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Ocho claves para comprender el Partido Comunista Chino (parte II)
Enrique Fanjul
ARI 26/2011 - 09/02/2011

Ver también: Ocho claves para comprender el Partido Comunista Chino (parte I)

Tema: Este análisis es la segunda parte de un trabajo que revisa una serie de características clave para comprender el papel que desempeña en China el Partido Comunista, que en este año 2011 celebra su 90 aniversario y que tiene previsto llevar a cabo en 2012 la renovación de sus cargos dirigentes.

Resumen: Tras la exposición, en la parte I de este análisis, de las cuatro primeras características clave para entender el papel del Partido Comunista de China (PCCH), en esta segunda parte se tratan los otros cuatro temas indispensables para su comprensión: (5) la ausencia de alternativas políticas de peso al PCCH; (6) la existencia de un significado distinto del concepto de democracia en China; (7) el hecho de que el PCCH tiene unas características particulares que le dan una identidad propia, como su mecanismo de relevo en los puestos dirigentes, su sistema de meritocracia y su capacidad de adaptación y respuesta; y (8), se puede considerar que en China se registra un proceso de democracia gradual, que previsiblemente desembocará en un futuro en un sistema democrático.

Análisis

(5) La ausencia de alternativas al PCCH
Uno de los motivos por los que es muy difícil contemplar en China una transición a otro régimen político es porque simplemente no existe una alternativa al PCCH que tenga una mínima importancia. El impacto que en la comunidad internacional han tenido los disidentes chinos, en especial con la concesión del Premio Nobel a Liu Xiaobo, no debe llevar a espejismos ni sobre la importancia del movimiento ni sobre los objetivos de buena parte de estos disidentes, que pueden criticar muchos aspectos de la China actual, pero que siguen aceptando el liderazgo político del Partido Comunista Chino (PCCH).

Con frecuencia se publican análisis que concluyen que las nuevas clases profesionales y empresariales que han emergido en China, y que constituyen la elite económica del país, están a favor de un cambio político, de acuerdo con la teoría de que el cambio económico acarrea necesariamente demandas de cambio político. Sin embargo, cuando se habla con los nuevos empresarios y profesionales chinos, se percibe de forma generalizada una actitud de apoyo al sistema político y al papel del PCCH.

Y ello es así en primer lugar por un motivo: porque estos profesionales y empresarios consideran que el PCCH es la primera garantía de estabilidad. China está sometida a numerosos tensiones y conflictos, movimientos migratorios y desigualdades y sin el gobierno fuerte del PCCH el riesgo de inestabilidad y de desórdenes aumentaría enormemente. Las nuevas elites económicas piensan que la estabilidad de China, y su posición económica, peligraría si se desataran las fuerzas de la inestabilidad, que hoy en día controla y encauza el régimen del PCCH.

En palabras de Richard Baum, especialista en temas chinos de la Universidad de California, “la nueva burguesía china no ha mostrado un interés real por la democracia de estilo occidental. Esto, a su vez, parece violar uno de los más sagrados cánones de la teoría clásica sobre modernización… el partido-Estado ha cooptado con éxito la nueva burguesía china”.[1]

Hay otro dato muy ilustrativo respecto a las actitudes políticas del pueblo chino. En las comunidades chinas que existen por todo el mundo no se ha desarrollado hasta ahora una oposición de envergadura al régimen de Pekín. Aunque muchas de estas comunidades residen en países con sistemas democráticos, su posición hacia el régimen comunista de Pekín suele ser favorable, no de oposición. Los grupos de oposición que surgieron tras los sucesos de Tiananmen de 1989, promovidos por los estudiantes e intelectuales que entonces se exiliaron de China, se han ido eclipsando con el paso del tiempo, sin apenas alcanzar influencia entre esas comunidades de ultramar. “Estamos muy orgullosos de ser chinos. China está creciendo y tiene más poder que antes, gracias al gobierno chino… Es muy diferente de los gobiernos occidentales, en donde existe libertad pero no hay unión. Nosotros estamos muy unidos”:[2] estas palabras, de un empresario chino en España, recogidas en el Financial Times, son un elocuente botón de muestra de la actitud de las comunidades chinas en otros países.

Algo muy similar sucede con los estudiantes chinos en el extranjero. ¿Se han convertido las comunidades estudiantiles chinas en el exterior en focos de oposición al régimen de Pekín? En absoluto: la inmensa mayoría de los estudiantes acepta la legitimidad del sistema político chino.

Para que haya un cambio político es necesario que una parte significativa de la sociedad demande ese cambio. Esta no parece ser la situación de la China actual. En China no existen fuerzas sociales o políticas de un peso significativo que reclamen un cambio de régimen, y sin ello no parece fácil que éste pueda producirse.

(6) Un significado distinto del concepto de democracia
El significado del término y el concepto de democracia varían de unos países a otros, de unas culturas a otras; no es un término unívoco.

Otro factor que puede contribuir a las confusiones es que en China el término democracia se entiende de forma diferente a cómo se entiende en la mayor parte del resto del mundo.

No hay que olvidar, en primer lugar, que en China la tradición de democracia es casi inexistente. Prácticamente no ha habido etapas en las que haya existido un régimen democrático. La “democracia” tampoco ha sido en los últimos siglos un tema importante de preocupación entre los filósofos e intelectuales chinos.

La experiencia de democracia en China, tanto a nivel de implantación real como de debate intelectual, es pues muy limitada.

En China, cuando se habla de democracia, reformas democráticas, etc., no se está hablando normalmente de multipartidismo, elecciones libres o alternancia en el poder. Más bien se está hablando de profundizar en la extensión y el respeto a las leyes, de la responsabilidad de los gobernantes ante los ciudadanos, de tomar medidas para frenar los abusos, las arbitrariedades y la corrupción.

Es decir, cuando muchos chinos hablan de la democracia y de la necesidad de llevar a cabo reformas democráticas, con ello no quieren implicar que debe desaparecer el papel dominante del PCCH y establecerse un régimen multipartidista

De hecho, algunos estudios apuntan a que gran parte de la población china considera que su sistema político es democrático. La principal fuente científica para este tema es el Asian Barometer, un proyecto de investigación coordinado por la Universidad Nacional de Taiwán y en el que participan equipos de diferentes países asiáticos, dirigidos por destacados investigadores.[3]

El Asian Barometer ha llevado a cabo varias encuestas y estudios sobre las actitudes y percepciones políticas en una serie de países asiáticos.

Tabla 1. Apoyo al régimen político en Asia (% de encuestados que respaldan las siguientes afirmaciones)

 

China

Media (1)

Nuestra forma de gobierno es la mejor

94,4

58,5

Estamos satisfechos de la forma en que la democracia funciona en nuestro país

81,7

64,5

Confiamos en las instituciones del gobierno

72,2

49,0

Esperamos progreso democrático en el futuro

96,7

86,7

(1) Media de los países considerados: Tailandia, China, Mongolia, Taiwán, Filipinas, Corea del Sur, Hong Kong y Japón.
Fuente: Asian Barometer.

Como se puede ver en la Tabla 1, los chinos muestran un alto grado de valoración de su sistema político. Un 94% opina que “nuestra forma de gobierno es la mejor”; es el porcentaje más alto de valoración entre los ocho países considerados. Un 81% se declara satisfecho de cómo funciona la democracia en China (el segundo país con mayor valoración, detrás de Tailandia). Un 72% confía en las instituciones del gobierno y un 96% espera que la democracia continuará progresando en el país (en ambos puntos China es el país en el que se alcanzan los mayores porcentajes).

En otra de las preguntas de la encuesta del Asian Barometer se pregunta a los ciudadanos chinos si la competencia multipartidos debería ser permitida. Un 61,9% está en desacuerdo con esta idea, que sólo es apoyada por un 17,3% de los encuestados (con un 20,8% respondiendo “no sabe”).[4]

Muy significativos son también los datos, recogidos en la Tabla 2, sobre las percepciones que tiene la gente sobre su sistema político. Recogemos junto a los datos de China los de otros tres países asiáticos, a modo de referencia.

Sólo el 16,2% de los chinos, según esta encuesta, consideran a su sistema político como muy o bastante dictatorial, mientras que el 83,8% lo considera bastante o muy democrático. Llama la atención la enorme proximidad de estas valoraciones a las que expresan los ciudadanos de Taiwán, en donde un 16,4% valora su sistema político como muy o bastante dictatorial, por un 83,6% que lo valora como muy o bastante democrático. Un par de décimas separan por tanto a la población de la RP China de la población de Taiwan en la valoración de sus respectivos regímenes políticos.

Tabla 2. Percepciones del actual régimen político (% de respuestas)

 

China

Japón

Taiwán

Filipinas

Muy dictatorial

1,6

0,5

1,5

4,6

Bastante dictatorial

14,6

14,9

14,9

25,7

Bastante democrático

59,3

72,2

60,9

47,3

Muy democrático

24,5

12,4

22,7

22,5

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

No sabe/no contesta

25,1

9,1

12,9

0,2

Fuente: Asian Barometer.

Finalmente, los chinos son también optimistas en relación con el futuro. Sólo un 3,3% espera una “persistencia autoritaria” o un “retroceso autoritario”. Por el contrario, un 66,5% espera el desarrollo o la consolidación de la democracia.

En suma, el análisis anterior nos llevaría a varias conclusiones significativas. En los países occidentales habría pocas reservas a la hora de considerar el régimen de la RP China como autoritario o dictatorial. Frente a las anteriores percepciones, los ciudadanos chinos manifiestan otras opiniones: (1) de forma mayoritaria consideran que su régimen político es democrático; (2) de forma también bastante mayoritaria valoran de forma favorable su gobierno; y (3) no valoran muy favorablemente lo que en otras latitudes se considera un elemento esencial de la democracia: el multipartidismo.

(7) Un partido con características propias: mecanismos de relevo, meritocracia y creciente ejercicio colectivo del poder
El PCCH tiene unos rasgos propios que lo diferencian de la mayor parte de partidos que ejercen el poder de forma dictatorial, destacando de forma especial tres: (1) la existencia de un sistema ordenado de relevo en los cargos clave de Partido; (2) la meritocracia en la promoción de los dirigentes; y (3) el creciente carácter colectivo del poder.

La primera diferencia, de una gran importancia, y que no se menciona en los análisis sobre China, es que en el PCCH existe un sistema establecido, y que funciona, de relevo en los puestos clave del poder. Los dirigentes van cambiando cada cierto tiempo, de acuerdo con unos plazos establecidos y conocidos de antemano. Esto no ocurre en Arabia Saudí, Siria, Corea del Norte, Bielorrusia… o en la inmensa mayoría de las dictaduras, que suelen caracterizarse por un fuerte componente personal.

El año próximo, en 2012, Hu Jintao será relevado como secretario general del Partido, y en 2013 será relevado como presidente de la República. Así está previsto y así ocurrirá (salvo imprevistos improbables). Hu Jintao habrá estado dos mandatos en estos cargos, en los que sustituyó en 2002-2003 a Jiang Zemin, tal como entonces estaba previsto. También está previsto que en 2012-2013 cambien el primer ministro del país, y buena parte de los miembros del Comité Central y otros altos cargos.

En líneas generales, el aparato del poder se ha caracterizado por un alto grado de renovación. En el Comité Central elegido en el Congreso de 2007, un 63% de los miembros eran nuevos. Durante la era de la reforma la tasa media de renovación en los Comités Centrales elegidos en los Congresos del Partido ha sido de un 62%.[5]

Una segunda característica es que el PCCH ha sido capaz de establecer un sistema de meritocracia que funciona de forma bastante eficiente. De forma similar a como ocurría en la época imperial con los mandarines, el Partido tiene establecidos unos mecanismos que promueven hacia arriba a los cuadros más capaces.

El gran éxito económico de China en las últimas décadas se debe en buena medida a este factor, a la capacidad de sus dirigentes. Estos han mostrado, en primer lugar, una gran capacidad de flexibilidad y adaptación ante las circunstancias, en la que ha radicado una de las claves de los buenos resultados obtenidos. Las reformas del sistema bancario de hace algunos años, la aprobación de una nueva ley laboral, la rápida respuesta ante la crisis económica en 2008, o la nueva política para impulsar un cambio en el modelo de crecimiento de la economía china, son algunos ejemplos destacados de esta capacidad de reacción y adaptación.

En tercer lugar, en las últimas décadas se ha ido reforzando de forma notable el carácter colectivo del poder. Durante sus tres primeras décadas, el poder en China tuvo un carácter personalista muy acusado, centrado en la figura de Mao. A la muerte de éste tomó el poder, también con un fuerte componente personal, Deng Xiaoping. Mao y Deng fueron gobernantes supremos con un dominio total del poder, en el primer caso con un culto a la personalidad que llegó a los máximos extremos.

Pero con Deng puede decirse que terminó la era de los gobernantes supremos. Tras Deng el poder se ha ido haciendo más colegial. Desde fuera de China no se conoce bien cómo funciona en la práctica el proceso de toma de decisiones en el núcleo central del PCCH, pero éste se ha ido haciendo progresivamente más colectivo.

(8) Un proceso gradual de democratización
La gran cuestión que se plantea es: ¿será China una democracia algún día? ¿O está abocada a tener un sistema autoritario de forma indefinida?

Se trata de una cuestión indudablemente muy complicada pero, de alguna forma, puede decirse que la transición democrática en China ya ha comenzado. Sin embargo, a diferencia de las transiciones en la antigua Unión Soviética y otros países comunistas de Europa del Este, la transición a la democracia en China no va a estar configurada por momentos claros de ruptura. Es una transición gradual, paulatina, nuevamente con características propias.

La referencia a tener en cuenta para comprender la transición política no es la transición política en la Unión Soviética, sino cómo se ha producido la transición económica. La reforma económica, que se inició hace 30 años, ha sido gradual, paulatina y sin rupturas. No ha habido big bangs de la reforma (privatizaciones masivas y liberalizaciones bruscas de precios) como los que hubo en Europa del Este.

China fue liberalizando poco a poco su sistema económico. Se liberalizaron progresivamente los precios. Se permitió la propiedad privada en las empresas. En una primera etapa ésta se desarrolló fundamentalmente a través de la entrada de inversiones extranjeras. Más tarde se empezaron a privatizar empresas estatales. Fue surgiendo un sector empresarial privado chino que cada vez tiene un papel más determinante en la economía.

Sin que se pueda identificar un momento en el que produce el cambio cualitativo, la economía china ha dejado de ser socialista para convertirse en una economía mayoritariamente capitalista (aunque tenga una fuerte intervención estatal).

Lo mismo que China fue avanzando en la reforma económica y un día se encontró con ya no era socialista sino capitalista, el marco de libertades, de crítica y de participación ciudadana irá avanzando y un día, quizá no tan lejano, China se encontrará con que, por fin, se puede considerar como una sociedad democrática.

Como es lógico, es difícil anticipar los detalles del proceso. Quizá el Partido Comunista Chino cambie en un momento dado su nombre. Y muy posiblemente, tras la transición, el Partido Comunista será el partido que gane las elecciones libres durante un período de tiempo.

Conclusiones: El poder del PCCH se apoya en el hecho de que no existen movimientos políticos que puedan ser considerados como una alternativa política de relevancia. Por otra parte, el concepto de democracia en China tiene unos matices que lo diferencian de otros países, en especial los occidentales; estudios como el proyecto Asian Barometer muestran que el pueblo chino considera su sistema político como democrático y apoya su gobierno. El PCCH tiene algunas características particulares que le dan una identidad diferenciada: (a) un mecanismo establecido para llevar a cabo relevos en los altos puestos del Partido y el Estado; (b) un sistema meritocrático de promoción; y (c) una probada capacidad de adaptación y flexibilidad para reaccionar con eficiencia ante la evolución de las circunstancias. Finalmente, el proceso de transición a la democracia en China tendrá a su vez unas características propias y será probablemente un proceso gradual y paulatino, como lo ha sido el proceso de transición económica.

Enrique Fanjul
Antiguo Consejero Comercial de la Embajada española en Pekín, antiguo presidente del Comité Empresarial Hispano-Chino y autor de varios libros sobre China


[1] Richard Baum, entrevista en FiveBooks, 2010.

[2] Financial Times, 21/I/2011.

[4] Estos resultados se pueden encontrar en un debate organizado por el Carnegie Council sobre el libro How East Asians View Democracy, escrito por tres de los investigadores participantes en el proyecto Asian Barometer. Entre ellos se encuentra el prestigioso sinólogo Andrew Nathan, de la Universidad de Columbia. Véase http://www.carnegiecouncil.org/people/data/andrew_j__nathan.html.

[5] Cheng Li, “China’s Midterm Jockeying: Gearing up for 2012”, China Leadership Monitor, varios números.

 
 
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