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¿Existe una marca España? ¿Es una
única marca o hay varias, dependiendo de las zonas del mundo?¿Se trata de
una marca fuerte? ¿Cómo son su personalidad y su posicionamiento? ¿Cuáles
sus fortalezas y sus debilidades? ¿Qué se puede hacer para mejorarla?
Hay que empezar por decir que no todos los países, ni siquiera muchos de los
“grandes”, tienen marca. Pensemos en Canadá o en Suecia. Son economías fuertes.
Y sin embargo no tienen una marca-país poderosa. No asociamos imágenes o estereotipos
(positivos o negativos), y su cultura apenas es conocida más allá de sus fronteras–excepto,
quizás, en los EEUU. En cambio, España, al menos en Europa y América Latina,
sí tiene una marca, y bien fuerte.
En las circunstancias actuales es imprescindible que los productos vayan avalados
por una marca-país. Se ha dicho que con la globalización, en particular con
la fragmentación y la desterritorialización de la producción, la marca-país
y el efecto del país de origen perderían importancia como factor de compra.
Como sabemos, los componentes de un automóvil proceden de multitud de empresas
y países distintos. Pero, precisamente, por la deslocalización de la producción
material, de los aspectos objetivos, aumenta aún más si cabe la importancia
del aspecto simbólico y los atributos emocionales asociados al producto o
servicio, es decir, el valor de la marca en sí misma (N. Klein), de manera
que la marca-país de origen gana en importancia para el consumidor como garantía,
o no, de calidad y fiabilidad. En definitiva, como cuando compras el automóvil
no puedes desmontarlo para saber exactamente de donde vienen todas las partes,
al final lo que te importa es el prestigio de la marca y del país de procedencia
de esa marca –el ejemplo, de nuevo, serían los automóviles o los frigorícos…
¿de qué país? Alemanes, por supuesto.
La imagen del país es un activo fundamental para defender los intereses de
los Estados en las nuevas relaciones económicas y políticas internacionales,
caracterizadas por una mayor competitividad e interdependencia. Los Estados
avanzados, con distintas ventajas competitivas, se enfrentan todos contra
todos, y deben convertirse en Marcas. Nace así el Estado-marca. Los Estados
son cada vez más conscientes de la importancia de su imagen, de su reputación,
“en definitiva, de su marca” (van Ham, 2). Bajo
diversas etiquetas, empieza a estudiarse la importancia de la imagen de los
países y el Estado Marca: “diplomacia pública”, en relaciones internacionales;
“confianza en los países”, en ciencia política; finalmente, efecto made
in, en marketing internacional.
Hay muchos ejemplos recientes de Estados grandes y pequeños que, por
diversos motivos, han puesto en marcha iniciativas de estudio y mejora de
su imagen exterior. Alemania intenta atraer mano de obra cualificada del extranjero,
y lucha contra su estereotipo de país xenófobo. Porque no es suficiente el
poder “duro” de las armas y la economía, y hace falta el poder “blando” de
la confianza y la reputación si se quiere convencer incluso a los amigos
y aliados, los EEUU desarrolla campañas de imagen para contrarrestar la percepción
creciente que se tiene de ellos como superpotencia unilateralista y militarista.
Finalmente, entre Estados menos fuertes, Polonia
o Estonia el objetivo de sus planes de imagen es integrarse en la UE y atraer
más inversiones del exterior.
En definitiva, es importante para los países tener una imagen diferenciada,
ocupar un hueco en la mente de los consumidores, y los Estados son cada vez
más conscientes de esa necesidad. España tiene una imagen, pero en muchos
aspectos no es tan brillante como la realidad de sus logros en los últimos
25 años. Haré en primer lugar un recorrido por los distintos aspectos de la
imagen, positivos y negativos, sobre todo en la zona en la que tiene más notoriedad,
es decir, en Europa. Después señalaré algunas diferencias por regiones. Concluiré
con algunas reflexiones sobre las posibilidades y límites de mejora de la
marca España.
La imagen de España
Hagamos un recorrido por los distintos aspectos de nuestra imagen. Nos centramos
en el área en el que hay un mayor conocimiento, que es Europa, subrayando
las similitudes entre los países, aunque no se pueden ocultar en algunos casos
las diferencias, por ejemplo, entre la imagen inglesa, basada más en la imagen
del imperio decadente (el conquistador y la Armada Invencible), y la imagen
alemana, que se nutre del estereotipo romántico (Carmen y la Alhambra).
El estereotipo de los españoles
Los españoles, frente a otros pueblos, destacan en los aspectos expresivos
y “cálidos” de la vida (emoción, vitalidad, ocio), frente a los instrumentales
o “fríos” (eficacia, disciplina, trabajo). Es un país bueno para vivir, pero
malo para trabajar, aunque no tanto como Italia u otros países latinos. Somos
los “prusianos del sur”.
Los
diversos estudios sobre estereotipos nacionales, como el de Noya/ Lamo de
Espinosa, 1996, demuestran que esas dos facetas de las imágenes de los países
son difícilmente cohonestables. O se es lo uno o lo otro: tertium non datur.
Aquellos paises que ocupan las primeras posiciones en los aspectos instrumentales
(Japón, USA, Alemania) ocupan las últimas posiciones en los items expresivos.
Pero también viceversa: quienes ocupamos las primeras posiciones en los expresivos
(España, Italia, Grecia) ocupan las últimas en los instrumentales.
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PAISES INSTRUMENTALES
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PAISES EXPRESIVOS
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Buenos para trabajar
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Buenos para vivir
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Gente de de fiar
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Gente no fiable
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Gente aburrida
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Gente divertida
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Rigurosa
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Chapucera
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Trabajadora
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Vaga
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Eficiente
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Desordenada
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Poco imaginativa
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Creativa
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Mal gusto
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Buen gusto
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Frios
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Calientes
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Norte
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Sur
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Nieve
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Playa
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Húmedo
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Seco
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Inglaterra, Alemania
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España, Italia
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Por
supuesto, hay países o regiones que son excepciones a la regla. Pero hay que
subrayar que son escasas: Francia, en Europa, o California, en los EEUU.
Sin
embargo, no todo es negativo en este estereotipo latino de lo español. Se
valoran muy positivamente otros rasgos del carácter español: sociabilidad,
altruismo, calor humano, etc. De ahí que la valoración general que recibe
España sea buena.
Lengua y cultura
En lo relativo a la cultura española, un
notable nivel de desconocimiento entre la población general europea hace que
no se perciba al mismo nivel de prestigio que la francesa o la italiana. La
difusión y el reconocimiento es mayor entre los líderes de opinión. La notoriedad
e influencia percibida es mucho mayor en América Latina.
En cuanto al español como segunda lengua, se considera
menos útil que otras lenguas como el inglés. En cualquier caso, a nivel mundial
despierta un enorme interés entre los jóvenes, toda vez que éstos -al menos
sus segmentos de status más alto- ya dominan el inglés.
Espejo y espejismo
de lo hispano
Los hispanos son
los norteamericanos con los que más nos identificamos –sobre todo en
este momento de recelo generalizado ante la política exterior norteamericana.
Son nuesto espejo trasatlántico. Consecuentemente, al hilo de su creciente
peso demográfico en los EEUU, en España se han creado unas enormes
expectativas sobre el potencial de
- los hispanos en Estados Unidos
como mercado en crecimiento para los productos de España
- los no-hispanos de Estados
Unidos como mercado o potencial para la lengua y la cultura española
en la medida en que aumente la influencia de los hispanos
Ahora bien, los
datos reales sobre las imágenes no justifican, al menos de momento,
esas expectativas.
Respecto
a lo primero, la imagen de España entre los hispanos no es siempre buena.
Sobre todo entre los mejicanos, que componen la mayoría, hay prejuicios
inspirados en buena medida en el estereotipo histórico del conquistador
- ¿no puede inscribirse en esta corriente de opinión el episodio reciente
protagonizado por el comandante Marcos y el juez Garzón?. Pero, además,la
imagen de los hispanos entre los norteamericanos dista de ser la ideal:
todavía está muy estereotipada y no siempre es positiva. De manera que
si los productos se orientan demasiado hacia ese nicho de mercado, si
el cava se llegase a identificar como la bebida de los hispanos, por
poner un ejemplo, ¿no se corre el riesgo de que se puedan resentir las
ventas a los no-hispanos?.
Respecto a lo segundo, el futuro del español, de su conservación
entre la población hispana, es incierto. Diversas encuestas vienen a
subrayar que lasegunda generación tiende a asimilarse y a perder paulatinamente
el español.
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Política y relaciones internacionales
En general tenemos la imagen de un país democrático. En comparación con Italia
se nos percibe menos burocrático y eficaz. En este sentido, hay que subrayar
que España es el país europeo respecto al cual aumentó más la confianza de
los otros ciudadanos de la Unión en los años 80 y 90.
Con el tiempo se ha consolidado además la percepción de país que está libre
de la lacra de la corrupción: es uno de los países respecto a los que más
aumenta la percepción de la transparencia en las prácticas económicas y políticas.
En lo relativo al papel de España en el concierto de las naciones, en consonancia
con la realidad, aunque no se nos percibe como una superpotencia, sí se empieza
a notar nuestra creciente participación en la arena internacional. Algunos
países del sur de Europa consideran que España es el país de esa región con
más peso en la UE. Por otra parte, en general se valora enormemente el papel
de nuestro país en las relaciones entre Europa y América Latina.
Un buen producto
y un gran mercado: la Transición
El modelo de consenso de nuestra transición es, sin duda,
la estrella del componente más positivo de nuestra marca de país, el
aspecto político. Como señalan distintos trabajos historiográficos
(Powell), la Transición tuvo un efecto revulsivo sobre nuestra imagen.
El efecto prestigio de la Transición se refleja en distintas encuestas
realizadas en varios países iberoamericanos y europeos, que muestran
que España se percibe como un país de democracia fuerte y joven -el
país más democrático de Europa, según alguna encuesta iberoamericana.
La excelente imagen que tenemos
en los países del Este de Europa debe mucho a nuestra transición.
El producto “se vende” bien incluso en países que ya son
democráticos pero atraviesan dificultades políticas y económicas. Lula,
el presidente electo de Brasil, está impulsando un acuerdo similar a
los Pactos de la Moncloa para garantizar la gobernabilidad del país.
Pero hay todavía muchos países no democráticos, en los que
no se respetan los derechos humanos, y que tienen un enorme potencial
de crecimiento: pensemos en China. Son un mercado excelente para vender
ese producto, la transición, pero también para la “venta cruzada” del
made in Spain: por ejemplo, democracia, libertad de expresión… y prensa
o medios de comunicación, y, por extensión, cultura en general. Otra
posibilidad: ayuda y cooperación, servicios sociales y…servicios como
guarderías, residencias para la tercera edad, etc. La combinación de
la diplomacia económica y la pública, las estrategias combinadas de
los agregados comerciales y culturales de nuestras Embajadas, puede
rendir excelentes resultados. La próxima celebración del 25º aniversario
de nuestra Constitución es una ocasión que no se debe dejar escapar.
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Turismo
Los beneficios asociados a nuestra oferta siguen siendo el sol y la playa.
Apenas se percibe nuestra oferta cultural, gastronómica, etc. Frente a los
nuevos destinos con una oferta similar, el valor añadido de España es que
se percibe como un país seguro y culturalmente próximo. Entre los aspectos
negativos, con el tiempo se ha agudizado la insatisfacción con algunos aspectos
(masificación, impacto medioambiental, etc.).
Sin embargo, finalmente, hay que destacar el alto grado
de satisfacción que siguen mostarndo los turistas que nos visitan, que apenas
ven frustradas sus expectativas. El que prueba, repite. De hecho, el mejor
predictor de viajar a España como turista es haberlo hecho antes.
Economía
Partiendo de una imagen de país menos avanzado y desarrollado, se aprecia
una notable mejoría, pero lastrada por el estereotipo fuertemente expresivo
o “latino”. Claramente la imagen no se corresponde con los indicadores objetivos,
de manera que las percepciones están penalizando a la economía de nuestro
país. Como país receptor de inversiones, la formación y el conocimiento de
idiomas extranjeros son algunos de los aspectos peor valorados.
Como inversores, sobre todo en América Latina, se prefieren
las inversiones de otros países, sobre todo de los EEUU, porque, como acabamos
de ver, nuestra imagen económica es más débil. En países como Argentina o
Perú ha ido cristalizando una imagen de nuevos conquistadores. El ritmo de
las inversiones (acelerado), su tipo (concentración sectorial), su procedimiento
(privatizaciones) y el mismo nivel de expectativas generadas entre la población
(compromiso esperado de la madre patria) explicarían este síndrome en la opinión
pública
Exportaciones
En lo referido específicamente a la valoración del made in Spain,
España tiene un posicionamiento de productos agroalimentarios -y menos
de bienes de consumo- de bajo precio. En este sentido contrasta con el posicionamiento
de diseño en bienes de consumo de Italia, de industria y tecnología de calidad
de Alemania, o de servicios de calidad de los Estados Unidos. Hay un profundo
desconocimiento de productos y de marcas españolas. Se valoran además como
de baja calidad, escasa innovación tecnológica, diseño de mal gusto y no exclusividad.
En el mejor de los casos, los consumidores europeos sólo nos diferencian por
precio. Como consecuencia de lo anterior, por lo general se prefieren productos
no españoles a españoles, independientemente de la categoría de bien de que
se trate (agroalimentario, de consumo, industrial, etc.). Hay que subrayar
que, así como otras dimensiones de la imagen han mejorado sustancialmente,
ésta permanece estancada.
Respecto a nuestros competidores en los mercados de la Unión Europea, Italia
y Francia, el primero se identifica como diseño, pero su punto débil es la
fiabilidad; Francia representa la distinción y la exclusividad, pero su punto
débil es una imagen de cierto elitismo y precio muy alto.
¿Cuáles
son las causas de este hiato tan acusado entre la calidad de nuestras exportaciones
y su mala imagen? En primer lugar, la tardía internacionalización de nuestras
empresas. Llegamos tarde a muchos mercados. En segundo lugar, los consumidores
no reconocen muchas de nuestras marcas renombradas como españolas; en muchos
casos, porque esas marcas no se presentan como españolas ante ellos.
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El huevo o
la gallina.
¿Qué es primero: la imagen de las marcas o la imagen del
país? Muchos anlaistas y empresarios sostienen que son las buenas marcas
de productos y servicios de calidad los que por sí solos acabarán por
cambiar la imagen de España. Pero
la situación actual de la marca España responde a un claro problema
de lo que en marketing internacional se ha dado en llamar "efecto
halo" (Lampert/ Jaffe): en un contexto en que los productos españoles
apenas han penetrado en los mercados y, por lo tanto, no son conocidos
por sí mismos, la imagen de España, asociada a tradición, falta de fiabilidad,
etc., obra como barrera de entrada para las exportaciones.Si consiguiesen penetrar, efectivamente
se acabaría el problema de la imagen. Pero sucede que mientras España
no tenga una buena imagen, por la competencia de otros países que sí
la tienen, esos productos no van a lograr entrar, ni dar a conocerse.
Por lo tanto lo primero es mejorar la imagen del país o, en cualquier
caso, ambas a la par.
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Las imágenes de España
El estudo reciente de YOUNG&RUBICAM (2000-2001) nos permite comparar los
estereotipos sobre España en Europa, América Latina y Estados Unidos. Se compararon
cuatro rasgos de la marca-país: diferenciación, o razón de ser de la marca;
relevancia, o en qué grado es apropiada la marca; estima, o cómo es considerada
la marca; y familiaridad, o cuán bien está establecida la marca. Los dos primeros
rasgos hablan de la fortaleza o vitalidad de la marca; los dos segundos, de
su dimensión o estatura. En el estudio, además, se mide la percepción de la
calidad.
La baja
percepción de la calidad de la marca España es común a todos los países estudiados.
A partir de ahí, los problemas
de la marca España difieren según los países y regiones.
Empezando
por América Latina, el problema es la baja diferenciación. La marca España es muy popular y conocida, pero poco
diferenciado en Argentina o Chile. Somos demasiado parecidos a ellos. En Brasil
está más diferenciada, pero España es una marca con problemas de estima y
relevancia. En Estados Unidos, por el contrario, hay una fuerte diferenciación,
pero el nivel de conocimiento y de relevancia es bajo.
Frente
a América Latina y EEUU, en Europa, si tomamos Alemania, España aparece como
una marca diferente, relevante, estimada y conocida. Es donde se tiene una percepción más favorable.
En otro
orden de cosas, el estudio YOUNG&RUBICAM pone de relieve similitudes y
diferencias significativas entre Europa y América Latina en la valoración
de una veintena de rasgos o atributos de la personalidad de marca.
Lo común es que en EEUU, América Latina o en Europa se asocia España a un
país divertido y auténtico. Entre los aspectos negativos, también es común
a ambos continentes la asociación de España con tradición, baja calidad o
falta de estilo.
Pasando a la variación entre las distintas zonas, lo que destaca como diferencia
fundamental entre América Latina y Europa es que en América Latina se nos
percibe como menos diferentes que en Europa. También es mayor la asociación con
innovación, originalidad y prestigio. En el aspecto negativo, en América Latina
mucho más que en Europa se valora a España como distante, arrogante, poco
servicial, poco fiable, hostil o poco amistosa. En definitiva, proximidad
cultural y distancia emocional: éste sería el perfil diferencial de nuestra
imagen en América Latina, en comparación con Europa.
El perfil de la imagen en Estados Unidos difiere de los anteriores. En el polo positivo, es
más marcada aún que en Europa la percepción de país único y diferente. También
está más asociada a estilo y distinción. Se acentúa más que en Europa o América
Latina el aspecto tradicional, poco innovador (es en donde se percibe que
“está al día”). También la desconfianza es más marcada que en América Latina
o Europa.
Resumiendo
en la propia terminología de YOUNG&RUBICAM, si el arquetipo que define
a España en Europa es el de la hechicera (divertida, encantadora y sensual),
el arquetipo dominante en América Latina es del guerrero (marca prestigiosa
e inteligente, pero agresiva y dura). Frente a la hechicera y el guerrero,
el arquetipo identificado por YOUNG&RUBICAN en los EUU es el del juglar
(divertido y original).
Dentro de las distintas regiones también es posible identificar nichos de
mercado: en la UE, la imagen es mejor en Alemania y peor en Inglaterra; en
América Latina, mejor en Uruguay o Argentina que en Méjico o Perú; finalmente,
en Europa del Este, mejor en Polonia que en otros países. Dentro de EEUU hay
diferencias entre hispanos y no hispanos, aunque, frente a lo que se pudiese
esperar, en muchos casos es difícil establecer de qué lado se inclina la balanza
(en algunos aspectos, por ejemplo, en el comercial, la opinión sobre España
es peor entre los hispanos que entre los no hispanos).
En definitiva, tenemos un interesante contraste por áreas geopolíticas que
debe ser tomado muy en consideración a la hora de abordar una política (o
mejor, políticas, en plural) de imagen. En muchos e importantes países, incluyendo a Estados Unidos,
simplemente no hay una imagen de España. Se nos asocia a “lo hispano”. En
otros casos, como en buena parte de Europa, siguen pesando más los estereotipos
románticos del pasado que las nuevas realidades: por ejemplo, sigue habiendo
una percepción de los productos y la tecnología española que no se corresponde
con su calidad objetiva. Finalmente, en otros muchos casos, como en América
Latina, es la misma internacionalización reciente de las empresas españolas
la que ha recreado una imagen negativa de nuevos “conquistadores
América Latina
Aunque todavía no hay datos cuantitativos completamente
fiables, los estudios recientes sobre la imagen en América Latina apuntan
a un deterioro. O quizás habría que hablar de un aumento de la ambivalencia
o, mejor aún, de sentimientos más contradictorios.
Recientemente la CNN en español, con base también en Atlanta,
hizo una encuesta entre sus corresponsales en América Latina en la que
se preguntaba por la imagen que se tenía de España en los países sobre
los que informan. Aproximadamente la mitad mencionaba como segunda imagen
más asociada a lo español, después de idea de la Madre Patria, la de
“imperio colonial”.
Sin embargo, también hay indicios de
que, incluso en Argentina, donde hay un gran deterioro en el aspecto
anterior, siguen manteniéndose los lazos de simpatía hacia los españoles,
basados sobre todo en la historia, la cultura y la lengua. Así lo ponen
de manifiesto los estudios de la Fundación Cámara Española de Comercio
en la R. Argentina. Con lo cual cabe hablar de un aumento de la ambivalencia.
Conviven dos sentimientos muy intensos y muy opuestos: uno muy positivo,
hacia los españoles, y uno muy negativo, hacia las inversiones.
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Una nueva marca para España: las personas
como soles
En resumen, España,
sobre todo por el efecto de la transición a la democracia, tiene una imagen
política muy buena para un país latino, y mejorando, con niveles crecientes
y altos de confianza hacia el país y hacia las personas, que generan más simpatía
que antipatía. Tenemos, además, una muy buena, casi excelente, imagen cultural
y artística. Por otra parte, sin embargo, como un efecto halo nos envuelve
un fuerte estereotipo, muy simplificador, rodeado a su vez de un espacio
de gran ignorancia y desconocimiento de la realidad del país. Por su parte,
la imagen económica es buena y sin duda mejora, pero ubicados "en la
cola del pelotón de cabeza" es muy inferior a la capacidad económica
real del país. Por lo demás, el Spain is different, base de una excelente
imagen como destino turístico, ya sólidamente asentado, genera no pocas tensiones
entre su alta valoración como lugar adecuado para descansar y su mediocre
valoración como lugar adecuado para trabajar, una dicotomía que parece ordenar
universalmente las imágenes de los países. Y en este sentido, nuestro made
in Spain es regularmente valorado a consecuencia de un muy escaso conocimiento
de productos y marcas españolas y de cierta imagen tradicional de país no
avanzado.
La
mala imagen comercial y, en menor medida, macroeconómica del país es efecto
del sobreposicionamiento de la marca España -utilizando la terminología de
Kotler- en su principal "producto" de exportación: el turismo de
sol y playa. Desde el punto de vista de la gestión de marca del país, al promocionar
determinados productos 'made in Spain' se intenta hacer una arriesgada extensión
de marca: del turismo de sol y playa a la alta tecnología, por poner un ejemplo.
Bajo el mismo paraguas de la misma marca España se ofrecen productos con atributos
contrapuestos, con lo cual la extensión resulta poco creíble y, en consecuencia,
fallida.
España
tiene una fuerte personalidad de marca, asociada a aspectos expresivos
(diversión, emoción, fiesta, etc.). Pero uno de los aspectos que más también
atrae de España es otra característica de su gente: sociabilidad, solidaridad,
trato humano (amabilidad, simpatía, afabilidad), etc, es decir, los aspectos
relacionales. Además, despertamos más confianza que otros países que
se asocian a nosotros, como los del Mediterráneo.
Sin que ello esté reñido con una imagen de calidad basada en la innovación
y la tecnología, podríamos hacer de este tipo de intangible diacrítico una
ventaja competitiva de primer orden que sirva de fulcro para un nuevo posicionamiento.
Para ello, como ha señalado muy bien Peralba, hay que conseguir que la imagen
pivote sobre la confianza, cuidando los aspectos relacionales en las transacciones
(reciprocidad, fiabilidad, credibilidad) y la calidad de los servicios de
atención al cliente (información, reclamaciones, postventa, etc). España puede
presentarse como un "país mediterráneo de palabra": el sol del cielo
y “las personas como soles” que irradian “calor humano”. Además del componente
de confianza interpersonal, contiene el aspecto expresivo de la palabra y
el diálogo, que se asocia a lo mediterráneo.
Este posicionamiento se puede comunicar de varias formas. Tenemos por un lado
los iconos de El Quijote y Sancho Panza, que se pueden promocionar en el sentido
anterior presentándolos como una relación única de confianza y amistad auténticas.
A favor de este “posicionamiento quijotesco” juega el prestigio literario
del Quijote y el conocimiento de su figura en muchos países. Por otra parte,
no “chirría” porque admite una lectura que es coherente con el estereotipo
romántico: el español que lucha contra los molinos de viento. Además, al ser
un icono extraído de la literatura, se puede asociaral potencial del español
como lengua para el diálogo (Otero).
La estrategia relacional de reposicionamiento debería incidir también en la
capacidad de compromiso de que hicimos gala los españoles en la Transición:
por poner un ejemplo, en la política de Pactos (Moncloa, ANE, etc.). La comunicación
basada en la Transición tiene una segunda ventaja. El posicionamiento de Francia
basado en la distinción y la exclusividad tiene como desventaja la connotación
elitista para el consumidor. Por contra, la democracia española podría asociarse
a productos de buena relación calidad/ precio accesibles a todos los consumidores.
Javier Noya
Analista principal, área Percepción e Imagen exterior de España
Real Instituto Elcano
NOTAS
(*) En este artículo se resumen y extienden algunos de los argumentos y datos
presentados más detalladamente en el libro de J. Noya: La imagen de España
en el exterior. Estado de la cuestión, Real Instituto Elcano, 2002, y
en el artículo de J. Noya: La imagen exterior como política de Estado,
colección ‘Análisis’ del Real Instituto Elcano, 2002, www.realinstitutoelcano.org/analisis/82.asp
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