se han producido 286 incidentes con 30 víctimas y 256 heridos). Posteriormente reestablecieron sus relaciones diplomáticas el 15 de octubre de 2008, intercambiaron embajadores entre abril y mayo de 2009, firmaron acuerdos de paso e intercambios económicos en julio de 2010 y crearon el mes siguiente una comisión para delimitar la frontera común. La normalización no produjo efectos prácticos y a los problemas de delimitación de las fronteras terrestres se unió el de las marítimas cuando Israel desvió la línea de boyas para ocupar más espacio de cara a los yacimientos energéticos que se han localizado en la plataforma continental.

El conflicto sirio también ha reducido las expectativas de un posible acuerdo entre El Líbano e Israel para la devolución de los Altos del Golán o de las Granjas de Shebaa (Israel pretende devolvérselas a Siria pero ésta atribuye su propiedad al Líbano). También existe la posibilidad de que Irán empuje a Hezbolá a actuar para disminuir la presión internacional sobre Siria o que Israel actúe sobre Hezbolá para aliviar la presión social y política interna. Frente a esta acumulación de tensiones, las Fuerzas Armadas libanesas no disponen de orientación estratégica ni suficiencia presupuestaria, con lo que no pueden ser capaces de garantizar la estabilidad libanesa por sí mismas. El Presidente Suleiman ha reconocido la necesidad de modernizar su armamento y ha recibido ofertas de Irán y Rusia. Estados Unidos también se ofreció a apoyar la modernización pero ha retirado su oferta, al igual que Francia, tras consumarse el acceso al poder de la Coalición 8 de marzo liderada por Hezbolá. Como resultado, las Fuerzas Armadas libanesas seguirán disponiendo de menos capacidad militar que las milicias de Hezbolá y tendrán dificultad para prevenir los enfrentamientos entre facciones, por no hablar de la dificultad de controlar a grupos palestinos como Fatah al–Intifada y PFLP–GC que siguen armados y que no se han podido desarmar por la fuerza ni por las negociaciones (cada vez que se intenta negociar la cuestión se retiran de la Mesa de Diálogo Nacional los grupos afines como el Movimiento Marada y el Movimiento Patriótico Libre).

Balance de la misión y escenarios de evolución.
La misión española de apoyo a la paz en El Líbano ha ido cumpliendo los objetivos previstos en el mandato de Naciones Unidas: ha permitido y apoyado el despliegue de las fuerzas armadas libanesas en el sur del país, ha vigilado la zona de separación y evitado los enfrentamientos directos, graves y prolongados entre las partes. La actuación imparcial de UNIFIL en la zona, su coordinación con los Gobiernos libanés e israelí, le han ganado la confianza –o evitado la desconfianza– de la población chií mayoritaria en su zona de acción y de las autoridades israelíes, respectivamente. A pesar de que los israelíes continúan sobrevolando el espacio aéreo libanés y de que las milicias chiíes desarrollan misiones de inteligencia en la zona, la situación en la zona de despliegue es mucho más estable que fuera de ella.  Las rotaciones españolas continúan con normalidad y en la actualidad se encuentran desplegados el Cuartel General y un Batallón de maniobra de la Brigada de Infantería Acorazada “Guadarrama XII” (en el que se integra una compañía de Infantería de Marina).

La situación que empeoró al norte del río Litani tras los enfrentamientos de principios de mayo de 2008, con una cifra aproximada de 89 muertos y 150 heridos, se ha ido reconduciendo posteriormente aunque la situación se volvió tensa de nuevo tras la caída del Gobierno a principios de 2011. La demostración de fuerza de Hezbolá, entonces y ahora, evidencia que su influencia depende en buena medida de su capacidad militar. Israel sigue denunciando el reforzamiento de la capacidad y estructura militar de Hezbolá y teme que Irán empuje a Hezbolá a atacar a Israel para retrasar o vengar la caída del régimen de Bashar el–Assad o en apoyo a Hamas si la reclamación de un estado palestino en septiembre de 2011 conduce a un enfrentamiento entre Hamas e Israel. Hezbolá no ha dejado de mantener la presión sobre Israel y el jeque Hassan Nashrallah pidió a sus partidarios que se prepararan para reconquistar la Galilea en febrero de 2011 y en mayo del mismo año el “partido de Dios” permitió que activistas palestinos asaltaran las vallas fronterizas para conmemorar el día de la “Nakba”. Un enfrentamiento abierto por Hezbolá o un ataque preventivo de Israel colocaría a las tropas españolas de UNIFIL en una situación comprometida.

Sin desarmar las milicias, la misión de UNIFIL se alargará indefinidamente en el tiempo. La responsabilidad de prevenir estos riesgos corresponde a las Fuerzas Armadas libanesas pero si la ejercen corren el riesgo de desencadenar un enfrentamiento o de dividirse internamente. Antes de producirse la “primavera árabe” a principios de 2011, existía la posibilidad de un que acuerdo sirio–israelí, la normalización de las relaciones sirio–libanesas o la movilización diplomática estadounidense, europea y saudita aliviaran las tensiones externas, pero el régimen sirio ha entrado en una espiral de desestabilización que ha limitado su capacidad de influencia en los asuntos libaneses. Las principales fuentes de tensión proceden ahora del poder de Hezbolá en El Líbano y de la influencia iraní sobre la milicia armada en las fronteras de Israel. No parece probable un enfrentamiento deliberado porque tanto Hezbolá como Israel carecen de garantías de éxito, pero es difícil pensar que una caída de los El-Assad en Siria o una sentencia condenatoria del Tribunal Especial para El Líbano no prenda en el ambiente de tensión y hostilidad que se ha ido generando entre las facciones libanesas.

 
 
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