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Resumen: El auge de China y, más recientemente, de la India es uno de los acontecimientos principales en la evolución de la economía mundial de finales del siglo XX y principios del XXI. Las razones principales son que ese auge está siendo protagonizado por dos gigantes demográficos y que, de mantenerse en los próximos decenios, está llamado a cambiar muy sustancialmente el mapa económico del planeta. Este trabajo aborda, en primer lugar, los contornos del auge económico registrado por China e India durante los últimos decenios (en aspectos como el crecimiento del PIB, el comercio exterior, el consumo de energía y materias primas, las reservas en divisas y el turismo). Además, el texto examina las perspectivas, en el medio plazo, de esos dos países, destacando las ventajas y los inconvenientes que presentan para un crecimiento económico sostenido. Finalmente, el artículo enumera brevemente algunas posibles implicaciones actuales y potenciales de ese auge para la economía española.
Introducción
El auge económico de China y, más recientemente, de la India es uno de los acontecimientos más destacados de finales del siglo XX y principios del XXI. Las razones principales son que ese auge está siendo protagonizado por dos gigantes demográficos (con una población de 1.350 millones en China y de 1.130 millones en la India, que suman dos quintas partes de la humanidad) y que, de mantenerse en los próximos decenios, está llamado a cambiar muy sustancialmente el mapa económico del planeta.
Como es bien sabido, el crecimiento anual medio del PIB ha rondado el 10% en China desde principios de los años ochenta, mientras que el del PIB de la India, que fue del 6% en los años ochenta y noventa, se aceleró hasta el 7% en 2000-2005 y hasta el 9% en 2006.
Ese rápido crecimiento, que ha superado muy ampliamente el 3% registrado durante el último cuarto de siglo en los países de ingreso alto, ha tenido dos consecuencias principales.
En primer lugar, ha provocado un aumento del peso de China e India en la economía mundial. Entre 1980 y 2005 la proporción conjunta de esos dos países en el producto bruto mundial (medido en paridad de poder adquisitivo, PPA) se ha triplicado, al pasar del 6,7% al 21,3%. En segundo término, China e India han supuesto una parte muy importante del crecimiento de ese producto (en PPA). Entre 1995 y 2005, China ha sido responsable de una quinta parte de ese crecimiento, una proporción similar a la de EEUU. En cuanto a la India, ha supuesto el 8% de ese incremento, un porcentaje superior al del Japón (5%).
En realidad, más que de la emergencia de esos dos gigantes asiáticos hay que hablar de resurgimiento.
Las estadísticas recopiladas por Maddison (2003) demuestran que el peso de China e India en la economía mundial era muy elevado hacia 1870 (17,1% en el caso de China y 12,1% en el de la India). Las previsiones apuntan a que China volverá a tener ese peso relativo hacia 2015, mientras que la India deberá esperar hasta al menos 2030.
Este trabajo aborda, en primer lugar, los contornos del auge económico de China e India y de las perspectivas de esos dos países en el medio plazo. En segundo término, se enumeran muy brevemente algunas posibles implicaciones actuales y potenciales de ese auge para la economía española.
1. El auge de China e India: dimensiones y perspectivas
Pese a sus similitudes (tamaño demográfico, viejas civilizaciones, diásporas, etc.), China e India tienen economías sustancialmente diferentes (algunos estudios comparados son Srinivasan, 2006 y Tseng y Gupta, comps., 2006).
Aunque la población de China no es mucho mayor que la de la India (1.350 millones de habitantes frente a 1.130 millones), el PIB chino es tres veces superior al indio (2,2 billones de dólares frente a 770.000 millones en 2005). El comercio exterior de China era en 2005 cinco veces mayor que el de la India: 1,4 billones de dólares frente a 230.000 millones. El crecimiento reciente del PIB ha sido bastante más alto en China que en la India: en 2000-2006 la tasa anual media fue del 9,4% en China y del 6,5% en la India.
La combinación
de mayor PIB y de mayor crecimiento ha hecho que la contribución de China
al incremento del producto bruto mundial haya sido muy superior a la de la
India: entre 2000 y 2005 China ha supuesto el 22% de ese incremento mientras
que la India ha sido responsable del 8%.
Otras diferencias
son menos aparentes: la estructura de la demanda está sesgada en China hacia
la inversión y las exportaciones netas mientras que la de la India descansa
en el consumo interior (tabla 1); la producción está fuertemente orientada
a la exportación en China mientras que lo está mucho menos en la India (tabla
2); la estructura del PIB demuestra que China descansa en el sector manufacturero
mientras que la India lo hace en los servicios (tabla 3); las infraestructuras
son bastante más modernas (y mejoran más rápido) en China que en la India;
por el contrario, el sector bancario es más sólido en la India (que tiene
una importante bolsa de valores) que en China (cuyas bolsas de valores, en
Shenzhen y Shanghai, son incipientes).
Tabla 1. Estructura de la demanda en China e India, 1990 y
2004
| |
China 1990
|
China 2004
|
India 1990
|
India 2004
|
PIBM* 1990
|
PIBM* 2004
|
|
Consumo privado
|
50
|
49
|
66
|
68
|
61
|
60
|
|
Consumo público
|
12
|
9
|
12
|
12
|
13
|
13
|
|
Formación bruta de
capital
|
35
|
39
|
24
|
24
|
25
|
26
|
|
Exportaciones netas
|
3
|
3
|
-2
|
-4
|
1
|
1
|
|
Total
|
100
|
100
|
100
|
100
|
100
|
100
|
* PIBM: países de ingreso
bajo y mediano.
Fuente: Banco Mundial,
WDI 2006, tabla 4.8.
Tabla 2. Exportaciones de bienes y servicios, en porcentaje
del PIB, 1980-2005
| |
1980
|
1985
|
1990
|
1995
|
2000
|
2005
|
|
China
|
10,7
|
9,9
|
19,2
|
23,1
|
23,3
|
37,3
|
|
India
|
6,3
|
5,4
|
7,1
|
11,0
|
13,2
|
18,7
|
Fuente: Banco Mundial, WDI
online, FMI y OMC.
Tabla 3. Estructura del PIB, 1990 y 2004
| |
China 1990
|
China 2004
|
India 1990
|
India 2004
|
PIBM* 1990
|
PIBM* 2004
|
|
Agricultura
|
27
|
13
|
31
|
21
|
18
|
12
|
|
Industria
|
42
|
46
|
28
|
27
|
37
|
36
|
|
(Manufacturas)
|
(33)
|
(sd)
|
(17)
|
(16)
|
(23)
|
(18)
|
|
Servicios
|
31
|
41
|
46
|
66
|
45
|
52
|
* PIBM: países de ingreso
bajo y mediano.
Fuente: Banco Mundial, WDI 2006, tabla 4.2.
1.1. Dimensiones internacionales del auge
de China e India
Las dimensiones
globales del auge de China e India son muy diversas. Hay numerosos estudios
recientes que las han analizado (véanse, por ejemplo, para los dos países,
Srinivasan, 2006 y Winters y Yusuf, comps., 2006; para China, Brandt et al.,
2006 y Eichengreen y Tong, 2006; y para la India, Panagariya, 2006a y Schiff,
2006). Los siguientes apartados abordan seis de esas dimensiones: crecimiento
del PIB, comercio exterior, energía y otras materias primas, inversiones en
el extranjero, reservas en divisas y turismo.
Crecimiento
económico
Desde los años ochenta, el crecimiento
anual medio del PIB ha sido sustancialmente mayor en China que en la India,
como se observa en la tabla 4, pese a que puede apreciarse cierta convergencia
en el primer lustro de los años 2000.
Tabla 4. Crecimiento anual medio del PIB, 1980-2005 (en %)
| |
1980-1990
|
1990-2000
|
2000-2005
|
|
China
|
10,2
|
10,6
|
9,6
|
|
India
|
5,8
|
6,0
|
6,9
|
|
Brasil
|
2,8
|
2,9
|
2,2
|
|
Rusia
|
2,8
|
-4,7
|
6,2
|
|
EEUU
|
2,9
|
3,5
|
2,8
|
|
Japón
|
4,0
|
1,3
|
1,3
|
|
Alemania
|
3,2
|
2,6
|
3,1
|
|
España
|
3,2
|
2,6
|
3,1
|
|
Países de ingreso bajo
y mediano
|
3,0
|
3,9
|
5,3
|
|
- Asia oriental
y Pacífico
|
7,8
|
8,5
|
8,3
|
|
- América Latina
y el Caribe
|
1,8
|
3,3
|
2,3
|
|
- Asia meridional
|
5,7
|
5,6
|
6,4
|
|
Países de ingreso alto
|
3,2
|
2,7
|
2,2
|
|
Mundo
|
3,1
|
2,9
|
2,8
|
Fuente: Banco Mundial, varios Informes sobre el desarrollo
mundial.
De hecho, el crecimiento
de la India se acelera desde 2003, cuando empieza a superar el 7% (gráfico
A).
En cualquier caso,
el crecimiento del PIB de China e India ha sido mucho mayor que el del resto
del mundo, como puede verse en la tabla 4. En 2000-2005, China ha crecido
a una tasa media de casi el 10% e India lo ha hecho al 7%, mientras que la
media de los países de ingreso bajo y mediano ha incrementado su PIB al 5%
y que la media de los países de ingreso alto lo ha hecho al 2%.
Como consecuencia
de ese diferencial de crecimiento, el peso relativo conjunto de China e India
en el producto mundial en PPA ha pasado del 6,7% en 1980 al 21,3% en 2005
(tabla 5). Si en 1980 el peso de China e India era inferior al de Japón, en
2005 fue tres veces mayor. La proporción de China ha pasado del 3,4% en 1980
(un porcentaje similar al del Reino Unido) al 15,4% en 2005 (un porcentaje
cinco veces mayor que el del Reino Unido).
Gráfico A. Tasas de crecimiento del PIB en China e India, 1998-2006
 Fuente: FMI y S&P.
Conviene recordar
que el auge de China e India en el último cuarto de siglo es más una re-emergencia
que otra cosa. Según los datos de Angus Maddison, obtenidos en Maddison (2003)
y en su página web, China estaría acercándose al peso relativo que tenía en
1870 mientras que la India estaría aún lejos de alcanzar la proporción que
tenía en el último tercio del siglo XIX (tabla 6).
Tabla 5. Peso relativo en el producto bruto mundial, en PPA
(en %)
| |
1980
|
2005
|
|
China
|
3,4
|
15,4
|
|
India
|
3,3
|
5,9
|
|
China + India
|
6,7
|
21,3
|
|
Francia
|
4,2
|
3,0
|
|
Reino Unido
|
3,7
|
3,0
|
|
Alemania
|
5,9
|
4,1
|
|
Japón
|
8,2
|
6,4
|
|
EEUU
|
21,3
|
20,1
|
|
UE
|
20,1
|
21,0
|
|
América Latina
|
9,6
|
7,7
|
|
NEIA*
|
1,6
|
3,2
|
* NEIA: Nuevas economías
industriales asiáticas (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur).
Fuente: FMI, WEO database (septiembre 2006).
Tabla 6. Peso relativo en la economía mundial (en PPA), 1870,
1950, 1980 y 2003 (en %)
| |
1870
|
1950
|
1980
|
2003
|
|
China
|
17,1
|
4,5
|
5,2
|
14,6
|
|
India
|
12,1
|
4,2
|
3,2
|
5,6
|
|
Japón
|
2,3
|
3,0
|
7,8
|
6,6
|
|
EEUU
|
8,9
|
27,3
|
21,1
|
20,7
|
|
Europa occidental
|
33,1
|
26,2
|
24,2
|
19,3
|
Fuente: A. Maddison.
Comercio exterior
El crecimiento de las exportaciones
de bienes y servicios de China e India ha sido muy elevado (superior al 12%
de tasa anual media) desde 1990, destacando el caso de China en 2000-2004,
cuando ese crecimiento rondó un impresionante 24% (tabla 7).
China ha aumentado
mucho su cuota del mercado mundial de bienes, al pasar del 2,5% en 1993 al
7,5% en 2005. China exporta más que Japón desde 2004, el doble que América
Latina y ya más de la mitad que EEUU. En cuanto a la India, su peso relativo
es mucho menor (0,9% en 2005) y ha aumentado mucho menos (era del 0,6% en
1993), como puede verse en la tabla 8. En cuanto al peso en las importaciones
mundiales de mercancías, conviene destacar dos aspectos importantes: en primer
lugar, las importaciones de China han pasado del 2,8% en 1993 al 6,3% en 2005;
en segundo término, las importaciones de la India han crecido considerablemente
y su peso en las importaciones mundiales es ya apreciable (1,3% en 2005).
Tabla 7. Crecimiento anual medio de las exportaciones de bienes
y servicios, 1990-2004 (en %)
| |
1990-2000
|
2000-2004
|
|
China
|
13,0
|
24,2
|
|
India
|
12,3
|
12,0
|
|
PIBM*
|
7,3
|
10,1
|
|
Mundo
|
7,0
|
5,0
|
* PIBM: países de ingreso
bajo y mediano.
Fuente: Banco Mundial, WDI
2006, tabla 4.9.
Tabla 8. Peso relativo en las exportaciones e importaciones
mundiales de mercancías, 1993 y 2005 (en %)
| |
Exp. 1993
|
Exp. 2005
|
Imp. 1993
|
Imp. 2005
|
|
China
|
2,5
|
7,5
|
2,8
|
6,3
|
|
India
|
0,6
|
0,9
|
0,6
|
1,3
|
|
China + India
|
3,1
|
8,4
|
3,4
|
7,6
|
|
Japón
|
9,9
|
5,9
|
6,4
|
4,9
|
|
EEUU
|
18,0
|
14,5
|
16,0
|
16,5
|
|
ALC
|
3,0
|
3,5
|
3,3
|
2,8
|
|
Europa
|
45,4
|
43,0
|
44,8
|
43,2
|
Fuente: OMC.
En cuanto al mercado
mundial de servicios, la cuota de China se ha duplicado entre 1995 y 2005,
al pasar del 1,6% al 3,1%, pero la cuota de India, como consecuencia de su
especialización en la exportación de servicios de tecnologías de la información,
se ha cuadruplicado, al pasar del 0,6% al 2,4% (tabla 9). En ese tabla se
advierte también que el aumento del peso relativo de China e India en las
importaciones mundiales de servicios ha sido muy considerable, ya que se ha
incrementado del 2,9% en 1995 al 5,7% en 2005.
En cuanto a la
composición por productos de las exportaciones de mercancías (véase Panagariya,
2006b), las principales categorías exportadas por China fueron, en 2001-2004,
máquinas de oficina y de procesamiento automático de datos (CUCI 75), prendas
y accesorios de vestir (CUCI 84), aparatos y equipo para telecomunicaciones
y grabación y reproducción de sonido (CUCI 76) y maquinaria eléctrica (CUCI
77), mientras que en el caso de la India fueron manufacturas de minerales
no metálicos (CUCI 66, especialmente gemas y artículos de joyería), hilados,
tejidos y artículos confeccionados de fibras textiles (CUCI 65), prendas y
accesorios de vestir (CUCI 84) y petróleo y derivados (CUCI 33).
Tabla 9. Peso relativo en las exportaciones e importaciones
mundiales de servicios, 1993 y 2005 (en %)
| |
Exp. 1995
|
Exp. 2005
|
Imp. 1995
|
Imp. 2005
|
|
China
|
1,6
|
3,1
|
2,1
|
3,5
|
|
India
|
0,6
|
2,3
|
0,8
|
2,2
|
|
China + India
|
2,2
|
5,4
|
2,9
|
5,7
|
|
Japón
|
5,8
|
4,5
|
10,1
|
5,6
|
|
EEUU
|
16,7
|
14,7
|
10,8
|
12,0
|
|
ALC
|
2,9
|
2,8
|
3,8
|
3,0
|
|
Europa
|
50,4
|
51,6
|
46,7
|
47,7
|
Fuente: OMC.
Esos datos permiten
obtener dos conclusiones principales. En primer lugar, China ya no está especializada
únicamente en artículos textiles, confección, juguetes, calzado, artículos
de viaje o de deporte, aunque su presencia en esos mercados se sigue dejando
notar. Gracias al desarrollo de las ventas al exterior de productos electrónicos
avanzados y de maquinaria eléctrica, de oficina, de telecomunicaciones y de
sonido, las exportaciones chinas son más sofisticadas de lo que cabría esperar
en un país con su nivel de desarrollo (Rodrik, 2006). El rápido cambio en
la especialización de China augura que se adentrará seguramente en los próximos
años en productos como automóviles y sus componentes, construcción naval,
maquinaria de construcción, productos relacionados con las telecomunicaciones
avanzadas o biotecnología (Edmonds et al., 2006).
La segunda conclusión
es que la pauta de especialización comercial de la India es mucho menos dinámica
y coherente con la dotación de factores que la de China (Panagariya, 2006b).
En cuanto a los
servicios, la tabla 10 presenta la composición sectorial de las exportaciones
de servicios de los dos países. Las exportaciones de servicios de la India
han crecido mucho entre 1995 y 2005. Además, dos tercios de esas exportaciones
son exportaciones de servicios de tecnologías de la información (STI). En
cambio, las exportaciones de China están repartidas entre las relacionadas
con turismo y viajes y las STI (40% en cada caso).
Tabla 10. Valor y estructura porcentual de las exportaciones
de servicios de China e India, 1990 y 2004
| |
1990
|
2004
|
|
China
|
5.748
|
62.056
|
|
transportes
|
47,1
|
19,5
|
|
viajes
|
30,2
|
41,5
|
|
seguros y financieros
|
4,0
|
0,8
|
|
informática y comunicaciones
|
18,7
|
38,3
|
|
India
|
4.610
|
39.638
|
|
transportes
|
20,8
|
13,3
|
|
viajes
|
33,8
|
16,8
|
|
seguros y financieros
|
2,7
|
3,5
|
|
informática y comunicaciones
|
42,7
|
66,4
|
Fuente: Banco Mundial, WDI 2006, tabla 4.6.
Energía y materias
primas
China se ha convertido en poco tiempo
en un muy importante consumidor de energía. Entre 1990 y 2005 el consumo de
energía de China se ha multiplicado por un factor de 2,3 y, en proporción
del consumo mundial, ha pasado del 8,4% al 14,7%. Su consumo de carbón se
ha duplicado, mientras que su consumo de petróleo se ha triplicado. En cuanto
a la India, su consumo de energía, de carbón y de petróleo se ha duplicado
entre esos dos años. La parte de la India en el consumo mundial de energía
ha pasado del 2,4% al 4,7% entre 1990 y 2005 (tabla 11).
Conviene tener
en cuenta tres aspectos. En primer lugar, entre esos dos años el consumo mundial
de energía, carbón o petróleo se ha multiplicado por 1,2 o 1,3. En segundo
lugar, el peso relativo de China e India en el consumo mundial de energía
primaria, de carbón y de petróleo es muy superior a la proporción de su PIB
en el producto bruto mundial en dólares corrientes: 5% en el caso de China
y 1,7% en el de la India (gráfico B). En tercer lugar, el aumento de la demanda
de China fue responsable del 36% del incremento de la demanda mundial de energía
entre 1990 y 2005 (y del 79% de la de carbón, así como del 29% de la de petróleo).
A efectos de comparación, la contribución de China al aumento del producto
bruto mundial (en dólares corrientes) en 1990-2005 fue del 8,5%.
Tabla 11. Consumo de energía primaria, de carbón y de petróleo,
1990 y 2005
| |
1990
|
%
|
2005
|
%
|
Consumo
de energía primaria
(Mtep: millones de toneladas de equivalente de petróleo) |
|
|
|
|
|
China
|
684,9
|
8,4%
|
1.554,0
|
14,7%
|
|
India
|
193,4
|
2,4%
|
387,3
|
3,7%
|
|
Mundo
|
8.120,3
|
100,0%
|
10.537,1
|
100,0%
|
|
China + India
|
878,3
|
10,8%
|
1.941,3
|
18,4%
|
| |
|
|
|
|
|
Consumo de carbón (Mtep)
|
|
|
|
|
|
China
|
529,9
|
23,7%
|
1.081,9
|
36,9%
|
|
India
|
107,8
|
4,8%
|
212,9
|
7,3%
|
|
Mundo
|
2.233,7
|
100,0%
|
2.929,8
|
100,0%
|
|
China + India
|
637,7
|
28,5%
|
1.294,8
|
44,2%
|
| |
|
|
|
|
|
Consumo de petróleo
(Mbd: millones de barriles al día)
|
|
|
|
|
|
China
|
2,32
|
3,5%
|
6,98
|
8,5%
|
|
India
|
1,21
|
1,8%
|
2,48
|
3,0%
|
|
Mundo
|
66,39
|
100,0%
|
82,46
|
100,0%
|
|
China + India
|
3,53
|
5,3%
|
9,46
|
11,5%
|
Fuente: BP, 2006 y cálculos
propios.
En cuanto a otras
materias primas, destaca el peso de China en el consumo mundial de algunos
metales, de los que ese país es un gran importador neto: hierro, zinc, plomo,
cobre o níquel. En esos cinco casos, China supone entre el 15% y 33% del consumo
mundial. La India tiene porcentajes mucho más modestos (tabla 12). En ese
tabla puede observarse también que el peso de China en el consumo mundial
de algodón, arroz, aceite de soja y caucho es superior al 20%. Salvo en arroz
y algodón, la parte de la India es mucho menor.
Gráfico B. Distribución geográfica del producto bruto mundial
(en dólares corrientes), 2005
 Fuente: FMI, WEO
Database, y cálculos propios.
Tabla 12. Porcentaje del consumo mundial de algunos metales
(2005) y productos agrícolas (2003)
| |
China
|
India
|
|
Hierro
|
29,0
|
4,8
|
|
Zinc
|
28,6
|
3,1
|
|
Estaño
|
33,3
|
2,2
|
|
Plomo
|
25,7
|
1,3
|
|
Aluminio
|
22,5
|
3,0
|
|
Cobre
|
21,6
|
2,3
|
|
Níquel
|
15,2
|
0,9
|
|
Algodón
|
31,2
|
12,8
|
|
Caucho
|
23,5
|
8,4
|
|
Aceite de soja
|
24,5
|
6,4
|
|
Arroz
|
29,7
|
21,4
|
|
Azúcar
|
6,6
|
15,2
|
|
Té
|
14,4
|
17,5
|
|
Café
|
0,4
|
0,8
|
Fuente: Streifel, 2006, tabla
1.
Como señala Streifel
(2006), China fue responsable de dos terceras partes del aumento del consumo
mundial de los principales metales entre 1999 y 2005, de manera que existe
una relación entre el incremento de la demanda china y el alza de los precios
de esos metales. China es un notable importador neto de aceites vegetales,
algodón o caucho mientras que la India es importador neto de trigo o aceites
vegetales, por lo que el crecimiento de su demanda afecta igualmente a los
precios de esas materias primas agrícolas.
De hecho, el incremento
de la demanda de materias primas energéticas y no energéticas por parte de
China, junto con sus exportaciones de bienes industriales de consumo a bajo
precio, ha provocado un aumento, desde 2001, de la relación real de intercambio
para muchos países exportadores de esas materias primas, en África, Asia o
América Latina (Kaplinsky, 2006)
Inversiones
en el extranjero
Es bien conocido que China y, en
menor medida, India se han convertido en importantes receptores de inversión
directa extranjera (IDE). Entre 1990 y 2005 la IDE recibida por China aumentó
de 3.500 millones de dólares a 72.400 millones (el 8% de total mundial), mientras
que la recibida por la India, que en 1990 era casi inexistente, empezó a ser
significativa en los años 2000 (alcanzó 6.600 millones de dólares en 2005).
Menos conocido
es el proceso de inversión en el exterior por parte de empresas de esos dos
países. Como puede verse en la tabla 13, China, que invirtió en el extranjero
apenas 830 millones de dólares (el 0,3% del total mundial) en 1990, realizó
en 2005 unas inversiones en el exterior que superaron los 11.000 millones
(el 1,5% del total mundial). China invirtió fuera de sus fronteras más que
Austria, Dinamarca, Taiwán, Singapur o Brasil.
Por el momento,
la inversión china en el extranjero está protagonizada por un reducido grupo
de empresas que ya empiezan a ser conocidas a escala internacional (Lenovo,
Haier, Huawei, TCL, ZTE, CNOOC, Sinopec, etc.). Aunque está muy diversificada
geográficamente, 40% de esa inversión se destina a Asia (India, Hong Kong,
Vietnam, etc.) y 30% a Europa (Reino Unido, Alemania, etc.), siendo destinos
de menor importancia África, Brasil o Rusia. Los principales sectores son
los relacionados con tecnologías de información y comunicación (TIC), industria
pesada y electrónica.
Tabla 13. Inversión directa
en el extranjero, 1990 y 2005 (millones de dólares y porcentaje)
| |
1990
|
%
|
2005
|
%
|
|
China
|
830
|
0,3%
|
11.306
|
1,5%
|
|
India
|
3
|
0,0%
|
1.364
|
0,2%
|
|
Hong Kong
|
2.377
|
1,0%
|
32.560
|
4,2%
|
|
Singapur
|
1.570
|
0,6%
|
5.519
|
0,7%
|
|
Japón
|
48.124
|
19,8%
|
45.781
|
5,9%
|
|
ALC
|
4.508
|
1,9%
|
32.825
|
4,2%
|
|
UE
|
135.668
|
55,8%
|
554.802
|
71,2%
|
|
EEUU
|
27.175
|
11,2%
|
-12.714
|
-1,6%
|
|
Mundo
|
243.186
|
100,0%
|
778.725
|
100,0%
|
Fuente: UNCTAD, World
Investment Report 2006.
Las razones que
impulsan a las empresas chinas (estatales o privadas) a invertir en el exterior
son diversas. Además de la voluntad de convertirse en grandes empresas multinacionales,
muchas de ellas pretenden:
- circunvenir
barreras comerciales en los mercados en los que se enfrentan con dificultades
para exportar (casos de las inversiones de Haier o ZTE en los países ricos
o de las de Huawei en África o Rusia);
- acceder a marcas
renombradas (por ejemplo, en las compras de Thomson TV y RCA por TCL, de
la división de ordenadores de IBM por Lenovo, de Rover y Ssangyong por SAIC,
de MG por Nanjing Automobile, etc.);
- acceder a tecnologías
avanzadas y a conocimientos modernos de gestión (por ejemplo, el caso de
Lenovo e IBM);
- controlar fuentes
de materias primas energéticas y no energéticas (minas en Australia, campos
petrolíferos en Asia central o América del Norte, como en los casos de las
inversiones de CNPC en PetroKazakhstan, Sinopec en FIOC o en Northern Lights,
etc.).
No hay que descartar
que la inversión china en el extranjero aumento de forma apreciable en los
próximos años. Algunas estimaciones sitúan esa inversión en 60.000 millones
de dólares en 2010. Además, es probable que aparezcan nuevas empresas inversoras,
como Chery o Geely (automóviles), Wanxiang (componentes de automoción), Lifan
(motos), Cosco (logística), Midea (electrónicos de línea blanca), Hisense
y Skyworth (electrónica de consumo), Ningbo Bird (teléfonos móviles), etc.
En cuanto a la
inversión en el extranjero de empresas indias, es todavía de mucho menor tamaño,
aunque ha crecido sustancialmente en los últimos años. Es más, datos provisionales
para 2006 indican que podría haber rondado los 8.000 millones de dólares.
Como puede verse en la tabla 13, en 2005 la inversión india fue casi diez
veces más pequeña que la china.
A diferencia de
la inversión china, la de la India se destina en un 70% a la UE y EEUU. Los
principales sectores son los del software (con las inversiones de Infosys,
Tata Consulting Services o Wipro), industria farmacéutica (la compra de la
alemana Betapharm por Dr. Reddy, de la estadounidense Glaceau por Tata Group
o de la rumana Terapia por Ranbaxy) y componentes de automoción (Tata Motors,
Mahindra & Mahindra, Bharat Forge, etc.). De menor importancia son, hasta
ahora, los sectores de energía y otras materias primas, aunque hay inversiones
significativas: las de ONGC en Brasil y la de Tata Steel en la europea Corus,
entre otras). Es de destacar la creciente competencia entre India y China
por adquirir empresas y recursos energéticos en el extranjero.
Recursos financieros
China e India se han convertido
en grandes poseedores de reservas en divisas. A mediados de 2006, China, con
943.600 millones de dólares, y la India, con 156.800 millones, ocupaban la
primera y la sexta posición mundial, respectivamente (tabla 14).
La acumulación
de reservas en esos dos países ha sido impresionante en los primeros años
del siglo XXI. Entre 2000 y finales de 2006 las reservas en divisas de China
han pasado de 165.000 millones a más de un billón mientras que las de la India
han aumentado de 42.300 millones a 170.000 millones. Ese aumento se ha debido,
en China, al superávit de la cuenta corriente y a las entradas netas de capital
extranjero y, en la India, únicamente a las entradas de capital.
Las razones por
las que China e India – y, por extensión, otros países asiáticos – han acumulado
reservas son bien conocidas. Una de ellas es la esterilización del superávit
corriente y/o de las entradas de capital, mediante la adquisición de divisas
para así contrarrestar el aumento de la demanda de moneda nacional y, por
tanto, su apreciación. Otra razón ha sido la de crear un seguro ante el riesgo
de una crisis de balanza de pagos. No hay que olvidar que la India tuvo una
grave crisis de ese tipo en 1991 y que China vivió muy de cerca las crisis
asiáticas de 1997-98.
Tabla 14. Principales
poseedores de reservas (sin contar el oro), millones de dólares
| |
Junio
de 2006
|
Aumento desde junio de 2002
|
|
1. China
|
943.600
|
283%
|
|
2. Japón
|
849.800
|
94%
|
|
3. Taiwán
|
262.000
|
77%
|
|
4. Rusia
|
243.200
|
510%
|
|
5. Corea del Sur
|
225.600
|
101%
|
|
6. India
|
156.800
|
183%
|
|
7. Singapur
|
127.300
|
59%
|
|
8. Hong Kong
|
126.600
|
13%
|
|
9. México
|
84.900
|
86%
|
|
10. Malasia
|
78.400
|
143%
|
Fuente: FMI.
Las enormes reservas
de China y de otros países asiáticos han contribuido a la financiación de
los déficit exterior y público de EEUU. En octubre de 2006, China era el segundo
poseedor extranjero – tras Japón – de bonos del tesoro de EEUU, con 641.100
millones de dólares. Esa cantidad equivalía al 25% de los bonos en manos de
extranjeros y al 7,5% de la deuda pública total de EEUU.
Turismo
Por último, una breve referencia
al peso actual y a las perspectivas de China e India como emisores de turismo
internacional.
El turismo chino
en el extranjero ha aumentado de 4,5 millones de personas en 1995 a 31 millones
en 2005. Se ha triplicado entre 2000 y 2005. Según la Organización Mundial
de Turismo, esa cifra podría alcanzar los 100 millones en 2020, lo que convertiría
a China en el cuarto país emisor del mundo, detrás de Alemania, Japón y EEUU
(OMT, 2001).
En cuanto a la
India, sus turistas han aumentado de 4,4 millones en 2000 a 7 millones en
2006. Esa cifra podría alcanzar los 16 millones en 2010.
1.2. Desafíos
y perspectivas
China e India parecen
destinadas a seguir creciendo a tasas elevadas, por lo menos en los próximos
decenios y en ausencia de perturbaciones de primera magnitud (diversos escenarios
se exploran en SAMI Consulting y Oxford Analytica, 2006).
Para el estudio
ya clásico de Goldman Sachs (2003) sobre los BRICs, el PIB, en dólares corrientes,
de China superará al de Alemania en 2007, al de Japón en 2016 y al de EEUU
en 2041, mientras que el de la India adelantará al de Italia en 2016, al de
Francia en 2023 y al de Alemania en 2032, para convertirse en la tercera mayor
economía del mundo. Como es bien sabido, ese escenario es muy optimista, ya
que prevé tasas de crecimiento anual medio en China del 9,9% en 2000-2020
y del 7,7% en 2000-2050 y en la India del 7,8% en 2000-2020 y del 8,5% en
2000-2050.
Para el informe
de la Economist Intelligence Unit (EIU, 2006), el PIB en PPA de China podría
alcanzar el 19,4% del producto mundial en 2020 (una proporción mayor que la
de EEUU o la UE), mientras que el de la India alcanzaría el 8,8% en ese año
(porcentaje mayor que el de toda América Latina). Ese informe prevé una tasa
de crecimiento anual medio del PIB en 2006-2020 del 6% en China y del 5,9%
en la India, así como del 3,5% en el conjunto del mundo.
Un informe del
CEPII (Poncet, 2006) prevé que, dadas determinados cambios en la productividad,
la inversión y la educación, el peso de China en el producto bruto mundial
en dólares corrientes y a precios relativos corrientes podría alcanzar el
21,8% en 2050 (y el 4,8% en el caso de la India). La cifra conjunta (26,6%)
sería similar a la de EEUU (26,9%). El PIB de la India superaría al de Francia
en 2025 y al de Alemania en 2034. El PIB de China no superaría al de EEUU
antes de 2050. Esas previsiones se basan en unas tasas de crecimiento, en
2005-2050, del 4,6% en China (y del 6,6% en 2005-2020) y del 4,5% en la India.
Todo parece apuntar,
pues, a que China e India seguirán creciendo bastante por encima de la media
mundial, al menos en los próximos dos o tres decenios. La razón principal
es que las ventajas para un crecimiento rápido son seguramente mayores, en
ambos casos, que los inconvenientes.
En el caso de China,
las ventajas principales son una elevada integración en la economía mundial
(las exportaciones de bienes y servicios rondaron el 35% del PIB en 2005 y
la entrada de IDE es muy considerable), unas infraestructuras de capital físico
que tienen un grado aceptable de cantidad y calidad (y que mejoran de manera
rápida), una importante generación de empleo (dado el fuerte crecimiento del
sector industrial), el rápido progreso social (la pobreza se ha reducido en
400 millones de personas entre 1981 y 2001) y una estrategia exitosa de reforma
(que los dirigentes chinos sin duda mantendrán en el futuro).
Los inconvenientes
son numerosos. Algunos de ellos podrían ser resueltos por las autoridades
en los próximos años, aunque, claro está, no es seguro que lo consigan en
todos los casos. Entre esos problemas figuran el exceso de ahorro e inversión,
la ineficiencia y debilidad del sector bancario, la fuerte desigualdad en
la distribución regional y personal de la renta, la corrupción o el subdesarrollo
del sistema legal. Todos ellos, aunque son problemas serios, son abordables,
especialmente si se intentan resolver de manera gradual y con pragmatismo
(Garnaut, 2005; Kojima, 2006; Perkins, 2006).
Existen inconvenientes
más estructurales, entre los que cabe destacar los siguientes. En primer lugar,
el envejecimiento de la población, como consecuencia de la férrea política
de control de la natalidad implantada desde principios de los años setenta,
provocará, a partir de 2015, un aumento de la tasa de dependencia (población
menor de 14 años y mayor de 65 años con respecto a la población en edad de
trabajar) y un descenso, en valor absoluto, de la población entre 15 y 64
años, con arreglo a las previsiones demográficas de Naciones Unidas (2005).
Hasta ahora, China se ha beneficiado de un dividendo demográfico, puesto que
la caída de la tasa de dependencia, con su efecto positivo sobre la tasa de
ahorro, y el fuerte aumento de la población en edad de trabajar explicarían
hasta una cuarta parte del crecimiento del PIB entre 1982 y 2000 (Fang y Wang,
2005). Algunos autores consideran que los problemas que se anuncian a partir
de 2015 podrían afrontarse, no tanto con una relajación de la política del
hijo único (lo que mermaría el crecimiento del PIB per cápita), sino con un
aumento de la tasa de actividad, especialmente en los mayores de 60 años (mediante
un retraso de la edad de jubilación, entre otras medidas) y una mayor creación
de empleo, reduciendo las barreras a la movilidad geográfica y sectorial de
la mano de obra (Golley y Tyers, 2006). Además, hay que tener en cuenta que
la reducción de la población en edad de trabajar a partir de 2015 se podría
contrarrestar con una mayor migración campo-ciudad, sin que eso afectase negativamente
a la producción agrícola, y con mejoras adicionales en el capital humano,
como señala Perkins (2006).
En segundo lugar,
la sobreindustrialización puede ser un obstáculo para el desarrollo de una
sociedad del conocimiento. El sector secundario suponía en 2005 el 46% del
PIB (41% en Corea del Sur, 31% en Japón, 28% en la India, etc.), de manera
que China debería aumentar el peso relativo del sector servicios (42% del
PIB en la actualidad) no tanto a expensas de la agricultura sino, sobre todo,
de la industria.
En tercer lugar,
figura la excesiva dependencia con respecto al capital extranjero. En 2005
el cociente entre la inversión extranjera directa (en flujo) y la formación
bruta de capital fijo era del 9,2% (4,0% en EEUU, 3,5% en la India, 3,1% en
Corea del Sur, etc.) y la relación entre el stock de IDE y el PIB fue
del 14,3% (13,0% en EEUU, 8,0% en Corea del Sur, 5,8% en la India, etc.).
Esa alta dependencia con respecto a la IDE hace vulnerable a la economía a
posibles cambios en la estrategia de localización internacional de las empresas
multinacionales (eventual relocalización hacia Vietnam, la India, Bangladesh,
etc.) y, además, hace perder eficacia a la política industrial.
En cuarto lugar,
la creciente dependencia energética, especialmente en petróleo. Según datos
de BP y previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, la demanda
china de petróleo pasará de 6,6 millones de barriles al día (mbd) en 2005
a 10,1 mbd en 2020 y a 12,8 mbd en 2030. Como la producción nacional de petróleo
se estancará, las importaciones de crudo, en porcentaje del consumo, aumentarán
del 38% en 2005 al 68% en 2020 y al 74% en 2030 (BP, 2006 y AIE, 2004). En
términos más generales, China se convertirá en los próximos años en importador
neto de carbón y de gas natural, lo que tendrá profundas implicaciones internacionales
y medioambientales (Isbell, 2006; McKibbin, 2006).
En quinto lugar,
el cada vez mayor y más grave deterioro del medio ambiente es un problema
de enorme magnitud. Desertización, degradación del suelo, contaminación de
los ríos, de los mares y del aire, emisión de gases de invernadero y pérdida
de biodiversidad, entre otros, han sido los efectos de una industrialización
muy rápida y poco respetuosa con el medio ambiente en la costa y de la persistente
pobreza, pese a las mejoras, en el interior. Por ejemplo, la escasez de agua
y la contaminación de ríos y lagos son extremadamente serias, especialmente
en el norte del país, y hacen que al menos 60 millones de personas tengan
dificultades para disponer de suficiente agua potable. En cuanto a la calidad
del aire, 16 de las 20 (y 5 de las 10) ciudades más contaminadas del mundo
son chinas. China es el segundo emisor mundial de dióxido de carbono (aunque
sus emisiones por habitante son todavía bajas) y el primero de clorofluorocarbonos
y de dióxido de sulfuro por superficie habitada. El crecimiento previsto del
parque de automóviles, que podría pasar de 20 millones en 2004 a 60 millones
en 2010 y a 90 millones en 2015, agravará sin duda la contaminación del aire
en las grandes ciudades. El uso masivo de carbón de baja calidad y alto contenido
en sulfuro es también causante de lluvia ácida, fenómeno que afecta al 30%
del territorio y que además desborda ampliamente las fronteras del país (McKibbin,
2006). La erosión del suelo, provocada en buena medida por la deforestación,
contribuye a agravar los efectos de las inundaciones.
Por último, un
sexto inconveniente es la ausencia de un sistema político democrático, de
un sistema judicial moderno y de una protección adecuada de los derechos de
propiedad intelectual. Aunque han aumentado las libertades individuales como
consecuencia de la reforma económica, el régimen sigue reprimiendo la libertad
de expresión, de reunión o de asociación. Algunos analistas consideran que
un régimen de ese tipo podría no superar acontecimientos como una crisis económica
seria, protestas políticas amplias, graves problemas de salud pública o catástrofes
ecológicas importantes. En cuanto a la falta de independencia del sistema
judicial y a la falta de protección de los derechos de propiedad intelectual,
podrían a la larga afectar negativamente a la inversión directa extranjera
y a las exportaciones hacia los países desarrollados.
En lo que se refiere
a la India, su economía tiene aún más contrastes que la de China (Bustelo,
2006b), de manera que son habituales análisis excesivamente optimistas o pesimistas
sobre sus perspectivas. Por ejemplo, algunos estudios de hace pocos años destacaban
por su optimismo. El análisis de Goldman Sachs (2004) ponía énfasis en que
la India podría crecer más que China a largo plazo. Los argumentos eran las
posibilidades de convergencia desde una baja renta per cápita, las tendencias
demográficas favorables, las buenas perspectivas de la estrategia de exportación
de servicios de tecnologías de la información, la aparición de empresas competitivas
a escala internacional y el compromiso del gobierno con unas reformas dirigidas
a propiciar una mayor apertura y un desarrollo de las infraestructuras. En
la misma línea, Rodrik y Subramanian (2004) consideraron que el crecimiento
anual medio del PIB podría llegar al 7% en 2005-2025 (esto es, al 5,6% per
cápita), dadas las indudables ventajas del país: mano de obra abundante y
bien formada (gracias a los prestigiosos institutos tecnológicos, de gestión
y de investigación) e instituciones democráticas (imperio de la ley, prensa
libre, burocracia tecnocrática, etc.).
Con el paso del
tiempo, ese optimismo, seguramente excesivo, se ha ido atemperando. Las ventajas
de la India son indudables, pero los inconvenientes son particularmente llamativos.
Entre las ventajas,
cabe destacar, en primer término, el dividendo demográfico provocado por el
todavía elevado crecimiento de la población. La “ventana de oportunidad” de
la India estará abierta hasta 2035, puesto que, a diferencia de una China
envejecida desde 2015, la tasa de dependencia seguirá cayendo y la población
en edad de trabajar continuará aumentando hasta ese año (Naciones Unidas,
2005). Otra cosa es que sea plenamente aprovechada, para lo cual será necesario
fomentar la creación de empleo y la formación de capital humano (Mitra y Nagarajan,
2005).
Otra ventaja es
el desarrollo de los servicios de tecnologías de la información, como consecuencia
en gran parte de la existencia de una mano de obra cualificada (por el alto
número de licenciados universitarios y el dominio del idioma inglés), y que
seguramente sitúa a la India en buena posición para avanzar hacia una sociedad
basada en el conocimiento. Una tercera ventaja es el desarrollo de empresas
privadas capaces de ser muy competitivas en el mercado internacional, especialmente
en los sectores informático, farmacéutico y automovilístico. En cuarto lugar,
hay que destacar que la India, pese a una dependencia muy elevada con respecto
a la importación de petróleo y gas natural, tiene un grado de eficiencia energética
superior al de China. En 2003 el PIB por kilo de equivalente de petróleo fue
de 5,3 dólares de 2000 en PPA, frente a los 4,5 dólares registrados en China.
La cifra de la India es incluso superior a la de la media de los países de
ingreso alto. En quinto lugar, el deterioro del medio ambiente, siendo muy
grave (especialmente en lo relativo a la contaminación del agua y del aire),
es menos extremo que el de China. A título de ejemplo, el índice de sostenibilidad
medioambiental, calculado por especialistas de las universidades de Yale y
Columbia, es bastante mejor en la India que en China (Esty et al.,
2005). Ese índice, que mide, sobre la base de 76 variables, las posibilidades
de que un país sea capaz de preservar eficazmente sus recursos medioambientales
a lo largo de varios decenios, era, en el estudio de 2005, de 45,2 en la India
(posición 101) y de 38,6 en China (posición 133). Por último, la India tiene
instituciones democráticas fuertemente arraigadas, así como un sistema judicial
independiente (aunque lento) y una protección de la propiedad intelectual
bastante más eficaz que la de China.
En cuanto a los
inconvenientes de la India, son numerosos e importantes. En primer lugar,
la integración en la economía mundial es todavía escasa (Panagariya, 2006a).
El coeficiente de exportación de bienes y servicios es 15 puntos menor que
el de China. La IDE recibida es una décima parte de la que se destina a China.
En segundo término, las infraestructuras dejan mucho que desear, especialmente
en lo que se refiere a puertos de mar, aeropuertos y carreteras (véanse más
detalles en Panagariya, 2006a, pp. 36ss) . En tercer lugar, hasta ahora la
opción por algunos sectores de servicios (financieros, empresariales y de
comunicaciones) ha generado pocos puestos de trabajo para las dimensiones
del país, ya que se ha tratado de sectores escasamente intensivos en trabajo
y en los que la elasticidad del empleo ha bajado incluso desde principios
de los años noventa (Banga, 2006). Ese “crecimiento sin empleo” sólo podrá
desaparecer si se potencia la modernización de la agricultura a pequeña escala,
los sectores de servicios que generen más puestos de trabajo y, sobre todo,
una industria manufacturera intensiva en trabajo, orientada a la exportación
y más abierta a la IDE, lo que será tarea difícil a la vista de la competencia
china (KPMG, 2006). En cuarto lugar, existen todavía importantes desequilibrios
macroeconómicos, entre los que destaca un importante déficit corriente, provocado
en parte por un abultado desequilibrio presupuestario y financiado en buena
medida por entradas de capital en forma de inversión en cartera (Bustelo,
2006b). En quinto lugar, hasta ahora el progreso social ha sido mucho más
limitado que en China. Baste señalar que la pobreza, medida por unos ingresos
diarios inferiores a 1,08 dólares en PPA, ha bajado del 54,4% en 1981 al 34,7%
en 2001, cuando afectó a 356 millones de personas, según datos del Banco Mundial.
A efectos de comparación, China consiguió bajar la pobreza del 63,8% en 1981
al 16,6% en 2001. Por último, la estrategia de reforma no está del todo clara
ni garantizada, entre otras razones porque es relativamente reciente (se inició
tras una grave crisis de balanza de pagos en 1991, como se detalla en Frankel,
2005) y porque depende mucho del complicado panorama político del país.
Para terminar este
apartado, sirvan unas breves reflexiones sobre los retos a corto y medio plazo
de los dos países.
China debe reorientar
su crecimiento desde la inversión y las exportaciones hacia el consumo interior,
dados los importantes inconvenientes del modelo basado en una muy alta tasa
de ahorro y en una prodigiosa competitividad internacional, como son la ineficiencia
de la inversión y la extrema dependencia con respecto al comercio internacional
(Garnaut y Huang, 2005; Yusuf y Nabeshima, 2006). Entre esos inconvenientes
figuran incluso algunos relacionados con la gestión macroeconómica, ya que
ese modelo no es capaz de impedir procesos de sobrecalentamiento (Bustelo,
2006c). Entre las distintas recetas que se recomiendan a China para esa reorientación,
Blanchard y Giavazzi (2006) han señalado tres medidas: reducción de la tasa
de ahorro para disminuir la inversión; mejora de los servicios públicos, especialmente
de salud, para permitir un aumento del consumo; y una apreciación del yuan
para reducir la contribución al crecimiento de las exportaciones netas. Si
las dos primeras medidas parecen evidentes, el alcance más adecuado de la
apreciación de la moneda es objeto de serias controversias.
Además, China debe
también reorientar su producción hacia sectores de manufacturas y servicios
de alto valor añadido. Hasta ahora China ha sido principalmente una plataforma
exportadora de ensamblaje de componentes y productos intermedios procedentes
de otras economías asiáticas. El valor añadido en esa tarea ha sido relativamente
pequeño. Así, el gobierno debería potenciar, con una ambiciosa política industrial,
sectores emergentes como los de automóviles, componentes de automoción, máquinas-herramienta,
construcción naval o aeronáutica. Algunos de esos sectores ya dan muestras
de pujanza gracias al efecto demostración de las importaciones, la transferencia
de tecnología o la IDE (Winters y Yusuf, comps., 2006, cap. 2). En cuanto
a los servicios, deberán adaptarse a una economía cada vez más compleja y
sofisticada. Es precisa la modernización de sectores como los de banca, seguros,
distribución de energía, atención de la salud, TIC, etc. El 11º Plan Quinquenal
(2006-2010) insiste en que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, con
una mayor dimensión social y medioambiental y con una mayor proporción entre
el desarrollo de la costa y del interior y entre las exportaciones y el mercado
interior (Bustelo, 2005). Sin embargo, más allá de algunas referencias a la
necesidad de promover el progreso técnico, no destaca suficientemente esa
necesidad de promover la producción de bienes y servicios de mayor valor añadido.
En cuanto a la
India, tiene dos grandes retos a corto y medio plazo. El primero es el de
crear empleo en cantidad suficiente, para lo cual parece imprescindible fomentar
decididamente un sector manufacturero intensivo en mano de obra y de alto
crecimiento, al estar orientado a la exportación y abierto a la IDE. Eso último
seguramente explica que se estén empezando a crear zonas económicas especiales
para la inversión foránea, asunto que, pese a la favorable experiencia china,
ha provocado un enorme debate entre los economistas indios (Aggarwal, 2006).
El segundo reto es modernizar y ampliar rápidamente las infraestructuras,
para lo cual será preciso contener el déficit presupuestario, obtener más
asistencia extranjera y abrir algunos sectores a la inversión privada internacional.
2. Algunas implicaciones
para España
Las implicaciones
del auge pasado, presente y potencial de China e India para una economía como
la española son diversas.
En el conjunto
de la UE, las relaciones económicas con China e India tienen tres características
principales (La Caixa, 2006): se realizan sobre todo con China, país con el
que existen complementariedades significativas, puesto que la India desempeña
hasta ahora un papel menor; se trata de intercambio de bienes, ya que el de
servicios apenas llega al 4% del comercio total de servicios de la UE; y la
IDE de la UE en China en India fue, en 2001-2004, apenas el 2% de la IDE total.
El impacto comercial
en España hasta ahora se circunscribe al de China, puesto que el peso relativo
de la India en las importaciones españolas ha aumentado muy poco. Como se
describe en Bustelo (2006b) y en Bustelo (coord., 2006), entre 1995 y 2005
el peso relativo de China en las importaciones españolas de bienes ha aumentado
del 2% al 5% mientras que el de la India apenas ha crecido del 0,4% al 0,7%.
Según Venables
y Yueh (2006), el impacto comercial de China ha sido positivo para países
importadores de manufacturas de consumo, cuyos precios han incluso bajado
en algunas categorías, para países exportadores de productos primarios, cuyos
precios han aumentado, y para países productores de bienes y servicios demandados
por China. En cambio, ha sido negativo para los exportadores de manufacturas
similares a las vendidas por China (algunos países de América Latina y de
Asia meridional) y para los importadores netos de productos primarios. Por
tanto, España se ha visto beneficiada por la importación de productos manufacturados
chinos (un tercio de las exportaciones chinas a la UE ha bajado de precio
entre 1988 y 2001, según Kaplinsky, 2006) y perjudicada, más recientemente,
por el aumento de los precios de las materias primas energéticas y no energéticas
propiciado por la demanda china. También cabe señalar que, por los conductos
financieros y comerciales, el auge de China y, en menor medida, de la India
ha contribuido a un crecimiento relativamente elevado y sin apenas inflación
en la UE. No obstante, en meses recientes, la posible diversificación de las
reservas chinas e indias, en dirección de una mayor cantidad de euros, ha
contribuido a la apreciación de la moneda europea con respecto al dólar, aunque
seguramente menos que el diferencial de tipos de interés entre EEUU y la UE.
En las relaciones
económicas de España con China e India destacan algunos aspectos significativos.
En primer lugar, las importaciones de bienes han crecido de forma pronunciada.
Entre 1995 y 2005 las importaciones totales aumentaron a una tasa anual media
del 10% pero las procedentes de China lo hicieron al 21% y las originarias
de la India se incrementaron al 16%. Con todo, la proporción de China e India
en las importaciones españolas (5% y 0,7%, respectivamente) es bastante menor
que la registrada para el conjunto de la UE (13% y 5%, respectivamente), con
lo que las compras a esos dos países parecen destinadas a seguir creciendo
más que las importaciones totales. En segundo término, la presencia comercial
e inversora de España en esas dos economías es muy escasa. Las exportaciones
españolas a China han crecido de 680 a 1.500 millones de euros entre 1995
y 2005, pero apenas han cambiado su peso en las exportaciones totales (0,97%
en 1995 y 0,98% en 2005). Como consecuencia de la evolución dispar de importaciones
e importaciones, el déficit comercial bilateral alcanzó 10.150 millones de
euros en 2005, convirtiéndose en el segundo mayor déficit bilateral de España,
detrás del de Alemania, y ascendiendo a más del 13% del déficit total. Las
exportaciones a la India apenas superaron los 560 millones en 2005, lo que
arrojó un déficit de unos 1.000 millones (el 1,3% del déficit total). En cuanto
a las inversiones de empresas españolas en esos dos países, han sido hasta
la fecha minúsculas. En 2005 ascendieron a 44 millones en China y a 0,8 millones
en la India. La primera cifra representa el 0,2% de la inversión total de
nuestro país. Algunas inversiones recientes en China, como las de Telefónica
o el BBVA, son alentadoras y podrían anunciar un cambio de tendencia. El conjunto
de la UE destina el 1,6% y el 0,4% de su IDE a China e India, respectivamente.
En tercer lugar, la escasa exportación a China e India significa que el perfil
exportador español sigue concentrado básicamente en mercados de bajo crecimiento
(en 2005, la UE absorbió el 72% de las exportaciones españolas), de manera
que España está prácticamente ausente en los grandes mercados dinámicos (China
e India recibieron el 2% de las exportaciones, menos que el 6% destinado a
África). En cuanto a la escasa implantación empresarial, es seguramente un
factor del bajo nivel de las exportaciones, ya que una mayor inversión – que
presumiblemente se orientaría más al mercado interior chino que a la exportación
– arrastraría venta de productos españoles, y es sin duda ninguna impropia
de una economía como la española, que llegó a ser en 2004 el cuarto mayor
inversor mundial.
En suma, China
e India son, para España, grandes mercados potenciales para la exportación
de bienes y servicios y para la inversión empresarial. Además, pueden convertirse
en fuentes significativas de turismo, inversiones y estudiantes. Aunque se
están tomando medidas, en la administración y en el sector privado, para potenciar
todas esas contribuciones de China e India al futuro crecimiento económico
de España, el auge presente y futuro de los dos gigantes asiáticos hace que
tales medidas deban ser consideradas prioritarias.
Conclusiones
El auge de China
e India ha alterado ya de manera significativa el mapa económico global y,
de mantenerse – incluso con tasas de crecimiento algo menores a las de los
últimos quince años – en los próximos decenios, promete hacerlo de forma aún
más pronunciada. El peso conjunto de los dos gigantes asiáticos en el producto
bruto mundial (en paridad de poder adquisitivo) se ha triplicado en el último
cuarto de siglo, para alcanzar una proporción del 21%, que ya es superior
a las de EEUU o la UE. Algunas previsiones indican que podría alcanzar el
28% hacia 2020 (19% en el caso de China y 9% en el caso de la India), si son
capaces de mantener hasta entonces tasas de crecimiento anual medio del PIB
que ronden el 6%, lo que, en principio, parece perfectamente posible, especialmente
en el caso de China. En ese año 2020, la proporción de EEUU en el producto
mundial será del 19%, al igual que la de la UE, mientras que América Latina
supondrá el 8% y África y Oriente Medio sumarán el 6%.
China e India suponen
ya el 8% del comercio internacional de bienes y el 5,5% del de servicios,
así como el 20% del consumo mundial de energía y el 11,5% del de petróleo,
porcentajes, todos ellos, muy superiores a los que tenían hace apenas pocos
años. Esas proporciones están llamadas a aumentar apreciablemente en los próximos
decenios.
Además, China e
India han superado recientemente la impresionante cifra de 1,1 billones de
dólares en reservas en divisas. China ha triplicado su turismo en el extranjero
en los últimos cinco años y seguramente lo vuelva hacer de aquí a 2020, cuando
habrá al menos 100 millones de turistas chinos. La India podría emitir 16
millones de turistas tan pronto como 2010.
Es cierto que tanto
China como India deberán hacer frente a importantes retos en los próximos
decenios. Entre los mencionados en las páginas anteriores, cabe destacar,
en el caso de China, el envejecimiento de la población, la sobreindustrialización,
la creciente dependencia energética, el deterioro del medio ambiente o la
ausencia de un sistema de libertades públicas e de independencia del poder
judicial. En el caso de la India, hay que mencionar la escasa integración
en la economía mundial, el subdesarrollo de las infraestructuras, una creación
muy limitada de empleo o los desequilibrios presupuestario y exterior.
Con todo, las ventajas
en el medio y largo plazo de ambos países seguramente superan a los inconvenientes.
China tiene una elevada integración en la economía mundial, posee unas buenas
infraestructuras de capital físico, ha adoptado un modelo de desarrollo que
genera muchos puestos de trabajo y disfruta de estabilidad macroeconómica.
En cuanto a la India, tendrá un “dividendo demográfico” hasta 2035, ha potenciado,
de manera sobresaliente, los servicios de tecnologías de la información, dispone
de un pujante sector empresarial privado y presenta una situación energética
y medioambiental menos grave que la de China. Así, todo parece apuntar que
China e India, salvo catástrofe, seguirán creciendo a tasas elevadas y aumentado
su peso global durante los próximos decenios.
Ante ese panorama,
la economía española no parece estar del todo bien preparada, pese a los esfuerzos
de los últimos años. Las importaciones desde esos dos países seguirán creciendo
más que las importaciones totales, entre otras razones porque España importa
de China e India, en términos relativos, dos tercios menos que la media de
la UE. Las exportaciones a esos dos países apenas llegan hoy al 2% de las
exportaciones totales de España. En otras palabras, nuestro perfil exportador
sigue concentrado en mercados maduros y de crecimiento lento y continúa prácticamente
ausente de los mercados emergentes y dinámicos. Es preciso exportar mucho
más a China e India, quizá multiplicando en esos países una inversión directa
que hasta el momento es muy escasa, aunque se observan tendencias positivas
en años recientes. En caso contrario, el déficit comercial de España con China
e India, que ya supone el 15% del déficit total (equivalía al 7% en 1995),
se disparará. De hecho, el desequilibrio comercial de España con China es
ya el segundo mayor déficit bilateral, tras el registrado con Alemania.
En los últimos
años han proliferado las iniciativas para corregir ese estado de cosas. Algunas
de ellas están ya empezando a mostrar efectos positivos. Es de esperar que
el esfuerzo se mantenga e incluso se acelere en algunas áreas. La economía
española no puede permitirse el lujo de no adaptarse al auge de China e India,
una tendencia de la economía mundial llamada a alterar profundamente el entorno
internacional en los próximos decenios.
Pablo Bustelo
Investigador principal de Asia-Pacífico, Real Instituto Elcano,
y profesor titular de Economía Aplicada en la Universidad Complutense
de Madrid
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Artículo publicado en la Revista del Instituto de
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