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Resumen
El cambio climático es
innegable y España es uno de los países más
vulnerables de la Unión Europea (UE). Las consecuencias del
calentamiento global traerán consigo temperaturas más
elevadas, aumentos del nivel medio del mar y una reducción de
la disponibilidad de agua, entre otras cosas. Las consecuencias para
la economía española variarán en función
del sector analizado. El sector del turismo, el sector de la
construcción y el sector de los seguros tienen mucho que
perder si se siguen retrasando las medidas de mitigación y
adaptación.
Los compromisos internacionales
de España en la lucha contra el cambio climático tras
la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático (CMNUCC), y sobre todo tras la ratificación
del Protocolo de Kyoto (PK), han impulsado un gran número de
respuestas institucionales. Esas respuestas se presentan junto con
las principales oportunidades y los principales desafíos
existentes para el período post-Kyoto.
También se presentan
estimaciones disponibles de los costes derivados del cambio climático
y se analizan los costes derivados de la mitigación y la
adaptación, resaltando el carácter preliminar de los
actuales estudios y la necesidad de ampliar los conocimientos sobre
los costes económicos de nuestras acciones.
Introducción
El cambio climático
puede definirse, en términos generales, como una alteración
de los patrones climáticos. Según la CMNUCC, por cambio
climático “se entiende un cambio de clima atribuido
directa o indirectamente a la actividad humana que altera la
composición de la atmósfera mundial y que se suma a la
variabilidad natural del clima observada durante períodos de
tiempo comparables” (Naciones Unidas, 1992, p. 3). La
complejidad del sistema climático y las limitaciones en
materia de modelización hacen que las predicciones sean, hasta
cierto punto, inciertas. Existe, sin embargo, un amplio consenso
entre la comunidad científica sobre la irrefutabilidad del
calentamiento de la Tierra. El calentamiento global y los daños
que lleva aparejados crean la necesidad de limitar la concentración
de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera para
minimizar la posibilidad de una interferencia peligrosa con la
estabilidad climática mundial. La UE recomienda limitar las
concentraciones de GEI en la atmósfera a 550ppm y los aumentos de temperatura, a 2ºC, dado que aumentos de la
temperatura media mundial superiores a esa cifra tendrían, con
toda probabilidad, efectos irreversibles (Abanades García et
al., 2007). En el
Informe Stern se afirma que ese objetivo de estabilización
supondrá permitir que las emisiones de GEI alcancen su nivel
máximo en el próximo decenio, o los dos próximos
decenios, y a partir de entonces asegurar una reducción de las
mismas de entre un 1% y un 3% anual.
El cambio climático
tiene consecuencias tanto positivas como negativas.
Los países desarrollados del Norte podrían beneficiarse
de un aumento en la producción agrícola (como resultado
del cultivo de variedades de plantas que hasta ahora no habían
podido cultivarse en regiones más frías), de una menor
demanda de calefacción y de una reducción del número
de muertes derivadas del frío, entre otras cosas. Esos países
estarían expuestos, sin embargo, a aumentos de temperatura y
de los niveles del mar que podrían alterar los ecosistemas,
tener consecuencias para la salud y afectar negativamente las
actividades económicas. Los daños ocasionados por el
cambio climático no serán iguales en todos los países.
Los países en desarrollo y algunos países desarrollados
del sur de Europa, como España, sufrirán las
consecuencias de episodios climáticos extremos más
frecuentes, reducciones de las precipitaciones, aumentos de las
enfermedades y muertes relacionadas con el calor y un desplazamiento
o ralentización de determinadas actividades económicas.
Está previsto que la Europa oriental y la Europa mediterránea
sufran inundaciones y sequías más frecuentes y severas
(Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), 2007). En general, cuanto
mayor sea el aumento de las temperaturas, más graves serán
las consecuencias del calentamiento global.
El problema al que nos
enfrentamos es de carácter mundial y exige acuerdos
internacionales amplios y profundos que tengan en cuenta las
responsabilidades y las consecuencias de cada país. Los países
tendrán, por tanto, que hacer esfuerzos individuales de
reducción de las emisiones de GEI conforme al principio de
responsabilidades compartidas pero diferenciadas. Además,
todos los países se adaptarán al calentamiento global
en mayor o menor medida en función de su vulnerabilidad y su
capacidad de adaptación. El presente documento se centra en
las causas y las consecuencias del cambio climático en España.
Se analizarán las acciones ya emprendidas, y previstas en un
futuro, para mitigar y adaptarse al cambio climático, una de
las mayores amenazas del siglo XXI. El análisis concluye con
una presentación de las directrices más recientes para
las negociaciones post-Kyoto.
Causas del cambio climático
y principales consecuencias para España
De forma resumida, el proceso
de cambio climático antropogénico tiene su origen en la
actividad humana en forma de procesos de producción, consumo y
distribución, así como en el crecimiento demográfico.
La actividad humana tiene como consecuencia emisión de gases
de efecto invernadero que atrapan el calor, provocando el
calentamiento de la Tierra. En España, las principales
actividades que contribuyen a la generación y acumulación
en la atmósfera de GEI están relacionadas
fundamentalmente con la producción y el uso de energía,
la agricultura, la ganadería y la actividad industrial. En el
Gráfico 1 se muestran, de forma desglosada, las contribuciones
de los principales sectores a las emisiones de GEI.
Gráfico
1. Emisiones españolas de GEI en 2006, por sector

Fuente: Datos tomados de Nieto y Santamarta (2007).
Los sectores que contribuyen a
las emisiones derivadas de la energía son principalmente: la
electricidad (24,04%), el transporte por carretera (21,66%), el
consumo energético industrial (16,33%), los usos residenciales
(6%), el refinado de petróleo (3%) y los servicios (2,8%)
(ibid.).
Las consecuencias del cambio
climático en España están siendo analizadas por
un número de instituciones cada vez mayor. Hasta la fecha, el
estudio más exhaustivo es el de Moreno et
al. (2005), y el
análisis que figura a continuación se basa en su
valoración, así como en el Cuarto Informe de Evaluación
(CIE) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio
Climático (IPCC), Martín Vide (2007), AEMA (2007),
Abanades García et al. (2007) y otros.
El impacto general del cambio climático a lo largo del siglo
XXI consistirá en un aumento de las temperaturas y del nivel
medio del mar. Los aumentos de las temperaturas serán más
graves durante el verano y en las zonas del interior. Las tendencias
de las precipitaciones son más difíciles de predecir,
pero tanto las tendencias pasadas como los pronósticos
muestran una reducción de las precipitaciones previstas y una
menor disponibilidad de agua, que se analizarán más
adelante. Cada vez serán más comunes las anomalías
en las temperaturas y aumentará el número de días
con temperaturas máximas. Estas tendencias se verán más
exacerbadas cuanto mayor sea la concentración de GEI en la
atmósfera. En España se verán afectadas
distintas actividades y distintos ecosistemas. Las principales
consecuencias podrían resumirse de la siguiente manera:
Ecosistemas terrestres
Según el CIE del IPCC, la adaptabilidad de muchos ecosistemas se verá
sobrepasada en el siglo XXI. Los ecosistemas experimentarán
alteraciones en el comportamiento periódico y estacional de
plantas y animales (por ejemplo, las aves alterarán sus
hábitos migratorios). En Cataluña se han registrado
foliaciones de árboles 20 días antes del período
de brote registrado hace 50 años (Moreno et
al, 2005).
No se sabe con certeza hasta qué punto conseguirán
adaptarse las especies afectadas. Se producirán cambios en la
interacción de las especies y cabe esperar aumentos de plagas
y especies invasivas que producirán pérdidas de
biodiversidad (dado que las especies invasivas pueden apropiarse del
nicho de las autóctonas,
, desplazándolas,
desplazándolas). Estos efectos serán más
pronunciados en islas y zonas aisladas previamente vulnerables. Dado
que preservar los ecosistemas puede ir en detrimento del desarrollo
de otras actividades económicas (por ejemplo, preservar los
bosques puede ir en detrimento de determinadas decisiones sobre
planificación del uso de la tierra), se recomienda aplicar
planes holísticos de gestión que tengan en cuenta los
distintos intereses contrapuestos. Se recomienda efectuar un
seguimiento a largo plazo de los sistemas terrestres desde una
perspectiva multidisciplinaria y determinar los niveles de tolerancia
con respecto al cambio climático.
Ecosistemas acuáticos
El cambio
climático afectará a los sistemas acuáticos
tanto marinos como de interior. Los lagos, los ríos, las
marismas y las lagunas figurarán entre los más
gravemente afectados. En las zonas costeras, está previsto un
aumento del nivel del mar de entre 10cm y 68cm de aquí a
finales de siglo; un aumento medio del nivel del mar de 50cm se
perfila como una previsión razonable (ibid.).
Entre las principales áreas afectadas por inundaciones
figuran, entre otras, la costa cantábrica, los deltas de los
ríos Ebro y Llobregat y la costa de Doñana. Los
edificios y las infraestructuras de esas zonas sufrirán las
consecuencias del aumento previsto en el nivel del mar.
Está
previsto que disminuya la productividad de determinadas variedades
comerciales, especialmente de las especies boreales. También
está previsto que especies como la medusa se hagan más
frecuentes, especialmente en Cataluña, el Mar Menor y las
Islas Canarias. Se sospecha que tanto las mayores temperaturas del
agua del mar como el aumento de los nutrientes orgánicos en el
agua son los causantes de ese proceso. Por el momento es imposible
saber con certeza cuáles serán los efectos de una mayor
concentración de medusas en nuestras playas, pero se piensa
que este fenómeno reduciría el turismo en las zonas
afectadas. Por el lado positivo, aumentarán especies
subtropicales como el marlin, lo que contrarrestará en parte
el descenso de otras especies.
Disponibilidad
de agua
Durante
este siglo se prevén descensos de los recursos hídricos
y una mayor variabilidad en la disponibilidad de agua. Las
simulaciones llevadas a cabo por Moreno et
al.
(2005) nos muestran que, con un aumento de la temperatura de 1ºC,
se producirá un descenso de las precipitaciones del 5%, lo que
supondría una reducción de la disponibilidad de agua de
entre un 5% y un 14% de aquí a 2030. Esta reducción de
los recursos hídricos podría aumentar hasta un 20% para
finales de siglo. Las Islas Canarias y las Islas Baleares serán
las regiones más afectadas, junto con las cuencas fluviales
del Guadiana, el Guadalquivir, el Júcar y el Segura. Según
el IPCC (2007) y Martín Vide (2007), siguen existiendo
importantes incertidumbres en las previsiones de precipitaciones
regionales. En cualquier caso, los datos disponibles para España
desde 1875 hasta
finales del siglo pasado apuntan a un sur más seco, a ningún
cambio significativo en la parte central de la península y a
un ligero aumento de las precipitaciones en el noroeste (véase
el Mapa 1).
Mapa 1. Cambios
en los patrones de precipitación en España (último
tercio siglo XIX a finales del siglo XX)

Fuente: Martín Vide (2007), p. 23.
Los datos
del Instituto Nacional de Meteorología (INM) muestran un
descenso estadísticamente significativo de las precipitaciones
invernales en España (el principal componente de nuestras
precipitaciones, según Ayala-Carcedo, 2004) durante la segunda
mitad del siglo XX (véase el Gráfico 2).
Gráfico
2. Precipitaciones invernales anuales en España durante la
segunda mitad del siglo XX

Fuente:
Ayala-Carcedo (2004).
La tendencia prevista durante
el siglo XXI supondrá una reducción de las
precipitaciones anuales, especialmente a finales de siglo y durante
la primavera. La zona más afectada será el sudeste de
la Península Ibérica. Esta tendencia aparecerá
invertida, sin embargo, en el noroeste de la península, donde
está previsto que aumenten las precipitaciones. Las menores
precipitaciones y la sequía ya han ocasionado daños a
la economía española: en 1999 se produjeron pérdidas
superiores a los 3.000 millones de euros (AEMA, 2007).
Biodiversidad
Aunque
existen muchas definiciones, según el Convenio sobre la
Diversidad Biológica (CBD, 1992, artículo 2), por
diversidad biológica “se entiende la variabilidad de
organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas,
los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos
y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende
la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los
ecosistemas”. España cuenta con una gran parte de la
diversidad de plantas de la UE y también se considera el país
más rico en términos de diversidad animal. Además,
también tenemos una proporción considerable de especies
endémicas. Las pérdidas de biodiversidad de España
son, por tanto, relevantes especialmente por el carácter
irreversible del fenómeno. Las consecuencias de una menor
disponibilidad de agua y las variaciones en los patrones de lluvia
llevarán a un norte más mediterráneo y a un sur
más árido en España. Los bosques del sur, la
vegetación montañosa y la vegetación costera
figuran entre las especies más vulnerables. Además de
esas consecuencias, también están previstas variaciones
en los patrones migratorios y de reproducción. Esto afectará
de distintas formas a las distintas especies. El cambio climático
supondrá la disminución en el número de sujetos
de las especies más vulnerables además del
desplazamiento de otras especies hacia el norte.
Recursos
edáficos, forestales y agrícolas
Entre las
consecuencias previstas del cambio climático en este ámbito
cabe citar un aumento de la desertificación (que ya afecta al
31,5% de nuestro territorio, según Abanades García et
al., 2007), la erosión y la salinización, variaciones de las
especies forestales y un mayor riesgo de incendios. Está
previsto que disminuya entre un 6% y un 7% la presencia de carbono
orgánico en nuestros suelos (esencial para la fertilidad de
los mismos) por cada grado que aumente la temperatura, especialmente
en regiones más húmedas como el norte de España
y en los bosques. También está previsto que aumente la
mortalidad de los árboles a medida que aumenten las
temperaturas (AEMA, 2007).
El sector
agrícola presenta un panorama mixto, con una mayor producción
agrícola, por una mayor fotosíntesis, en el norte de
España y una menor producción agrícola en el
sur. Para escenarios de mayores emisiones se prevén, sin
embargo, reducciones considerables de la producción agrícola
en la mayor parte del territorio español. Según AEMA
(2007), se prevén descensos de la producción agrícola
de entre un 15% y un 30% en la mayor parte del país (véase
el Mapa 2).
Mapa
2. Simulación de las variaciones en la producción
agrícola para 2080 (mapa de la derecha) en comparación
con las de 1961-1990 (mapa de la izquierda), según el
escenario A2 del IPCC

Fuente:
Proyecto PESETA en AEMA (2007), p. 48.
El sector energético
Se dice que un aumento de la
temperatura de 3ºC provocaría una variación del
10% en el consumo de energía (Lloyd’s, 1999, en Moreno et al.,
2005). Está previsto que el cambio climático genere una
mayor demanda de electricidad, gas y petróleo en España.
Los aumentos de la temperatura y la reducción de la
disponibilidad de agua reducirán la producción de
energía hidráulica y biomasa. Por otro lado, la energía
solar, que según se dice es la que mayor potencial tiene, se
verá impulsada por mayores horas de sol. La energía
eólica, que es la que más ha crecido en los últimos
años, también podría beneficiarse de la
previsión de mayores vientos. La determinación de la UE
de avanzar hacia un mayor uso de energías renovables y el
amplio potencial de España en materia de capacidad eólica
hacen atractivo este sector estratégico. En el Cuadro 1 se
compara la energía eólica instalada en toda la UE.
Cuadro
1. Energía eólica instalada en la UE en 2007

Fuente: Asociación Europea de Energía Eólica (EWEA), en
Rodríguez Ruiz y Martínez Palacio (2008), p. 53.
Las energías renovables,
como la energía eólica en tierra firme, son más
limpias (en comparación con el petróleo o el gas, por
ejemplo) en términos de emisiones de GEI. Sin embargo, ninguna
fuente de energía está exenta de problemas. Por
ejemplo, la energía eólica en tierra firme ha recibido
oposición por su impacto en determinadas especies de aves como
el buitre grifón. Según expertos del Consejo Superior
de Investigaciones Científicas (CSIC), el impacto global que
tiene en las aves la energía eólica en tierra firme, es
de baja a media intensidad en comparación con el número
de muertes ocasionadas por las colisiones en carretera. Sin embargo,
esto no parece demasiado sorprendente dado el menor número de
generadores eólicos existente, en comparación con el
número de carreteras y su longitud en kilómetros. El
diseño de modelos para predecir qué áreas son
las empleadas por las especies más vulnerables y la búsqueda
de un consenso científico y de protocolos de acción que
ayuden a decidir qué áreas deberían evitarse al
planificar las instalaciones de energía eólica
resultarán de vital importancia para minimizar la oposición
a este tipo de energía renovable.
El sector turístico
Dada la relevancia económica
estratégica del sector turístico para la economía
española (supuso el 10,8% del PIB español en 2006),
es importante ser conscientes de las principales consecuencias del
cambio climático en esta área. El calentamiento global
acarreará cambios en las actividades turísticas, sobre
todo para el “turismo de sol y playa” y el “turismo
de nieve”. El cambio climático conllevará mayores
niveles de senderismo y menores niveles de esquí,
especialmente en las estaciones situadas por debajo de los 2.000
metros. También conllevará aumentos relativos del
turismo de interior con respecto al turismo costero.
En Madrid, por ejemplo, los
datos disponibles de una de las estaciones meteorológicas de
Navacerrada muestran una reducción considerable del número
de días en que nevó entre la década de los
setenta y finales del siglo pasado. Esto afectará a la
cantidad y la calidad de la nieve, y está previsto, por tanto,
que provoque un descenso de las actividades de nieve.
Gráfico
3. Número anual de días de nieve registrados en
Navacerrada (Madrid)

Fuente:
Ayala-Carcedo (2004)
La temporada de mayor turismo
podría verse alterada y podrían registrarse mayores
niveles de turismo en temporada media (primavera y otoño) y
baja. La posibilidad de sequías y problemas de abastecimiento
de agua, especialmente en la costa mediterránea, las Islas
Baleares y las Islas Canarias, junto con las inundaciones en las
zonas costeras, podrían dificultar el crecimiento de este
sector. Por desgracia, los mapas de zonas de riesgo y sensibilidad
ambiental todavía no son una realidad. Aun así, el
panorama general es mixto (como en otras áreas de análisis),
puesto que los daños experimentados por las zonas más
vulnerables podrían verse parcialmente contrarrestados por el
desarrollo de otros destinos turísticos. Las áreas
naturales protegidas, el norte de España y distintas
actividades como los deportes en tierra firme o los deportes
fluviales podrían cobrar un atractivo cada vez mayor para los
turistas.
En cualquier
caso, en escenarios de elevadas emisiones, en comparación con
otros
destinos turísticos europeos está previsto que se
reduzca el atractivo perfil turístico de España en
favor de destinos septentrionales. El proyecto PESETA calcula que escenarios de elevado nivel de emisiones implicarían
un empeoramiento de las condiciones del turismo durante el último
tercio del siglo actual, que pasarían de excelentes (en rojo
en el Mapa 3 que se muestra a continuación), muy buenas (en
amarillo) y buenas (en verde) a fundamentalmente aceptables (en
azul).
Mapa
3. Simulación de las condiciones del turismo estival en Europa
para 1961-1990 (izquierda) y 2071-2100 (derecha) en un escenario de
elevadas emisiones (escenario A2 del IPCC). Mapa elaborado por EC
JRC/IES

Fuente: http://peseta.jrc.es/docs/Tourism.html.
El sector de los seguros
Según las compañías
aseguradoras y los informes del IPCC, han aumentado tanto la
frecuencia como el alcance de las pérdidas derivadas de
acontecimientos relacionados con el clima. Los datos disponibles para
España en este ámbito son limitados, según
Moreno et al.
(2005), y, por eso, tanto la información presentada como las
conclusiones extraídas deberán tratarse con cautela.
Los fenómenos meteorológicos extremos como las
inundaciones, las tormentas, el granizo o los fuertes vientos y los
daños causados por el mar han sido los acontecimientos más
frecuentes en España, según los datos analizados. De
esos acontecimientos, el 80% fueron inundaciones y el 40% de los
daños se registraron en Valencia y Vizcaya, con una
distribución uniforme de los mismos entre esas dos zonas. Se
recomienda realizar esfuerzos de mitigación y adaptar las
decisiones de planificación urbana para evitar áreas
especialmente sensibles, a fin de limitar los futuros aumentos de las
primas de seguros y las indemnizaciones. A pesar de otros factores
que influyen en el sector de los seguros, está previsto que el
cambio climático aumente las pérdidas potenciales. La
AEMA ofrece estimaciones de las pérdidas relacionadas con el
clima en 2004 y de las pérdidas previstas para la UE, EEUU y
Japón (véase el Cuadro 2).
Cuadro
2. Pérdidas relacionadas con el clima previstas para el sector
de los seguros
Proyectos |
Organización |
Conclusiones/Relevancia
en materia de políticas |
A Changing Climate for Insurance (2004)
Financial Risks of Climate Change (2005) |
Association
of British Insurers (ABI), por Climate Risk Management, en
colaboración con Metroeconomica |
Se
evaluaron los principales mercados
de seguros de propiedad y los principales riesgos meteorológicos
que afectaban a esos mercados: huracanes en EEUU, tifones en Japón
y temporales de viento en Europa. Se descubrió que 2004 fue
el año más costoso de los últimos 100 en
términos de daños ocasionados por tifones.
Para 2080 se calculó lo siguiente:
- un aumento del 65% en los costes mundiales derivados de grandes
temporales
- un aumento del 75% en el coste de los daños por huracanes en
EEUU
- un aumento del 65% en el costo de los daños asegurados en una
fuerte temporada de huracanes en Japón
- un aumento del 5% en las pérdidas aseguradas relacionadas con
el viento por tormentas extremas en Europa
|
Estudio
sigma “Catástrofes de la naturaleza y grandes
siniestros antropogénicos”
Opportunities
and Risks of Climate Change |
Swiss
Re Group |
En 2004:
- se registraron USD 123.000 millones de pérdidas económicas
en total debido a catástrofes naturales y desastres ocasionados por el hombre
- se registraron USD 120.000 millones de pérdidas económicas
debido a riesgos naturales
- se registraron USD 49.000 millones en pérdidas aseguradas
|
Annual
Review: Natural Catastrophes
2004 |
Munich
Re Group |
En
2004:
- se registraron las mayores pérdidas económicas
derivadas de catástrofes naturales de la historia de las aseguradoras
hasta ese momento
- se registraron USD 145.000 millones de pérdidas económicas
como consecuencia de riesgos naturales
- se registraron USD 95.000 millones de pérdidas económicas
como consecuencia de temporales de viento
- se registraron USD 44.000 millones de pérdidas aseguradas
|
Climate
Change and Insurance: An Agenda for Action in the United States |
Allianz
Group y WWF |
Se
predice
que el cambio climático podría alterar e
intensificar de forma significativa los patrones meteorológicos
destructivos (EEUU), con un aumento de los daños derivados
de las inundaciones, los incendios forestales y las tormentas.
Estos cambios podrían hacer los seguros inasequibles para
los clientes de las zonas de alto riesgo |
Fuente:
AEME (2007), p. 43.
La salud
Según Moreno et al., (2005, p. 707),
“los cambios climáticos en concreto parecen influir
sobre la distribución temporal y espacial, así como
sobre la dinámica estacional e interanual de patógenos,
vectores, hospedadores y reservorios”. La contaminación
atmosférica, las olas de calor y las rachas de mucho frío
guardan relación con mayores tasas de enfermedades
respiratorias, episodios cardíacos y muertes relacionadas con
el clima. Las mujeres embarazadas, los niños pequeños,
las personas pobres y los ancianos son considerados los grupos más
vulnerables. Según el CIE del IPCC, con unos aumentos de
temperatura de 3ºC o superiores aumentaría la carga
prevista para los servicios sanitarios. Episodios de olas de calor
como la sufrida en Europa en agosto de 2003, que ocasionó
miles de muertes, se harán más frecuentes e intensos.
Además de esto, algunos vectores de enfermedades como los que
transmiten el dengue, la malaria y la encefalitis del Nilo
Occidental, así como las garrapatas, podrían aumentar,
si bien también contribuirán a su propagación
otros factores como la mayor cantidad de viajes a zonas donde esas
enfermedades son más comunes. De nuevo, repetir que el
carácter preliminar del análisis de los efectos del
cambio climático en España exige precaución a la
hora de interpretar los datos que acabamos de presentar. La necesidad
de más investigación y más datos primarios son
un elemento central de una buena formulación de políticas
en esta materia para minimizar las consecuencias más
perjudiciales del cambio climático.
Según AEMA (2007), la
elaboración de datos sobre los
costes del cambio climático sigue aún en sus fases iniciales y lo más probable es
que las cifras que se presentan a continuación sean el extremo
inferior del rango de estimaciones de daños del calentamiento
global, dado que muchos daños no cuantificables se excluyen de
los análisis. Esto se debe a que realizar una estimación
precisa de los efectos del cambio climático es una tarea
compleja. A esto se une la dificultad de valorar esas consecuencias
en términos monetarios, especialmente cuando los valores de no
uso, que sólo pueden estimarse mediante métodos de
preferencia declarada, son elevados. Los modelos climáticos
simplificados generan resultados parciales e inciertos. Hay daños
que no quedan adecuadamente reflejados en los modelos, existe
incertidumbre sobre la magnitud de los daños y pueden existir
pérdidas imposibles de predecir hoy por hoy. Esta gran
cantidad de limitaciones e incertidumbres, unida a la variedad de
supuestos de los distintos investigadores, podría explicar la
disparidad apreciable en los datos publicados sobre los costes del
cambio climático.
Tol (2005) analizó la
bibliografía disponible sobre estimaciones del coste de los
daños marginales derivados de las emisiones de CO2 y llegó a
la conclusión de que es poco probable que éstos superen
los USD 50 por tonelada de carbono (tC).
Esta cifra contrasta con la de Stern, que calcula el daño
marginal de una tonelada de carbono en USD 312. El IPCC (2007)
presenta unas cifras de coste social del carbono de entre USD 3 y USD 95 por tonelada de CO2;
las estimaciones revisadas por pares que se analizaron arrojan una
media de USD 12. Las diferencias en parámetros y supuestos
llevan a estimaciones de lo más variadas y aún estamos
lejos de alcanzar un consenso científico sobre los costes de
las emisiones de GEI. Las diferencias regionales en términos
de exposición al cambio climático y capacidad de
adaptación llevarán a una distribución desigual
de los daños, por lo que resulta de vital importancia elaborar
estimaciones que arrojen luz sobre las consecuencias del cambio
climático en cada región.
A nivel mundial, está
previsto que, de no actuar, si las temperaturas aumentan más
de 2º-3ºC casi todos los países experimentarán
pérdidas. Para aumentos superiores a los 4ºC, las
pérdidas mundiales en términos de PIB se calculan en
entre un 1% y un 5%, según el IPCC. Según Stern, el
coste de no actuar a nivel mundial sería considerablemente
superior y provocaría un descenso indefinido del consumo
mundial de entre un 5% y un 20%, dependiendo de los supuestos que se
hagan. Según la Oficina Española de Cambio Climático
(OECC), en la actualidad no se dispone de estimaciones generales de
los costes derivados del cambio climático para España.
Acciones y costes de esas acciones para España
En este subapartado se presentarán las acciones más notables emprendidas
por España para limitar las emisiones de GEI, las principales
iniciativas de adaptación y los costes previstos de esas
acciones en los casos en que se disponga de datos al respecto. Los
potenciales efectos del cambio climático y los costes que
estos implican son un incentivo para actuar. España acordó
participar en los esfuerzos internacionales para frenar el
calentamiento global. Ese compromiso se manifestó en su
adhesión a la CMNUCC, el primer hito multilateral en la lucha
contra el calentamiento global, y su ratificación del PK. El
PK fue aprobado en la Tercera Conferencia de las Partes en 1997 y
entró en vigor el 16 de febrero de 2005, tras ratificarlo
Rusia en noviembre de 2004. A nivel mundial, el objetivo del PK es
conseguir una reducción del 5,2% en las emisiones de GEI
durante el primer período de compromiso (2008-2012). Como
parte de la “burbuja comunitaria” que acordó
reducir sus emisiones de GEI en un 8% con respecto a sus emisiones de
1990, a España se le permitió aumentar sus emisiones en
un 15% durante el primer período de compromiso del PK.
La evolución de las emisiones de GEI en España de 1990 a 2006 muestra un
considerable aumento, muy superior al objetivo que se fijó en
el PK. El aumento de las emisiones de GEI se ha visto acompañado
de un aumento del crecimiento económico. La tendencia de las
emisiones españolas de GEI empezó a cambiar en 2006,
cuando se registraron una reducción del 4,1% en las emisiones
y un descenso del 1,3% en el consumo de energía primaria, a
pesar de un aumento del 3,9% en el crecimiento económico (MMA
(2007) y Nieto y Santamarta (2007)). El Gráfico 2 ilustra las
emisiones históricas de España en forma de aumentos
porcentuales con respecto a 1990, así como el objetivo que
debería alcanzar el país en base a los compromisos que
adquirió en el PK. Salvo por las reducciones registradas en
1993, 1996 y 2006, las emisiones de GEI han aumentando a un ritmo
vertiginoso, situándose un 48,1% por encima de los niveles de
1990. El crecimiento demográfico y económico, una mayor
demanda energética y las variaciones del estilo de vida han
contribuido a esta tendencia.
Gráfico 4. Crecimiento porcentual anual de las emisiones de GEI en España
(año base: 1990) y objetivo fijado por el PK

Fuente: Abanades García (2007), p. 23.
La respuesta de España
al cambio climático ha sido articulada por múltiples
instituciones. El antiguo Ministerio de Medio Ambiente (MMA) era la
institución encargada de elaborar y ejecutar políticas
en materia de cambio climático a nivel estatal. En marzo se
reestructuró. Actualmente incluye también el medio
rural y marino entre sus competencias a nivel de la Administración
Central. A pesar de ese cambio, sigue siendo el responsable de las
políticas de cambio climático a nivel nacional. Más
concretamente, la OECC es quien se encarga de elaborar políticas
de cambio climático y prestar apoyo técnico y
administrativo al Consejo Nacional del Clima (CNC), creado en 1992
para proporcionar información sobre los posibles efectos del
cambio climático en España, promover las
investigaciones en este ámbito, prestar al Gobierno
asesoramiento en materia de políticas sobre el clima y
elaborar el Plan Nacional del Clima. Otra institución es la
Comisión de Coordinación de Políticas de Cambio
Climático (CCPCC), cuya principal tarea consiste en coordinar
las iniciativas en materia de clima entre el gobierno central y las
Comunidades Autónomas,
cuya , cuya (regiones). Por último está el Grupo Interministerial
de Cambio Climático (GICC), diseñado como órgano
de coordinación de la Administración Central del
Estado, que tiene encomendadas fundamentalmente funciones
preparatorias de los trabajos de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos.
Según la OECC (OECC,
com. pers., 2008), actualmente no se dispone de estimaciones
definitivas sobre el coste de mitigación del calentamiento
global o de adaptación a él en España. No está
previsto disponer de cifras definitivas del coste de adaptarnos al
cambio climático hasta que las medidas de adaptación ya
estén en fase bien avanzada de ejecución. A nivel
mundial, el IPCC reconoce que “se dispone de mucha menos
información acerca de los costes y de la efectividad de las
medidas de adaptación que acerca de las medidas de mitigación”
(IPCC (2007), p. 56). A continuación se explorarán las
principales iniciativas de mitigación del cambio climático
y adaptación a él y se ofrecerán estimaciones de
costes cuando se disponga de ellas en base a datos oficiales
publicados por las instituciones a cargo de las políticas de
cambio climático o por investigadores académicos, según
proceda. Esas estimaciones dependerán de los supuestos que se
hayan hecho (con respecto, por ejemplo, al crecimiento económico,
el crecimiento de las emisiones, la evolución del sector
energético, la tasa de descuento empleada, los instrumentos de
política empleados, etc.) y, por tanto, deberán
interpretarse con cautela.
La mitigación resultará
más costosa cuanto más elevados sean los escenarios de
emisiones a partir de los cuales decidamos reducirlas y más
rigurosos sean los objetivos que nos fijemos. El
CIE del IPCC calcula que el coste de reducir una tonelada de
CO2-equivalente oscila entre valores ligeramente negativos y un máximo de USD
100. En el Cuadro 3 que se incluye a continuación se ofrece un
amplio resumen de los costes de actuar en base a distintos objetivos
de estabilización.
Cuadro
3. Estimaciones del IPCC (2007) sobre los costes de estabilización
de las concentraciones de GEI
Concentraciones
(ppm CO2-eq) |
Aumento
de la temperatura |
Reducción
PIB mundial (%) |
2030 |
2050 |
590
- 710 |
3,2
– 4,9 |
-0,6
– 1,2 |
-1
– 2 |
535
– 590 |
2
– 3,2 |
0.2
– 2,5 |
0
– 4 |
445
- 535 |
2-
2,8 |
<3 |
<3
- <5,5 |
Fuente: Abanades García et al. (2007), p. 5.
Las estimaciones de los
costes derivados de las medidas de mitigación en España (véase Labandeira y Rodríguez, 2004) apuntan a la
efectividad de actuar pronto y de forma continuada para frenar las
emisiones de GEI, en vez de actuar de forma tardía y brusca.
En la simulación que hacen para el caso de España, para
el que emplean un modelo de equilibrio general aplicado estático,
estos autores llegan a la conclusión de que reducciones
anuales de las emisiones de GEI inferiores al 6% supondrían
reducciones del PIB inferiores al 0,5%. Aunque esta cifra es de
magnitud considerable, sobre todo ante el actual panorama económico,
se considera tolerable en comparación con la resultante de
reducciones más drásticas (por ejemplo, una reducción
del 16% en las emisiones anuales de GEI conllevaría
reducciones del PIB superiores al 1,6%).
A nivel mundial, el coste de
cumplir los objetivos del PK durante el primer período de compromiso (2008-2012) con un
comercio de derechos de emisión entre los países del
Anexo B se situará por debajo del rango previsto en el anterior informe del IPCC (Tercer Informe de Evaluación, TIE), que
preveía reducciones del PIB de entre un 0,1% y un 1,1%. Otras
estimaciones refrendadas por el MMA en el pasado preveían que
el coste para España
de cumplir los objetivos de Kyoto se situaría en entre EUR 500 millones y EUR 1.000 millones
anuales. El coste de cumplir el objetivo que adquirimos en virtud del
PK es considerable, pero inferior al 0,1% del PIB español
previsto para 2010 (Philp, 2004), aunque también se han
realizado estimaciones más elevadas, de hasta EUR 3.800
millones anuales (Carvajal et al., 2004).
La mitigación puede lograrse tanto por medios internos como mediante los mecanismos de
flexibilidad del PK. Como describen Abanades García et al. (2007), junto
con el Plan Nacional de Asignación de los derechos de emisión
para 2008-2012, en el que se asignan los derechos de emisión a
los sectores a los que se permite participar en el régimen
para el comercio de derechos de emisión (es decir, los
contemplados en la Directiva 2003/87/CE), en España existen
actualmente otras medidas para procurar garantizar que el país
cumpla el objetivo que adquirió en virtud del PK. Entre esas
medidas y objetivos de reducción de las emisiones figuran los
siguientes:
-
Utilización de los
mecanismos de flexibilidad por parte del Gobierno y el sector
privado. Está previsto que el Gobierno adquiera derechos de
emisión en los mercados internacionales de carbono para
cubrir 31,8 Mt de CO2-eq/año.
El sector privado recibe una cantidad limitada de derechos de
emisión, equivalente a 26,1 Mt de CO2-eq/año.
-
Utilización de
sumideros de carbono como herramienta adicional para alcanzar los
objetivos de reducción de GEI. Se espera que puedan fijar 5,8
Mt de CO2-eq/año.
-
Uso de medidas adicionales que
limiten las emisiones de GEI de los sectores difusos, lo que
equivaldría a reducciones de 37,6 Mt de CO2-eq/año.
-
Plan de Medidas Urgentes que
recoge más de ochenta actuaciones destinadas a reducir las
emisiones de España. Está previsto que esas
actuaciones reduzcan las emisiones de GEI en hasta 12,2 Mt de
CO2-eq/año.
-
Se espera que las Comunidades
Autónomas sigan cooperando en la aplicación de medidas
regionales y locales para la consecución del objetivo que nos
hemos fijado en virtud del PK. La reducción que se prevé
conseguir con esas medidas es de 15,03 Mt de CO2-eq/año.
Más concretamente, en la Estrategia Española
de Cambio Climático y Energía Limpia (EECCEL), que forma parte de la Estrategia Española de
Desarrollo Sostenible (EEDS) recientemente aprobada, se describen las
acciones que se están llevando a cabo actualmente, y que se
tienen previstas en el futuro, y se ofrecen indicadores que ayudarán
a efectuar un seguimiento de los progresos futuros. La estrategia
divide esas acciones en respuesta al cambio climático y
acciones dirigidas específicamente a promover energías
más limpias y mejorar la eficiencia energética. Entre
los principales objetivos de la estrategia figuran una mayor
reducción de las emisiones de GEI para ayudar a España
a alcanzar los objetivos que se fijó en el PK, aumentar los
sumideros de carbono y fomentar la I+D. Dentro de las acciones en
materia de cambio climático que se están desarrollando,
la EECCEL describe las principales iniciativas
en materia de consumo energético,
que se resumen en el Cuadro 4.
Cuadro
4. Ejemplos de iniciativas en materia de eficiencia energética:
objetivos, reducciones de emisiones e inversión pública
Medida |
Objetivo |
Reducción
del CO2 prevista |
Inversión (en
millones de EUR)
|
Plan
de Acción de
Ahorro y Eficiencia Energética (E4) (2005-2007) |
Reducir
el consumo energético mejorando la eficiencia en los
procesos |
32,5
Mt de CO2 |
729 |
Código
Técnico de Edificación |
Regular
el consumo energético en los edificios nuevos y
rehabilitados. Multiplicar por 10 el número de paneles
solares instalados en edificios para 2010 |
30%-40%
en consumo energético;
40%-55%
en emisiones de CO2 |
N/D |
Plan
de Energías Renovables 2005-2010 |
Energías
renovables = 12,10% en 2010
Electricidad
a partir de fuentes de energía renovables = 30,3%
Consumo
de biocarburantes = 5,83% |
76,9
Mt de CO2 |
8.492 |
Fuente:
MMA (2007).
En la EECCEL también se
analiza el régimen para el comercio de derechos de emisión.
Según MMA (2007), uno de los pilares básicos de dicho
régimen es el Plan Nacional de Asignación (PNA). El
segundo PNA de España, correspondiente al período
2008-2012, fue aprobado por el Real Decreto 1370/2006, de 24 de
noviembre, y en él se asignaron los derechos de emisión
para el primer período de compromiso, limitándose a
+37% nuestras emisiones de GEI con respecto al año base. El
resto de las reducciones de las emisiones de GEI, dado que España
sólo puede aumentar sus emisiones en un 15% con respecto a los
niveles de 1990 para cumplir el compromiso que adquirió en el
PK, se obtendrán mediante sumideros de carbono (2%) y el
comercio de derechos de emisión (20%).
En España, el PNA
(2008-2012) para el primer período de compromiso mantiene el reparto de la
carga de reducción de las emisiones entre los sectores a los cuales se permite participar en el régimen para el
comercio de derechos de emisión y los demás sectores.
Los derechos de emisión anuales asignados a los sectores a los
que se permite participar en el régimen para el comercio de
derechos de emisión equivalen a 152.673 millones de toneladas,
que se asignan de forma gratuita.
Esto supone una reducción de 16% con respecto al PNA anterior
(2005-2007). El principal objetivo del PNA actual es ayudar a lograr
el objetivo de Kyoto, mantener los niveles de competitividad y empleo
en España y garantizar una estabilidad económica y
presupuestaria.
De los mecanismos de
flexibilidad restantes, el Mecanismo de Desarrollo Limpio se
considera prioritario para España, y muy en particular en
Latinoamérica, donde España está promoviendo
proyectos para impulsar el desarrollo de fuentes de energía
renovables. Aunque el objetivo primordial es reducir las emisiones de
GEI dentro de nuestras fronteras nacionales, el Mecanismo de
Desarrollo Limpio se considera una forma eficaz de facilitar la
transición hacia un futuro de baja emisión de carbono y
de impulsar el crecimiento de los países en desarrollo donde
se llevan a cabo esos proyectos. El Cuadro 5 que se incluye a
continuación muestra los principales programas del Mecanismo
de Desarrollo Limpio en los que está participando España.
Cuadro
5. Proyectos del Mecanismo de Desarrollo Limpio y Fondos de Carbono
Institución |
Programa |
Cantidad
(Mt CO2)
reducida |
Inversión (en
millones de EUR)
|
Banco
Mundial |
Fondo
Español de Carbono
Fondo
del Biocarbono
Fondo
del Carbono para el Desarrollo Comunitario |
40 |
205 |
Corporación
Andina de Fomento |
Iniciativa
Iberoamericana de Carbono |
9 |
47 |
Banco
Europeo de Inversiones y Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo |
Fondo
Multilateral de Créditos de Carbono |
4,7 |
35 |
Banco
Asiático de Desarrollo |
Fondo
de Carbono Asia Pacífico |
6 |
30 |
Fuente:
MMA (2007) y http://www.meh.es
Otra área estratégica
para España en materia de cambio climático es su
participación en proyectos de cooperación
internacional. Uno de los hitos más importantes en esta esfera
fue el desarrollo de la Red Iberoamericana de Oficinas de Cambio
Climático y del Programa Iberoamericano de Evaluación
de Impactos, Vulnerabilidad y Adaptación al Cambio Climático.
Los principales objetivos de esas iniciativas han sido ayudar a
comprender los posibles riesgos que plantea el cambio climático
para los países latinoamericanos y elaborar estrategias para
combatirlos. Entre otras iniciativas, como los acuerdos bilaterales
sobre cambio climático, se incluyeron el programa Araucaria
XXI para promover el desarrollo sostenible en Latinoamérica,
proyectos de reforestación en Latinoamérica y programas
españoles de cooperación en la cuenca mediterránea,
entre otros.
Por lo que respecta a la ayuda
multilateral, España ha contribuido también a proyectos
destinados a ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al
cambio climático, fomentar las iniciativas de transferencia de
tecnología, contribuir a la integración de los países
en desarrollo en los mercados internacionales de carbono y participar
en proyectos en el marco del Mecanismo de Desarrollo Limpio. Entre
las medidas adoptadas por España en esta esfera figura una
aportación de más de 9 millones de euros a varios
proyectos, entre ellos la iniciativa Carbon Finance Assist, la
iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA) (dirigido fundamentalmente a los países africanos y
latinoamericanos), el Fondo para los Países Menos
Desarrollados y y el Fondo Especial
para el Cambio Climático. Según el antiguo Ministerio
de Medio Ambiente, el coste total estimado de utilizar los mecanismos
de flexibilidad oscilaría entre los 445 millones de euros y
los 613 millones de euros al año.
La puesta en marcha de medidas
eficaces de limitación de las emisiones de GEI supondría
además una serie de beneficios añadidos, también
difíciles de cuantificar. Esos beneficios bien podrían
contrarrestar parcialmente algunos de los costes de mitigación
de las emisiones de GEI (IPCC, 2007). Entre esos beneficios se
incluyen mejoras de la calidad del aire, que hará que
disminuyan las enfermedades respiratorias, una reducción de la
dependencia energética de España, aumentos en la
competitividad de aquellas empresas que innoven en el sector de las
energías renovables y la creación de nuevos nichos de
empleo. Se espera que tanto el sector agrícola como el sector
terciario puedan aprovechar las oportunidades económicas
ofrecidas por una economía con menores emisiones de carbono.
El cambio climático,
como hemos visto, ya está en marcha. Por mucho que reduzcamos
las emisiones de GEI en el futuro, sufriremos las consecuencias de
las emisiones pasadas, es decir, de la inacción pasada. La
vulnerabilidad al cambio climático depende del nivel de
exposición, sensibilidad y adaptabilidad (IPCC, 2007). La adaptación es una estrategia de minimización de los daños que se
ha venido empleando a lo largo de toda la historia de la humanidad, y
previsiones más realistas incluyen este comportamiento en sus
análisis. La adaptación se ha situado al frente de las
negociaciones en materia de cambio climático y seguirá
siendo una de las principales prioridades de los programas de
políticas sobre clima a medida que las consecuencias y los
daños del cambio climático vayan haciéndose cada
vez más visibles.
Las personas con menos recursos
económicos serán las más afectadas por el
calentamiento global, que afectará a quienes ya se encuentran
en situación difícil como consecuencia de inundaciones,
escasez de alimentos o enfermedades, entre otras cosas. Ayudar a las
personas vulnerables a adaptarse es una cuestión de equidad
intrageneracional e intergeneracional que está sobre la mesa.
Por muy necesarias e inevitables que resulten las estrategias de
adaptación, no serán capaces de hacer frente a las
consecuencias de unas emisiones ilimitadas de GEI. Por ese motivo, la
mejor estrategia para hacer frente al calentamiento global es un
enfoque que combine de forma equilibrada y eficaz medidas de
adaptación y mitigación. Resultan por tanto de vital
importancia las consideraciones relativas a la equidad en las
estrategias de adaptación. Las responsabilidades asimétricas
observadas en las emisiones pasadas son un buen argumento para abogar
en favor de que los países desarrollados transfieran fondos a
los países en desarrollo.
Stern (2008) sugiere que
podrían recaudarse fondos que aseguren esa ayuda subastando
los derechos de emisión en vez de asignarlos de forma gratuita
entre los distintos contaminadores a quienes se permite participar en
el régimen para el comercio de derechos de emisión.
Aunque en teoría esta opción puede resultar atractiva
(mejorando la imagen de la industria que paga por la contaminación
que causa), para ponerla en práctica habría que superar
las presiones y la resistencia de las partes interesadas. Aunque las
estimaciones de los costes de adaptación siguen siendo muy
inciertas, la CMNUCC calcula que, en los países en desarrollo,
esos costes se situarán en entre 28.000 millones de dólares
y 67.000 millones de dólares anuales para 2030. Según
las estimaciones del PNUD, la cifra sería más elevada
(aproximadamente 86.000 millones de dólares anuales para 2015, ibid.).
A nivel mundial, las principales recomendaciones en términos
de adaptación según el IPCC se resumen en el Cuadro 6
que figura más adelante, junto con el marco normativo en que
deberá integrarse la adaptación y las principales
oportunidades y obstáculos que plantea su aplicación.
España se encuentra
entre los países más vulnerables de la UE y, por este
motivo, a continuación se expondrán brevemente las
áreas y los temas principales de la estrategia española
de adaptación.
La respuesta de adaptación
prevista por España ha sido la elaboración del Plan
Nacional de Adaptación. Entre los principales objetivos de
nuestra estrategia de adaptación figuran: proporcionar
información y orientación, diseñar mecanismos
para hacer frente al cambio que ya está teniendo lugar,
recabar información sobre sus efectos en las distintas
regiones y los distintos sectores, determinar las necesidades más
urgentes en materia de I+D, incluir a todas las partes interesadas en
los marcos de información y toma de decisiones y evaluar las
medidas aplicadas.
Las principales áreas en
las que debe centrar sus esfuerzos el plan de adaptación son
la biodiversidad, el sector agrícola, la disponibilidad de
agua, las zonas costeras y los ecosistemas marinos, el sector
pesquero, el transporte, la sanidad, el turismo, la energía,
el sector de los seguros y el sector de la construcción. Estos
sectores son los mismos que se han analizado anteriormente, al hablar
del impacto del cambio climático en España, y, también
en este caso, la principal fuente para la elaboración de
nuestras estrategias de adaptación es Moreno et
al. (2005). En
Abanades García et
al. (2007) se
presenta un resumen conciso y profundo de las principales estrategias
que debe seguir España. En muchas áreas falta
información precisa sobre los activos en peligro. Es necesario
impulsar con contundencia iniciativas de I+D. Los estudios de
valoración siguen estando en una fase inicial y hay una
necesidad cada vez mayor de información si se quieren asignar
de forma óptima los escasos fondos disponibles.
Cuadro
6. Ejemplos de estrategias de adaptación por sectores
escogidos por el IPCC
Sector |
Opción/estrategia de adaptación |
Marco
de políticas básico |
Limitaciones y oportunidades más importantes con respecto a la
aplicación (fuente normal = limitaciones; cursiva = oportunidades) |
Agua |
Extensión
de la recogida de agua de lluvia; técnicas
de almacenamiento y conservación de agua; reutilización del agua; desalación; eficiencia en
el uso del agua y de la irrigación.
|
Políticas
hídricas nacionales y gestión integrada de los
recursos hídricos; gestión de fenómenos
peligrosos relacionados con el
agua.
|
Recursos financieros y humanos, y obstáculos físicos; gestión
integrada de recursos hídricos; sinergias con otros sectores. |
Agricultura |
Ajuste
de las fechas de plantación y de las variedades
de cultivo; reubicación de cultivos; mejora
de la gestión de la tierra (por ejemplo, control
de la erosión, o protección de los suelos mediante
plantación de árboles).
|
Políticas
de I+D; reforma institucional; tenencia y reforma de la tierra;
formación; creación de capacidad; aseguramiento de
cultivos; incentivos financieros (por ejemplo, subvenciones o
créditos fiscales). |
Limitaciones
tecnológicas y financieras; acceso a nuevas variedades;
mercados; prolongación
de la estación de cultivo
en latitudes superiores; ingresos por productos“nuevos”. |
Infraestructura para asentamientos (incluidas las zonas costeras) |
Reubicación;
muros de contención costera y defensas
frente a las mareas de tempestad; refuerzo
de dunas; adquisición de tierra y creación
de marismas/humedales para amortiguar el aumento de nivel del mar
y las inundaciones; protección de las barreras naturales
existentes.
|
Normas
y reglamentaciones que integren en el diseño
consideraciones relativas al cambio climático; políticas
de uso de la tierra; ordenanzas de edificación; seguros. |
Obstáculos
financieros y tecnológicos; disponibilidad de espacio para
la reubicación;
políticas y gestión integradas; sinergias con metas
de desarrollo sostenible. |
Salud
humana |
Planes
de acción calor-salud; servicios médicos de
emergencia; mejora de la vigilancia y el control de
las enfermedades sensibles al clima; agua salubre
y mejora de los saneamientos.
|
Políticas
de salud pública que tengan presentes los riesgos
climáticos; refuerzo de los servicios de salud;
cooperación regional e internacional. |
Límites
de la tolerancia humana (grupos vulnerables); limitaciones de los
conocimientos; capacidad financiera; mejora
de los servicios de salud; mejora de la calidad de vida. |
Turismo |
Diversificación
de las atracciones turísticas y las fuentes de
ingresos turísticos; desplazamiento de las pendientes
de esquí a parajes de mayor altitud y a glaciares;
fabricación de nieve artificial.
|
Planificación
integrada (por ejemplo, de la capacidad máxima, o mediante
vinculación con otros sectores); incentivos financieros
(por ejemplo, subvenciones y créditos fiscales).
|
Atractivo/comercialización
de nuevas atracciones; desafíos financieros y logísticos;
impacto potencialmente negativo sobre otros sectores (por
ejemplo, la fabricación de nieve artificial puede
intensificar la utilización de energía); ingresos
procedentes de “nuevas” atracciones; participación
de un grupo más amplio de partes interesadas. |
Transporte |
Nuevos
trazados/reubicación; normas de diseño y planificación
de carreteras, ferrocarriles y otras infraestructuras
para hacer frente al calentamiento y
al drenaje de suelos.
|
Integración
del cambio climático en las
políticas nacionales de transporte; inversión
en I+D en situaciones especiales (por
ejemplo, en regiones de permafrost).
|
Obstáculos
financieros y tecnológicos; disponibilidad de rutas menos
vulnerables; mejora
de las tecnologías e integración con
sectores clave (por ejemplo, energía). |
Energía |
Refuerzo
de la estructura de transmisión y
distribución aérea; cableado subterráneo
para servicios
públicos básicos; eficiencia energética; utilización
de fuentes renovables; menor dependencia
de fuentes de energía únicas.
|
Políticas
energéticas nacionales, reglamentaciones e incentivos
fiscales y financieros
para alentar la utilización de fuentes
alternativas; incorporación del cambio
climático en las normas de diseño.
|
Acceso
a alternativas viables; obstáculos financieros y tecnológicos;
aceptación de nuevas tecnologías; estimulación
de nuevas tecnologías; utilización de recursos
locales.
|
Fuente: IPCC (2007), p. 57.
Se dice que los ecosistemas y la biodiversidad en peligro disponen de escasa capacidad de adaptación y, por
tanto, se recomienda tratar de reducir la presión ejercida por
actividades como la construcción, el desarrollo de
infraestructuras, la ganadería, la contaminación del
agua, la sobrepesca, etc. Para aumentar la adaptabilidad de los
ecosistemas también se recomienda designar nuevas áreas
protegidas y asegurarse de que existen recursos suficientes para
gestionarlas.
En el caso de España, se
considera de vital importancia analizar las opciones de adaptación
en materia de recursos
hídricos. La
principal recomendación para adaptar nuestros recursos
hídricos es garantizar que existan sistemas adecuados de
gestión que tengan en cuenta el cambio climático en sus
fases de planificación y ejecución. La eficiencia en el
uso del agua y un claro establecimiento de prioridades en cuanto a
ese uso se consideran objetivos rentables a largo plazo. Para las
zonas costeras como la zona del Mar Cantábrico y las Islas
Canarias, la principal recomendación es aumentar el peso de
los diques en entre un 15% y un 20% para asegurar su estabilidad.
Otras medidas también implicarían considerar la
posibilidad de evacuar las zonas que quedarían inundadas y
construir defensas costeras como parte de estrategias de adaptación
más amplias.
En lo referente a la agricultura,
la principal estrategia de adaptación consiste en adecuar la
siembra, el cultivo y la recolección a los nuevos patrones
climáticos. La ganadería también se considera
una amenaza para las tierras de pasto y reducir su presión
para garantizar tierras de pastoreo de mayor calidad es la principal
medida de adaptación recomendada para minimizar los daños.
También cabe esperar una reducción en el volumen de pesca.
Se espera que las empresas pesqueras de la plataforma continental
tengan esto en cuenta en el futuro y diversifiquen sus actividades o
se trasladen a otras zonas. Los bosques también corren peligro
de sufrir incendios con mayor frecuencia; a este respecto, la
recomendación de adaptación es evitar monocultivos de
riesgo y asegurar un mantenimiento adecuado.
Por lo que respecta a la
salud, las
estrategias de adaptación deberían incluir programas de
prevención y mensajes de alerta temprana para la población
española, especialmente para aquéllos considerados más
vulnerables a las enfermedades relacionadas con el clima. Por último
se exploran otras estrategias de adaptación para el sector de
la energía, el sector del turismo y el sector de los seguros.
Se alienta al sector
de la energía a seguir aumentando su eficiencia, a reducir la demanda y a promover
las energías renovables, siempre que el Gobierno fomente un
marco normativo estable y eficaz. El
sector del turismo español experimentará, de forma inevitable, un mayor
deterioro de su infraestructura en determinadas zonas, variaciones en
los turistas estacionales y un descenso de las actividades y los
destinos turísticos tradicionales. Para contrarrestar esto, la
ingeniería civil podría aliviar los daños
sufridos por las infraestructuras. Podrían fomentarse
servicios complementarios como los balnearios o los parques de
atracciones como alternativa artificial y menos vulnerable, si bien
el impacto medioambiental de esas opciones artificiales podría
dificultar su aplicación generalizada. Está previsto
que el sector de los
seguros se adapte a
unas condiciones meteorológicas más adversas mediante
un aumento de las estrategias de prevención, aumentos en las
primas de riesgo y posibles reducciones de las coberturas de daños.
Las principales críticas
a nuestro plan de adaptación y a la estrategia española
de cambio climático proceden de varias ONG y partes
interesadas, que consideran la respuesta española un intento
algo vago y superficial de combatir el cambio climático. Según
etsos grupos, la respuesta de España requiere más
información, más medidas concretas y parámetros
de referencia en base a los cuales medir los logros. Entre las
medidas concretas sugeridas por esos grupos se incluyen: un marco
normativo estable y a largo plazo que asegure que las energías
renovables se incentivan de forma continuada, un mayor fomento del
transporte público, una mayor utilización de medidas
fiscales para “hacer más ecológicos” los
procesos de producción y consumo, una mayor utilización
de estándares de producción y garantizar que las
políticas climáticas están presentes en todos
los departamentos gubernamentales. Todavía nos queda un largo
camino por recorrer y las negociaciones en un futuro para la era
post-Kyoto no serán fáciles.
Post-Kioto, el nuevo acuerdo
mundial
Lord Nicholas Stern ha
publicado un documento de orientación en materia de políticas
en que desentraña los principales desafíos de la era
post-Kyoto y formula recomendaciones para la Conferencia de las
Partes de Copenhague (Stern, 2008). Los esfuerzos por tratar de
conseguir un clima estable serán en el futuro superiores a los
exigidos por el PK. Esta tarea será, ardua pero posible
siempre que se empiece a actuar de manera inmediata. El mensaje de
que serán necesarios mayores esfuerzos, primero de los países
desarrollados pero también, poco después, de los países
en desarrollo, es similar al ya expresado por el IPCC en 2007 y en el
Informe Stern de 2006. Es fundamental estar preparados para afrontar
los compromisos futuros si queremos asegurar un sistema climático
tolerable. A continuación se presentarán las
principales ideas discutidas por Stern (2008) y las recomendaciones
para España en la era post-Kyoto.
La existencia de un marco
normativo sólido y estable basado en el marco institucional
existente se considera fundamental para la adopción de medidas
efectivas en el ámbito del cambio climático. Si
queremos asegurar un clima tolerable, es fundamental lograr los
objetivos medioambientales de una forma económicamente
rentable que tenga en cuenta cómo afectan a los distintos
grupos de personas las distintas acciones y políticas. Stern
calcula que para ello serán necesarias mayores reducciones de
las emisiones a fin de limitar las concentraciones de GEI a un
“umbral crítico” de 500ppm.
A nivel mundial las emisiones
de GEI deberían reducirse de aquí a 2050 en un 50% con
respecto a los niveles de 1990. Se espera que los países
desarrollados reduzcan sus emisiones de GEI en un 80% de aquí
a 2050, demostrando que es posible desvincular crecimiento y
emisiones minimizando el impacto sobre la economía (ibid).
Esto debería verse acompañado de transferencias
tecnológicas y de aportaciones a fondos de adaptación
en los países en desarrollo. Estas acciones servirían
para proporcionar incentivos suficientes a los países en
desarrollo para aceptar limitar sus emisiones de GEI. Se espera que
los países en desarrollo accedan a reducir sus emisiones para
2020 si los beneficios de ello superan los costes previstos.
Entretanto, se espera que esos países aprovechen los
beneficios derivados del Mecanismo de Desarrollo Limpio a través
de transferencia de tecnología y trayectorias de emisión
más bajas. Además de esto, los sectores particularmente
expuestos a la competencia internacional deberían hacer frente
a exigencias reglamentarias equivalentes para minimizar las
preocupaciones relativas a la competitividad y a la fuga de emisiones
(carbon leakage).
En términos individuales, las emisiones deberían
reducirse drásticamente a 2 toneladas per cápita.
Obsérvese que las emisiones per cápita de España
se situaron en 9,59 toneladas per cápita en 2006 (frente a las
11 toneladas per cápita de la UE en ese mismo año o
cifras como las de EEUU, que se situaron en 20-25 toneladas per
cápita) y que los actuales compromisos fijados por el PK
implican reducir esa cifra a 7 toneladas per cápita (Nieto y
Santamaría, 2007).
Stern (2008) también
examina la combinación de políticas elaborada a nivel
mundial para hacer frente al cambio climático.
Aunque en el documento no hay aportaciones novedosas en comparación
con la literatura publicada al respecto, si es importante reseñar
que considera que seguir ampliando el régimen para el comercio
de derechos de emisión de forma que abarque más
sectores y países es el camino a seguir para asegurar que se
cumplan los objetivos medioambientales, se minimicen los costes
derivados de cumplir nuestros compromisos y los países en
desarrollo puedan beneficiarse de trayectorias de emisión más
bajas. Ampliar el régimen del comercio de derechos de emisión
podría reducir los costes en un 70%. Uno de los principales
actores al hablar de cambio climático, EEUU, está
mostrando un interés cada vez mayor en el uso de un sistema de
limitación y comercio de emisones (cap-and-trade)
más amplio. Los candidatos presidenciales apoyan la futura
aplicación de este instrumento basado en el mercado y, por
tanto, es muy probable que en el futuro próximo veamos un plan
de este tipo en EEUU.
En la combinación de
políticas también se consideran otros mecanismos de
mercado que pongan precio a las emisiones de carbono, así como
políticas más tradicionales de mandato y control. El
peso y grado de aplicación de estos instrumentos dependerá
de la situación concreta del país o el sector
analizado. La experiencia internacional así como la
información sobre situaciones en las que estos instrumentos se
han usado de manera exitosa pueden contribuir al desarrollo de estos
instrumentos en diferentes contextos. Para emitir las señales
adecuadas a los inversores, está prevista una aplicación
a largo plazo de estos instrumentos, de forma que los inversores se
encuentren con incentivos y marcos normativos estables. Según
MMA (2007), España está considerando la posibilidad de
emplear más medidas de política fiscal “ecológicas”,
pero la resistencia de las partes interesadas, unida al actual
panorama económico, podrían retrasar o reducir el
avance generalizado de esta iniciativa.
A un nivel más concreto,
en el informe Stern (2008) se aconseja frenar la deforestación.
Las pérdidas de biodiversidad y la deforestación están
inextricablemente unidas actualmente. Las selvas tropicales albergan
un gran porcentaje de la biodiversidad que queda y actúan como
sumidero mundial de carbono. Además, se sabe que la
deforestación podría ser la causante de más del
17% de las emisiones mundiales de GEI. Frenar la deforestación
parece una estrategia atractiva en la lucha contra el calentamiento
global. Todos los esfuerzos en este sentido serán bienvenidos,
pero la ubicación geográfica de estas selvas vuelve a
situar al frente de los análisis las cuestiones de equidad.
Los países menos desarrollados albergan una gran variedad de
especies y un elevado porcentaje de las selvas que quedan. Además,
tienen acceso a esos recursos e incentivos para reducir la cubierta
forestal. Las principales razones que explican este comportamiento se
basan en los modelos analizados entre otros por Hanley et
al., (2001) que
hablan de la pobreza, el crecimiento de la población y la
disponibilidad de capital (especialmente por parte de la industria
maderera). Para proporcionar incentivos que empujen a frenar la
deforestación, Stern (2008) aboga por un pago anual de USD
15.000 millones y por ampliar el comercio de derechos de emisión
para dar plena cabida a los servicios forestales. Parece que ha
llegado el momento de compensar a los países en desarrollo por
el coste de oportunidad de preservar los bosques y que esto sigua
siendo así en el futuro, lo que dotará de impulso a
iniciativas internacionales como el Fondo para el Medio Ambiente
Mundial (FMAM).
Otra medida para lograr un
futuro bajo en carbono es la elaboración, adopción y
difusión de nuevas tecnologías. La captación y
retención de carbono se presenta como una de las principales
iniciativas del futuro, debido a la creciente demanda energética
y la abundancia de carbón altamente contaminante. Los
principales problemas que plantea esta tecnología son las
preocupaciones en materia de seguridad en torno a una posible
liberación del CO2 almacenado a gran escala y los actuales costes de capturar y
almacenar el carbono.
Las fuentes de energía
renovable como la energía solar, la energía eólica
y los biocarburantes de segunda generación tienen un gran
potencial en el futuro mix energético mundial. Unos incentivos
adecuados pueden asegurar que países como España se
hagan con un porcentaje importante del mercado de energías
renovables. El clima de España hace de este país uno de
los mejores sitios donde invertir en energías renovables. Esta
ventaja queda demostrada y reflejada en el hecho de que nuestras
empresas energéticas hayan prosperado en este competitivo
mercado. España es el segundo mayor productor mundial de
energía eólica. Nuestras empresas de energía
eólica lideran el mercado mundial de este tipo de energía.
La energía solar también es un sector en auge en
España. En 2007, España fue el segundo país
europeo con mayor uso de energía solar. Se considera que el
uso de estas fuentes de energía podría reducir las
emisiones de GEI en 10 Gt de aquí a 2030. Ésta es una
cifra considerable, teniendo en cuenta que en 2005 las emisiones
mundiales se estimaron en 45 Gt y que el objetivo propuesto por Stern
(2008) es conseguir emitir 20 Gt para 2050 y posteriormente reducir
esa cifra a la mitad a fin de estabilizar las emisiones de GEI.
El último hito es la
elaboración del marco institucional en que se desarrollará
el acuerdo post-Kyoto. En ausencia de una Organización Mundial
del Medio Ambiente, los acuerdos se celebrarán bajo los
auspicios de diversas instituciones como la CMNUCC, el PNUMA, el
IPCC, la AEMA, ONG, universidades, etc., y haciendo uso de su
potencial de investigación. Dicho esto, el alcance y la
profundidad del cambio climático podrían llevar al
surgimiento de una “Organización Internacional del
Cambio Climático” (Stern, 2008). En cualquier caso,
independientemente del marco concreto en que se desarrollen los
futuros planes en materia de cambio climático, el objetivo
fundamental parece ser asegurar la existencia de un marco de acción
estable, proactivo, flexible y eficaz.
Los expertos del IPCC están
de acuerdo en que la participación ciudadana en todas estas
iniciativas podría contribuir al logro de los objetivos
fijados para limitar el cambio climático (IPCC, 2007). La buena noticia para España a este respecto procede de la
encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas
(CIS) en noviembre de 2007. Según los resultados de esa
encuesta, la mayoría de los españoles estarían
dispuestos a cambiar su estilo de vida y sus hábitos si con
ello pudieran contribuir a combatir el cambio climático. Esos
cambios podrían consistir en elegir proveedores de energía
con mayores inversiones en energías renovables, caminar o ir
en bicicleta para recorrer distancias pequeñas, emplear el
transporte público siempre que fuera viable, mantener los
neumáticos debidamente inflados, comprar aparatos eléctricos
energéticamente eficientes, separar la basura para que pueda
reciclarse adecuadamente o comprar productos locales, entre otras
cosas. Independientemente de la sensación de bienestar que
puede provocar el responder positivamente en una encuesta que
pregunta sobre actitudes ambientales está por ver si estas
intenciones son buenas variables predictivas de comportamiento,
especialmente si los cambios mencionados implican tener que pagar
más. Según los datos disponibles, mayores esfuerzos por
informar, fomentar la participación ciudadana y recordar a
todas las personas cómo pueden contribuir a mitigar el cambio
climático en sus actividades diarias son estrategias
beneficiosas a medio y largo plazo.
Conclusiones
El cambio climático es
irrefutable y el consenso científico actual apunta a la
necesidad de frenar el calentamiento global si se quiere minimizar la
posibilidad de una interferencia peligrosa con el sistema climático.
Los datos disponibles actualmente apuntan a estimaciones de los
costes y beneficios de la mitigación comparables, pero según
el IPCC todavía no se puede determinar la concentración
de GEI que implique beneficios superiores a los costes (IPCC, 2007).
Sin embargo, es importante señalar que cuanto más se
pospongan las decisiones relativas a la mitigación, mayores
serán los daños del cambio climático. Por tanto,
para minimizar las máximas pérdidas lo mejor será
actuar lo antes posible.
La ubicación geográfica
de España y algunas de nuestras principales actividades
económicas, como el turismo y la construcción, resultan
especialmente sensibles a aumentos de las temperaturas, aumentos del
nivel del mar y una mayor frecuencia de fenómenos
meteorológicos extremos. Los compromisos que hemos adquirido
internacionalmente en el ámbito de la lucha contra el
calentamiento global y nuestra vulnerabilidad son fuertes incentivos
para actuar. En el caso de España, las estrategias de
mitigación no sólo se consideran una responsabilidad,
sino también una oportunidad de reducir la dependencia
energética del país por medio de su próspero
sector de energías renovables, de disfrutar de los beneficios
derivados de un aire más limpio y menores riesgos para la
salud, de mejorar la planificación del uso de la tierra, etc.
Hasta 2006, las tendencias de
emisiones han estado vinculadas al crecimiento económico, por
lo que ha aumentado la diferencia entre el compromiso que adquirimos
con el PK y nuestra reducción de las emisiones de GEI. Para
reducir esa diferencia, España ha ideado, y está
aplicando, diversas medidas dentro de sus fronteras nacionales.
Dentro de la EEDS, la EECCEL se presentó junto con algunos de
sus planes y medidas más destacados. Entre esas medidas
figuran el Plan de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética
(E4), el Código Técnico de Edificación, el Plan
de Energías Renovables y el fomento de los sumideros de
carbono mediante iniciativas de reforestación. También
se considera de vital importancia, para la consecución de un
futuro bajo en carbono, la utilización de los mecanismos de
flexibilidad del PK, especialmente por lo que respecta al régimen
para el comercio de derechos de emisión y el Mecanismo de
Desarrollo Limpio. Los costes y los beneficios derivados de las
políticas aplicadas resultan inciertos de momento, aunque las
cifras disponibles han sido facilitadas por estimaciones oficiales y
publicaciones académicas.
Las estrategias de mitigación
y adaptación son complementarias, y elegir sólo una de
ellas les saldría muy caro al medio ambiente y a las
estructuras socioeconómicas. Dicho esto, parte del cambio
climático resulta inevitable y cada vez son más
importantes estrategias de adaptación para minimizar las
consecuencias más dañinas del calentamiento global.
España debería ser especialmente consciente de los
avances en esta área, dado que es uno de los países más
vulnerables al cambio climático de la UE. El fomento del PNA
es la primera medida prevista en este sentido. Un mayor análisis
de los posibles costes económicos, sociales y medioambientales
y de los beneficios de estas estrategias nos ayudará a
emprender estrategias eficaces que eviten una adaptación
inadecuada, poco sistemática y costosa económicamente
El resto de los desafíos
giran en torno a conseguir reducir de forma efectiva las emisiones de
GEI, asegurándose de que existe una desvinculación a
largo plazo del crecimiento económico de España y sus
emisiones. Los ciudadanos parecen, al menos en teoría,
dispuestos a actuar. Los incentivos a las empresas, un mayor nivel de
I+D, políticas estables que aseguren nuestro liderazgo en el
mercado de las energías renovables y una participación
horizontal sin reservas de las instituciones podrían ser la
ruta a seguir en el sinuoso camino hacia los objetivos que España
se marcó en el PK.
Lara Esther Lázaro
Touza
London School of Economics
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