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Tema: Ansar al Din, bajo la influencia de al-Qaeda
en el Magreb Islámico y ambas en coordinación con el Movimiento para la
Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), ejercen control
social sobre Tombuctú, Gao y Kidal y otras poblaciones en la misma zona
del Sahel, situación que de consolidarse evolucionaría hacia un foco
múltiple de amenaza terrorista para África septentrional y Europa
occidental, incluida España.
Resumen: Nada menos que tres organizaciones armadas
se encuentran implicadas, pese a las diferencias que tienen entre sí y
a su tamaño relativamente reducido, en la formación de un verdadero
condominio yihadista en el norte de Mali. Se trata de al-Qaeda en el
Magreb Islámico (AQMI), Ansar al Din (AD) y el Movimiento por la
Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO). Tanto la
desintegración del régimen de Muamar el Gadafi en Libia como el
reciente golpe de Estado militar en Mali proporcionaron a los
yihadistas la oportunidad que, facilitada asimismo por los errores en la
estrategia del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad, les ha
permitido someter a la población de Tombuctú, Gao, Kidal y otras
localidades de la zona. Aunque semejante condominio yihadista afronta
importantes dificultades socioculturales para su consolidación en un
entorno de gran precariedad económica, las soluciones negociadas son
improbables y una intervención militar no estaría exenta de resultados
impredecibles, incluido el de producir un nuevo efecto de llamada
internacional a la yihad. Pero cuanto más se prolongue la situación
actual, será menos reversible y más graves las implicaciones que para
África septentrional y Europa occidental tendría ese territorio del
Sahel como renovado foco múltiple de amenaza terrorista.
Análisis: Una joven pareja fue públicamente azotada el 18 de junio en Tombuctú, donde él y ella residían juntos. Un cadi
o juez tradicional los había condenado a recibir 100 latigazos por
tener un hijo en común sin estar casados. Menos de dos semanas después
se inició una campaña sistemática de demolición de mausoleos en la
también llamada Ciudad de los 333 Santos, donde desde abril habían sido
destruidos diversos monumentos y símbolos muy apreciados por sus
habitantes, en su gran mayoría musulmanes. No en vano, esas
construcciones y obras formaban parte de un conjunto arquitectónico
considerado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1988.
Ese mismo mes de junio se supo que varios miles de niños han
abandonado, a instancias de sus padres, escuelas sitas en las propia
Tombuctú y en Gao, debido a la aplicación forzosa de un plan de
adoctrinamiento extraño al programa educativo hasta hace poco
existente, que impide a los maestros enseñar filosofía o biología y
separa a los alumnos según el sexo.
En esas dos ciudades situadas junto al río Níger, al igual que en
Kidal, algo más al noroeste, actúa ya una suerte de policía religiosa
que incomoda cuando no detiene a residentes acusados de no respetar la
ley islámica. En la localidad de Bourem se abrieron tres prisiones con
este fin: una para hombres adultos, otra para mujeres asimismo adultas y
una tercera para niños. Los lugares de culto de las comunidades
cristianas en la zona han sido derribados. Entre tanto, los habitantes
del norte de Mali sufren variadas formas de extorsión económica
apelando a dicha religión. El 22 de junio, un portavoz de los que allí
están extendiendo estas prácticas declaró al servicio de noticias y
análisis de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de
Asuntos Humanitarios, respecto a todos esos y otros muchos
acontecimientos similares, que “la sharía tiene que ser
impuesta tanto si quiere la gente como si no. No estamos pidiendo la
opinión de nadie. No somos demócratas. Somos siervos de Alá, que demanda
sharía”. Pero, ¿en nombre de quiénes habla?, ¿quiénes están
introduciendo coactivamente, en aquella zona del Sahel, usos y patrones
de conducta ajenos al modo tradicional en que sus habitantes entienden
el orden social o el hecho religioso?
Un condominio yihadista en Azawad
Se trata de individuos que, como el referido portavoz, pertenecen
sobre todo a Ansar al Din (AD), una organización de la que existe
constancia a primeros de 2012, por lo que cabe pensar que se articuló
como tal en la segunda mitad de 2011. Está compuesta principal pero no
exclusivamente por miembros de etnia tuareg y origen maliense, según
distintas fuentes entre 500 y 1.000 a inicios de aquel año,
radicalizados en la doctrina del salafismo yihadista a la cual se
encuentran adheridos sus promotores -en particular su líder
fundacional, Iyad Ag Ghali, antiguo dirigente de movimientos tuareg
rebeldes sin orientación islamista- a partir de influencias y
conexiones surasiáticas a la vez que magrebíes. Por una parte, de
predicadores paquistaníes adheridos a la corriente Tabligh, presentes en
el norte de Mali desde al menos el final de la década de los 90. Por
otra, de la propaganda diseminada más recientemente por la extensión
norteafricana de al-Qaeda. En Mali los tuareg son aproximadamente medio
millón de personas, lo que equivale a algo menos del 4% de la
población total del país, pero suponen gran parte del total de la
población tuareg en la región.
AD no es pues solo una entidad salafista, sino que ha derivado
abiertamente hacia el yihadismo y se encuentra estrechamente
relacionada con la aludida extensión territorial de al-Qaeda, es decir,
al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), como quedó de manifiesto en
abril, cuando ambas intervinieron en la toma de Tombuctú. Una
declaración de su portavoz, Sanda Ould Bouamama, fechada en esa misma
ciudad el 7 de junio y publicada en el foro Ansar al Mujahideen,
se inicia con una frase que deja poco lugar a dudas: “para Ansar al
Din la yihad es el medio de establecer la religión”. Y añade: “Ansar al
Din busca unificar a todos los hijos de la umma islámica,
árabes y no árabes, negros y blancos, especialmente sobre la tierra de
Azawad”. En un mensaje grabado en vídeo y emitido a inicios de julio a
través de otro conocido foro yihadista y recogido en jihadology.net,
su líder, Iyad Ag Ghali – que, por cierto, en 2007 asumió un puesto
diplomático en el consulado maliense de Yeda, Arabia Saudí, para el que
fue designado por el gobierno de Bamako, aunque ya entonces mantenía
fuertes vínculos con fundamentalistas islámicos–, posa frente a la
bandera del Estado Islámico de Irak, constituido por al-Qaeda en
Mesopotamia, cuyo estandarte se ha convertido desde el pasado año en el
emblema de referencia para todos los yihadistas norteafricanos.
El norte de Mali es además parte de la demarcación geográfica,
bastante más amplia, en que se desenvuelve desde hace años la propia
AQMI. Formada como tal en septiembre de 2006, tras un acuerdo de fusión
al que llegaron los dirigentes de al-Qaeda asentados en las zonas
tribales al noroeste de Pakistán y el directorio del Grupo Salafista
para la Predicación y el Combate (GSPC) que, pese a su origen argelino,
había para entonces transnacionalizado en buena medida sus actividades
operativas y de proselitismo, incluso al norte de Mali desde 2003. Fue
en enero de 2007 cuando adoptó su actual denominación y a partir de
entonces puso de manifiesto una serie de alteraciones significativas en
las modalidades y los procedimientos de sus actuaciones como
organización terrorista, entre las que destaca la introducción de los
atentados suicidas. Además de su base tradicional dentro de Argelia,
cuenta con presencia activa en otros países de la región y con una
productora propia de propaganda, denominada al-Andalus.
Tanto las crecientes dificultades para actuar en el interior de
Argelia –no en vano la frecuencia e intensidad de sus atentados
suicidas se había reducido extraordinariamente entre 2007 y 2010– como
la decisión de extenderse a otros países hizo que los líderes de AQMI
optaran por descentralizar la organización y establecer una zona
operativa hacia el sur, hacia Mali, beneficiándose para ello de la
naturaleza desértica del terreno, de la porosidad de las fronteras
interestatales y de la falta de una respuesta efectiva por parte de las
autoridades malienses. Allí han venido disponiendo de infraestructuras
móviles para el entrenamiento de militantes propios o de yihadistas de
origen magrebí no encuadrados. Así, en el espacio occidental de la
franja saheliana es donde, a lo largo del último quinquenio,
desarrollan sus actividades los integrantes de algunas katibat o
unidades operativas de AQMI, en especial las que están al mando de Abu
Zeid y Mokthar Belmokhtar, a menudo distanciadas entre sí en el pasado
y relacionadas de distinto modo con el máximo dirigente de la
organización, al igual que los integrados en otras células de la misma.
En los últimos meses, Abu Zeid ha sido visto en Tombuctú junto a
Oumar Ould Hamaha, adjunto de Mokhtar Belmokhtar. Este último confirmó
igualmente, mediante un comunicado emitido el 30 de junio, la presencia
de AQMI en Gao. Dos días antes, Abu Zeid se había reunido en Tombuctú
con Iyad Ag Ghali, el líder de AD, quien se habría desplazado al
encuentro desde su localidad, Kidal, donde asimismo se constataba la
implantación de miembros de AQMI. No era el primer encuentro entre
líderes territoriales de AQMI e Iyad Ag Ghali, de los que hay constancia
desde al menos mediados de abril. En cualquier caso, es manifiesta la
influencia inmediata y directa que sobre AD ejerce AQMI. El emir o
máximo dirigente de esta última, Abdelmalek Droukdel, emitió un
comunicado público, cuya grabación en audio fue difundida por Sahara Media
el 21 de mayo, en el cual divulgaba consejos prácticos que AD debía
seguir, una vez adquirido el control sobre importantes áreas del norte
de Mali, para imponer de manera progresiva su interpretación
fundamentalista de la sharía. Es muy revelador que, en ese
mismo comunicado, el líder de AQMI deja claro que a esta organización
corresponde “cualquier actividad relacionada con la yihad
internacional”, es decir que estipula su papel como gestor de las
relaciones entre los yihadistas activos en el norte de Mali y otras
entidades inmersas en la urdimbre del yihadismo global.
Es muy verosímil que esta relación haya supuesto apoyo económico,
dadas las cuantiosas sumas de dinero que AQMI ha acumulado en los
últimos años gracias al rescate de occidentales secuestrados en su
ámbito de influencia y al peaje impuesto a narcotraficantes que lo
atraviesan, lo que le permite contribuir a financiar otras entidades del
yihadismo global. Aunque los yihadistas activos en el norte de Mali
están extorsionando a la población y han introducido tasas como –según
comunicación personal con Juan José Tarrés, responsable de logística de
Acción contra el Hambre en esa zona– por ejemplo, un peaje de 50.000
francos a los vehículos con cargamentos remitidos por organizaciones
humanitarias que quieran adentrarse en aquel territorio. Además, el
líder de AD venía obteniendo importantes comisiones por su intervención
en tratativas para la liberación de rehenes europeos secuestrados por
AQMI. En el norte de Mali, alguna fuente de relevancia, como Sadou
Diallo, un político local independiente que fue elegido alcalde de Gao
en las elecciones de 2009, sostiene que Catar está proporcionando ayuda
económica a los islamistas radicales que imponen coactivamente sus
designios en ese territorio.
Pero, además de AQMI y AD, en el condominio yihadista del norte de
Mali se encuentra el denominado Movimiento para la Unicidad y la Yihad
en África Occidental (MUYAO), una escisión de la propia AQMI que en la
actualidad estaría compuesta por entre 300 y 500 integrantes
aproximadamente, a cuyo concurso se atribuye la toma de Gao por
militantes yihadistas hacia finales de marzo o inicios de abril de 2012 y
el control efectivo de dicha localidad desde finales de junio. El
MUYAO surgió tras una ruptura motivada inicialmente por rivalidades
entre dirigentes locales de la extensión norteafricana de al-Qaeda y el
núcleo central de liderazgo, aunque pudo haber sido facilitada desde
fuera de la organización, así como por la intención de extender su
concepción belicosa de la yihad al oeste del Continente. Ambas
organizaciones continúan compartiendo una misma ideología y mantienen
un acuerdo para coordinar sus actividades, de modo que el MUYAO está
actuando en la práctica como una entidad autónoma pero más bien
subsidiaria de AQMI.
El MUYAO es la organización a que se atribuye precisamente el
secuestro de dos cooperantes españoles ocurrido en Tinduf en octubre de
2011. Su último atentado hasta la fecha, mediante un terrorista
suicida, se produjo en la localidad argelina de Ouargla el pasado 29 de
junio. Existe igualmente la fundada sospecha de que en el norte de
Mali hay individuos relacionados con la organización Boko Haram,
conocida por sus numerosos atentados, algunos de ellos suicidas, contra
blancos cristianos y gubernamentales en Nigeria. Asimismo, hay razones
para pensar que miembros de dicha secta terrorista intentaron preparar y
ejecutar atentados en Bamako a finales de mayo o inicios de junio,
coincidiendo con el curso de los acontecimientos en Tombuctú, Kidal y
Gao. Nada de ello es inverosímil, teniendo en cuenta las ya conocidas
conexiones entre AQMI y Boko Haram.
¿Cómo ha surgido? ¿Se consolidará?
Explicar la formación de un condominio yihadista en el norte de Mali
obliga a tomar en consideración las precondiciones y los precipitantes
que han facilitado la acción colectiva de los yihadistas cuya presencia
organizada en la zona es anterior a la estructura de oportunidades
propiciada por la incidencia combinada de aquellos factores. Más allá
de la orografía de aquel territorio, de los muy bajos niveles de
desarrollo humano que caracterizan a su realidad socioeconómica
–incluso inferiores a los del conjunto del país– y de la débil
autoridad estatal que existía sobre el mismo, el ulterior deterioro y la
disolución de esta última destacan entre las precondiciones que han
favorecido el surgimiento de un condominio yihadista. Ello se ha
debido, en primer lugar, a los efectos de la guerra civil desatada en
Libia en 2011. La desintegración del régimen de Muamar el Gadafi tuvo,
entre otras consecuencias desestabilizadoras para la región, dos
especialmente relevantes para lo ocurrido en el norte de Mali.
Por una parte, el limitado control de las fronteras sur y suroeste
de Libia, indeterminadas y franqueables en la práctica como otras de la
franja saheliana establecidas durante el período de la
descolonización, se agravó, haciendo aún más fácil el tránsito para
traficantes de las armas procedentes del saqueo de los arsenales libios
y para elementos terroristas, en particular relacionados con AQMI, que
han accedido a una porción de esas armas, misiles incluidos. Por otra
parte, algunos miles de oficiales y soldados de la dictadura libia con
origen tuareg, que mantenían hacia Gadafi una lealtad basada en la
conveniencia de los mercenarios, optaron tras su derrocamiento por
incorporarse y renovar, con la experticia profesional y los medios a su
disposición, a la recurrente rebelión tuareg, cuya última expresión
data de 2009. Aprovechando el caos, se trasladaron al norte de Mali a
través de Argelia y Níger, cuyas respectivas fuerzas de seguridad
interceptaron convoyes en los que transportaban importantes cantidades
de material bélico procedente de los expoliados arsenales libios. Al
ubicarse en el norte de Mali, donde la presión militar era mucho menor
que en esos otros dos países, se movilizaron en el marco de un
heterogéneo Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MLNA) de
naturaleza secular, configurado hacia el verano de 2011, promoviendo
así una agenda secesionista e incrementando la inestabilidad en la zona
con la ofensiva que lanzaron en enero de 2012.
En segundo lugar, la situación en dicho territorio se deterioró
todavía más cuando, ante los avances del MLNA y la incapacidad de las
mal dotadas Fuerzas Armadas malienses para contenerlos, un golpe de
Estado militar, el 22 de marzo, puso fin al deficitario régimen
democrático en Mali, apartó del poder al presidente Amadou Toumani
Touré y empeoró el estado de cosas en beneficio de los insurgentes
separatistas. Los dirigentes del MLNA, es probable que sobrevalorando
las capacidades del movimiento, declararon el 6 de abril la
independencia de Azawad, sin reconocimientos internacionales. En la
estrategia que adoptaron está, sin embargo, el precipitante que a la
postre permitió un condominio yihadista en el norte de Mali.
Convencidos de que beneficiaría su propósito secesionista, se aliaron
con AD, desde enero en coordinación con AQMI y el MUYAO, en lugar de
disputar a las tres el control de aquella zona, como parecían apuntar
sus proclamas previas. Dicha alianza, que suscitó mucha inquietud en
los países determinados a combatir el terrorismo global dentro y fuera
de la región, culminó en un acuerdo para establecer un Estado
independiente, con la sharía como fuente de la ley, suscrito en Gao el 26 de mayo.
Debido a la reacción contraria que ese documento suscitó entre
líderes y miembros del MLNA fuera de la zona, así como entre la propia
población que simpatizaba con los rebeldes secesionistas, estos
declararon nulo dicho acuerdo pocos días después. Pero había sido el
abrazo del oso. AD reiteró el 8 de junio su objetivo de implantar la sharía,
de un modo estricto, en el norte de Mali, sobre buena parte de cuyo
territorio la había proclamado en la práctica a inicios de abril. Un
objetivo que ambicionaban también AQMI y MUYAO. En definitiva, fue AQMI
la que impuso su designio y algo más, pues se estima que, entre enero y
abril de 2012, los actos de violencia contra civiles en el norte de
Mali llevados a cabo por esa extensión territorial de al-Qaeda
duplicaron con creces a los de Ansar al Din y el MUYAO juntos, tal y
como revela la contabilidad publicada en el Conflict Trends nº 2 del Armed Conflict Location and Event Dataset,
aparecido en mayo de 2012. Después de romperse el acuerdo de Gao
empezaron a registrarse violentos enfrentamientos entre
independentistas tuareg y yihadistas, que han forzado a los primeros a
retirarse de sus posiciones y afianzado el control que los segundos
ejercen en el norte de Mali.
¿Se consolidará el condominio yihadista surgido en el norte de Mali?
Hay circunstancias que dificultan esa consolidación. En principio, las
bases de apoyo popular con que cuentan los yihadistas en Tombuctú,
Kidal, Gao y otras localidades de la zona son limitadas, aunque
recientemente se hayan observado expresiones de respaldo a los
islamistas radicales en algunos segmentos de la población de esas tres
ciudades, acaso debidas a incentivos económicos ofrecidos
selectivamente a cambio del reclutamiento, a que afloran las
iniciativas de conexión con las poblaciones locales que AQMI empezó a
poner en práctica hace ya años y a que perciben la opción multiétnica
de AD como preferible a la del MLNA. Pero su conducta, al igual que la
de AD y el MUYAO, ha provocado revulsión en sectores más amplios de la
población. Desde el mes de abril se han producido graves encontronazos
entre militantes de AD y manifestantes locales que protestan por la
imposición de pautas religiosas de conducta que no se adecuan al modo
abierto y tolerante en que la población del norte de Mali entiende
tradicionalmente el islam.
Incluso las principales autoridades religiosas locales han hecho pública su oposición a la implantación de la sharía
que pretenden AQMI, AD y el MUYAO, así como al llamamiento a la yihad
en el norte de Mali hecho por Iyad Ag Ghaly. Así se lo hicieron saber a
este último cerca de un centenar de clérigos musulmanes reunidos entre
el 18 y el 20 de junio en Kidal. Tres días después, un portavoz de AD
calificó a estos clérigos de “parásitos” y comentó sobre su
posicionamiento: “no nos preocupa”. Más aún, el líder de AD, Iyad ag
Ghali, afirmó el 16 de junio que “cualquiera que no luche bajo nuestro
estandarte es nuestro enemigo y será combatido. Quien esté por un
Estado secular será nuestro enemigo y combatido por todos los medios”.
Así, los yihadistas han reprimido aquellas expresiones de descontento,
llegando a abrir fuego contra manifestantes en la calle. Mokthar
Belmokhtar, uno de los notorios líderes de AQMI en la zona, emitió el
30 de junio un comunicado, mediante la Agence Nouakchott d’Information
(ANI), en el que justificaba el uso de la fuerza por parte de Ansar al
Din y de sus propios subordinados. Pese a la impopularidad de los
yihadistas, a medida que pasa el tiempo y crece el coste del
disentimiento, la espiral del miedo inherente a cualquier estrategia
terrorista de control social hará más mella entre la población.
De aquí que la debacle del MLNA –cuyos líderes parecen divididos
sobre si renunciar o no a sus aspiraciones secesionistas–, la
impotencia de los habitantes del norte de Mali que no desean vivir bajo
un condominio yihadista –lo que permite en buena medida entender por
qué, de acuerdo con la estimación hecha por Amnistía Internacional en
mayo, cerca de 320.000 personas han abandonado la zona desde inicios de
año, incluyendo las desplazadas dentro del propio país y las
refugiadas en los limítrofes, agravando la crisis humanitaria derivada
de la sequía y la hambruna que afectan a millones de malienses–, a
menos que se movilicen milicias locales de distintas colectividades
étnicas capaces de oponerse a los islamistas radicales, el desdibujado
comportamiento de las autoridades malienses de transición y la escasa
ductilidad a negociar mostrada en otros escenarios de conflicto armado
por actores colectivos relacionados entre sí y semejantes a los que
cooperan en el control de Azawad, dificulten imaginar una solución como
la pretendida por Blaise Caompaoré, el presidente de Burkina Faso. Una
solución que revierta el estado de cosas, ponga fin al control social
que ejercen actualmente los yihadistas y permita a Bamako recuperar la
soberanía territorial sobre el norte de Mali sin algún tipo de
intervención militar.
Aún así, sería una intervención de extraordinaria complejidad y de
resultados altamente impredecibles, cuyo eventual fracaso supondría un
éxito yihadista de repercusión global. Además, no podría esperarse
únicamente de las Fuerzas Armadas malienses, cuyo regimiento de élite
fue desmantelado por los golpistas tras no alinearse con ellos. Debería
implicar tanto a la Comunidad Económica de los Estados de África
Occidental (CEDEAO) como la Unión Africana (UA), además de contar,
preferiblemente, con la aprobación de Naciones Unidas. La presencia de
soldados occidentales sobre el terreno sería desaconsejable aunque la
provisión de inteligencia, en especial mediante vigilancia aérea, podría
resultar decisiva. Cualquier iniciativa adoptada requeriría del
parecer de las autoridades de Argelia, en apariencia renuentes y
relativamente satisfechas hasta ahora con haber debilitado las
capacidades de AQMI para actuar a partir de la Kabylia y con que haya
sido confinada en buena medida fuera de las fronteras de su propio país
–para disgusto de las de Mali–, pero afrontado serios desafíos
internos a su estabilidad política. Al margen de la región, otros
países, especialmente Francia y EEUU, tienen razones para pronunciarse
sobre el tema con argumentos a seguir muy atentamente.
Conclusiones: En modo alguno va a ser fácil que las
autoridades interinas de Bamako recuperen su soberanía sobre el norte
de Mali, pese a que los yihadistas se encuentran en un entorno
sociocultural que en principio no les resultaba permisivo y ante el
desafío, para el que es posible no estén adecuadamente preparados, de
administrar ese vasto espacio público de condiciones económicas tan
sumamente precarias como las que existen en la zona. Un arreglo
negociado parece, tal y como están las cosas, muy poco probable. Una
intervención militar podría, si se lleva a cabo de manera deficiente,
tener repercusiones nacionales, regionales y globales que beneficien a
los actores colectivos implicados en el condominio yihadista de Azawad.
Un efecto de llamada internacional a la yihad, semejante a los
ocurridos en Afganistán, Irak, Somalia o más recientemente Siria,
complicaría mucho el escenario de conflicto. Además, AQMI ya ha
amenazado, mediante el ya aludido mensaje difundido el 30 de junio, a
cualesquiera países colaboren en una intervención militar de esas
características. El día anterior, 29 de junio, había hecho lo mismo su
organización afilada, el MUYAO. Ello eleva el riesgo de que esas
organizaciones perpetren atentados en el territorio de los países que
se adhieran a una eventual coalición o le proporcionen asistencia.
Sin embargo, cuanto más se prolongue en el tiempo la situación
actual menos reversible será. Con la posibilidad de que el norte de
Mali se transforme en foco de una actividad terrorista que se proyecte
como factor de inestabilidad no sólo hacia el sur del mismo país sino
hacia otros de la región y, en previsible conexión con Boko Haram e
incluso con al-Shabab, aunque esta última no atraviese por su mejor
momento en Somalia, más allá de ese entorno inmediato. No debe ser
ignorado que los yihadistas se han hecho con una cantidad muy notable
de lanzagranadas y lanzamisiles portátiles, entre otras armas y
explosivos procedentes del saqueado arsenal libio. La eventual
consolidación de un condominio yihadista en el que confluyan tres o
cuatro entidades con variable pero común trayectoria terrorista contra
blancos occidentales en general y europeos en particular supone un
riesgo ineludible para algunos países de la UE. Incluyendo a España, no
sólo por su proximidad geográfica, sino porque tanto AQMI desde su
constitución, como más recientemente MUYAO e incluso AD, en este último
caso el pasado mes de mayo, han dado muestras de considerar a nuestros
ciudadanos e intereses blanco de su violencia terrorista.
Fernando Reinares
Investigador principal de Terrorismo Internacional, Real Instituto Elcano. |
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