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Tema: La concentración de alumnos inmigrantes en
algunas escuelas genera intensos debates y ha provocado la puesta en
marcha de diversas medidas.
Resumen: Este análisis aborda uno de los asuntos
que más preocupan a las poblaciones autóctonas en los países receptores
de flujos migratorios: la concentración de inmigrantes en algunas
escuelas y la estigmatización que las persigue. En él se trata de
cuantificar la concentración de inmigrantes en las escuelas españolas y
de medir sus consecuencias. Además, se presenta una reflexión sobre las
medidas más destacadas que tradicionalmente se han tomado al respecto
en otros países y se evalúa la pertinencia de las mismas en el caso de
España.
Análisis
Introducción Entre los muchos retos que se presentan a
lo largo del proceso de inserción de la población inmigrante, aquellos
que tienen que ver con el acceso de los extranjeros a los servicios
públicos se encuentran entre los que despiertan más interés mediático
y, en muchas ocasiones, alguna alarma social y una atención prioritaria
por parte de las administraciones públicas competentes. Quizá, la
incorporación de los hijos de los inmigrantes al sistema escolar genera
alguno de los debates más intensos ya que influyen muy directamente en
las opiniones que los nativos tienen sobre la inmigración en general y,
como no podría ser de otra manera, sobre las consecuencias que ésta
tendrá sobre la sociedad del futuro.
Los estudios internacionales que permiten comparar el rendimiento
escolar medio de las economías avanzadas han revelado que (con la
excepción de Canadá, Nueva Zelanda y Australia) los inmigrantes
presentan de forma sistemática resultados escolares muy inferiores a
los de los nativos, incluso aunque sus expectativas individuales y las
de sus familias sean relativamente ambiciosas, lo que sugiere que
comprenden en términos generales la importancia del sistema educativo
para garantizarse una movilidad social ascendente. Los factores que
explican la desventaja educativa de los hijos de los inmigrantes son
muy variados. La migración implica la pérdida de una parte muy
significativa del capital humano que los individuos pueden adquirir en
origen (conocimiento del idioma, reglas de funcionamiento de las
instituciones sociales, etc.). Esta desventaja tiende a neutralizarse
cuando transcurre algún tiempo desde la migración. Sin embargo, incluso
aunque el tiempo de residencia suele explicar la mejora inicial de sus
perspectivas, algunos colectivos inmigrantes permanecen
sobre-representados en los segmentos menos favorecidos de la estructura
social, lo que a su vez puede explicar porqué en distintos países su
rendimiento escolar medio está muy por debajo del de los nativos.
En la mayoría de los países de Europa continental este argumento
resulta clave para explicar la persistente desventaja escolar de los
inmigrantes (y de sus descendientes). Sin embargo, aunque parte de su
desventaja inicial se reduzca con el tiempo hasta igualarse con los
nativos de su misma clase social, muchos observadores influidos por el
contexto norteamericano defienden la importancia de explicaciones
basadas en las características intrínsecas de cada grupo nacional (o
étnico). Esto sucede porque los inmigrantes representan un colectivo
fácilmente identificable, lo que facilita la elaboración de argumentos
que utilizan su distancia cultural con la sociedad de acogida o sus
características étnicas para explicar la persistencia de su desventaja
media. Esta es la razón principal por la que los autóctonos tienden a
estigmatizar los centros escolares en los que se concentran los
inmigrantes (y sus descendientes) por ser un grupo visible y
diferenciable con niveles de éxito escolar llamativamente bajos.
La concentración espacial de los inmigrantes El precio
de la vivienda, los mercados laborales locales, o las redes sociales en
las que los individuos se insertan (muchas de las que funcionan a
partir del principio de la solidaridad étnica) explican porqué nativos
e inmigrantes presentan niveles relativamente altos de segregación
espacial en las sociedades de inmigración de nuestro entorno.
En España podemos describir con cierta precisión los niveles de
segregación residencial de los inmigrantes de distintos orígenes
nacionales utilizando el Padrón Municipal Continuo (Instituto Nacional
de Estadística), incluso aunque este instrumento imponga algunas
limitaciones. Fijémonos en cómo los inmigrantes se reparten en las
provincias de Madrid y Barcelona por grandes regiones de nacionalidad
(África, América, Asia y Europa). Éstas son dos de las provincias en
las que el tamaño relativo de la población inmigrante es mayor de todo
el Estado. Además, están dominadas por dos grandes núcleos urbanos y
una serie de ciudades satélites a su alrededor altamente integradas en
el mercado laboral madrileño y barcelonés. Los gráficos que se muestran
a continuación pueden ser interpretados como el porcentaje de
individuos de cada uno de estos orígenes que debería cambiar de sección
postal (lugar de residencia) en la provincia para que su distribución
en el territorio fuera similar a la de los nativos (índices de
disimilaridad para cada grupo).
Figura 1. Patrones de concentración residencial de los extranjeros en las provincias de Madrid y Barcelona
Fuente: elaboración propia a partir del Padrón Municipal Continuo (Instituto Nacional de Estadística).
Como se puede ver, los niveles de concentración en las dos
provincias son muy similares, aunque visiblemente superiores en el caso
de los asiáticos en Barcelona, provincia en la que esta comunidad es
más numerosa (y en la que los paquistaníes son mayoría). Podemos así
ver que en el conjunto de estos territorios, en torno al 50% de los
asiáticos deberían cambiar de sección postal para no estar
espacialmente concentrados. Los africanos también presentan una
concentración territorial muy notable (aunque por debajo del 50%).
Europeos y americanos están poco concentrados aunque algo más de un
tercio de todos ellos deberían trasladarse para no estar espacialmente
concentrados.
La Figura 1 ofrece información para cuatro años: 2004-2007. La
comparación de este indicador a lo largo del período sugiere que la
concentración residencial podría reducirse a lo largo del tiempo (algo
que no parece suceder para los africanos en ambas provincias), aunque
este proceso sería muy lento y podría tener un tope máximo que no
podemos aún vislumbrar.
Por lo que sabemos de otros países europeos, la sobre-representación
de hogares inmigrantes en determinadas áreas de las grandes ciudades
estimula a su vez un proceso que refuerza la concentración residencial
de los inmigrantes: la huida de los autóctonos. Si esto sucediera,
algunas familias no inmigrantes abandonarían su lugar de residencia
tradicional en busca de espacios sociales en los que la presencia de
inmigrantes sea menor. Esto no sólo incrementa el peso relativo de los
inmigrantes en determinados entornos, si no que, además, la caída de la
demanda por parte de familias autóctonas abarata el precio que se paga
por residir en estas áreas de alta concentración, lo que a su vez deja
más espacio para llegada de nuevas minorías.
La segregación residencial de los inmigrantes no tiene una
traducción inmediata en su concentración escolar. Sin embargo, hay
varias razones por las que ambos fenómenos están íntimamente
relacionados, ya que los sistemas de puntos que muchos centros
escolares utilizan para seleccionar a sus estudiantes premian el hecho
de que la residencia familiar esté cerca del colegio. En términos
generales se podría decir que los procesos que concentran a los
inmigrantes en determinados centros escolares son los mismos que
explican la concentración residencial. Pero es probable que existan
consideraciones especiales en algunas familias inmigrantes que podrían
valorar la protección que recibirían sus hijos contra la discriminación
en un espacio altamente concentrado. Además, entornos étnicamente más
homogéneos contribuirían a la socialización de los niños en ambientes
más cercanos a los de su cultura de origen, algo que –según sabemos a
través de estudios realizados en otros países de nuestro entorno
europeo– parece ser muy valorado por algunos grupos nacionales.
Existen pocos instrumentos para cuantificar la concentración de los
inmigrantes en los centros escolares españoles. A pesar del interés que
este asunto genera en la opinión pública, las comunidades autónomas
ofrecen muy poca información al respecto. Con la excepción de algunos
estudios que han cuantificado los niveles de concentración escolar de
los inmigrantes –sobre todo en Cataluña (Informe del Sindic de Greuges)–, el único instrumento que nos permite tener una idea aproximada al respecto es la muestra española de la encuesta PISA –Programme for International Student Assessment
(Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos)– de la OCDE.
Esta encuesta es una muestra representativa de estudiantes en el final
de la educación secundaria en España a partir de más de 680 colegios
extraídos de todo el territorio nacional. Desafortunadamente, el
reducido tamaño de esta muestra no permite un análisis de lo que sucede
en cada una de las Comunidades Autónomas (ni siquiera en las que tienen
una submuestra propia). Con todo, PISA nos permite tener una gruesa
imagen de cuántos colegios podrían estar afectados por los problemas
relacionados con la concentración de inmigrantes. Fijémonos en la
Figura 2, que se presenta a continuación, con un gráfico para los
centros privados o concertados y otro para los públicos. En ellos se
presenta información sobre el porcentaje de hijos de dos inmigrantes
nacidos fuera de España (ejes horizontales) y el nivel educativo de los
padres (que podemos tomar como una aproximación a su desventaja
socioeconómica familiar).
Figura 2. Colegios públicos y privados/concentrados en
función del porcentaje de inmigrantes y de la educación media de los
padres de su alumnado
Nota: cada unidad es un colegio.
Fuente: elaboración propia a partir de PISA, 2006.
Podemos así confirmar que existen niveles muy altos de concentración
en un pequeño grupo de colegios. Estos gráficos también evidencian las
enormes diferencias que existen entre centros escolares públicos y
privados/concertados tanto en lo que se refiere a la concentración de
inmigrantes como a la composición educativa de las familias que
escolarizan en ellos a sus hijos. En el gráfico de la derecha podemos
identificar claramente un pequeño grupo de colegios en los que la
concentración de inmigrantes es muy alta (por encima del 50%),
precisamente algunos de los que escolarizan a hijos de familias más
desfavorecidas (o lo que es lo mismo, con un perfil educativo de los
padres de los alumnos muy bajo). Con mucha seguridad estos colegios
estarán situados en las grandes ciudades españolas, y en especial en
Madrid y Barcelona. En cambio, el gráfico de la izquierda sugiere que
en los colegios privados el perfil educativo medio de los padres es
generalmente más alto y que, con poquísimas excepciones, no tendrán
mayores problemas por la sobre-representación de inmigrantes. Es decir,
aunque los problemas relacionados con la concentración puedan sólo
afectar a una minoría de la población escolar, ésta es ya muy
fácilmente localizable.
¿Es un problema la concentración? Es obvio que la
pregunta pertinente una vez descritos los niveles de concentración es:
¿qué problemas impone la concentración de inmigrantes en las escuelas?
Resulta sorprendente que en España no existan instrumentos accesibles
que permitan responder con precisión a esta pregunta. Es alarmante que
los responsables de las administraciones públicas competentes en
materia de educación se pronuncien con rotundidad sobre los problemas
relacionados con la concentración de inmigrantes en algunas escuelas
sin que exista consenso entre los expertos en esta materia (no ya sólo
en España, sino también en otros países de nuestro entorno europeo),
como también lo es que no diseñen instrumentos específicos para
desarrollar este área de investigación y poder así dar respuestas
contundentes. Esto es una muestra más de la imprevisión y la escasa
reflexión con la que España ha reaccionado ante la llegada de
inmigrantes, el cambio social más importante de los muchos que se han
sucedido en las últimas décadas por la insólita rapidez con la que el
país ha pasado de un stock apenas apreciable de inmigrantes a contar con un porcentaje de extranjeros residentes muy apreciable.
De nuevo, casi sólo podemos recurrir a la muestra española de PISA
2006 para cuantificar el perjuicio que sobre el rendimiento medio del
alumnado de escuela tiene la presencia de un volumen variable de hijos
de inmigrantes. Como podemos ver en la Figura 3, la concentración de
inmigrantes en las escuelas españolas está claramente relacionada con
un peor rendimiento de los estudiantes en las pruebas PISA (en
matemáticas), algo que se podría aplicar tanto a los peores como a los
mejores colegios que entraron en la muestra PISA-España en el año 2006.
Para describir esta tendencia media de forma gráfica podemos decir que
la brecha en el rendimiento medio de un colegio seleccionado al azar en
el que no haya inmigrantes y otro en el que todos los alumnos sean
hijos de nacidos fuera, se aproxima al 25%.
Figura 3. Simulación del efecto de la concentración de
inmigrantes en las notas obtenidas en los ejercicios de matemáticas en
PISA 2006 para el mejor y el peor colegio de la muestra española
Fuente: elaboración propia a partir de PISA 2006 (estimación realizada con regresiones lineales multinivel).
No obstante, es importante subrayar que los problemas relacionados
con la concentración de inmigrantes en algunas escuelas no se agotan en
la caída media del rendimiento escolar de sus alumnos. La
escolarización primaria y, en menor medida, la secundaria son momentos
clave en los procesos de socialización de los individuos en los que se
configuran muchos de los elementos clave que marcarán sus trayectorias
vitales. Durante este período se comienzan a conformar (al menos en
parte) las redes sociales de los individuos y se empezará a formar la
percepción que del conjunto de su sociedad de residencia tendrán los
ciudadanos del futuro. Los procesos de concentración escolar de algunas
minorías (como también los de segregación residencial), podrían
agudizar divisiones sociales y así crear problemas que tendrían un
difícil tratamiento en el medio y largo plazo. Sin embargo, los
factores por los que las familias autóctonas estigmatizan los centros
escolares en los que más se concentran los inmigrantes parecen estar
más relacionados con el rendimiento escolar que con estos otros
problemas, sin que con ello se pueda decir que sean menos relevantes en
el medio y largo plazo.
Sobre las soluciones ¿Y cómo se puede reaccionar ante
este problema? Los expertos debaten desde hace años sobre las causas
del problema y las estrategias de intervención que resulten más
idóneas. El asunto es complicado ya que existen diversos procesos por
los que la concentración de inmigrantes podría perjudicar el
rendimiento medio, y cada uno de ellos requiere una solución distinta,
a veces incluso incompatibles entre sí.
Cuando las familias autóctonas abandonan aquellos centros escolares
en los que se concentra la población inmigrante presuponen, como lo
hacen muchas administraciones públicas, que el origen del problema está
directamente vinculado con la sobre-representación de inmigrantes en su
alumnado. Ante esta creencia muchos piensan en la dispersión de los
inmigrantes en el mapa escolar como la única solución posible. Quienes
apoyan esta visión estarían incluso dispuestos a asumir los altos
costes (y el escaso éxito) que las políticas de dispersión de
inmigrantes y minorías étnicas han tenido en otros países (como EEUU,
uno de los pioneros en esta materia). Sin embargo, estos argumentos
ignoran que el rendimiento también cae en estos centros por el simple
hecho de que escolarizan de forma casi exclusiva a estudiantes
procedentes de entornos sociales poco favorecidos, independientemente
de si son o no inmigrantes. Es más, la investigación llevada a cabo por
sociólogos y economistas en varios países europeos sugiere que la
principal causa del problema es la concentración de la población más
desfavorecida (inmigrante o autóctona) en algunos centros escolares
generalmente de titularidad pública. En este contexto, la dispersión de
la población inmigrante no contribuiría a remediar la desigualdad de
resultados entre centros, o lo haría sólo marginalmente. Antes bien, la
solución al aparente problema de la concentración de inmigrantes
debería venir de la puesta en práctica de medidas que contribuyan a
reducir la desventaja educativa del conjunto de la población menos
favorecida, es decir, a través de políticas universales que promuevan
la igualdad educativa.
Realizar un resumen de la diversidad de medidas que las
administraciones públicas competentes en materia educativa ponen en
práctica en España para abordar los problemas relacionados con la
concentración de inmigrantes resulta difícil dada la descentralización
del sistema educativo español. Aunque el debate está abierto en todas
las Comunidades Autónomas en las que la inmigración tiene algún peso,
quizá sea Cataluña aquella en la que la reflexión ha estado más
articulada y el debate público ha resultado en propuestas más
atrevidas. Por ejemplo, hace ya algún tiempo que ciertos municipios
catalanes (entre otros, Banyoles, Guissona, Manlleu, Martorell y Olot)
se plantearon estrategias en favor de la dispersión de inmigrantes. En
cambio, a principios de 2008 el gobierno de la Generalitat adoptó una
polémica decisión que persigue la creación de centros escolares
especiales para la primera acogida de inmigrantes recién llegados a
Cataluña. Esta medida es una alternativa a la intervención más
tradicional que combina la llamada “matrícula viva” (mecanismo que
permite escolarizar a niños una vez que el curso ya ha comenzado) y las
aulas de acogida que existen en muchos centros escolares (que facilitan
la primera inserción de los llegados, ofreciendo apoyo en aquellos
aspectos que pueden resultar más conflictivos para los nuevos
estudiantes, sobre todo el conocimiento del idioma utilizado en el
sistema escolar). La idea de crear estos centros escolares especiales
despertó un gran rechazo por parte de sindicatos y muchas asociaciones
de docentes, al institucionalizar un sistema que concentra a los
inmigrantes de forma organizada. El debate que ha tenido lugar desde
entonces parece confundir dos problemas que deberían ser tratados de
forma independiente. En primer lugar, todos los sistemas escolares
deben tomar medidas de primera acogida que garanticen la inserción de
los recién llegados. Este problema tiene un recorrido relativamente
corto, sobre todo si la recepción de los recién llegados es eficaz y
favorece el aprendizaje del idioma de su nueva sociedad de residencia,
lo que le permitirá una relación fluida con el sistema escolar. Sin
embargo, esto no garantiza que se reduzca el impacto negativo que sobre
el rendimiento parece tener la concentración de inmigrantes, algo que
–según sucede en otros países europeos– sigue siendo un problema cuando
se escolariza a las sucesivas generaciones de autóctonos que han nacido
en el seno de familias procedentes de la inmigración (las llamadas
segundas y terceras generaciones).
Ante la persistencia de este fenómeno es imprescindible tomar
medidas que ataquen la raíz del problema. Hasta la fecha parecen
haberse adoptado tres grandes estrategias que funcionan en algunos
casos de forma simultánea. La primera es la creación de áreas de
influencia en torno a las escuelas, es decir, una delimitación por
barrios (u otras unidades geográficas del mapa escolar) que imponen la
escolarización de los estudiantes en colegios concretos. Siempre y
cuando estos sistemas de zonificación combinen áreas urbanas con
distinto perfil de clase, el resultado será la dispersión de alumnos
por origen social. Incluso aunque este sistema pueda parecer deseable,
no garantiza la evitación de algunos centros por parte de las clases
altas y medias de la población autóctona que recurren a aquellos
centros que, a través de distintos medios, logran ignorar la regulación
vigente, lo que incluso podría incrementar las desigualdades
educativas. El segundo de los sistemas es el que asigna puntos a los
solicitantes para la entrada en cada escuela. La distribución de puntos
puede hacerse de forma que se consiga cierta mezcla entre perfiles
sociales y estatus migratorios. Sin embargo, un mercado escolar
altamente segmentado por titularidad de los centros escolares como el
español podría favorecer la estigmatización de algunos centros y la
apreciación de otros (probablemente privados o concertados) a los que,
de nuevo, recurrirían preferentemente las clases medias y altas. La
tercera alternativa parece ser la creación de zonas escolares en las
que las administraciones competentes en materia educativa inviertan
recursos extras con el fin de neutralizar la desventaja que de por sí
tienen los alumnos que se escolarizan en ellos (ya sea por su estatus
migratorio o por su extracción de clase social). Este sistema, que ya
existe en algunas Comunidades Autónomas, ha funcionado durante algún
tiempo en Francia, uno de los países europeos que mejores estadísticas
educativas produce y en el que la desigualdad educativa en la enseñanza
secundaria entre inmigrantes y nativos más se ha reducido. Las “zonas
de educación prioritaria” se han revelado como una de las mejores
opciones para reducir la desigualdad educativa sin necesidad de
dispersar selectivamente a la población en función de sus
características.
Aunque el ejemplo de las políticas seguidas en algunos países de la
UE para tratar con este problema pudiera resultar muy apropiado, España
podría presentar características propias que explicarían lo desenfocado
del debate que está teniendo lugar en la actualidad. El problema de la
concentración requiere un conocimiento profundo de las causas que
producen la concentración y de las razones por las que ésta reduce el
rendimiento. Este debate no puede estar dominado por los problemas que
son propios de los recién llegados al sistema escolar ya que es
previsible que tenga consecuencias perdurables en el largo plazo. En
realidad, las políticas que atajen las diferencias entre centros con
más y menos inmigrantes tendrían que pensarse de forma simultánea con
otras más generales que persigan reducir las diferencias entre aquellos
centros escolares en los que se escolarizan los hijos de las clases
medias y altas frente a los que acogen a los nativos de clases menos
favorecidas. Esto requiere un planteamiento a largo plazo sobre qué
sistema educativo queremos más allá de las consecuencias del shock demográfico que en el sistema escolar ha sufrido por la llegada de intensos flujos migratorios en los últimos años.
Conclusión: Aunque en los últimos tiempos el debate
sobre el efecto de la concentración de inmigrantes en algunas escuelas
se haya simplificado enormemente, existen varias razones/causas por las
que en la práctica se observa una relación negativa entre concentración
y rendimiento escolar. La dispersión de los hijos de inmigrantes en el
mapa escolar sólo sería eficaz si la raíz del problema tuviera que ver
con la condición inmigrante de sus familias y no tanto con sus orígenes
de clase social. Si nos fijamos en lo que ha sucedido en otros países
de nuestro entorno, el peor rendimiento medio de algunas escuelas suele
tener mucho más que ver en el medio y largo plazo con la desventaja de
clase de las familias de sus alumnos que con su lugar de nacimiento.
Ante este panorama, las intervenciones públicas deberían favorecer
medidas eficaces de naturaleza universal en favor de la igualdad
educativa. En cambio, la dispersión de hijos de inmigrantes en el mapa
urbano podría no garantizar la reducción de la desigualdad de
resultados entre centros escolares.
Héctor Cebolla Boado
Profesor de Sociología en la UNED |
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