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ABC DE LA MISIÓN EN AFGANISTÁN

¿Por qué hay tropas españolas desplegadas en Afganistán?
Mapa de Afganistán. Fuente: University of Texas Libraries. Perry–Castañeda Library Map Collection.

  • La resolución 1.386 de 20 diciembre 2001 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizó el establecimiento de una Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) en apoyo de las autoridades afganas bajo el capítulo VII de la Carta que prevé la posibilidad de emplear la fuerza para cumplir la misión.
  • El Consejo de Ministros de 27 de diciembre de 2001 autorizó la participación española en ISAF y otros Consejos posteriores la han ido prorrogando, sucesivamente (en el de 19 de febrero de 2010 se aprobó la ampliación de 511 nuevos efectivos).

¿Cuál es la misión españolas en Afganistán?

  • Las tropas españolas deben apoyar a las Fuerzas de Seguridad afganas para garantizar la seguridad y estabilidad del país y participar en las tareas de mentorización y adiestramiento de esas Fuerzas de forma que puedan desempeñar su responsabilidad lo antes posible.
  • La contribución civil tiene como objetivo general apoyar la gobernanza del país y al Gobierno afgano mediante programas de reconstrucción, desarrollo y ayuda humanitaria.

¿Qué se ha logrado hasta ahora?

  • En el ámbito de la seguridad, se ha asegurado la comunicación por carretera entre las provincias de Herat, Badghis y Faryab. Dentro de Badghis se ha abierto al tráfico la ruta entre Qala–e–Naw y Bala Morghab, estableciendo bases operativas avanzadas como las de Ludina y Muqur en zonas de especial riesgo para proteger la población afgana y asegurar el libre tránsito. Además, se ha mantenido permanentemente una fuerza de reacción rápida en la región oeste, se está apoyando la actuación, instrucción y adiestramiento de las fuerzas armadas y de seguridad afganas, se han realizado unas 20.000 patrullas, unas 1.200 misiones de desactivación de artefactos explosivos y unas 5000 actividades de apoyo a las fuerzas armadas y a las fuerzas de seguridad.
  • En el ámbito civil se han construido 160 Km. de carreteras no asfaltadas, una pista de aterrizaje, un hospital, siete clínicas rurales y otras infraestructuras (suministro eléctrico para 15.000 personas, agua potable para 65.000, escolarización para 14.000 alumnos, siendo niñas un 68% de ellas, transporte de 72.000 personas y 10.000 toneladas de material) con una inversión de 65 millones de euros. Desde 2007 se han realizados unos 500 proyectos de impacto rápido por un importe de unos 5 millones de euros.

¿Qué riesgos tiene la misión?

  • Que crezcan la frecuencia e intensidad de los enfrentamientos (hostigamiento, emboscadas...) y el empleo de explosivos improvisados por la insurgencia para evitar la presencia y actividad de las fuerzas afganas e internacionales.
  • Que al no poder impedir el control militar del territorio por las fuerzas que apoyan al Gobierno, la insurgencia intensifique su coacción armada contra la población civil para que se distancien de las fuerzas que las protegen y prestan asistencia a su bienestar y desarrollo.

INTRODUCCIÓN

(actualizado a mayo de 2011 y elaborado por el Grupo de Trabajo sobre Misiones del Real Instituto Elcano)

PDF. Ivanosca López–ValerioDescargar pdf

Contexto
La resolución 1.386 de 20 de diciembre de 2001 del Consejo de Seguridad autorizó la creación de una Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) de Afganistán. El Consejo de Ministros de 27 de diciembre de 2001 autorizó la participación española y la ayuda humanitaria comenzó a llegar por vía aérea ese mismo mes, mientras que el primer contingente de 450 soldados lo hizo en febrero de 2002. La OTAN se hizo cargo de la gestión de ISAF en agosto de 2003 mientras se desarrollaba en el sur la operación Libertad Duradera contra los talibanes. La misión de ISAF de OTAN es la de prestar asistencia militar al Gobierno afgano para que pueda progresar en la estabilización y reconstrucción del país aprovechando la colaboración de Naciones Unidas y de los donantes internacionales. En mayo de 2005 y dentro de la ampliación del despliegue de ISAF para cubrir todo el territorio, España se hizo cargo del Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) de Badghis, estableciendo su base principal en Qala–e–Naw (en la actualidad se denomina base provincial de apoyo “Ruy González de Clavijo”), y pasó a liderar la Base de Apoyo Avanzada de Herat para apoyar la acción de los tres PRT bajo el Mando Regional Oeste (RC–W) de ISAF que se instaló en dicha base. Funciones en las que se sigue hasta la fecha, además de participar en los cuarteles generales de Kabul y Herat, así como de instruir las unidades de las fuerzas armadas (Afghan National Army, ANA) y las de las fuerzas de seguridad (Afghan National Police, ANP). A mayo de 2011, el contingente español en Afganistán (Afghanistan Spanish Force, ASPFOR) mantiene un nÚmero total autorizado de 1.521 militares. La misión española, por la que han rotado 16.627 militares en las sucesivas rotaciones en las que han fallecido 93 personas: 8 por ataques con explosivos, 3 por disparos directos, 80 por accidentes y 2 por infarto. Hasta finales de 2010, la misión ha costado unos 2.200 millones de euros.

Situación operativa en la zona española
La misión española de apoyo a la paz en Afganistán se ha mantenido  dentro del mandato del Consejo de Seguridad y de los acuerdos con ISAF de OTAN. A mayo de 2011, España tiene 1.490 soldados distribuidos aproximadamente entre Herat (354), Qala–e–Naw y Badghis (884). A los anteriores hay que añadir más de 169 encuadrados en 5 equipos operativos de asesoramiento y enlace (Operational Mentoring Liaison Team, OMLT) deplegados entre Qala–e–Now y Camp Stone a pocos kilómetros de Herat que están adiestrando a las Unidades de la 3ª Brigada del 207 Cuerpo de Ejército afgano. En concreto, a su unidad de Cuartel General, a los Batallones (kandak) 1º y 3º, al Grupo Logístico y a la Unidad de Servicios Base. La Guardia Civil ha desplegado 43 miembros de los que unos 23 participan en 2 equipos operativos policiales de asesoramiento y enlace (Police Operational Mentoring Liaison Team, POMLT) que se están ocupando del adiestramiento policial del distrito de Qala–e–Now y del Cuartel General policial en Badghis. Además, y dentro del acuerdo de entendimiento con el Gobierno afgano el 28 de julio de 2008 para patrocinar su despliegue en la zona española de responsabilidad, se ha construido el acuartelamiento junto a la base provincial de apoyo española de Qala–e–Naw para un kandak y se está formando, equipando y adiestrando una compañía afgana de ese kandak por un importe de 14,5 millones de euros a los que hay que unir otros 4,5 asignados al Fondo Fiduciario de la OTAN.

Dentro de la estrategia de contrainsurgencia aplicada en Badghis, las fuerzas españolas como el resto de fuerzas de ISAF y las fuerzas armadas y de seguridad afganas se dedicarían a las distintas fases de preparación (shape), ocupación y limpieza (clear), control (hold) y reconstrucción (build) dentro de la provincia. En esta estrategia, las fuerzas afganas de seguridad y las del PRT son las más adecuadas para la preparación y reconstrucción; las unidades de maniobra (task forces) españolas y afganas lo son para la ocupación y limpieza, mientras que las fuerzas afganas apoyadas por ISAF son ideales para el mantenimiento. Entre las modalidades de adiestramiento e instrucción de las fuerzas afganas, el contingente español realiza funciones de embedding (incrustar algunos miembros para vivir y operar con una unidad afgana) y partnering (acompañar una unidad española a una afgana durante su adiestramiento). Además de las actividades anteriores, las tropas españolas llevan a cabo el plan de seguridad acordado con las autoridades locales, protegen las tareas de reconstrucción del componente civil PRT, dan seguridad a la base provincial de apoyo, patrullan las rutas terrestres para mantenerlas abiertas al tráfico y apoyan a las fuerzas armadas y a las fuerzas de seguridad afganas (Afghan National Security Forces, ANSF).

Gráfico 1. Rutas de comunicación y despliegue en Badghis

Situaci�n operativa en la zona espa�ola. Misi�n Afganist�n. Real Instituto Elcano. F�lix Arteaga

En la zona de responsabilidad española, la influencia insurgente se manifiesta en el valle del Murghab, al norte de Muqur, pasando por Darra i Bum hasta Murghab donde los talibanes han controlado la zona pastún de Badghis y cuentan con unos 1.000 miembros (en febrero de 2011 perdieron a su líder, el mulá Rashchid cerca de Ludina, al igual que octubre de 2010 perdieron a los mulás Ismail y Jamaloddin y en febrero de 2009 el mulá Dasteguir). Los enfrentamientos se localizan en zonas de paso obligado  entre Qala–e–Naw y Herat (Sabzak, ahora bajo responsabilidad italiana), entre Qala–e–Naw y Bala Murghab (Sang–Atesh al norte) o en la zona de Muqur hacia el sur del valle del Morghab. Tras la llegada de los refuerzos de 2010, el contingente español pudo contar con una unidad de maniobra que permitía llevar a cabo acciones tácticas de nivel compañía. Desde entonces, las operaciones han pasado de controlar las rutas de comunicación y las zonas próximas a Qala–e–Naw a realizar operaciones de limpieza (clearing) que avanzan hacia el norte de la provincia. Se instaló una base operativa avanzada en Sang Atesh para proteger la ruta Lithium entre Qala–e–Naw y Bala Murghab (200 kilómetros sin asfaltar) que se trasladó posteriormente a Ludina. También se instaló otra en Muqur y en marzo de 2011 ha comenzado la construcción de una nueva base avanzada en Darré i Bum. Además, poco a poco, se van incorporando al despliegue español las fuerzas armadas afganas: la 3ª Brigada del ANA despliega su Cuartel General desde abril de 2011, el 1er kandak  de infantería y unidades de apoyo en Qala e Naw, uniéndose al 3er kandak ya desplegado. Gracias a lo anterior la situación militar ha mejorado sensiblemente y se han abierto al tráfico rutas inseguras que facilitan el desarrollo de los programas de desarrollo, según explicó la ministra de Defensa en su comparecencia de 16 de diciembre de 2010.

Figura1. Incidentes mensuales distribuidos por mandos regionales de octubre de 2010 a marzo de 2011

Fuente:  Report on Progress Towards Security and Stability in Afghanistan, abril 2011, p. 68. El mando regional RC–W corresponde a la zona de despliegue española.

España comparte el despliegue con estadounidenses, italianos y afganos (los estadounidenses e italianos tienen también bases sobre la ruta Lithium, al norte de Mangán, en Bala Murghab, y al sur de Darre i Bum sobre la carretera circular (ring road). El sector no es de los más peligrosos (ver Figura 1) y las acciones militares de la insurgencia tratan de distraer fuerzas de la coalición, concentrando sus acciones militares en el sur y el este. En febrero de 2010 se produjo un ataque con IED que causó la muerte de un soldado y heridas a otros seis al norte de Sang Atesh, en una patrulla por la Ruta Lithium. El 15 de abril se produjo otra explosión en la misma ruta que sólo produjo heridas a un soldado gracias a los blindajes de los nuevos vehículos, seguido de otro con heridos el 6 de junio y uno sin ellos el 28 del mismo mes. Desgraciadamente, el 25 de agosto se produjeron tres nuevas víctimas cuando un talibán infiltrado como conductor de la policía afgana disparó en la antigua base de Qala–e–Naw sobre dos miembros de la Guardia Civil matándoles junto con un intérprete del POMLT (los últimos heridos, de levedad, se registraron el 30 de septiembre de 2010 cerca de Ludina y el 18 de mayo en Darra i Bum).

Balance de la misión y escenarios de evolución

En octubre de 2009 el Presidente Karzai puso la fecha de 2014 como fin del proceso de transición (inteqal) antes de que el Presidente Obama fijara la fecha del inicio de salida en julio de 2011. Las expectativas de una salida progresiva crecieron entre los miembros de ISAF tras la Conferencia de Londres, donde se confirmó la fecha propuesta para el traspaso en 2014 aunque existen diferentes interpretaciones sobre si 2014 es la fecha en la que las fuerzas internacionales se marcharán o permanecerán ya sólo en misiones de apoyo. El inicio de la operación Moshtarak y la reunión ministerial de abril en Tallín, Estonia, incrementaron las expectativas del traspaso e, incluso, la posibilidad de adelantarlo en las zonas más estabilizadas. Sin embargo, las expectativas de un cambio inminente comenzaron a desvanecerse tras el cambio del Comandante de ISAF (el general McChrystal por el general Petraeus) y en la Conferencia de Kabul en julio de 2010 se mantuvo la fecha de 2014 para que el Gobierno afgano se hiciera responsable de todas las operaciones contra la insurgencia pero no se hicieron públicas ni las condiciones ni el calendario de la transición. Tampoco se hicieron públicas en la cumbre de la OTAN en Lisboa de noviembre pero el Presidente Karzai anunció el inicio de la transición el 21 de marzo de 2011 con ocasión del año nuevo afgano.

l peor escenario posible no es el de una derrota  militar sino aquel en que la población afgana protegida en Badghis pierda la esperanza de mejorar sus condiciones de vida y considere inevitable el retorno al poder de  los talibanes. La población sólo se distanciará de la insurgencia si se consigue disminuir su presencia entre ella, por lo que en un escenario desfavorable en el que no se consiga desalojar a la insurgencia de sus zonas de influencia, la población continuará albergando dudas sobre la capacidad de protección de las fuerzas internacionales y afganas. Para ello, la insurgencia presentaría a la población local una “narración” del futuro donde la presencia de fuerzas internacionales le acarrearía más peligro que protección, tras lo que se acabarían marchando y el Gobierno de Kabul no sería capaz de proporcionar ni seguridad ni desarrollo a la población local. En estas condiciones, la insurgencia trataría de aprovechar la baza psicológica del efecto “anuncio” de salida de las tropas internacionales para separar a la población civil de esas fuerzas y de la administración afgana, interrumpiendo de esta forma el proceso de confraternización alcanzado y la continuidad en los programas de desarrollo (la preparación del atentado contra tres miembros del contingente en agosto de 2010 seguido de manifestaciones contra la presencia española muestra la voluntad y la capacidad de la insurgencia de separar al contingente de la población). En un escenario desfavorable donde calara esa narración entre la población y los enfrentamientos se reprodujeran sería difícil organizar un proceso de trasferencias de seguridad ordenado y conforme a un calendario establecido. Este escenario  tendría el efecto adicional de trasladar rápidamente la percepción de su deterioro a la opinión pública española poniendo en  cuestión la utilidad del esfuerzo realizado y añadiendo coste político al  mantenimiento de la misión.

El centro de gravedad para pasar de uno a otro escenario no es el  de una victoria militar sobre la insurgencia, sino en el progreso hacia los  objetivos políticos, económicos, sociales y, desde luego, de seguridad. La victoria o la derrota en la percepción social no se va a decidir por el número de víctimas, el coste o el esfuerzo de la misión sino por la percepción de posibilidades de éxito o  fracaso que hacia esos objetivos se obtenga entre la población afgana y la  española (la batalla de las narraciones). Mientras las poblaciones locales y occidentales perciban que existen posibilidades de éxito parece asegurado el apoyo a la misión internacional pero las dudas sobre su utilidad o la retirada de fuerzas acelerarían el derrotismo.

Situación operativa en general

Las condiciones de seguridad empeoraron seriamente a partir de 2006 y se fueron incrementando los combates entre las fuerzas internacionales y gubernamentales contra la insurgencia debido a la proliferación de grupos insurgentes compuestos por talibanes, islamistas del Hebz–i–Islami Gulbuddin (HIG) y de la red Haqqani (HN), voluntarios de al–Qaeda y delincuentes a los que hay que unir un grupo amplio de grupos armados, desafectos del Gobierno afgano o insurgentes de alquiler. La evolución es distinta según las regiones, siendo más negativa la seguridad en las zonas menos controladas de algunas provincias y distritos del sur y del este (el 80% de los incidentes se centró en el 15% de los 367 donde vive el 21% de la población), en las zonas pastún que en las zonas mixtas y en los meses calurosos que en los de invierno (ver Figura 1).

Los ataques de la insurgencia presentan el patrón de la Figura 2: aumentan en los meses de verano, con ocasión de elecciones (en septiembre de 2010 hubo elecciones legislativas para cubrir la Cámara Baja con numerosos incidentes de seguridad pero sin gran eficacia o repercusión) y de forma progresiva (21.000 en 2009, 75% de incremento total en 2009).

Figura 2. Incidentes de seguridad semanales de abril de 2009 a marzo de 2011

Fuente: Report on Progress Towards Security and Stability in Afghanistan, abril 2011, p. 66.

También fallecen civiles y en su Informe de 9 de marzo de 2011 (S/2011/120) al Consejo de  Seguridad, el Secretario General estimó que en 2010 se habían producido 7.120 víctimas civiles: 2.777 muertos y 4.343 heridos (un incremento del 19% respecto a 2009) de las cuales 5.446 (76%) se deben a ataques de la insurgencia y 840 (12%) a acciones de las fuerzas gubernamentales o de la coalición (lo que representa una reducción del 21% respecto a 2009.

Los cambios adoptados en las  reglas de enfrentamiento de las fuerzas internacionales a partir de 2008 han  reducido significativamente las cifras de víctimas civiles: un 28% en 2009 según el mismo Informe a diferencia de un incremento del 41% en la insurgencia tras anunciar un código de actuación al respecto. Posteriormente, un nuevo cambio mediante la Directiva Táctica de julio de 2009 redujo el número de víctimas causadas por las fuerzas progubernamentales (223 víctimas, 69 de ellas en ataques aéreos, con un descenso total del 30%). A la reducción de víctimas contribuyen las menos conocidas labores de desminado, que podrían dejar el país libre de restos conocidos en 2013, y el desarme de más de 100.000 armas a unos 200 de los aproximadamente 1.800 grupos armados existentes en 2001.

A marzo de 2011, ISAF dispone de 132.000 soldados a los que hay que añadir unos 152.000 del  Ejército Nacional Afgano y 118.000 de la Policía Nacional Afgana, frente a una cifra de la insurgencia que David Kilcullen estima en unos 30–40.000  miembros, de los cuales serían permanentes unos 10.000 talibanes, entre 250–500  por provincia a tiempo completo y el resto corresponde a insurgentes ocasionales. La mayor parte de los enfrentamientos tienen lugar sobre la  frontera paquistaní en la zona nordeste donde actúa el grupo pastún de Hezb–I–Islami Gulbudinn (HIG),  en la zona central de las siete áreas tribales(Federal Administered Tribal Areas, FATA)que incluyen las dos de Waziristan del Norte y del Sur desde donde actúan el grupo de Sirajuddin Haqqani, y en la zona sur donde operan los insurgentes talibanes que obedecen al mulá Omar y los grupos criminales  vinculados al narcotráfico. Todos ellos se han aprovechado de la falta de control  paquistaní sobre los territorios fronterizos o la colaboración de algunos  sectores islamistas radicales que proporcionan santuarios a los  insurgentes y paso franco a los voluntarios de al–Qaeda. La inestabilidad se ha extendido a zonas menos conflictivas como las del oeste (incluida la provincia de Badghis y, especialmente, el distrito de Bala Murghab) y norte del país donde se ha intensificado la frecuencia de  los combates debido a la mayor presencia y actividad de las fuerzas afganas e  internacionales y al desplazamiento de insurgentes.

Sobre el terreno existen dos misiones: la de ISAF, dedicada a la estabilización y reconstrucción, y la operación Libertad Duradera (Operation Endurance Freedom, OEF) dedicada a la lucha contra el terrorismo y la insurgencia aunque ambas se han integrado formalmente bajo ISAF y estaban bajo el mando del general David Petraeus hasta que fue nombrado director de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. También comparten la misma estrategia, al secundar ISAF la estrategia estadounidense aprobada por el Presidente Obama y el destituido general McChrystal, por lo que aunque siguen combatiendo los mismos contingentes que antes, operaciones como las de Mushtarak y Marjah se han atribuido abiertamente a toda la OTAN sin diferenciar.

La insurgencia no puede derrotar militarmente a las fuerzas de  ISAF, por lo que ha recurrido a acciones irregulares que incluyen atentados, acciones llamativas y hostigamientos con los que tratan de desgastar y  desmotivar a las fuerzas regulares afganas e internacionales. Hasta hace pocos meses éstas no disponían de suficientes unidades para permanecer sobre el terreno tras los combates, con lo que la insurgencia volvía a ocupar las zonas despejadas cuando se retiraban,  poniendo de nuevo en riesgo a la población y a los programas de reconstrucción. Para hacer frente a la situación, los Estados miembros de la OTAN aprobaron en su Cumbre de Bucarest de abril de 2008 un Plan  Estratégico Político–Militar para reforzar la dimensión política y civil de su  actuación. Por su parte, la nueva administración de los Estados Unidos también impulsó un cambio de estrategia reforzando el esfuerzo civil y el militar que, según los responsables militares estadounidenses precisaría un mayor incremento de fuerzas sobre el terreno. En diciembre de 2009, el presidente Obama confirmó el envío de 30.000 soldados adicionales (surge) junto al anuncio de empezar a retirar fuerzas en julio de 2011. La estrategia mantenía los objetivos de reforzar al Gobierno afgano, prevenir santuarios terroristas y proteger a la población de la influencia insurgente, para lo que era necesario arrebatarle la iniciativa a la insurgencia y trasferir la responsabilidad de la seguridad al Gobierno afgano. De esta forma, los objetivos de seguridad como acelerar la formación de las Fuerzas Afganas de Seguridad tomaron prioridad sobre los objetivos de gobernanza y desarrollo aunque se mantuvieron formalmente los compromisos de asistencia civil para permitir al Gobierno afgano producir a corto plazo los resultados previstos en la Estrategia de Desarrollo Nacional Afgana[1]. Dentro de esos objetivos, ISAF designó 80 distritos claves y otros 40 de interés señalados en la Figura 3 para asegurar su estabilización debido a su población e importancia económica para facilitar la transición de responsabilidad de la seguridad y el desarrollo a las autoridades afganas.

Figura 3. Distritos claves y prioritarios (key and interest districts)

Figura 2. Distritos claves y prioritarios (key and interest districts)
Fuente: Report on Progress Towards Security and Stability in Afghanistan, marzo 2010, p. 19.

Para poder realizar el relevo de fuerzas, se está acelerando y aumentando el programa de creación de las Fuerzas de Seguridad Afganas (ANSF). En términos absolutos, el objetivo de fuerza para noviembre de 2012 es lograr 185.000/195.000 militares y 170.000 policías, pero los avances cuantitativos se ven lastrados por las carencias de mando y control, planeamiento, equipamiento y logística. Para medir los progresos hacia el traspaso, se vienen usando unos indicadores para medir la autosuficiencia de esas fuerzas según los cuales existen a junio de 2010 unas 35 unidades del Ejército Nacional Afgano capaces de llevar a cabo operaciones de tipo batallón de forma autónoma (CM1), 48 capaces de hacerlo con apoyo de ISAF (CM2) y 42 si las lidera ISAF (CM3). En el caso de la Policía Nacional Afgana: 12 distritos CM1, 39 CM2 y 39 CM3) sobre 365 distritos (ver DT Arteaga/García).

Según datos de ISAF, a abril de 2011, el Ejército Nacional Afgano (ANA) dispone de unos 152.000 soldados distribuidos en seis cuerpos de Ejército, una División de Operaciones Especiales y una División en la capital, Kabul, además de una Brigada de Policía Militar y un componente aéreo en proceso de generación. Cada Cuerpo tiene entre dos y cuatro Brigadas y estas, a su vez, disponen de 5 o 6 batallones (kandaks) de los que hay alrededor de 200. Menos conocida, la Fuerza Aérea Afgana cuenta en abril de 2011 con más de 4.700 miembros y 56 helicópteros y aviones. Concebida como una fuerza de apoyo al ANA, su objetivo es contar en 2016 con 8.000 miembros y 146 aeronaves. Lograr el objetivo de fuerza del ENA previsto para 2012 (195.000) parece asequible dado que la demanda de ingreso excede a la oferta. No obstante, siguen persistiendo las dudas sobre el número real de soldados que combaten sobre las cifras nominales (restando los efectivos dedicados a tareas de apoyo y los que se encuentran de baja por diversos motivos, el número total de fuerzas disponibles para el combate real podría estar en torno a 32.000[2].

Figura 4. Evolución de los efectivos mensuales del ANA de marzo 2010 a marzo 2011

Fuente: Report on Progress Towards Security and Stability in Afghanistan, abril 2011, p. 22.

Figura 5. Evolución de los efectivos mensuales de la ANP de marzo 2010 a marzo 2011

Fuente: Report on Progress Towards Security and Stability in Afghanistan, abril 2011, p. 30.

La creación de una Policía Nacional Afgana presenta las mismas dificultades genéricas que las militares a lo que hay que añadir la falta de formación (dos terceras partes de los policías no han tenido ningún tipo de formación) y una mayor peligrosidad que las fuerzas militares (el 60% de las bajas totales entre las fuerzas gubernamentales según datos del CSIS). Debido a la inseguridad, la formación policial se ha militarizado primando la creación de una infantería ligera de urgencia y el adiestramiento contra la insurgencia a corto plazo en detrimento de la formación policial a largo plazo y especializada que se precisaría. A enero de 2011, la Policía Nacional Afgana cuenta con 118.000 miembros en activo distribuidos en varios tipos dedicados en su mayoría (81.000) a policías provinciales y de distrito (Afghan Uniformed Police, AUP), unos 4.000 a orden público (Afghan National Civil Order Police, ANCOP), unos 15.000 a fronteras (Afghan Border Police, ABP), unos 2.700 a antidrogas (Counter Narcotics Police of Afghanistan, CNPA) y el resto dedicado al crimen organizado (Criminal Investigative Division, CDI) y antiterrorista (Counter Terrorism Police, CTP). También parece asequible lograr los objetivos de personal (134.000 en octubre de 2011) aunque persisten las necesidades de instructores para la formación de policía uniformada y de fronteras en distritos clave según ISAF. Según datos de la Government Accounting Office (2009) a principios de 2009 la PNA y el MI contaban con 82.000 miembros, el 19% de la unidades entrenadas con el programa FDD de la CSTC–A  era capaz de llevar a cabo las misiones autónomamente, el 25% precisaba ayuda parcial, el 31% mayor ayuda y el 25% de las unidades no era capaz de desarrollar sus misiones ni siquiera con ayuda[3]. Según datos de ISAF, a junio de 2010 existen 12 distritos donde las fuerzas de policía realizan sus funciones sin ayuda externa (CM–1), 39 donde precisan tutela (CM–2) y otros 39 donde precisan partnering (CM–3).

La estrategia a seguir

El liderazgo de la intervención internacional en Afganistán corresponde a Estados Unidos mediante su mayor aportación material y conducción estratégica de la Operación Libertad Duradera y de la cadena de mando de ISAF. Estados Unidos ha ido definiendo la estrategia a seguir y compartiendo su ejecución con quienes compartían riesgos y reglas de enfrentamiento o asumiendo su ejecución en solitario cuando no contaban con apoyos de terceros. Mientras solicitaba apoyo a sus coligados, Estados Unidos ha ido tejiendo una estructura paralela militar y civil para liderar la intervención internacional. Tras el cambio de Administración, el liderazgo presidente Obama anunció el 27 de marzo de 2009 una Estrategia para Afganistán y Pakistán que era una estrategia de contrainsurgencia avanzada, destinada a proporcionar un nivel de seguridad razonable para separar a la insurgencia afgana de la población civil, protegiendo a la población, quitando la iniciativa a la insurgencia y dando al Gobierno afgano tiempo para mejorar sus servicios a la población afgana. El general McChrystal llegó con un equipo nuevo para aplicar la estrategia y comenzó a evaluar la situación y los recursos necesarios mientras un primer refuerzo de 21.000 soldados se empeño en misiones de combate y adiestramiento.
La negativa valoración de la situación (o se aumentaban los recursos o fracasaría la estrategia en lugar de alargarse su período de ejecución en el tiempo), las nuevas exigencias de tropas y los malos resultados de los cambios hicieron dudar a la Casa Blanca sobre la estrategia a seguir hasta que el 1 de diciembre de 2009 el Presidente Obama enunció su Nueva Estrategia sobre Afganistán y Pakistán (ARI 111/201, Arteaga. Ésta mantiene los objetivos básicos de las anteriores aunque fija plazos para devolver la responsabilidad de la seguridad y el desarrollo de Afganistán a sus responsables: en julio de 2011 comenzará la retirada de tropas. El anuncio tuvo una influencia psicológica y política innegable entre los contendientes aunque los mandos militares se esfuerzan en relativizar su efecto.

Estados Unidos envió 30.000 tropas adicionales y sus coligados 9.000 para reforzar la seguridad y acelerar la instrucción y adiestramiento de las fuerzas armadas y de seguridad (ANSF) afganas y a mediados de febrero de 2010 comenzó la operación Moshtarak en los distritos de mayor influencia talibán en Helmand: Marja y Nad Ali para demostrar que podían vencerlos en cualquier sitio. Para hacerlo, se realizaron operaciones militares de diseño con explicaciones detalladas a las autoridades y líderes sobre el desarrollo de las operaciones militares que iban a tener lugar y las contrapartidas posteriores en términos de presencia policial y asistencia material a las autoridades locales. Sin embargo, las acciones militares y civiles no funcionaron como se esperaba y a pesar de los esfuerzos tácticos (entre otras, 1.600 operaciones nocturnas entre diciembre de 2010 y marzo de 2011) que han reducido la presencia y actividad de la insurgencia, esta no ha desaparecido y ha respondido aumentando el número de atentados colectivos y los asesinatos selectivos de quienes colaboran con el Gobierno de Kabul o la asistencia internacional (según datos de UNAMA, el numero de asesinatos de civiles y funcionarios aumento el 588% en Helmand y el 248% en Kandahar durante 2010), limitando al mínimo la ejecución de los programas de desarrollo y demostrando a ISAF que es más fácil limpiar (clear) que retener (hold) el territorio y convenciendo a la población de que la estrategia internacional les coloca en una situación de riesgo. También se ha progresado en la obtención de inteligencia, disminuyendo los daños colaterales, aumentando las bajas o detenciones de mandos insurgentes, detectando mayor cantidad de IED, pero todos estos avances tácticos no se traducen en una victoria estratégica por falta de avances en la gobernanza y el desarrollo.

La influencia de la muerte de Osama Bin Laden en la guerra de Afganistán

Bin Laden comenzó la guerra de Afganistán cuando ordenó derribar las torres gemelas el 11 de septiembre de 2011 desde su santuario afgano. Un mes más tarde, el Presidente Bush puso en marcha la Operación Enduring Freedom para desalojar a los talibanes del poder y evitar que el suelo afgano sirviera otra vez de santuario para quienes utilizan la yihad global para atentar contra Estados Unidos y sus aliados. La operación militar en suelo afgano tenía ese objetivo estratégico y se incluyó dentro del marco de las estrategias estadounidenses de la Guerra contra el Terrorismo de 2003 y 2006. Sin embargo, la caída del régimen talibán no puso fin al riesgo de que al–Qaeda retornara de sus santuarios paquistaníes a Afganistán, ya que la insurgencia afgana comenzó a ganar influencia y territorio a partir de 2006. Posteriormente, el Presidente Obama cambió la estrategia en Afganistán y Pakistán, siendo su objetivo estratégico actual el de “quebrantar, desmantelar y derrotar a al–Qaeda y a sus violentos asociados extremistas en Afganistán, Pakistán y en todo el mundo”, tal y como lo anunciara en la Academia de West Point el 2 de diciembre de 2010.

Al–Qaeda y los talibanes afganos mantienen estrechas relaciones de interés, pero no son lo mismo. Forman parte de la misma insurgencia y coinciden en su deseo de derribar al gobierno de Karzay y acabar con la presencia de fuerzas internacionales en territorio afgano, pero los talibanes están mucho más interesados en esos objetivos de su yihad doméstica que en los objetivos de la yihad exterior, que entusiasman a los seguidores de al–Qaeda. Los talibanes sostienen el grueso de la lucha contra las fuerzas progubernamentales de forma autónoma, sin depender de al–Qaeda para la dirección o financiación de las operaciones. Tampoco precisan ya de combatientes salafistas entrenados en la lucha contra Estados Unidos o sus aliados en otros frentes porque la insurgencia se basta para nutrir el reclutamiento de los talibanes.  Al–Qaeda ha ido perdiendo influencia sobre los talibanes afganos y se ha visto desplazada en las acciones tácticas por otros grupos salafistas con mayor capacidad combativa en Afganistán como la Red Haqqani y Lashkar–e–Taiba.

El Gobierno afgano y la coalición internacional han tratado de separar a los talibanes de al–Qaeda, facilitando la reintegración de los combatientes talibanes o la negociación con los dirigentes talibanes a cambio de distanciarse expresamente de al–Qaeda. Estos intentos no han tenido el éxito esperado porque los talibanes quieren mantener abiertas todas sus opciones y porque una vez que se ha puesto fecha a la salida de las tropas occidentales –entre 2011 y 2014– parece difícil negociar la salida a cambio de la denegación del santuario afgano. Mayor separación parece estar logrando el relevo generacional, que distancia a los jóvenes mandos insurgentes que combaten sobre el terreno en Afganistán de los viejos líderes yihadistas o talibanes que viven en la distancia y seguridad de los santuarios paquistaníes.
En los últimos meses, los responsables estadounidenses han ido reduciendo la importancia de al–Qaeda en Afganistán, a la que dan un valor residual (entre 50 y 100 miembros en todo el país) tras el acoso de las fuerzas de operaciones especiales sobre el terreno afgano y de los aviones no tripulados (drones) en sus santuarios de la frontera afgano–paquistaní, donde al–Qaeda ha ido perdiendo mandos importantes desde enero de 2009 como el jefe de operaciones exteriores, Saleh al Somalí. Al mismo tiempo, al–Qaeda ha ido explorando nuevos santuarios por ejemplo en Yemen o Somalia, por lo que resulta cada vez más difícil a las autoridades estadounidenses asociar a la organización terrorista con la guerra de Afganistán. Reducido el poder operativo de al–Qaeda en Afganistán, la estrategia del Presidente Obama parece cumplida ya que el territorio afgano no es hoy un santuario y en el futuro podría seguir no siéndolo si se consigue un acuerdo con los talibanes que liderarán Afganistán tras la partida de las fuerzas internacionales. La muerte de Bin Laden no tiene por qué hacer cambiar el calendario o las condiciones de la transición (inteqal) a los responsables militares, pero, muerto Bin Laden y reconocida la importancia marginal de al–Qaeda en Afganistán, puede acentuarse la presión social por retirar las tropas cuanto antes.

El proceso de transición (inteqal)

Para llevar a cabo este proceso de transición se creó el Joint Afghan–NATO Inteqal Board (JANIB), compuesto por personal del Gobierno afgano con apoyo de ISAF y de la comunidad internacional, que establece como necesarias para iniciar la transición las siguientes premisas:

  • Que las fuerzas armadas y las de seguridad sean capaces de gestionar la seguridad en la zona estudiada con apoyos puntuales de ISAF
  • Que la seguridad de la zona permita el desarrollo de sus actividades cotidianas a la población local
  • Que el Gobierno afgano y las instituciones puedan ejercer sus funciones si se reduce la presencia de ISAF

Una vez conseguidas esas premisas propone qué provincias/distritos inician la transición. Inicialmente se tiene previsto repartir todas las provincias/distritos de Afganistán en ocho tramos (tranches). El primero se anunció por el Presidente Karzai el pasado 21 de marzo 

En líneas generales, el proceso depende de que se alcancen unas condiciones determinadas en lugar de depender de un calendario de fechas. Es un proceso que comienza de abajo hacia arriba, de las pequeñas unidades hacia las grandes; de los sub–distritos a los distritos y, de ahí, a las provincias. Las unidades se reducen en lugar de retirarse y se redespliegan en las zonas necesarias. Los recursos se mantienen durante la transición.   

El JANIB selecciona las zonas preparadas para la transición en los próximos 12–18 meses dentro de un Plan de Acción. Seis meses antes cada zona seleccionada inicia un Plan de Ejecución individual que comprende cuatro fases (stages):

  • Fase 1. Las fuerzas armadas y de seguridad afganas (ANSF) asumen la responsabilidad. No hay cambios en la fuerza, se incrementan las acciones civiles de los PRT y se completan los mentores y los programas de adiestramiento.
  • Fase 2. Trasferencia de los PRT, ISAF pasa a mentorizar las ANSF, y reducción progresiva de las unidades de ISAF y redespliegue en las zonas más necesitadas
  • Fase 3. ISAF sólo apoya las capacidades que no tengan las ANSF, se crea una Unidad de Reserva en cada mando regional (Quick Reaction Force) y se siguen reduciendo y redesplegando unidades
  • Fase 4. ISAF proporciona apoyo aéreo, inteligencia y logística a nivel operacional, reservas a nivel de teatro y se mantienen los cuarteles generales de los mandos regionales

En el caso de Badghis, todavía no se cumplen las tres premisas básicas, pero está prevista que se cumplan a partir de octubre de 2012, con lo que podría iniciarse la transición en algunos distritos a partir de entonces. Tras la salida de la zona de despliegue, no está claro si las tropas regresarían a España o, como afirma el secretario general de la OTAN, seguirán hasta 2014 desarrollando otras funciones (oficialmente, el Presidente del Gobierno manifestó su voluntad de cumplir los compromisos adquiridos en su comparecencia del 15 de septiembre de 2010). Sin embargo, parece políticamente difícil que una vez anunciada la retirada de las tropas de donde han estado desplegadas se las pueda volver a desplegar en otro lugar. 


[1] Estos objetivos estratégicos comprendidos en el plan de operaciones 38302 de la OTAN y la estrategia de campaña de ISAF se extractan en el Informe del Departamento de Defensa “Progress Toward Security and Stability in Afghanistan” de abril de 2010 disponible en http://www.defense.gov/pubs/pdfs/Report_Final_SecDef_04_26_10.pdf

[2] Según Cordesman (2010:67), el NTM–A estima que la cifra de kandaks disponible para combatir es de unos 65.000 soldados (100 kandaks) a los que se deben restar los aproximadamente 10.000 en los distintos programas de formación y otros tantos de baja sin autorizar, aparte de las bajas por enfermedad y autorizadas. Esto hace que las unidades disponibles sólo cuenten con el 65% del personal disponible.

[3] La necesidad de reclutar policías para las elecciones de 2009 obligó a prescindir de su formación: 6.900 tuvieron tres semanas y 2.900 ninguna, lo que obligó luego a completar la formación (DoD, 2010:111)

 
 
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