Los atentados terroristas que tuvieron lugar el 11 de septiembre de 2001 pudieran ser considerados crímenes de lesa humanidad, al tratarse de asesinatos cometidos “como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil” (la muerte de tres mil personas bien puede entenderse como un ataque generalizado) y “de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer esos actos” (en este caso, de conformidad con la política de Al Qaida). En ese sentido, podemos entender que representaron un ataque contra la humanidad en su conjunto, tal y como lo entendió el secretario general de la ONU Koffi Anan: “This was an attack on all humanity, and all humanity has a stake in defeating the forces behind it” .
Al día siguiente de los atentados, el Consejo de Seguridad adoptó por unanimidad una resolución que definía el terrorismo internacional como una amenaza para la paz y la seguridad internacionales, y apelaba a todos los Estados a colaborar en la tarea de llevar ante la justicia a los ejecutores, organizadores y patrocinadores de los mismos .
Para los Estados miembros de la Alianza Atlántica, la solidaridad con Estados Unidos viene además impuesta por el tratado de Washington. Por iniciativa de su secretario general, lord Robertson, y sin que el gobierno americano lo hubiera solicitado ni lo considerara oportuno, el Consejo Atlántico decidió activar el art. 5 del tratado, según el cual “un ataque armado contra una o más de ellas (...) será considerado como un ataque dirigido contra todas las partes”. Es decir que la OTAN respondió como si el territorio de uno de sus miembros hubiera sido atacado por una potencia enemiga.
Los Estados europeos se han sentido, pues, amenazados por la organización que perpetró los atentados del 11 de septiembre, en primer lugar porque éstos representaron un ataque a los valores en los que se funda la comunidad internacional, y en segundo lugar, en el caso de los Estados miembros de la Alianza Atlántica, porque constituyeron un ataque armado contra el territorio de un aliado. En ambos sentidos estamos ante un caso de solidaridad frente a una amenaza global, algo enormemente importante en un mundo tan interconectado como lo es el de hoy, pero conviene también explorar la posibilidad de que estemos también ante una amenaza directa contra Europa y en particular contra España. Ese es el objetivo del presente ensayo.
Qué es Al Qaida.
Ya antes del 11 de septiembre, algunos analistas habían comenzado a percibir una nueva amenaza, más peligrosa que las formas anteriormente conocidas de terrorismo, que denominaron netwar, guerra en red. Se trata de un tipo de conflicto en el que los protagonistas utilizarían estructuras organizativas en red (cuyos elementos están interconectados en vez de constituir una pirámide jerárquica), así como estrategias y tecnologías propias de la era de la información. Ello permitiría una actuación coordinada de pequeños grupos dispersos, sometidos a una orientación estratégica común, pero dotados de independencia táctica. A este fin, las nuevas tecnologías de la información representan un valioso recurso, pero los propios proponentes del concepto de guerra en red, destacan que recursos tan tradicionales como los correos humanos pueden jugar un papel igualmente importante. Como ejemplos de estas nuevas redes se citaba, incluso antes de los atentados de Nueva York y Washington, a organizaciones fundamentalistas islámicas como Hamas o la red de Bin Laden, a la que todos conocemos hoy como Al Qaida .
Uno de los analistas que mejor conoce Al Qaida, Rohan Gunaratna, investigador del centro de estudios sobre el terrorismo de la universidad escocesa de Saint Andrews, ha escrito que no puede entenderse ni como un grupo único ni como una coalición de grupos, pues está constituida por un núcleo central (localizado en Afganistán hasta la caída del régimen talibán), por células satélites distribuidas por todo el mundo y por un conglomerado de organizaciones islamistas, en buena medida independientes, con las que cuenta para determinadas tareas. Los miembros de la dirección, procedentes de diversos países árabes, son cooptados y proporcionan, mediante una cadena de mando vertical, una línea estratégica y recursos tácticos a las células compartimentadas y las organizaciones asociadas que forman su red horizontal. El emir supremo de Al Qaida es el hoy mundialmente famoso Osama Bin Laden, a quien asesora un consejo consultivo, del que dependen cuatro comités encargados respectivamente de las cuestiones militares, financieras, islámicas y de propaganda. El comité militar nombra, a su vez, a los responsables que dirigen a las células distribuidas por el mundo. La amplia e intrincada red encabezada por Bin Laden no quedaría destruida, en opinión de otro analista de Saint Andrews, incluso si fueran eliminados él mismo y sus inmediatos colaboradores.
Algunas organizaciones islamistas manifestaron públicamente sus vínculos con Al Qaida, cuando en febrero de 1998 se anunció que sus dirigentes habían fundado, junto a Bin Laden, un Frente Islámico Mundial para la Lucha contra los Judíos y los Cruzados. Se trata de las organizaciones egipcias Jamaat al Jihad y Al Gamaa al Islamiya, del partido religioso pakistaní Jamiat ul Ulema e Pakistan y del grupo de Bangladesh Harkat ul Jihad al Islam. Pero se estima que otras organizaciones afines, algunas de las cuales mencionaremos a continuación, no suscribieron el acuerdo simplemente por no dar pistas a los servicios de inteligencia. Desde Argelia hasta Filipinas se encuentran organizaciones terroristas vinculadas a Al Qaida, pero hay que destacar la importancia del componente egipcio en su red. El doctor Ayman Muhammad al Zawahiri, dirigente del Jamaat al Jihad, es considerado como uno de los consejeros más influyentes de Bin Laden, a quien pudiera haber convencido de la necesidad de adoptar una estrategia terrorista. Tanto Zawahiri como Bin Laden pertenecen a la corriente salafista del Islam, a la que aludiremos más adelante .
Treinta años de terrorismo internacional en Europa.
Algunas detenciones que se produjeron antes del 11 de septiembre y, sobre todo, las que se produjeron después de esa fecha han llevado a constatar el importante papel que Europa occidental juega en la estrategia de Al Qaida. Pero antes de analizarlo conviene recordar que los países europeos se han visto afectados desde mucho antes de que apareciera Al Qaida por acciones de otros grupos terroristas del Medio Oriente y el Magreb. Resumimos a continuación los episodios más significativos.
La primera organización palestina que realizó acciones terroristas en suelo europeo fue el Frente Popular para la Liberación de Palestina, un grupo de izquierda radical fundado tras la derrota árabe en la guerra con Israel de 1967. Su comando de operaciones especiales en el extranjero, dirigido por Waddi Haddad, fue el responsable de numerosos ataques, como:
· En 1969, los atentados contra las embajadas de Israel en Bonn y La Haya y contra la oficina de la compañía israelí El Al en Bruselas.
· En 1974, la toma de rehenes en la embajada francesa de La Haya y el atentado contra un drugstore parisino.
· En 1975, la toma de rehenes en una reunión de la OPEP en Viena.
· En 1976, el secuestro de un avión de Air France en ruta hacia Tel Aviv, que fue desviado a Entebbe, donde fue asaltado por un comando israelí.
· En 1977, el secuestro de un avión de Lufthansa , que fue desviado a Mogadiscio, donde fue asaltado por un comando antiterrorista alemán.
Hay tres rasgos de estos episodios que se deben destacar:
a) La extraordinaria capacidad del FPLP para lograr la colaboración de grupos de la extrema izquierda latinoamericana, europea y japonesa. Baste citar que al servicio del FPLP realizó sus primeros atentados Iván Ilich Ramírez, más conocido como Carlos; que el atentado más sangriento del FPLP, el ataque al aeropuerto israelí de Lod en 1972, fue ejecutado por miembros del Ejército Rojo Japonés; y que el secuestro del avión de Lufthansa en 1977 fue realizado por un comando mixto del FPLP y la Fracción del Ejército Rojo alemana, con el objetivo de lograr la liberación de los miembros de esta última organización encarcelados en Alemania.
b) Excepto este último caso, se trató de atentados dirigidos contra Israel. El propósito no fue tanto atacar a Europa sino llevar a nuevos terrenos el conflicto con Israel. Sin embargo, hubo víctimas europeas y ciertas organizaciones terroristas europeas se beneficiaron de su colaboración con el FPLP.
c) La firmeza mostrada por el gobierno alemán en el secuestro del avión de Lufthansa, que concluyó con la liberación de los rehenes, no se manifestó en otros casos. Los ataques contra objetivos franceses de 1974 lograron su propósito de forzar la liberación de un terrorista japonés detenido en el aeropuerto de Orly unas semanas antes.
Septiembre Negro, que realizó su primer atentado en septiembre de 1971, un año después de que la Organización para la Liberación de Palestina fuera violentamente expulsada de Jordania, no fue una organización estable, sino más bien una firma de conveniencia utilizada por dirigentes de Al Fatah, el grupo que dentro de la OLP lideraba Yasser Arafat. Debemos destacar, por su relación con Europa dos de sus acciones, dirigidas ambas contra Israel:
· En mayo de 1972, el secuestro de un avión belga de Sabena en ruta hacia Tel Aviv.
· En septiembre de ese mismo año, el secuestro de la delegación israelí en la Villa Olímpica de Munich, que concluyó con la muerte de once atletas.
A partir de 1972, Al Fatah adoptó una línea menos extremista, lo que provocó escisiones radicales en su seno. Una de ellas fue la del grupo de Abu Mahmud, con sede en Libia, que realizó dos sangrientos atentados contra objetivos norteamericanos en Europa:
· En agosto de 1973, el ataque contra un avión de la TWA en Atenas.
· En diciembre del mismo año, el ataque contra un avión de Pan Am en el aeropuerto de Roma, que causó 32 muertes.
Otra escisión fue la del grupo Al Fatah-Comando Revolucionario, dirigido por Abu Nidal, que emprendió una ofensiva sangrienta contra la organización de Yasser Arafat y realizó también diversos ataques terroristas en Europa, entre los que destacaron:
· En 1973, la toma de rehenes en la Embajada de Arabia Saudí en París.
· En 1982, el atentado contra un restaurante judío de la rue des Rosiers en París, que causó ocho muertes. Debe destacarse que esto representa un ejemplo de cómo la ofensiva terrorista antiisraelí se ha extendido para atacar también a ciudadanos judíos de otras nacionalidades.
El terrorista venezolano Iván Ilich Ramírez, aliasCarlos, a quien ya hemos mencionado al servicio del FPLP, realizó al servicio del régimen de Siria varios atentados en Francia en 1982 y 1983, como respuesta a la política libanesa del gobierno de París, opuesta a los intereses de Damasco.
Francia fue también objeto de una campaña terrorista, prolongada a lo largo de los años ochenta, promovida por el régimen islamista de Irán y su aliada la organización chiita libanesa Hezbollah, dentro de la cual destacaron:
· En 1982, el ataque contra la embajada de Francia en Beirut.
· En 1983, el doble atentado suicida contra los cuarteles de las fuerzas de paz norteamericanas y francesas en Líbano, que causaron la muerte a 242 americanos y 58 franceses.
· En 1985, los secuestros de varios ciudadanos franceses en Líbano.
· Entre diciembre de 1985 y septiembre de 1986, un conjunto de atentados en París, en cafeterías, grandes almacenes y otros objetivos, que causaron más de diez muertos y casi doscientos heridos. Fueron reivindicados por un comité de solidaridad con los presos políticos árabes, que exigía la liberación de varios de ellos, incluido Anis Naccache, detenido en 1980 tras haber matado a dos personas en un atentado contra un ex primer ministro del shah de Irán.
Esta campaña terrorista parece haber tenido varios objetivos, entre ellos castigar a Francia por su apoyo a Irak en la guerra con Irán y forzar su retirada del Líbano. En buena medida tuvo éxito. Las fuerzas internacionales de paz se retiraron del Líbano en 1983 y Francia liberó en 1990 a Naccache, que había sido condenado a cadena perpetua.
España sufrió en abril de 1985 el segundo atentado más sangriento de su historia, el perpetrado contra el restaurante El Descanso, cercano a la base norteamericana de Torrejón, que causó 18 muertos y cerca de cien heridos. Fue reivindicado por la Yihad Islámica, pero no hubo detenidos y nunca fue aclarado. La Yihad Islámica es una organización compleja, formada por grupos que a menudo actúan de manera independiente. Su ideología es fundamentalista y está muy influida por la revolución islamista de Irán, pero ha recibido también apoyo de otros países islámicos. Su nombre ha sido, además, utilizado por otros grupos con los que no tiene conexión directa, lo que complica aún más el análisis.
El Frente de Liberación de Palestina, dirigido por Abu Abbas, escindido del FPLP, muy próximo a Al Fatah y con sede entonces en Túnez, realizó en octubre de 1985 el secuestro del buque italiano Achille Lauro, que se dirigía de Alejandría a Israel en el curso de un crucero turístico. Un ciudadano judío norteamericano, anciano e inválido, fue asesinado en el curso del secuestro. Las autoridades egipcias permitieron a los secuestradores huir en un avión, pero cazas americanos le obligaron a aterrizar en una base de Sicilia. Allí, las autoridades italianas pusieron en libertad a Abu Abbas, que por entonces era miembro del comité ejecutivo de la OLP.
El régimen de Muamar Gadhafi en Libia ha sido durante muchos años el promotor de acciones terroristas en diversos países. Dos de ellas deben ser destacadas:
· En 1988, un avión de la compañía norteamericana Pan Am explotó en vuelo y se precipitó sobre la localidad escocesa de Lockerbie, causando la muerte de 270 personas. La presión internacional forzó a Libia a entregar, años después, a dos miembros de su servicio de inteligencia, uno de los cuales ha sido declarado culpable y condenado a cadena perpetua en enero de 2001 por un tribunal escocés.
· En 1989, un avión de la compañía UTA, explotó sobre el Sahara durante su vuelo de Brazzaville a París, causando la muerte a 171 personas, 55 de ellas francesas. El atentado fue reivindicado por la Jihad Islámica, pero en 1991 un magistrado francés emitió una orden internacional de arresto contra cuatro agentes libios, incluido el segundo jefe de sus servicios de inteligencia.
Debe destacarse que respecto a Libia la presión internacional, incluidas las sanciones adoptadas por la resolución 748 del Consejo de Seguridad de la ONU, ha resultado muy eficaz, ya que el apoyo libio al terrorismo internacional ha cesado desde 1992.
Francia se vio de nuevo afectada por una campaña de terrorismo islamista a mediados de los años noventa, esta vez protagonizada por los fundamentalistas argelinos de los Grupos Islámicos Armados (GIA). Argelia ha vivido desde el año 1992, en el que fueron anuladas las elecciones legislativas tras la aplastante victoria en la primera vuelta del Frente Islámico de Salvación (FIS), una auténtica guerra civil, en la que el régimen se enfrenta a unos grupos terroristas de una crueldad inusual . En un primer momento, los militantes del FIS en Francia utilizaron su territorio como lugar de refugio, de recaudación de fondos y de envío clandestino de armas a Argelia, evitando las actividades que pudieran inquietar directamente al gobierno francés, pero la creciente virulencia de los GIA, que arrebataron al FIS el protagonismo en la guerra de Argelia, modificó la situación. Tras el asesinato por los GIA en Argel de cinco funcionarios franceses, la policía realizó las primeras detenciones de militantes islamistas en Francia en agosto de 1994; y en diciembre de ese mismo año el secuestro de un avión de Air France en Argel, que hubo de ser asaltado por la Gendarmería en el aeropuerto de Marsella, dio comienzo a la jihad contra Francia. Entre julio y octubre de 1995 se sucedieron ocho atentados en territorio francés, que produjeron diez muertos y más de 175 heridos. Los grupos responsables, el principal de los cuales estaba encabezado por un joven argelino criado en Francia, Khaled Kelkal, fueron desarticulados por la policía francesa entre septiembre y noviembre de 1995. Cabe destacar también que en 1997 fueron detenidos en España once presuntos miembros del GIA, seis de los cuales fueron condenados por la Audiencia Nacional por pertenencia a banda armada en junio de 2001. Su actividad consistía en la falsificación de documentos, que entregaban a otros miembros del GIA para facilitar sus desplazamientos.
Esta ofensiva merece algunos comentarios:
a) Su origen fue extranjero, igual que en el caso de las anteriores, pero con la novedad de contar con la participación de jóvenes inmigrantes educados en Francia. Una generación antes, el FPLP había podido encontrar apoyos en medios de la extrema izquierda europea, notoriamente en la Fracción del Ejército Rojo alemana, algo que no parece factible en organizaciones inspiradas por el fundamentalismo religioso, como es el caso de los GIA. Estos pudieron, en cambio, reclutar, como lo haría luego Al Qaida, a jóvenes inmigrantes en busca de una identidad. El caso de Khaled Kelkal es bien conocido, por el azar de que un sociólogo le hubiera entrevistado tres años antes de los atentados. Su trayectoria, ciertamente excepcional, contiene, sin embargo, ciertos rasgos comunes con los de otros inmigrantes musulmanes de segunda generación. Buen estudiante en el colegio, se sintió discriminado en el liceo, flojeó en los estudios y cayó en la delincuencia, por lo que fue en prisión donde redescubrió el Islam y a través de él una vía de reafirmar su identidad y su dignidad mediante el rechazo radical de la sociedad occidental.
b) Un rasgo inquietante, a la luz de lo que ocurriría el 11 de septiembre de 2001, es que, al parecer, los secuestradores del avión de Air France en Argel se proponían hacerlo estrellar en París, quizá contra la Torre Eiffel.
c) La eficacia demostrada por las fuerzas de seguridad francesas fue notable; en pocos meses quedaron desarticulados los comandos terroristas de los GIA en Francia.
d) La numerosa población musulmana de Francia manifestó masivamente una rotunda condenación de los atentados.
La implantación europea de Al Qaida.
El balance de los treinta años que precedieron al desembarco de Al Qaida en Europa resulta ciertamente preocupante. Comandos terroristas procedentes de países islámicos han atacado en numerosas ocasiones el territorio de varios países europeos, sus embajadas, aeronaves o sus naves, para alcanzar objetivos israelíes o norteamericanos o para forzar a un gobierno europeo, especialmente el francés, “a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo”, mientras que la respuesta europea ha sido de firmeza en algunas ocasiones y de cesión ante las pretensiones terroristas en otras.
Al Qaida, por su parte, ha encontrado en el territorio europeo una base apropiada para preparar algunos de sus ataques, notoriamente los del 11 de septiembre. Su implantación en Europa, bastante reciente, se ha apoyado en una corriente ideológica del Islam sunní que es el salafismo, y más específicamente en las redes de dos organizaciones que merecen una breve explicación: Takfir wal Hijra y el Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC).
El término salafismo está lejos de ser unívoco. En primer término, designa una escuela de pensamiento surgida en la segunda mitad del XIX, que en respuesta al desafío de la cultura occidental, preconizó el retorno a la tradición de los “píos antepasados” (salaf), es decir Mahoma y sus compañeros. Esta doctrina no era en su origen necesariamente contraria a todas las ideas occidentales, ya que la vuelta a los orígenes implicaba una ruptura con siglos de historia islámica y hacía posible compatibilizar ciertos aspectos de la modernidad con la supuesta edad de oro del Islam primigenio. Y era menos intolerante que otra corriente doctrinalmente similar, el wahhabismo, fundada en la península Arábiga por el predicador del siglo XVIII Muhammad ibn Abd al Wahhab y asumida por la casa de Saud, lo que a comienzos del siglo XX la convirtió en la doctrina oficial del reino de Arabia Saudí. Pero a partir de los años setenta ambas corrientes terminarían por confluir.
Debe tenerse en cuenta que los wahabbies rechazan denominarse tales, porque en su opinión Ibn Abd al Wahhab se limitó a devolver a la doctrina islámica su pureza original, y asumen en cambio la denominación de salafistas, que alude directamente a Mahoma y sus compañeros. Los inmensos recursos que sus yacimientos petrolíferos dieron a Arabia Saudí permitieron financiar la difusión de esta doctrina por todo el mundo musulmán. Por otra parte, este reino se encuentra desde hace tiempo inmerso en las contradicciones inherentes a “un gobierno conservador que promulga una ideología radical”
Una nueva versión del salafismo, hostil a los gobernantes saudíes, surgió con ocasión de la guerra del Golfo y fue promovida especialmente por los veteranos de la guerra contra los soviéticos en Afganistán. Arabia Saudí, lo mismo que Estados Unidos, había contribuido notablemente a promover la resistencia afgana, pero cuando tras la invasión de Kuwait por Irak apoyó la intervención militar occidental y permitió el establecimiento de tropas “infieles” en su suelo, comprometió definitivamente su pureza doctrinal a los ojos de los radicales. La nueva síntesis doctrinal promovida por estos ha sido defendida por uno de ellos, el egipcio Abu Hamza, como “salafismo jihadista”, es decir comprometido con la jihad, entendida ésta en su concepción extrema de guerra contra el infiel. En su opinión, los dirigentes saudíes y los predicadores que les apoyan son unos hipócritas que enmascaran con un discurso salafista su sumisión a Estados Unidos. Los nuevos ideólogos de este salafismo jihadista son, en bastantes casos, veteranos de Afganistán refugiados en Europa, como el palestino Abu Qatada, el sirio nacionalizado español Abu Musab y el ya citado Abu Hamza, egipcio naturalizado británico e imán de la mezquita de Finsbury Park, todos los cuales apoyaron con sus escritos, desde Londres, las acciones de los GIA argelinos. Su afinidad ideológica con Bin Laden es evidente, y probablemente no sólo ideológica. La mayor parte de las organizaciones que actualmente practican la jihad contra los infieles, desde Argelia hasta Filipinas, se inspiran en la doctrina salafista .
La difusión del salafismo entre las comunidades musulmanas de Europa, que es un fenómeno reciente, constituye, pues, un motivo de preocupación, aunque debe recordarse que no todas las corrientes salafistas son favorables a la violencia.
Takfir wal Hijra (Anatema y Exilio) es el nombre que la policía y la prensa egipcia dieron a un grupo surgido en los años setenta, cuya verdadera denominación es Jamaat al Muslimin. Su dirigente carismático era Shukri Mustafa, quien elaboró una doctrina según la cual las sociedades musulmanas habían renegado en la práctica del Islam, lo que equivalía a lanzar un anatema contra el conjunto de los musulmanes, excepto sus propios seguidores. Estos últimos debían afrontar, pues, el exilio, como hicieron Mahoma y sus compañeros en Medina, aunque en este caso se trataría de un exilio interior, consistente en el rechazo total de las leyes e instituciones del Estado impío. Estimaban que sería necesaria una larga preparación antes de afrontar la lucha armada contra el Estado, pero en la práctica, un asesinato cometido por los Takfir atrajo sobre ellos la represión y el propio Shukri Mustafa fue ejecutado en 1978. Tras ello, el grupo pareció desintegrarse.
En las décadas siguientes, sin embargo, el Takfir se fue difundiendo por otros países, incluidos los norteafricanos y algunos europeos, aunque no es fácil detectarlos, debido a una extremada cautela, que les lleva a fingir costumbres no islámicas e incluso a ocultar su religión. Se ha afirmado que en Argelia se incorporaron en buen número a los GIA. En mayo de 1998, una redada de detenciones en varios países europeos reveló que miembros del Takfir y del GSPC argelino estaban colaborando en la preparación de atentados con motivo de la Copa del Mundo de Fútbol, que se iba a disputar en París. De acuerdo con las declaraciones de algunos detenidos, los miembros del Takfir y los GIA habían comenzado a colaborar en Francia tras la represión policial que siguió a los atentados de 1995, y finalmente toda la red europea del Takfir se había incorporado al Frente Islámico Mundial fundado por Bin Laden en 1998. Hay incluso indicios de que Al Zawahiri, el dirigente de Jamaat al Jihad y principal colaborador de Bin Laden en Al Qaida se haya convertido también en el jefe de Takfir wal Hijra.
El Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC), un grupo fundamentalista argelino rival de los GIA, puede haber estado vinculado a Bin Laden desde sus orígenes. Los GIA, que han llevado a cabo la campaña terrorista más feroz que haya padecido ningún país islámico, dirigida en gran medida contra la población civil, tuvieron en su inicio el apoyo total de la corriente “salafista jihadista”. En las filas del GIA militaban muchos veteranos argelinos de la guerra de Afganistán y su boletín semanal, Al Ansar, que les proporcionaba cobertura doctrinal de cara al conjunto del mundo islámico, se publicó en Londres, de 1993 a 1996, bajo el impulso de dos destacados ideólogos salafistas, veteranos de Afganistán también ellos, el sirio-español Abu Musab y el palestino Abu Qatada. Pero la creciente radicalización de los GIA, que culminó con las horrendas matanzas de civiles de 1997, terminó por enajenarles las simpatías no sólo de gran parte de su base social potencial, sino del salafismo internacional. El egipcio Abu Hamza, veterano de Afganistán y de Bosnia e imán de la mezquita londinense de Finsbury Park, que había apoyado en el último periodo a los GIA y relanzado en 1997 la publicación de su boletín, publicó en éste, en septiembre de 1997, un comunicado del emir supremo de los GIA Antar Zouabri que reivindicaba las matanzas y las justificaba declarando impíos a todos los argelinos que no se habían incorporado a su lucha. Pero inmediatamente después Abu Hamza rompió con Zouabri y los GIA, declarando que su anatema contra el pueblo argelino era contrario a la doctrina salafista.
Lo anterior representa la parte pública de la historia. En el terreno clandestino, Al Qaida rompió con la dirección de los GIA tras el comunicado de Zouabri de septiembre de 1997, y estimuló la decisión de Hassan Hattab, jefe de la red europea de los GIA, de pasarse a una nueva organización, el Grupo Salafista de Predicación y Combate, fundado en mayo de 1998 (es decir unos meses antes de que se anunciara la creación del Frente Islámico Mundial). A comienzos del año 2002, se estimaba que el GSCP contaba con 1.800 hombres en Argelia, frente a unos 800 de los GIA. En febrero murió en combate Zouabri, el último emir supremo de los GIA.
La cooptación del GSPC explica que los argelinos representen una proporción importante de los militantes de Al Qaida en Europa. La mayoría de éstos son musulmanes residentes en Europa, en general inmigrantes de primera y segunda generación, procedentes de los países del Norte de África, a los que hay que sumar un cierto número de musulmanes británicos originarios del subcontinente indio, así como algunos conversos. Unos 150 han sido detenidos en los últimos meses del año 2001 y primeros de 2002, pero se estima que un número importante permanece operativo en Europa. Un breve repaso a algunos episodios de estos últimos meses nos permitirá destacar ciertos aspectos de la implantación de Al Qaida en Europa y particularmente en España:
· En diciembre de 2000 fue desarticulado en Franfkfurtel comando Meliani, del GSPC, que preparaba un atentado en Estrasburgo, probablemente contra la sinagoga de esta ciudad francesa. Parte de sus miembros residían en Alemania y parte en Gran Bretaña. Su líder, Mohamed Bensakhria, fue detenido en Alicante en junio de 2001. Alemania venía siendo desde algún tiempo una importante base para Al Qaida, como lo puso de manifiesto la detención, en septiembre de 1998, del iraquí Mamdouth Mahmoud Salim, jefe de operaciones para Europa, que había visitado el país en numerosas ocasiones y fue extraditado a Estados Unidos.
· En abril de 2001 fue desarticulada en Milán una célula de Al Qaida, sospechosa de haber planeado en enero un ataque contra la embajada de Estados Unidos en Roma. La dirigía el tunecino Essid Samin ben Khemais, quien había sido detectado una semana antes en Madrid, donde probablemente contactó con la célula de Al Qaida basada en esta ciudad. Estaba también en contacto con el libio Lased ben Heni, residente en Alemania, presunto dirigente del GSPC y posible enlace entre las células de Milán y Frankfurt. Esos contactos con España y Alemania revelan el importante papel de Khemais en la estructura europea de Al Qaida. Por otra parte, se sospecha que el Centro Cultural Islámico asociado a la mezquita de Milán fuera un centro de propaganda extremista.
· En julio de 2001 fue detenido en Dubai un joven argelino, nacionalizado francés por matrimonio, Djamel Beghal, quien antes de ser extraditado a Francia confesó que había recibido instrucciones de Al Qaida para atentar contra la embajada de Estados Unidos en París. Beghal, que trasladó su residencia de París a Londres a mediados de los años noventa, como lo hicieron otros extremistas tras la represión que siguió a los atentados del GIA, parece haber sido un elemento importante en la estructura europea de Al Qaida y su extensa confesión ayudó a identificar, tras el 11 de septiembre, a diversas células, vinculadas a Al Qaida y al grupo Takfir wal Hijra, en Gran Bretaña, Países Bajos, Bélgica, España e Italia. Para la operación contra la embajada americana en París iba a contar con el apoyo logístico de una célula basada en Rotterdam y dirigida por Jérome Courtailler, un converso francés, mientras que el ataque suicida lo iban a ejecutar el tunecino Nizar Trabelsi, que fue detenido en Bélgica, y el argelino Mohamed Belaziz, que lo fue en España. Beghal, Courtailler y Trabelsi pertenecían a todos al grupo Takfir. Se cree que Beghal reclutó personalmente en Inglaterra a terroristas destacados como Zacarías Moussaoui (el francés de origen marroquí detenido en Estados Unidos antes del 11 de septiembre que probablemente iba a ser el vigésimo secuestrador ese día) y el británico Richard Reid, “el terrorista del zapato”. El propio Beghal se entrenó en Afganistán a las órdenes de Abu Zubayda, un alto dirigente de Al Qaida que sería detenido, a su vez, unos meses después.
· El 9 de septiembre de 2001, dos días antes de los ataques a Nueva York y Washington, dos falsos periodistas asesinaban en un ataque suicida a Ahmed Shah Massoud, el más prestigioso comandante afgano de la resistencia contra el régimen talibán. Es difícil no sospechar que se trataba de debilitar a la resistencia de cara a los tiempos difíciles que la previsible represalia americana iba a hacer pasar a los talibanes. Uno de los dos terroristas suicidas fue identificado como Abdesatar Dahmane, inmigrante tunecino en Bélgica, y las detenciones subsiguientes permitieron descubrir la presencia en este país de un núcleo vinculado al Grupo Combatiente Tunecino de Seifolla Ben Hacine, un hombre muy próximo a Bin Laden que se trasladó a Afganistán en el año 2000. Los pasaportes falsos de los terroristas se los proporcionó Courtailler y la recomendación que les dio acceso a Massoud se la proporcionó un egipcio, dirigente de un centro islámico de Londres.
· Hay indicios de que los ataques del 11 de septiembre se planearon en parte desde Europa. El egipcio Mohamed Atta, que probablemente fue el responsable principal de toda la operación y el piloto que estrelló su avión contra la primera de las Torres Gemelas, residió desde 1992 en Hamburgo como estudiante universitario y en 1999 fundó allí un grupo islámico estudiantil, en el que posiblemente entró en contacto con otros dos de los terroristas del 11 de septiembre. En enero de 2001, cuando residía ya en Estados Unidos, viajó a España y la visitó de nuevo en julio, se supone que para entrevistarse con otros miembros de Al Qaida y quizá para concretar la operación prevista. También visitó España, justo en vísperas del 11 de septiembre, el yemení Ramzi Ben al Shibh, que había compartido piso con Atta en Hamburgo y participó en la financiación de los ataques. Al Shibh se reunió el día 5 en la Costa del Sol con dos militantes de Al Qaida que serían meses después detenidos en Marruecos.
· El 26 de septiembre fueron detenidos en distintas provincias españolas seis argelinos, miembros del GSPC, que estaban en relación con el tunecino Trabelsi (que visitó España en agosto). A uno de ellos, Mohamed Belaziz, se le incautó un diario en que manifestaba su disposición a morir en un atentado suicida; estaba designado para atacar junto a Trabelsi la embajada norteamericana en París. Por entonces, las fuerzas de seguridad estimaban que podía haber en España unos doscientos militantes islamistas, con misiones logísticas y de reclutamiento, sin que hubiera indicios de que prepararan ataques en territorio español. Resultaba también evidente que el GSPC se estaba haciendo con la red operativa creada por el GIA en varios países de Europa, incluida España.
· El 13 de noviembre se produjeron las detenciones más importantes hasta ahora realizadas en España, las de Imad Edin Barakat Yarkas, alias Abu Dahdah, y otros diez miembros de una célula de Al Qaida. Su historia merece la pena ser analizada con cierto detalle. Su origen está en la acción del palestino Chej Salah, quien, en 1994, fundó un grupo islamista que repartía propaganda de grupos armados islamistas a los fieles de la mezquita madrileña de Abu Baker, en el barrio de Tetuán, sin autorización del imán. Eran los años de la guerra de Bosnia y uno de los principales cometidos del grupo era reclutar mujahidines para combatir allí (entre los enviados a Bosnia se hallaban cuatro de los miembros de la célula detenidos en noviembre). En 1995 Chej Salah se trasladó a Pakistán para integrarse en la organización MAK, precursora de Al Qaida, que se encargaba de encaminar a los voluntarios extranjeros hacia Afganistán, pero permaneció en contacto con la célula española, a cuyo frente quedó Abu Dahdah, un sirio nacionalizado español. Las actividades que realizaba la célula eran el reclutamiento de mujahidines, el envío de dinero (que en parte fue obtenido mediante la utilización fraudulenta de tarjetas de crédito), el apoyo logístico y la difusión de propaganda. La importancia de Abu Dahdah dentro de Al Qaida se pone de manifiesto por sus numerosos viajes: más de veinte a Reino Unido, donde contactó con Abu Qatada, y varios a Bélgica, Dinamarca, Suecia, Turquía, Jordania, Malasia e Indonesia. Ciertas conversaciones telefónicas que mantuvo en agosto y septiembre, llenas de alusiones crípticas, hacen sospechar que recibió información previa de los atentados del 11 de septiembre. Hay que destacar, por último, que uno de los diez detenidos es un converso español, Yusuf Galán, quien en el verano de 2001 siguió un curso de entrenamiento militar en un campo de Al Qaida en Indonesia. Galán, madrileño y procedente de una familia de clase media, simpatizó con Herri Batasuna antes de su conversión al Islam y últimamente participaba en movilizaciones a favor de causas árabes e islámicas, en colaboración con organizaciones de izquierda y pacifistas. Guardaba en su casa un pequeño arsenal.
· El 22 de diciembre fue detenido el británico Richard Reid, al que la prensa denominaría “el terrorista del zapato”, porque lo fue cuando estaba a punto de hacer estallar una bomba oculta en su zapato, en pleno vuelo de un avión de pasajeros de París a Miami. Su historia es también significativa. Como en otros casos, se trata de un joven inadaptado, un pequeño delincuente que descubrió el Islam en la cárcel. Nieto de un inmigrante jamaicano, su conversión al Islam debió darle el sentido de identidad del que carecía, pero terminó conduciéndole al terrorismo. Al igual que otros miembros de Al Qaida, como Moussaoui y Beghal, frecuentó la mezquita de Finsbury Park, en la que predica Abu Hamza. Esta mezquita es un centro de propaganda islamista radical que constituye un perfecto ejemplo de lo que los franceses dieron en llamar “Londonistan”, es decir la red de apoyo a las organizaciones islamistas armadas que florecía en Inglaterra sin ser importunada por las autoridades. Reino Unido era un refugio seguro para activistas reclamados e incluso condenados, en otros países, un centro de propaganda y una base de operaciones. “La base más importante de Al Qaida estaba en Londres”, ha comentado recientemente Jorge Dezcallar. A partir del 11 de septiembre hubo docenas de detenciones y la nueva legislación antiterrorista ha puesto fin a la impunidad anterior. En vísperas de su aprobación pasó a la clandestinidad Abu Qatada, reclamado en Jordania como sospechoso de terrorismo y considerado el líder espiritual de Al Qaida en Europa.
· Por último debemos mencionar que el 11 de abril de 2002 se produjo el primer atentado con éxito de Al Qaida después del 11 de septiembre, cuando un joven tunecino realizó un ataque suicida contra una sinagoga de la isla de Djerba, causando dieciséis muertos, entre ellos once turistas alemanas. Este atentado es significativo porque golpeó a la vez a todos aquellos a quienes odian los terroristas de Al Qaida: los judíos, los occidentales y los gobiernos árabes moderados, en este caso el tunecino, que se vio amenazado en su mayor fuente de divisas, el turismo.
Los datos de que disponemos permiten pues afirmar que Europa Occidental representa un escenario fundamental para Al Qaida. Hasta ahora no se han producido atentados en suelo europeo, pero se habían planeado varios: contra las embajadas norteamericanas en Roma y París o contra la sinagoga de Estrasburgo. Es posible incluso que se hubiera previsto el secuestro de un quinto avión el 11 de septiembre, que habría de estrellarse en Londres, según ha declarado Muhammad Afroz, detenido en India en octubre de 2001. Pero, en términos generales, parece que la red de Al Qaida ha utilizado el territorio europeo como base para ataques contra otros países, Argelia o Estados Unidos, más que como un objetivo en sí mismo. Conviene plantearse si esta pauta se va a mantener, pero para ello es necesario plantearse previamente qué objetivos persigue Al Qaida, qué ideología la inspira y cuál es su estrategia.
Ideología y estrategia y Al Qaida.
Un estudio reciente propone una interesante distinción entre tres paradigmas que pueden orientar la acción de una organización terrorista:
a) El paradigma de la “diplomacia coercitiva” supone que el terrorismo representa un medio para forzar a un Estado a realizar determinada concesión, por ejemplo la independencia de un territorio. Ello implica que, en principio, se utilizará un nivel de violencia limitado, de acuerdo con la tradicional afirmación de que los terroristas matan a pocos para aterrorizar a muchos. No es necesario desencadenar una violencia total, que generaría repercusiones peligrosas, si se puede ejercer una coerción eficaz mediante un pequeño número de atentados.
b) El paradigma de la guerra consiste en el empleo del terrorismo como sucedáneo de unas operaciones bélicas que no se pueden emprender por una asimetría de recursos frente al enemigo. En este caso, a diferencia del anterior, se trata de infligir una auténtica derrota al enemigo, sin la cual no se estima posible obtener los objetivos previstos. El nivel de violencia empleado tenderá a ser muy superior.
c) El paradigma del “nuevo mundo” implica la persecución de una transformación completa de la realidad existente. Puede basarse en una religiosidad milenarista, en una ideología totalitaria o incluso en un nihilismo apocalíptico. Su rasgo diferenciador es que puede buscar un cataclismo de una violencia inaudita como vía para la salvación final.
En el caso de Al Qaida, que no reivindica sus atentados, no plantea demandas específicas y procura elevar al máximo el número de víctimas, está claro que podemos descartar el primer paradigma. La duda es si estamos ante una guerra o ante un movimiento apocalíptico seducido por la perspectiva de un cataclismo purificador.
De lo que no cabe duda es de su inspiración religiosa y hay que destacar que el imperativo religioso es el impulso más importante de la actividad terrorista en el mundo de hoy. En los últimos veinte años hemos presenciado acciones terroristas inspiradas en cualquiera de las grandes religiones o en las creencias de sectas minoritarias y este terrorismo es potencialmente más peligroso que aquéllos que se basan en ideologías seculares. Como ha escrito Bruce Hoffman, dos años antes del 11 de septiembre, para el terrorista religioso la violencia es ante todo un deber sagrado, lo que le libera de las consideraciones políticas, morales o prácticas que limitan a otros terroristas y le puede conducir a matanzas masivas que pudieran considerarse contraproducentes desde cualquier otro punto de vista. Después del 11 de septiembre, el conocido biólogo Richard Dawkins ha utilizado incluso este argumento dentro de su campaña a favor del ateísmo: “If death is final, a rational agent can be expected to value his life highly and be reluctant to risk it. This makes the world a safer place, just as a plane is safer if its hijacker wants to survive. At the other extreme, if a significant number of people convince themselves, or are convinced by their priests, that martyr’s death is equivalent to pressing the hyperspace button and zooming through a wormhole to another universe, it can make the world a very dangerous place. Especially if they also believe that other universe is a paradisical escape from the tribulations of the real world.”
Ciertamente, las religiones pueden contribuir a que el mundo sea más seguro, en la medida en que respaldan los valores morales básicos, incluido el respeto a la vida, pero Dawkins está en lo cierto al señalar los peligros de un fanatismo religioso que permite superar todas las inhibiciones, tanto las basadas en los sentimientos morales como las basadas en el interés personal e incluso en el instinto de supervivencia. A muchos analistas occidentales les resulta, sin embargo, difícil aceptar que estamos ante un desafío impulsado por una ideología religiosa. Algunos tienden, incluso, a interpretarlo desde la perspectiva del discurso antiglobalizador que ha surgido en los últimos años en el mundo desarrollado; es decir, como una respuesta desesperada a los supuestos males que lleva consigo la globalización capitalista. No parece que esa interpretación sea acertada. Más bien hay que buscar el origen del desafío de Al Qaida en el trauma que en una civilización con unos arraigados valores culturales propios como es la musulmana ha causado la combinación del auge de Occidente y el estancamiento propio. El terrorismo de Al Qaida surge del fundamentalismo islámico (lo que no implica que todos los fundamentalistas sean violentos) y éste surge del fracaso de los países árabes en emprender el camino de la modernización.
La esencia del fundamentalismo islámico ha sido expuesta por un estudioso del mismo de esta sencilla manera: “Islam must have power in this world. It is the true religion –the religion of God- and this truth is manifest in its power. When Muslims believed, they were powerful. Their power has been lost in modern times because Islam has been abandoned by many Muslims, who have reverted to the condition that preceded God’s revelation to the Prophet Muhammad. But if Muslims now return to the original Islam, they can preserve and even restore their power.”
En los últimos años, al menos desde la revolución islámica iraní de 1979, el fundamentalismo islámico ha considerado a Occidente como su mayor enemigo y es importante entender cuáles son los motivos de esa hostilidad. Una escritora francesa los ha resumido en dos: el ya mencionado trauma engendrado por el contraste entre el desarrollo de Occidente y el fracaso árabe, y el temor a que la influencia de la cultura occidental lleve a las poblaciones árabes a un abandono de la tradición musulmana: “Grand Satan militaire et économique, l’Occident est aussi un démon libertin”. Y una de las mayores amenazas que trae consigo la cultura occidental es, sin duda, la emancipación femenina, que choca frontalmente con la concepción islámica tradicional, según la cual la sumisión de la mujer es esencial para la preservación del orden social. Muchos predicadores islámicos consideran que Occidente ha caído en una depravación sexual que le llevará a la ruina, de acuerdo con un tipo de discurso que era también frecuente en los países cristianos hace algunas décadas.
En un plano más político, un analista británico ha identificado seis grandes temas en la retórica antioccidental más común en Oriente Medio, aunque al mismo tiempo destaca que los mismos argumentos se pueden oír en muchos otros lugares del mundo, incluido el propio Occidente, por lo que no pueden usarse como prueba de una presunta incompatibilidad entre ambas civilizaciones:
a) Occidente ha impuesto su dominio al mundo musulmán, ya sea directamente, en la época colonial, indirectamente o mediante intervenciones militares, por ejemplo contra Irak.
b) Occidente desea que el mundo islámico permanezca dividido, de acuerdo con la partición que le impuso tras la Primera Guerra mundial.
c) A pesar de su supuesta defensa de los derechos humanos, Occidente se muestra indiferente a la opresión de los musulmanes, sea en Palestina, Chechenia, Bosnia o en Cachemira.
d) Occidente practica una doble moral en relación con Israel.
e) Occidente corrompe a los musulmanes a través de los medios de comunicación de masas, el turismo y las grandes compañías multinacionales.
f) Occidente apoya a regímenes dictatoriales en países musulmanes, como Arabia Saudí, Egipto o Argelia.
Pero si de los estereotipos más comunes pasamos a las convicciones de los islamistas radicales, nos encontramos con una lista distinta, que un académico egipcio ha resumido así:
a) Estados Unidos, como antes la Unión Soviética, es una potencia atea, que trata de explotar a otras naciones.
b) La ONU es una creación atea, al servicio de las potencias ateas.
c) Lemas como los derechos humanos, la paz mundial, la libertad, la igualdad y la fraternidad, no son más que palabras vacías para engañar a los crédulos.
d) El Islam representa la única vía de salvación para las naciones oprimidas.
e) Los judíos dominan para sus propios fines los centros mundiales de decisión.
f) El capitalismo internacional representa una forma velada de ocupación de las naciones dirigida a privarlas de sus creencias y explotar sus recursos.
Pero es hora ya de dar la palabra al propio Bin Laden. Utilizaremos para ello tres documentos. El primero es su declaración del 7 de octubre de 2001, en que sin asumir la responsabilidad de los atentados del 11 de septiembre, los justificaba. Sus argumentos eran que la nación musulmana estaba sufriendo la humillación y la degradación “desde hacía más de ochenta años” (es decir desde que, al final de la Primera Guerra mundial, Gran Bretaña y Francia impusieron su protectorado en varios territorios de Asia occidental), que los musulmanes se estaban muriendo en Irak y en Palestina, y que América no podría vivir segura hasta que no ocurriera lo mismo en Palestina y los ejércitos infieles no abandonaran la tierra de Mahoma (alusión al despliegue de fuerzas norteamericanas en Arabia desde la guerra del Golfo). Es decir que, junto a dos temas muy sensibles en el mundo árabe (la ocupación de Palestina y el embargo a Irak), el elemento fundamental es la presencia occidental en los países árabes desde los tiempos coloniales.
Esos mismos argumentos aparecieron tres años antes en la declaración fundacional del Frente Islámico Mundial, de febrero de 1998, suscrita por Bin Laden, Al Zawahiri y otros tres dirigentes islamistas, que llamaba a la jihad contra “los judíos y los cruzados”. Los cruzados eran los soldados norteamericanos que desde 1990 ocupaban las tierras más sagradas del Islam, la Península Arábiga, y las utilizaban en su continuada agresión al pueblo iraquí, con el propósito de alcanzar sus propios objetivos económicos y religiosos y de asegurar la supervivencia de Israel. Esto supone que la propia existencia de Israel es considerada un ataque al Islam, pero que el principal pecado de los norteamericanos es el “sacrilegio” de haber desplegado sus tropas en la propia Arabia. Por ello, los firmantes dictaban un decreto religioso (fatwa) que imponía como obligación individual para todo musulmán capaz matar a los americanos y sus aliados, tanto civiles como militares, en cualquier país en que fuera posible. Se trataba, pues, de una justificación religiosa de cualquier tipo de acto terrorista, de acuerdo con la exhortación coránica a “combatir contra los infieles todos juntos como ellos todos juntos os combaten”. El 7 de agosto siguiente, octavo aniversario de la llegada a Arabia de las tropas americanas, llamadas por el rey Fahd, se producían los atentados en las embajadas de Estados Unidos en Nairobi (213 muertos, 12 de ellos americanos) y Dar es Salaam (11 muertos, ninguno americano).
Retrocediendo algo más en el tiempo nos encontramos con el primer documento en el que Bin Laden expuso sus objetivos: la “Declaración de guerra contra los americanos que ocupan la tierra de los dos lugares sagrados”, también conocida como “Epístola ladenesa” o por su subtítulo “Expulsad a los infieles de la Península Arábiga”. Está fechada en agosto de 1996, cuando Bin Laden acababa de dejar Sudán para instalarse de nuevo en Afganistán y dos meses después de que un atentado de Al Qaida hubiera matado a 19 soldados americanos en la base de Khobar, en Arabia Saudí. Se trata de un documento extenso, con abundantes citas del Corán y de diversos escritores islámicos, del que conviene destacar los siguientes puntos:
· Describe un panorama mundial en el que los musulmanes perecen a manos de sus enemigos en Palestina e Irak en primer lugar, pero también en Líbano, Tayikistán, Birmania, Cachemira, Assam, Filipinas, Somalia, Eritrea, Chechenia y Bosnia. Por supuesto, no se plantea que de todos o algunos de esos conflictos en los que comunidades musulmanas se enfrentan a gentes de otras creencias, incluidos hinduistas y budistas, pudieran tener alguna responsabilidad los propios musulmanes. La culpa corresponde a la alianza de los sionistas y los cruzados y a sus colaboradores, que bajo la cobertura de las inicuas Naciones Unidas y con falsas apelaciones a los derechos humanos, han hecho del pueblo del Islam el principal objetivo de sus agresiones.
· Afirma que la más grave de esas agresiones es “la ocupación de la tierra de los dos lugares sagrados” por los ejércitos de los cruzados americanos y de sus aliados, es decir la en realidad muy discreta presencia de las tropas de Estados Unidos en algunas bases de la Península Arábiga a partir de la guerra del Golfo. Es un tema clave que, como hemos visto, reaparecería en los textos posteriores, y que sólo puede entenderse desde una mentalidad en la que la sola presencia de infieles en las cercanías de los lugares santos de Medina y La Meca es un insulto al Islam.
· Denuncia la situación en Arabia Saudí y sobre todo declara que la monarquía saudí ha perdido su legitimidad por haber introducido una legislación humana al margen de la shariah divina y por haber permitido la entrada de las tropas americanas. Enfatizando el primer punto, afirma que usar una ley humana en vez de la divina es uno de los motivos por los que una persona pierde su condición de musulmana para convertirse en infiel.
· Anuncia que el próximo establecimiento de un Estado Islámico en Arabia representará una grave amenaza para la propia existencia de un Estado sionista en Palestina.
· Explica que debido al actual desequilibrio de fuerzas no es posible una guerra convencional para expulsar a los cruzados de Arabia y es necesario, por tanto, recurrir a una guerra de guerrillas, que pudiera ir acompañada de un boicot económico por parte de la población.
· Describe todas las recompensas que Dios dará a los jóvenes mártires que mueran en la lucha contra el infiel. Debido a la importancia que los ataques suicidas tienen en la estrategia de Al Qaida, hay que destacar este aspecto de la epístola, que llama la atención por el carácter extremadamente concreto de las recompensas ofrecidas a quienes mueran matando americanos, incluida la recompensa sexual a través del matrimonio con setenta y dos huríes del paraíso.
En resumen, lo que anuncia Bin Laden es una guerra terrorista a escala mundial cuyo objetivo declarado es la retirada de las tropas americanas de la Península Arábiga, pero que a tenor de sus propios textos podría extenderse hacia tres objetivos: a) la destrucción del Estado de Israel, b) la victoria de los musulmanes en todos los conflictos que les oponen a otras comunidades, desde Chechenia hasta Filipinas, y c) el derrocamiento de todos los Estados musulmanes que no se basen estricta y exclusivamente en la shariah (la legislación coránica), que de acuerdo con la epístola ladenesa serían apóstatas. Estamos, pues, ante un desafío de proporciones colosales del que los países europeos no pueden quedar al margen, debido a sus vínculos con Estados Unidos, con el mundo árabe y con Israel.
Desde esa perspectiva se puede analizar el significado del 11 de septiembre. Lanzados en un momento en que la impopularidad de Estados Unidos era muy grande en los países musulmanes, debido a las desastrosas consecuencias de diez años de embargo a Irak y a su parcialidad a favor de Israel tras la ruptura del proceso de paz, los ataques contra Nueva York y Washington probablemente pretendían demostrar la vulnerabilidad de América y generar una gigantesca espiral conforme al conocido modelo de acción-represión-acción. En palabras de Gilles Kepel, se trata de “una provocación de dimensiones desmesuradas que intenta suscitar a cambio una represión gigantesca cuya víctima será la población civil afgana y que pretende capitalizar en torno a la previsible solidaridad por parte de los musulmanes del mundo hacia sus hermanos bombardeados, una reacción de gran repercusión”. La facilidad con que fue derrocado el régimen talibán y la limitadísima efectividad de la solidaridad con aquel entre las poblaciones musulmanas significan que Bin Laden no ha logrado de momento su objetivo. Pero la guerra no ha terminado.
La variable crucial: las poblaciones musulmanas.
Nunca se repetirá lo suficiente que la amenaza de organizaciones como Al Qaida se dirige sobre todo contra las poblaciones musulmanas. Serían ellas las que se vieran sometidas a regímenes tiránicos como el de los talibanes si aquellas triunfaran, y son ellas las que más vícitmas han tenido. El número de civiles, mujeres y niños incluidos, que han perecido por la barbarie terrorista en Argelia es bastantes veces superior al de las víctimas del 11 de septiembre. E incluso desde el punto de vista de la seguridad occidental, la variable crucial será la actitud que adopten los musulmanes de todo el mundo. Como ha escrito Rohan Gunaratna, un experto muchas veces citado en estas páginas, la amenaza de al Qaida es primordialmente ideológica: “The long term strategic threat it poses to international security is the politisation and radicalisation of Muslims, a phenomenon that has gone unchallenged by the West as well as by Middle Eastern and Asian Muslim countries. Needless to say, if governments and civil society responds only to Al Qaeda’s military threat and not to its ideological challenge, in the long run the organisation will have no difficulty in recruiting more terrorists from successive generation of disenchanted Muslim youths.”
Resulta fundamental evitar que Al Qaida logre convertir en realidad el supuesto “choque de civilizaciones” entre Occidente y el Islam. Y esto es algo que los europeos parecen tener bastante claro. En una encuesta realizada dos meses después del 11 de septiembre en los quince Estados de la Unión Europea, el índice de apoyo era de 67 respecto a incrementar las relaciones políticas y culturales con los países árabes y de 72 respecto a la mejora de las relaciones entre las comunidades musulmanas y la población local en el territorio europeo, pero también era de 62 respecto a la afirmación de que es comprensible una cierta desconfianza respecto a la comunidad musulmana en Europa. Ciertamente, el 11 de septiembre ha perjudicado a la imagen de los musulmanes en Europa, aunque tampoco ha engendrado una violenta reacción xenófoba. Por otra parte, no debe olvidarse que el tema de la inmigración se está convirtiendo en un motivo de preocupación para los europeos y que parece existir un recelo particular respecto a los inmigrantes magrebíes. La integración de los inmigrantes musulmanes es, sin embrago, esencial para evitar que surjan nuevos Zacarías Moussaoui.
En los propios países árabes no parece que los fundamentalistas estén consiguiendo capitalizar el indudable descontento popular. El problema es que ese descontento tiene todas las trazas de mantenerse, debido a las escasas expectativas de desarrollo que presentan, al menos a corto plazo, el conjunto de los países árabes (aunque al respecto existen grandes diferencias entre ellos). Un reciente estudio, preparado por un equipo de expertos árabes para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano, proporciona un diagnóstico de la situación que no atribuye el escaso desarrollo de los países árabes a factores externos, como a menudo se hace, sino a factores internos, entre los que destaca la falta de libertad, la falta de conocimiento y la ausencia de emancipación femenin . Ahora bien, el fundamentalismo islámico, tanto en su versión violenta a lo Bin Laden como en su versión pacífica y moderada, mucho más extendida, representa un obstáculo para la libertad, para el desarrollo del conocimiento y, notoriamente, para la emancipación femenina. Los países árabes se ven, pues, amenazados por un círculo vicioso en que el estancamiento genera fundamentalismo y el fundamentalismo genera estancamiento.
Desde el punto de vista europeo, un elemento crucial es el constituido por los aproximadamente diez millones de musulmanes que viven en la Unión Europea. Sus portavoces mayoritarios han condenado rotundamente los atentados del 11 de septiembre, pero a la vez se muestra en ellos una cierta reticencia a admitir que hayan sido perpetrados por genuinos islamistas, lo que da pie a diversas interpretaciones conspirativas. En nuestro caso, la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, una de las dos entidades más representativas del Islam en España, condenó el 12 de septiembre los atentados, al tiempo que apelaba a que no fueran empleados para calumniar a los musulmanes de todo el mundo. Las páginas web del Islam español, editadas por el sector en que mayor es la presencia de conversos, ofrecen, por otra parte, algunas muestras de teorías conspirativas, teñidas de antiamericanismo y antisionismo. Varios testimonios periodísticos apuntan también a que muchos musulmanes que viven en nuestro país creen que el 11 de septiembre fue una conjura de la CIA. Claramente tenemos un problema de comunicación.
Conclusiones.
1. El desafío global que representa Al Qaida, su demostrada implantación en el territorio europeo y su arraigada hostilidad hacia Occidente la convierten en una gran amenaza para la seguridad europea. No se debe excluir que en un futuro intenten un atentado masivo dirigido contra objetivos europeos, en venganza por las detenciones de militantes islamistas, como medio de presión para que sean liberados o simplemente porque les resulte más sencillo actuar en Europa que en Estados Unidos. Cometeríamos una grave inconsciencia si pensáramos que su presencia en territorio europeo supone solamente una amenaza para terceros países, como Argelia, Israel o Estados Unidos.
2. Esto supone que es necesario que los servicios de inteligencia y de seguridad europeos den una elevada prioridad a la lucha contra las organizaciones terroristas de inspiración islamista. Para ello tendrán que potenciar el reclutamiento de agentes e informantes musulmanes.
3. Puesto que estamos ante un desafío en el que la dimensión ideológica es fundamental, ha de tenerse presente que debemos ganarnos la buena voluntad de los jóvenes musulmanes, tanto de Europa como de los países musulmanes. Y para ello hay que demostrar que Europa, lejos de ser un enemigo de los países musulmanes, es un colaborador necesario para su desarrollo, y que los musulmanes de Europa son ciudadanos con los mismos derechos que los que tienen otras creencias.
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