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Tema: En este ARI el
autor afirma que la fortaleza de China como potencia emergente en Asia se ha
sobrevalorado, mientras que el poder y la influencia general de EEUU en la zona
no ha declinado. Resumen: Este análisis se plantea como respuesta a la gran
variedad de valoraciones y opiniones de los medios, especialistas y expertos
que describen un orden asiático emergente encabezado por una China en auge y que
relegan a EEUU –que ha mantenido durante largo tiempo el liderazgo en la zona– a
un papel cada vez más secundario. En él se demuestra que estas valoraciones y
comentarios tienden a sobrevalorar tanto la fuerza de la potencia emergente,
China, como la debilidad de EEUU. Este planteamiento es similar al adoptado en
otras ocasiones de la historia reciente y que condujo a valoraciones muy
erróneas del desafío al liderazgo norteamericano en Asia que representaron la Unión
Soviética a finales de la década de los 70 y el auge de Japón durante la década
de los 80.
Análisis: El énfasis sobre la capacidad de China como potencia
emergente en Asia y la debilidad de EEUU en la región es exagerado. Una
valoración más equilibrada y exhaustiva del auge de China y del liderazgo de
EEUU en la región asiática, considerando también tanto las debilidades de China
como las capacidades de EEUU, muestra que la amenaza que representa el auge de Beijing
para el liderazgo de EEUU en Asia no es tan grave.
Avances y logros de China
Durante
gran parte del período posterior a la guerra fría, el comercio exterior de la
economía china, orientada a la exportación, casi dobló la tasa de su impresionante
crecimiento económico total. El resultado para la región fue que China pasase a
ser el principal socio comercial (o uno de ellos) de sus vecinos asiáticos.
Los
productores energéticos y de materias primas descubrieron en China un mercado dispuesto
a recibir sus productos. Por el contrario, los fabricantes asiáticos de
productos de consumo encontraron frecuentes dificultades para competir, tanto
en los mercados nacionales como en los internacionales, con el bajo coste y la
alta calidad ofrecida por los fabricantes chinos. Intentaron por tanto integrar
sus empresas en el país siguiendo la ola de inversión extranjera que ha convertido
a China en el mayor receptor, o uno de los mayores, de inversión extranjera directa
del mundo.
El
resultado ha sido la creación de redes de relaciones comerciales caracterizadas
por el llamado comercio de transformación o de procesado, que constituye la
mitad del comercio anual total de China. Bajo la dirección de empresas de
capital extranjero, en China se producen productos industriales y de consumo a
partir de componentes importados por empresas extranjeras sitas en otras partes
de Asia. Se dan casos en que el producto en fase de procesamiento cruza la
frontera china, a veces incluso repetidas veces, antes de ser acabado. Además, a
menudo China es el punto final del montaje, y el valor añadido en este país es
relativamente pequeño en relación al valor total del producto. Frecuentemente
el producto final es exportado a economías asiáticas avanzadas o, incluso con
mayor frecuencia, a los mayores mercados de exportación china: la UE y EEUU. En
términos generales, el resultado ha sido el dramático aumento de la importancia
de China como país receptor de inversión asiática, como principal socio
comercial y como motor general del crecimiento económico en la región.
China
ha desarrollado una hábil diplomacia basada en la política de “buena vecindad”
con respecto a los países asiáticos, con la que ha mejorado mucho sus
relaciones con la mayoría de sus vecinos. Los dirigentes chinos de alto nivel se
han mostrado muy activos, organizando frecuentes encuentros bilaterales y
multilaterales con sus homólogos asiáticos. Su diplomacia de “beneficio mutuo” ha
propiciado que China y sus socios asiáticos se concentren en el desarrollo de
áreas que tienen en común, dejando de lado sus diferencias. Con la excepción de
Taiwan, China no ha exigido mucho a los países asiáticos. El enfoque de Beijing
ha sido recibido de buen grado por sus vecinos, muchos de los cuales aún
recordaban las políticas autoritarias y perjudiciales desplegadas por este país
en el pasado, y han tratado de evitar que éstas se repitan.
La
diplomacia china ha puesto de manifiesto su deseo de entablar relaciones
comerciales con países “sin condiciones”, así como de proporcionarles ayuda,
inversiones y apoyo militar. Esta propuesta ha sido bien recibida por Gobiernos
asiáticos en Myanmar, Camboya y algún otro país.
Otro
de los rasgos característicos de la diplomacia china ha sido el énfasis mostrado
hacia la cultura y el idioma chinos, así como hacia los intercambios personales.
Por un lado, ha prestado apoyo a los Institutos Confucio y, por otro, ha
promocionado la enseñanza de la cultura y el idioma nacionales y facilitado los
viajes turísticos de un número cada vez mayor de ciudadanos chinos a los países
cercanos. El esfuerzo por disipar los temores de sus vecinos hacia la “amenaza”
representada por el auge de China ha incluido declaraciones públicas por parte tanto
de las autoridades como de la mayoría de los Estados asiáticos minimizando la
trascendencia del impresionante rearme militar del país.
Limitaciones y debilidades de China
Las
relaciones de China con Japón y Taiwán encabezan las limitaciones y
deficiencias de su creciente influencia en Asia. Los datos negativos obtenidos
en los últimos años han puesto de manifiesto que, a pesar de las muchas relaciones
positivas tanto económicas como de otra índole que unen a China con estos dos países,
la República Popular no ha conseguido un mayor apoyo por su parte. Estos malos
resultados también han tenido un efecto negativo en la influencia general de
China en Asia.
El
fuerte nacionalismo chino, así como sus reclamaciones territoriales, han
complicado los esfuerzos de Beijing por mejorar las relaciones con sus vecinos
asiáticos. La opinión de Corea del Sur con respecto a China ha descendido
marcadamente desde el punto álgido alcanzado en 2004 a causa de disputas
nacionalistas sobre el carácter chino o coreano de un antiguo reino que llegó a
controlar gran parte de Corea y del nordeste de China.
El
nacionalismo chino y las reclamaciones territoriales también han incidido en la
dureza de la posición china con respecto a Japón. Aunque la diplomacia china se
ha esforzado en minimizar las disputas territoriales en el sudeste asiático y
con la India, aún quedan por resolver claras diferencias. Si hacemos un balance,
las continuas disputas han supuesto un lastre a los esfuerzos chinos por
mejorar las relaciones con estos países.
La
impresionante modernización militar china y su sistema político, a veces tan
reservado y autoritario, han levantado las sospechas y la preocupación de algunos
de los vecinos de la República Popular, que pretenden que el país mostrara una
mayor transparencia con respecto a sus intenciones militares. El hecho de que
China declinara participar en la conferencia anual de ministros de Defensa asiáticos,
junto con el de EEUU, celebrada en Singapur y conocida como “Foro de Shangri-la”,
no ha contribuido a tranquilizarlos.
El
historial chino de agresión y de autoritarismo provocador hacia muchos países
asiáticos sigue siendo difícil de olvidar. Por este motivo China gozaba de pocas
relaciones positivas sobre las que construir lazos de amistad con sus vecinos. En
consecuencia –y como reflejo también del dirigismo estatal de gran parte de las
relaciones internacionales chinas–, las relaciones con sus vecinos asiáticos
han dependido en gran medida de la dirección y liderazgo del Gobierno chino.
Los canales de comunicación y la influencia no gubernamentales han sido muy
limitados.
Una
excepción han sido las comunidades chinas de ultramar asentadas en los países del
sudeste asiático, que han prestado una importante ayuda inversora y de asistencia
técnica al desarrollo de China y que suponen una fuerza política favorable al
mantenimiento de buenas relaciones entre sus países de residencia y el gigante
asiático. Sin embargo, al mismo tiempo los grupos étnicos, culturales y
religiosos dominantes en el sudeste asiático tienen una larga historia de
recelo hacia China, e incluso a veces han fomentado acciones violentas y otro
tipo de actos discriminatorias ante la percepción de un aumento del poder y la
influencia política y económica de sus comunidades étnicas chinas.
Las
áreas de mayor potencial chino en Asia –la diplomacia y las relaciones económicas–
también han mostrado limitaciones y signos de debilidad. Las cifras de comercio
chino se han inflado debido a la duplicación contable ocasionada por el comercio
de transformación, que según las estimaciones ha supuesto un 30% del comercio
de China con el sudeste asiático. También parecen haber menoscabado la imagen
de potencia comercial de China en Asia el hecho de que la mitad de su actividad
comercial es realizada por empresas de inversión extranjera establecidas en
China, que a menudo en el comercio de transformación se añade en el país sólo
una cantidad mínima al producto y que el producto final con frecuencia depende
de las ventas a EEUU y la UE.
El
gran volumen de inversión asiática e internacional que ha recibido China no ha
tenido como destino otros países asiáticos, dañando su desarrollo económico. La
inversión que China ha realizado en Asia, aparte de en Hong Kong, ha sido
escasa. Tampoco ha sido mucha la ayuda que ha prestado en la región,
exceptuando Corea del Norte y Myanmar, especialmente si la comparamos con otros
donantes. Las importantes reservas de divisas que posee China han sido
empleadas para sus propios fines por su autoritario Gobierno, que intenta
mantener la estabilidad en un momento de enormes necesidades internas y, por
tanto, no se han destinado grandes ayudas al exterior. La atracción que sienten
hacia China los productores asiáticos de materias primas no es compartida por la
industria manufacturera asiática, que tiende a la deslocalización y las
inversiones en la República Popular, aparentemente con éxito; sin embargo, sus
trabajadores sí que sufren las consecuencias, al no poder trasladarse a China.
Por
definición, la diplomacia de “beneficio mutuo” ha supuesto que China no hace
ciertas cosas que normalmente no haría. El vertiginoso despliegue de reuniones,
acuerdos y declaraciones protagonizado por la activa diplomacia china en Asia
no ha ocultado el hecho de que China continua a ser reacia a asumir costes,
riesgos y compromisos significativos en relación con complejas cuestiones
regionales.
Debilidades y puntos fuertes de EEUU
Las
debilidades de EEUU en Asia han sido ampliamente difundidas. El discurso predominante
en EEUU sobre Asia se centra en la imagen negativa que tiene entre la opinión
pública y las elites de la región y que es compartida por muchos dirigentes
asiáticos. La principal causa de esta imagen negativa es la política exterior del
Gobierno norteamericano y en primer lugar la guerra de Irak, a la que se opusieron
firmemente la opinión pública y las elites de toda la región. Hasta hace poco,
ha sido ampliamente criticada la dura posición norteamericana con respecto a
Corea del Norte. También es motivo de crítica el apoyo norteamericano a Israel
y su actuación frente a la Autoridad Palestina y el proceso de paz en Oriente
Medio, así como el unilateralismo de EEUU en otras cuestiones internacionales.
Se considera que el Gobierno norteamericano se centra exclusivamente en la
guerra contra el terrorismo y que es reacio a unirse a las iniciativas multilaterales
asiáticas.
En
este ambiente de negativismo, a veces resulta difícil percibir las ventajas que
posee EEUU en Asia. Los medios de comunicación y las valoraciones de los
analistas y especialistas en la región han puesto de relieve públicamente
varias de ellas, que se citan a continuación. De mayor importancia para la
valoración expuesta en este trabajo son las entrevistas privadas mantenidas con
175 expertos en asuntos asiáticos pertenecientes a ocho Gobiernos de Asia-Pacífico,
realizadas durante tres viajes a la región en el período 2004-2006.
Estas
entrevistas, complementadas con los discursos y sesiones informativas públicas del
autor en más de 30 ciudades de Asia-Pacífico en el período 2004-2006, han
puesto de manifiesto los dos pilares de la influencia de EEUU en la región: la
seguridad y la economía. EEUU continúa asumiendo los mayores costes,
compromisos y riesgos, hecho considerado por las autoridades asiáticas como
esencial para mantener la estabilidad y el bienestar en la región. Ninguna otra
potencia, ni siquiera una China emergente, sería remotamente capaz de asumir –ni
estaría dispuesta a ello– estas responsabilidades, según la opinión de estas
autoridades. Por tanto, EEUU continúa siendo la potencia principal
indispensable en Asia.
Las
autoridades asiáticas a las que se entrevistó en los viajes de investigación
llevados a cabo entre 2004 y 2006, mostraron prácticamente unanimidad al
enfatizar la importancia del papel protagonista de EEUU como garante de la
seguridad de Asia y como socio económico vital. Entre las pocas excepciones se
contaron un dirigente del Partido Comunista de la India (marxista) y, en cierta
medida, algunos dirigentes chinos, que criticaron el papel que desempeña EEUU en
el mantenimiento de la seguridad en Asia.
En
lo que a asuntos de seguridad se refiere, las autoridades asiáticas opinan que,
como norma general, los Gobiernos de la región no confían los unos en los otros.
Además, estos Gobiernos necesitan estabilidad para satisfacer sus prioridades para
la construcción nacional. El desarrollo económico, junto con una construcción
nacional efectiva, se considera de importancia crítica para la legitimidad de
la mayoría de los Gobiernos asiáticos. En este contexto, EEUU es una presencia dominante
en sus cálculos. A Washington le interesa la estabilidad, y al contrario que sus
vecinos asiáticos, no tiene ningún interés ni en sus territorios ni en
dominarlos. A diferencia de la incapacidad o reticencia de China y otras
potencias por asumir gastos y riesgos importantes, se considera que EEUU sí
asume un riesgo importante y un gasto enorme a través de su presencia militar
en Asia. Se considera que el papel representado por EEUU es esencial para equilibrar
las frecuentemente inestables relaciones de seguridad entre los Gobiernos
asiáticos.
A
su vez, EEUU desempeña un papel económico fundamental para las prioridades de
desarrollo de los Gobiernos asiáticos, la mayoría de los cuales se centran en
el crecimiento orientado a la exportación. Washington continúa permitiendo unos
flujos masivos de importaciones asiáticas que resultan esenciales para el
desarrollo económico de esta región, a pesar de que producen un déficit
comercial total de más de 700.000 millones de dólares anuales en el país. Ante
estos antecedentes, al preguntar a los dirigentes asiáticos si la influencia y
el poder total de EEUU en Asia están en declive, su respuesta unánime fue
negativa.
Las
entrevistas realizadas en Asia ofrecen un marcado contraste con la extendida
percepción del declive del poder e influencia de EEUU en los asuntos
internacionales, evidente desde la sucesión de contratiempos y fracasos derivados
de su ocupación militar de Irak. Sin embargo, otras valoraciones más objetivas
consideran limitadas las consecuencias del fracaso en Irak para los compromisos
de seguridad y el poder de EEUU en Asia.
Mientras
tanto, en EEUU se observan numerosos síntomas de dificultades económicas y recesión
en el país, de manera más patente en los masivos déficit comercial y fiscal. El
argumento en este caso es que estos problemas llevarán a EEUU a adoptar una
política decididamente proteccionista que frenará a su vez, de manera
significativa, las importaciones provenientes de Asia. La elección de un 110º Congreso
controlado por el Partido Demócrata en 2006 fue otra prueba más en apoyo de
esta teoría. Sin embargo, según valoraciones más objetivas las divisiones y
debilidad en el seno del Partido Demócrata harán menos probable la adopción de
medidas significativamente proteccionistas, especialmente durante un período de
prosperidad y crecimiento económico norteamericano. Esto ha sugerido que el
papel de liderazgo de EEUU como socio económico preferente en Asia continuará.
Los
medios de comunicación, así como las opiniones de analistas y especialistas en
el tema, subrayan además otras ventajas en la posición de EEUU con respecto a
la China emergente y otras potencias de Asia. Entre estas se incluyen:
· Al contrario que
China, EEUU nunca ha dependido en tan alto grado de las relaciones e
iniciativas gubernamentales para ejercer su influencia en Asia, sino que ha
desarrollado una extensa red de relaciones no gubernamentales a lo largo de
muchos años que sustentan su influencia en la región. Entre ellas se incluyen
extensas relaciones comerciales, educativas, religiosas y de fundaciones y
también una enorme red de relaciones personales a partir de la decisión
adoptada en 1965 por Washington de terminar con su política de inmigración
discriminatoria con los asiáticos. Esta medida supuso la entrada de millones de
ciudadanos asiáticos a EEUU, que se asentaron allí y entraron en la sociedad
norteamericana pero mantuvieron unos fuertes lazos con sus países de origen.
· En los últimos
años, las fuerzas armadas norteamericanas han sido, con mucho, el componente
gubernamental más activo en Asia. De forma discreta y metódica ha desarrollado
unas relaciones de trabajo cada vez más cercanas a los Gobiernos asiáticos, a
la vez que se esforzaba por fortalecer la estructura de alianzas de EEUU en
Asia. La capacidad de las fuerzas armadas norteamericanas para ponerse a la
cabeza, de forma rápida y efectiva, de los esfuerzos multilaterales para paliar
el sufrimiento de los millones de asiáticos afectados por el desastre del tsunami de diciembre de 2004, tuvo como
base las relaciones y la confianza forjada en los últimos años por los altos
cargos militares de EEUU entre los Gobiernos asiáticos.
· Asia sigue
considerando al Gobierno de EEUU responsable de gestionar y asegurar que los
tres principales puntos candentes de la región no entren en guerra. Estos tres focos
de tensión son: la crisis causada por el programa de armas nucleares de Corea
del Norte, el conflicto entre Taiwan y China y el conflicto entre la India y Pakistán
sobre Cachemira. En general, la labor de EEUU se considera positiva.
· El Gobierno norteamericano
ha desarrollado una posición más activa y positiva con respecto a los grupos
multilaterales en Asia, especialmente la ASEAN, apoyando firmemente el Foro
Regional de la ASEAN (ARF), el primer foro regional para el diálogo en materia
de seguridad. A su vez, la Administración Bush apoyó enérgicamente la
Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). En noviembre de 2005, el presidente
Bush comenzó a utilizar la cumbre anual de dirigentes de la APEC para establecer
encuentros multilaterales de carácter anual con los dirigentes de la ASEAN que
asisten a ella. En este encuentro, los dignatarios lanzaron una asociación
preferente EEUU-ASEAN, que comprendía un amplio abanico de medidas de
cooperación económica, política y de seguridad. En julio de 2006 se firmó un
Plan de Acción a cinco años para poner en marcha esta asociación. En 2002, los
ministros de la ASEAN y su homólogo norteamericano refrendaron la Enterprise for ASEAN Initiative (EAI) en
la importante área de comercio e inversión, que constituyó una hoja de ruta
para pasar de los acuerdos marco de inversión y comercio bilaterales, de
carácter consultivo, a los acuerdos de libre comercio, más vinculantes. Aunque
EEUU ya había firmado acuerdos de inversión y comercio bilaterales con varios
de los Estados miembros de la ASEAN, en agosto de 2006 acordaron de forma
conjunta emprender el camino para concluir un acuerdo marco de inversión y
comercio regional ASEAN-EEUU. A su vez, la Administración Bush anunció en 2006
que nombraría un embajador para la ASEAN.
· Este éxito de la
Administración Bush en mejorar las relaciones de su país con las grandes potencias
de Asia ha fortalecido aún más el liderazgo de EEUU en la región. El hecho de
que EEUU mantenga buenas relaciones tanto con Japón como con China al mismo
tiempo es poco común. Igualmente, es un hecho sin precedentes que se haya
constituido como potencia dominante en la zona meridional de Asia y que
mantenga buenas relaciones tanto con la India como con Pakistán, al igual que
con Beijing y Taipei simultáneamente.
· La política de
EEUU con respecto a China, centrada en mantener una relación positiva a la vez
que en mantener el equilibrio y a “cubrirse” contra las implicaciones negativas
del auge del gigante asiático, ha contribuido a fortalecer el énfasis de Beijing
en el “desarrollo pacífico” y a limitar sus antiguas objeciones y presiones
contra los Gobiernos asiáticos, colaborando con EEUU en cuestiones delicadas.
Las circunstancias imperantes en la relación sino-norteamericana han
contribuido a desarrollar una relación más cercana entre EEUU y los países
asiáticos más sensibles a las preferencias y presiones chinas (por ejemplo,
Vietnam o Mongolia), especialmente en cuestiones tan delicadas como la
cooperación militar y los intercambios de inteligencia e información
relacionada.
La “cobertura” asiática
Parece
haber una contradicción entre las valoraciones de un orden asiático centrado en
una China en auge y el modelo regional imperante en la época posterior a la
guerra fría, caracterizado por el surgimiento de numerosos Gobiernos asiáticos
orgullosamente nacionalistas que buscan un mayor relieve pero que mantienen una
cautelosa reserva contra las tendencias y potencias –incluida una Ghina en
auge– que pudieran frenar su independencia y sus ambiciones nacionalistas. El
orden asiático de la etapa posterior a la guerra fría ha presenciado una
tendencia por parte de la mayoría de Gobiernos asiáticos a enfatizar sus
ambiciones nacionalistas y su independencia, tratando de evitar las antiguas
alineaciones estrechas y vinculantes en favor de diversos acuerdos con distintas
potencias que favorezcan su seguridad y otros intereses estatales en medio de la
incertidumbre del nuevo escenario regional. Por una parte, los Gobiernos
asiáticos –que intentan diversificar sus opciones internacionales e integrar a
las fuerzas regionales en auge de acuerdo con sus intereses nacionales– han
acogido de buen grado el enfoque complaciente y generalmente constructivo
adoptado por China con respecto a sus vecinos. Por otra parte, y como respuesta
a la creciente influencia de China, estos mismos Gobiernos asiáticos están
tomando medidas para cooperar entre ellos, así como con otras potencias no asiáticas,
especialmente con EEUU, con el fin de proteger sus intereses e independencia
ante el papel creciente de Beijing en los asuntos regionales. Ambas tendencias
–la cooperación e integración con China por un lado, y el trabajo conjunto
entre estas regiones, EEUU y otras potencias para protegerse contra las posibles
implicaciones negativas del auge chino por otro– se han visto reforzadas en los
últimos años conforme ha aumentado la prominencia china en los asuntos
regionales. La conclusión que puede derivarse es que muy pocos mandatarios o Estados
asiáticos parecen estar dispuestos a adherirse a un orden liderado por China en
Asia, y que el auge de la República Popular les da razones añadidas para
sostener y desarrollar unas relaciones estrechas con EEUU y otras potencias que
puedan beneficiarles, al protegerles contra la gran influencia china en los
asuntos asiáticos.
Las
autoridades asiáticas consultadas durante las entrevistas privadas realizadas
en el período 2004-2006 se mostraron de acuerdo en que el auge de China
incentiva a la mayoría de Gobiernos asiáticos a maniobrar y cubrirse con otras
potencias, incluido EEUU, para preservar su independencia y libertad de acción.
Estos dirigentes dejaron claro que sus Gobiernos se cubrían a su vez contra
EEUU y otras potencias, aunque recientemente el foco de atención ha sido el
auge chino. Los Gobiernos asiáticos tienden a cooperar cada vez más con Beijing
en áreas de interés común, aunque también trabajan cada vez más en otras
direcciones, y con frecuencia dirigen sus esfuerzos a fortalecer las relaciones
con EEUU para preservar su libertad de acción y otros intereses ante el auge de
China. En un orden asiático caracterizado por la fuerte influencia y el poder continuado
de EEUU en cuestiones económicas y de seguridad, el hecho de que los Gobiernos
asiáticos acudan a dicha cobertura se añade a los factores que descartan el
dominio y liderazgo chino en Asia y refuerzan el papel protagonista de EEUU en
la región.
Conclusión: Las principales deducciones que pueden extraerse de
este análisis son:
· Aunque la
influencia de China está aumentando en Asia, la zona donde siempre ha ejercido
una mayor influencia, aún presenta unas limitaciones y debilidades importantes.
Beijing tiene por delante un largo camino por recorrer para poder competir por
el liderazgo regional.
· El poder y los
intereses de EEUU y de la mayoría de Gobiernos asiáticos actúan en contra del
gigante asiático, con el objetivo de que nunca consiga el dominio en Asia.
· La imagen de EEUU
en Asia se ha deteriorado en los últimos años y su política exterior sigue
siendo ampliamente criticada. Sin embargo, la habilidad y disposición norteamericana
para actuar como garante de la seguridad en la región y como socio económico
vital continúan siendo fuertes y constituyen una razón sólida a favor de la
continuidad de su liderazgo en la región. Además, según los funcionarios asiáticos
entrevistados entre 2004 y 2006, la influencia y el poder de Washington en la
región no ha disminuido.
· La mayoría de Gobiernos
asiáticos maniobran por cubrirse contra el auge de China y consideran una
fuerte presencia de EEUU en Asia de importancia fundamental y tranquilizadora.
Robert G. Sutter Profesor de la School of Foreign
Service, Universidad de Georgetown, Washington DC
Texto de la
conferencia pronunciada por el autor en el acto organizado por Casa Asia y el
Real Instituto Elcano el 18 de julio de 2007 en Madrid
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