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Resumen
En este trabajo se describe la evolución reciente de la lengua española en el ámbito estadounidense y los factores que contribuyen a su expansión. Para ello se revisan los principales datos demográficos, cuestión a la que se dedica esta primera parte, y después, en un segundo bloque, los ámbitos sociales en los que se materializa su presencia pública.
Introducción
Diversas razones hacen de la evolución de la lengua española en los EEUU un tema de interés. Sus implicaciones económicas, caso de persistir la actual dinámica de expansión y crecimiento, son quizá las más ostensibles. Pero qué duda cabe que en parejo, e incluso por encima de éstas, se hallan sus muchas y significativas derivaciones sociales. Y es que ello da cuenta también del potencial de la inmigración como factor de cambio; o quizá sería más adecuado hablar de profunda transformación social. Permite observar asimismo que el proceso de ajuste socio-cultural de la población inmigrante puede adoptar diversos modos en función del contexto y el momento histórico en que tiene lugar, dando lugar a resultados no previstos, o que cuestionan directamente presupuestos y axiomas de los paradigmas teóricos precedentes. La evolución de la lengua española, y en general de la población latina, en aquel ámbito se convierte así en un test que aportará nuevos datos y ayudará a una mejor comprensión de los procesos de adaptación mutua –de sociedad e inmigrantes– y los cambios –en individuos, colectivos y sociedad– a que dan lugar.
Hay, además, otras dos razones que lo convierten en un hecho histórico y lo dotan por tanto de interés sociológico. Una es que por primera vez coinciden en un mismo contexto dos dominios culturales –lo hispano y lo anglo– que difieren en modos de ver y trayectorias y cuya relación histórica se ha articulado en torno a la rivalidad y el conflicto. La otra, porque de igual modo –y debido al aluvión humano que transporta la corriente migratoria– coinciden ahora en un mismo entorno –lo que implica bajo cierta similitud de circunstancias– las diversas nacionalidades latinoamericanas. Se trata, pues, de una etapa de tránsito que apunta hacia una nueva configuración social, y probablemente también cultural, de la sociedad estadounidense y de dichos grupos; el preámbulo de un nuevo crisol,[1] de una “nueva síntesis”, como recogía el título general de uno de los escasos congresos celebrados en España sobre esta población.[2]
Pero no es nuestra intención abundar aquí en todos estos aspectos que, por su calado, requerirían otro espacio y abordaje, sino describir el proceso de expansión que advierte el español en los EEUU anotando los factores que median en ello y los condicionantes que pueden afectar su evolución. Es este un objetivo mucho más asible y que nos ayuda a evidenciar algunos de esos cambios.
Varios factores realzan la presencia de la lengua española y, directa o indirectamente, contribuyen a su expansión. Unos tienen que ver con el desarrollo demográfico de la población hispana; otros, con la dimensión económica y la incidencia política del colectivo; y una cuarta vía deriva del ámbito normativo, elemento vinculado al modelo social e ideológico en los que se enmarcan estos procesos (Criado 2004a). La expansión que experimenta la lengua española es fruto de la interacción conjunta de estos factores.
La demografía le da el pulso inicial. Mercado e instituciones amplían el rango de escenarios y lo reconocen, explícita e implícitamente, de modo formal, lo que revela y redimensiona su cariz instrumental. Su incorporación a la arena política proyecta un reconocimiento simbólico. Finalmente, el modelo social y el marco normativo respaldan y refrendan la legitimidad y pertinencia de esos procesos.
Para dar cuenta de esta serie de aspectos, hemos subdividido el tema en dos bloques diferenciados. En este primero se examina la faceta demográfica anotando los datos más significados en relación a los hispanohablantes: cifras, distribución, evolución, usos lingüísticos y competencia en la lengua inglesa. En algunos de estos puntos los datos se refieren al conjunto global –es decir, todos los que dijeron utilizar la lengua española en el ámbito doméstico cuando se recogió la información–; en otros, se ciñen en específico a la población de origen latino, colectivo en el que se centra este trabajo.
Posteriormente, en una segunda parte, se aborda la vertiente social. Esto es, la difusión del español en la esfera pública y las razones que lo impulsan en varios de los ámbitos concernidos –educación, economía, arena política, administración, etc.–. Finaliza el examen una breve reseña a los obstáculos y limitaciones que socavan o se oponen a su continuidad tanto a nivel externo como interno al grupo natural de referencia.
1. La extensión de la lengua española, epifenómeno emergente en los EEUU
La expansión del español en el orbe estadounidense es quizá uno de los efectos añadidos más notorios de la actual ola migratoria. De una presencia periférica, circunscrita al ámbito privado y con un estatus marginal, ha pasado a ser objeto de atención y controversia a medida que va ganando espacio en la esfera pública y en el ámbito privado. Un proceso paralelo al desarrollo –demográfico, económico y político– de la población de origen o herencia hispana, en la actualidad, la minoría más cuantiosa de la nación. Con más de 41 millones en 2004 (el 14% de la población total y cerca del doble que en 1990), EEUU es ya el tercer país en población hispana –por delante de Argentina y España[3]– y las tendencias apuntan a que se acentúe y consolide esa condición.
En efecto, los latinos no sólo aumentan a un ritmo cuatro veces más rápido que la media nacional (58% frente al 13%, respectivamente, de 1990 a 2000 y 16% frente al 4% de 2000 a 2004); el volumen alcanzado amplía su eco a escala general al aportar la mitad de la población añadida en los últimos cuatro años (5,6millones de 11,4 millones) y el 40% de la que añadió en la década previa, unas cuotas que en varios estados rebasan más que holgadamente. En Nueva York e Illinois, por ejemplo, generaron más del 80% del incremento de la población en dicho período (209.038 y 244.243 respectivamente frente a 250.267 y 293.987 de aumento total en uno y otro estado). Mientras, en Tejas, Nuevo México y California, su contribución supuso alrededor del 70% del incremento total.[4]
A mitad de siglo, según los demógrafos, uno de cada cuatro estadounidenses (102 millones) será de origen hispano, perspectiva que ya han dejado atrás ciertas áreas en las que el cambio demográfico se hace más ostensible. En California, por ejemplo, el estado más poblado de la unión y uno de los cuatro en los que la población euro-caucásica no es mayoría, se calcula que habrá unos 26 millones de latinos en 2040, rebasando para entonces a la suma de los restantes grupos (el 53,6%). En Tejas, otro de los estados, junto a Hawai y Nuevo México, de minorías, se prevé que supere a los blancos no-hispanos, a más tardar, en 2020 y que sean mayoría en 2035.
Detrás de este proceso está, como es sabido, el elevado y sostenido flujo migratorio desde Latinoamérica unido a un crecimiento natural superior a la media. Los inmigrantes (algo más de 18 millones en 2004) suponen cerca de la mitad del conjunto (el 44%) y arriban en su mayoría (el 80%) con posterioridad a 1980. De ahí el sustancial incremento de los hispano-parlantes, que casi se triplican en poco más de dos décadas, superando en 2004 los 30,5 millones, el 11% de los residentes en EEUU mayores de 5 años,[5] lo que le coloca en la quinta posición en esta rúbrica (véase el Gráfico 1).
Gráfico 1. Población latina e hispanohablantes. 1980-2004

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de la Oficina del Censo de los EEUU: “Hispanic Origin: 1940 & 1970”; Censo 1990 y 2000; Estimaciones Anuales de Población, 2004; Current Population Survey 2004 y American Community Survey 2004. Datos en millones.
No está de más advertir antes de continuar, para los no avisados, que los términos “hispano” o “latino” e “hispanohablantes”, distan de ser homólogos en el contexto estadounidense (al igual que no todos los “nacidos en Latinoamérica”, e inscritos por ende en tal categoría, son de aquel origen).[6] De ahí que los datos relativos a unos no se pueden trasladar, automáticamente, a la categoría que, a bote pronto, parece pareja.
Esto es, y refiriéndonos a la faceta lingüística –objeto de este texto–, una significativa fracción de los latinos (21% en 2000) es exclusivamente anglófona y, a su vez, para parte (el 12% en 2000) de los que dicen utilizar el castellano en el ámbito doméstico, se trata de una segunda lengua.[7]
Por dar algunas cifras que orienten a la vez sobre su evolución, en 1980, según la Oficina del Censo, unos 3,3 millones de latinos (casi la cuarta parte de los 13,7 millones que totalizaban entonces) eran anglo-monolingües; alrededor de 10 millones hablaban español y algo más de 200.000 se comunicaban en una lengua diferente a las citadas. En 2000, tras dos décadas de potente inmigración, los primeros se habían duplicado, contabilizando cerca de 7 millones; los hispano-parlantes se incrementaron en una proporción algo mayor (140%) sumando 24,6 millones y los últimos se redujeron a 170.755. Ello significa, tras un pequeño cálculo, que para cerca del 8% (874.000) de los 11,1 millones de hispanohablantes registrados en 1980, no era su lengua materna, mientras que en 2000 dicho segmento ascendía a unos 3,5 millones; es decir, se habría multiplicado por cuatro (véase la Tabla 1). Ello constituye un indicio más de la expansión que advierte recientemente el español en aquel orbe.
Tabla 1. Usos lingüísticos de la población latina e hispanohablantes, 1980-2000
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1980 |
2000 |
Variación 1980-2000 |
| |
Miles |
% |
Miles |
% |
Absoluta |
% |
|
Población hispana mayor de 5 años |
13.732 |
100 |
31.585 |
100 |
17.854 |
130 |
|
habla sólo inglés |
3.280 |
24 |
6.764 |
21 |
3.484 |
106 |
|
Habla español |
10.243 |
75 |
24.651 |
78 |
14.408 |
141 |
|
Habla otra lengua |
209 |
1,5 |
171 |
0,5 |
-38,0 |
-18 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Total hispanohablantes |
11.116,2 |
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28.101 |
|
16.984,9 |
153 |
|
Hablantes de español como 2ª lengua |
873,5 |
8 |
3.450,5 |
12,3 |
2.577 |
295 |
Fuente: cálculos propios partir de datos de la Oficina del Censo de los EEUU.
2. El incipiente despliegue de las lenguas vernáculas
El volumen de ambos conjuntos (latinos e hispanohablantes) y el ritmo de crecimiento (59% y 62%, respectivamente, de 1990 a 2000) otorgan al español un lugar destacado en la esfera lingüística. De hecho, el ascenso que observan las lenguas vernáculas en la pasada década, que pasan de unos 32 millones en 1990 a 47 millones en 2000, se debe en gran medida (71%) al de los hispanohablantes. Éstos suponen 10 millones de los 15 millones que añade esa categoría respecto a 1990 y representaban en 2000 cerca de dos tercios (60%) del conjunto total. El chino, siguiente idioma en la lista, aunque observa un fuerte desarrollo en dicho período, se halla, con unos 2 millones de hablantes, a considerable distancia. Francés y alemán, las dos únicas lenguas europeas en los cinco primeros puestos, observan a su vez un ligero retroceso, al igual que el italiano y el polaco, que descienden tres lugares (del 4º al 7º y de éste al 10º respectivamente), cambios que reflejan el ocaso de los miembros de la ola migratoria previa (véase la Tabla 2). Ninguna de las restantes lenguas minoritarias, como refleja el Gráfico 2, presenta un desarrollo ligeramente equiparable al de la española.
Tabla 2. Lengua utilizada en el hogar por los residentes en EEUU, 1990-2000
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1990 |
2000 |
Cambio 1990-2000 |
|
|
Millones |
% |
Millones |
% |
Millones |
% |
|
Sólo inglés |
198,6 |
86,0 |
215,4 |
82,1 |
16,8 |
8,5 |
|
Otra lengua |
31,8 |
13,8 |
47,0 |
17,9 |
15,2 |
47,8 |
|
Español |
17,3 |
7,5 |
28,1 |
10,7 |
10,8 |
62,4 |
|
Chino |
1,2 |
0,5 |
2,0 |
0,8 |
0,8 |
66,7 |
|
Francés |
1,7 |
0,7 |
1,6 |
0,6 |
-0,1 |
-5,9 |
|
Alemán |
1,5 |
0,7 |
1,4 |
0,5 |
-0,1 |
-6,7 |
|
Tagalo |
0,8 |
0,4 |
1,2 |
0,5 |
0,4 |
50,0 |
Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Censo 2000 (Language Use & English-Speaking Abilitity, 2000, 2003). Universo: residentes en EEUU mayores de 5 años.
Las estimaciones anuales posteriores al Censo 2000, que recoge la Encuesta de la Comunidad Estadounidense (ACS, por sus siglas en inglés), corroboran la tendencia ascendente. Los hablantes de español rebasarían en 2004, según sus cálculos, los 30,5 millones. Esto implica un aumento cercano al 15% respecto al que recogía dicha encuesta en 2000.
Gráfico 2. Lenguas familiares más frecuentes. 1990-2000

Fuente: Oficina del Censo de los EEUU, Censos 1990 y 2000.
No obstante, el aumento de la diversidad lingüística que reveló el Censo 2000, no amenaza, como aseguran algunos, la primacía del idioma nacional. Nada suscita más grado de acuerdo que la importancia de su dominio como reiteran las encuestas de opinión y evidencian las listas de espera en los centros de adultos que lo imparten.[8] Por otra parte, la generalidad de la población estadounidense (el 92%) sigue siendo básicamente anglófona (82,1%) o, en menor medida, bilingüe (10%). De hecho, aunque los latinos sean el colectivo que más retiene la lengua materna, los registros oficiales y los estudios efectuados corroboran el proceso de aculturación lingüística que se acentúa en las sucesivas generaciones.
Gráfico 3. Usos lingüísticos de la población latina y competencia en la lengua inglesa, 2000

Fuente: Oficina del Censo de los EEUU, Censo 2000.
Así, sin entrar en el nivel generacional en el que la brecha es manifiesta, los datos del Censo 2000 muestran, como ya se anotó, que uno de cada cinco hispanos (el 21,4%) sólo se expresa en inglés y que la mayoría (70%) de los que hablan español dominaba a la vez la lengua franca (48%) –o la hablaba “bien” (22%)– mientras sólo uno de cada diez (2,8 millones) depende en exclusiva de la lengua vernácula para comunicarse (véase el Gráfico 3).
Los datos relativos a la vertiente lingüística están, como es sabido, muy condicionados por otras variables. Entre ellas, el tiempo de permanencia en el país en el caso de los inmigrados, la edad –al emigrar, si es ese el caso y de modo genérico si se desciende de inmigrantes–, la natividad y la generación respectiva.[9]
Los perfiles de la población de origen hispano en relación a estas facetas nos ayudan a matizar los datos y presunciones genéricas y orientan sobre la evolución y escenarios futuros. Revisamos brevemente estos aspectos en los siguientes apartados.
3. Competencia y usos lingüísticos: factores y determinantes
El lugar de nacimiento, fuera o dentro de EEUU, es un elemento clave en la adaptación e incorporación lingüística de la población inmigrada y sus descendientes. El examen de la relación existente aporta luz sobre la configuración y los condicionamientos lingüísticos del conjunto hispanohablante.
Una primera aproximación a este respecto implica verificar lo que ocurre en relación a tres cuestiones:
(1) Incidencia de la natividad en los usos lingüísticos.
(2) Peso de foráneos y nativos en cada una de las comunidades lingüísticas contempladas.
(3) Incidencia de la natividad en la habilidad o competencia en la lengua inglesa.
Lo observado en relación a los dos primeros puntos nos indica la escala en que participa la población nativa de la diversidad lingüística que muestra el Censo 2000 y cómo se distribuye en los distintos bloques. Ello nos informa del grado en que incumbe a la población autóctona y, por ende, si se trata esencialmente de un fenómeno “importado” por la crecida inmigración o si ha prendido, o se detecta, al menos, cierta receptividad en el núcleo central de la sociedad estadounidense. El último, a su vez, permite calibrar el grado en que la natividad condiciona la adquisición y competencia en la lengua común.
Lo primero que se aprecia al cotejar “natividad” y “usos lingüísticos” es que la práctica totalidad de los nativos (el 91% ó cuatro de cada cinco residentes en los EEUU) es anglo-monolingüe. Algo que no sería tan llamativo si no fuera por el dilatado caudal lingüístico acumulado en el curso de la historia de la nación[10] y cuya explicación radica en la tradicional suspicacia y censura que despierta, en general, el multilingüismo en EEUU, actitud que se manifiesta en diversos modos –entre ellos la escasa valoración, social y laboral, del bilingüismo[11]– y se radicaliza en el movimiento English Only. Es más, el idioma, como destaca un estudio patrocinado por la Fundación Ford en cinco importantes áreas de inmigración (Chicago, Kansas, Tejas, Miami y California), constituye “la principal fuente de conflicto” entre los residentes establecidos y los recién llegados y llega a generar tensiones en los propios grupos de inmigrados[12] (Bach et al., 1993). Aunque el enfrentamiento, según puntualiza el mismo trabajo, no deriva tanto de la utilización de una lengua diferente sino de que ésta se convierta en fuente de competición y rivalidad intergrupal (Bach et al., 1993, p. 37).
Gráfico 4. Usos lingüísticos de la población de EEUU según natividad

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de los EEUU.
Frente al compacto bloque que conforma el grueso de nativos, la escasa fracción restante (9%) se distribuye de manera irregular, casi anecdótica, entre las diversas lenguas vernáculas. La única que se llega a particularizar es la española que abarca algo más del 6% (véase el Gráfico 4 y la Tabla A1 del apéndice). La utilización de una lengua vernácula a escala general es patrimonio pues, casi exclusivo, de la población foránea y así lo corroboran suficientes estudios.[13] Ésta se distribuye entre los diversos usos lingüísticos destacando también entre ellos el español que, en correlación con el peso de la población latina en el conjunto total de foráneos,[14] reúne la fracción más numerosa (43%, como evidencia el citado Gráfico).
En cuanto al peso relativo de cada segmento en cada una de las comunidades de hablantes, segunda cuestión que señalamos, aparece reflejado en el Gráfico 5. La disposición de los datos corrobora y matiza lo observado en el punto anterior. Esto es, por un lado, el estrecho nexo entre “nacer en EEUU” y el monolingüismo “anglo” (el 98% de éstos responden a esa condición). Y, por otro –y ésta sería la principal nota a destacar–, la elevada presencia de nativos entre los hispanohablantes. Éstos, en claro contraste con lo que ocurre en los restantes casos, constituyen mayoría, superando en cerca de seis puntos porcentuales a los foráneos (53% frente al 47%, véase el Gráfico 5). De un lado, esto reproduce con escasa variación la estructura de la población latina (55% nacidos en EEUU frente al 45% en América Latina) y halla puntual explicación en la suma de una serie de factores, unos privativos del español –presencia histórica previa al inglés en una vasta franja geográfica; cierto arraigo popular; persistente renovación; seña de afirmación y resistencia, etc.– y otros ligados a la población de la que es lengua materna –elevada fertilidad e impacto social de su desarrollo reciente–. Y, por otro lado, evidencia la incipiente penetración en la estructura y tejido social de la nación a la vez que revela la centralidad que tendrá este vector en la evolución y el futuro de la lengua española.[15]
Gráfico 5. Natividad en las distintas comunidades lingüísticas, 2000

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de los EEUU.
En suma, mientras en el resto de lenguas vernáculas su presencia en ese área pivota en suficiente medida en la población foránea, lo que la subordina a su continuidad, en el español el eje se inclina hacia el flanco de los nativos, lo que avalaría una relativa permanencia, aún con ciertas limitaciones, al menos en un futuro próximo. Ello, no obstante, está condicionado al efecto acumulado del proceso de aculturación lingüística que a partir de la tercera generación son palmarios. Sólo uno de cada cinco latinos (22%) a esa altura, según una encuesta del Pew Hispanic Center y la Kaiser Family Foundation (2002), se expresan en ambas lenguas. El resto (78%) es completamente anglófono. Volveremos sobre este tema más adelante, anotando algunos datos y tendencias.
Gráfico 6. Competencia en la lengua inglesa de los hispanohablantes según natividad, 2000

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de los EEUU.
Finalmente, respecto a la relación entre natividad y competencia en la lengua inglesa, los datos del Censo 2000 son particularmente reveladores como puede verse en el Gráfico 6. Así, mientras la práctica totalidad (90%) de los hispanohablantes nacidos en EEUU, gracias a la instrucción y exposición a la lengua nacional desde la infancia, adquieren las destrezas necesarias y muy pocos la ignoran (1%), los foráneos manifiestan las limitaciones que conlleva la adquisición de una segunda lengua –que aborda gran parte de ellos en la adultez y en condiciones desfavorables[16]–, con una distribución mucho más segmentada. Aún así, las categorías positivas sobrepasan a las negativas (52% frente al 48%, véase el Gráfico 6), lo que advierte del interés por aprender la lengua nacional y lo infundado de la supuesta resistencia de los hispanohablantes frente a ella.
Edad y usos lingüísticos
La edad es otra de las variables que condiciona los patrones lingüísticos en un contexto de inmigración. En procesos recientes como el dado, suele tener cierta relación con la natividad y, al igual que aquella, informa del presente y de los mimbres que tejen el futuro. Si en el apartado anterior veíamos como el ser nativo de EEUU constituye un potente predictor de monolingüismo “anglo” y, en el caso de hablar otra lengua, asegura en un elevado grado el dominio del inglés, mientras en una significativa fracción de los foráneos prevalece el castellano, al desagregar los datos según grupos de edad se advierte cómo se reduce la tasa de bilingües a medida que ésta aumenta y se acentúan las dificultades idiomáticas. Los resultados se muestran en los Gráficos 7 y 8. Los datos recogidos en ellos se ciñen ahora a la población de origen o herencia hispana.
Como puede verse en ambos gráficos, los latinos más jóvenes (5 a 17 años) presentan los índices más altos de monolingüismo “anglo” (30%) y de bilingües,[17] condición que define al 60% del grupo y a la generalidad (85%) de los hispanohablantes en esa franja de edad. Esto es, dos de cada tres de estos últimos (62%), como refleja el Gráfico 8, tenía un perfecto dominio del inglés y alrededor de la cuarta parte (23%) lo hablaba “bien”. Lo que, trasladado al conjunto total y considerando por ende a los anglófonos, significa que la mayoría de latinos en ese tramo de edad (el 90%) eran total o suficientemente diestros en dicha lengua. El castellano, en cambio, sólo prevalece en una pequeña fracción (10%), siendo casi anecdótico el índice de monolingües correspondiente (2%, véase el Gráfico 8).
Gráfico 7. Usos lingüísticos en la población latina según grupos de edad, 2000

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de los EEUU.
En los otros dos tramos, en cambio, la balanza se inclina a favor del castellano, que congrega a más del 80%. Así, como muestran los gráficos antedichos, la tasa de anglo-monolingües es relativamente baja (18,5% y 14%, respectivamente) al tiempo que se hacen patentes las limitaciones lingüísticas en particular en la última franja. Casi uno de cada tres hispanos (31%) comprendidos en el grupo de 18 a 64 años, según el Censo 2000, manifiestan su dificultad con el inglés, situación que en el siguiente tramo afecta a cerca de la mitad (45%) como refleja el Gráfico 8. No obstante, el bilingüismo sigue caracterizando, aún en estos grupos, a una cuota significativa de los latinos hispanohablantes. Dos de cada tres adultos (66%) y algo más de la mitad de los mayores (55%) se manejan sin ninguna o escasa dificultad en la lengua inglesa.
El peso de la inmigración que dilata la franja en edad laboral, que abarca a dos de cada tres latinos (el 67,4%, o 21 millones),[18] se refleja en las puntuaciones medias del conjunto que reproducen, en buena medida, las correspondientes a dicho sector (véase el Gráfico 3). Jóvenes y menores (5-17 años), con unos 8,6 millones, suponen algo más de la cuarta parte (27%), mientras los mayores de 65 años (1,7 millones) constituyen la cuota más pequeña (5,4%, véase el Gráfico 8). Ello condiciona la visión de conjunto y genera una imagen que vela pormenores y tendencias significativos de la evolución en esta vertiente.
Gráfico 8. Usos lingüísticos y competencia en la lengua inglesa de la población latina según grupos de edad, 2000

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de los EEUU.
Finalmente, en lo que respecta al tiempo de estadía, los latinos se distinguen por reunir el mayor número de “inmigrantes recientes”. De los 16 millones que señala el Censo 2000 cerca de la mitad (45%, o unos 7 millones) llegó en la década de los 90 y una cuarta parte (4,5 millones) en la anterior (1980-1989). La media de residencia en los EEUU cuando se recogieron los datos del último censo era de 13,5 años, similar a la de los asiáticos (14,3) y muy por debajo de la de los inmigrados de origen europeo (25,0 años).[19] Si a ello le añadimos que siete de cada 10 hispanos son inmigrantes o lo es al menos uno de sus progenitores, es fácil de entender la diversidad lingüística que registran los datos oficiales y las distribuciones que hemos ido señalando en estos apartados.
4. La geografía de la lengua española
La topografía del español en los EEUU es aún discontinua e irregular. Con áreas en las que su presencia es tan intensa que transfiere a otro espacioy otras en las que se reduce a unos pocos millares. Ambas notas –concentración y dispersión–, vinculadas una a la pauta genérica de asentamiento y la otra a la optimización del proceso migratorio y al curso habitual en la instalación, distinguen y dimensionan su proyección territorial.
En efecto, el modelo de asentamiento, señalado por una relativa concentración geográfica y local –algo usual en los procesos migratorios–, confiere al español una notable visibilidad en dichas áreas. Así, secundando la distribución de la población latina, tres de cada cuatro hispanohablantes reside entre el sur y el oeste, lo que en cifras globales supone unos 21 millones. El resto (7 millones) se disgrega entre el noreste, en donde se cuentan 4,5 millones y el interior (2,6 millones). En el Gráfico 9 se puede ver la estabilidad de dicha distribución, que varía muy poco de 1990 a 2000, y apreciar, a la vez, los efectos a escala lingüística de la dispersión iniciada en dicha década. Aunque en todas las zonas aumenta la cifra de hispanoparlantes, es en el interior del país y en el Sur y la región central donde se advierte un incremento, en cifras relativas, superior a la media (62%) y al de las otras dos áreas. En el Medio-Oeste, en concreto, la diferencia respecto al censo anterior ronda el 90%, con lo que casi duplican su volumen en una década. De menos de millón y medio (1,4 millones) ha pasado a alojar a 2,6 millones.
Gráfico 9. Distribución regional de los hispanohablantes, 1990-2000

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3).
El Gráfico 10, en el que se recogen los estados con los mayores contingentes, da cuenta de la concentración que sigue caracterizando a la población latina y, por ende, a los hispanohablantes. Al distinguir respecto a estos últimos, entre la suma total y la debida a los propios hispanos que recoge el Censo 2000, se hace patente la huella del cambio lingüístico entre los latinos y la extensión –aún relativamente tenue– del español como segunda lengua en esas áreas.
Gráfico 10. Población latina e hispanohablantes: distribución estatal, 2000

Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3).
Como refleja el Gráfico 10, dos estados, California y Tejas, con unos 8 millones y 5 millones respectivamente, albergan a casi la mitad de los 28 millones de hispanohablantes censados en 2000. Si se añade Florida y Nueva York, que acogen alrededor de 2,5 millones cada uno, se acercan a los dos tercios (18,2 millones). Sólo otros tres estados más –Arizona, Illinois y Nueva Jersey– rondan o rebasan ligeramente el millón de hispanohablantes (0,9 millones, 1,3 millones y 1 millón respectivamente). En conjunto, estos siete estados agrupan al 80% de los latinos que dijeron utilizar el castellano y a una tasa similar (76%) del total de hispanoparlantes. El resto (menos de 7 millones) se reparte de forma irregular en los 43 estados restantes con algunas agrupaciones de relativa importancia en un puñado más.
En Nuevo México, estado en el que el español figura como lengua cooficial desde 1846 y el que presenta el incremento más bajo en la pasada década (25%), se acercan al medio millón. En Georgia y Colorado, que aumentaron notablemente sus efectivos en dicho período, superan los 400.000. Carolina del Norte, Massachussets, Pennsylvania, Washington y Virginia que, a excepción del tercero, observaron también un incremento notable, contabilizaban en el último censo más de 300.000 (véase la Tabla 3).
Y es que lo más destacado, en este sentido, es el impulso que la tendencia a la dispersión en la población hispana[20] ha supuesto en la expansión del español que se extiende a puntos alejados de los núcleos tradicionales. Es más, son esas áreas las que observan los incrementos relativos más cuantiosos, que superan en ciertos casos el 200%. Aunque las cifras absolutas y el peso en la población disten, en general, de las que presentan los estados más tradicionales, el cambio resulta más llamativo al tratarse de zonas de escasa presencia hispana hasta ahora. Como consecuencia, unos veinticinco estados amplían sustancialmente la cifra de hispanoparlantes, llegando incluso algunos a triplicarla ampliamente. Mientras, los estados más hispanizados, aunque crecen en número –y algunos muy significativamente, como California, Tejas y Florida–, al ser mayor la base de partida, presentan un índice menor que, en varios casos, está por detrás de la media nacional (62%, véase la Tabla 3).
Tabla 3. Evolución de la población hispanohablante, 1990-2000
|
Área |
1990 |
2000 |
Variación 1990-2000 |
|
C Abs. |
Incremento % |
|
Nuevos asentamientos
[Estados con incremento > 100%. Selección*] |
|
|
|
|
|
Carolina del Norte |
105.963 |
378.942 |
272.979 |
258 |
|
Nevada |
85.474 |
299.947 |
214.473 |
251 |
|
Georgia |
122.295 |
426.115 |
303.820 |
248 |
|
Minnesota |
42.362 |
132.066 |
89.704 |
212 |
|
Utah |
51.945 |
150.244 |
98.299 |
189 |
|
Tennessee |
49.661 |
133.931 |
84.270 |
170 |
|
Oregon |
83.087 |
217.614 |
134.527 |
162 |
|
Carolina del Sur |
44.427 |
110.030 |
65.603 |
148 |
|
Washington |
143.647 |
321.490 |
177.843 |
124 |
|
Wisconsin |
75.931 |
168.778 |
92.847 |
122 |
|
Kansas |
62.059 |
137.247 |
75.188 |
121 |
|
Oklahoma |
64.562 |
141.060 |
76.498 |
118 |
|
Virginia |
152.663 |
316.274 |
163.611 |
107 |
|
Indiana |
90.146 |
185.576 |
95.430 |
106 |
|
Estados de asentamiento tradicional |
|
|
|
|
|
Illinois |
728.380 |
1.253.676 |
525.296 |
72 |
|
Florida |
1.447.747 |
2.476.528 |
1.028.781 |
71 |
|
Nueva Jersey |
621.416 |
967.741 |
346.325 |
56 |
|
California |
5.478.712 |
8.105.505 |
2.626.793 |
48 |
|
Tejas |
3.443.106 |
5.195.182 |
1.752.076 |
51 |
|
Nueva York |
1.848.825 |
2.416.126 |
567.301 |
31 |
|
Nuevo México |
388.186 |
485.681 |
97.495 |
25 |
|
Total EEUU |
17.345.064 |
28.101.052 |
10.755.988 |
62 |
(*) Sólo se reflejan aquí los estados que albergan a más de 100.000 hispanohablantes. Véase la relación completa en la Tabla A2, en el anexo.
Fuente: elaboración propia a partir del Censo 1990 (CPHL-96) y Censo 2000 (Summary File 3, Tabla P 19). Oficina del Censo de los EEUU. Universo: residentes en EEUU a partir de 5 años.
Carolina del Norte, por ejemplo, el estado con mayor incremento en población latina (394%), pasa de poco más de 100.000 hispanohablantes en 1990 a cerca de 400.000 en 2000. Georgia, con una base de partida ligeramente mayor, multiplica por 3,5 el volumen previo, acercándose al medio millón, poco menos de los que reúne un estado tan señero a este respecto como Nuevo México y similar a Colorado (véase la Tabla 3). En otras áreas, como Nebraska, Minnesota, Arkansas, Iowa, Idaho o Alabama, ajenas igualmente hace una o dos décadas al influjo latino, duplican o triplican recientemente el censo de hispanoparlantes. Ello hace más patente la presencia de la lengua española, que aumenta su visibilidad fuera de los confines usuales.
El Gráfico 11 reproduce el incremento relativo en población latina e hispanohablantes a escala estatal, agrupados por regiones, en orden ascendente. En él se puede apreciar cómo los estados de asentamiento tradicional ocupan las últimas posiciones en la región respectiva y también cómo en bastantes casos se observan diferencias sustanciales entre las tasas relativas a las dos dimensiones. La razón estriba en las diferentes bases de partida de una y otra y de los universos de población que contemplan (población total hispana, una, y residentes a partir de 5 años que dijeron utilizar el español en el hogar, la otra), lo que puede acentuar las discrepancias en las bases respectivas y, en algún caso, de modo notorio.[21] No hay que descartar tampoco la incidencia de errores y sesgos que afectan a los datos en uno y otro censo.[22]
Por otra parte, es de prever que esta gradual dispersión redunde en un crecimiento sostenido de la población latina en esas áreas a medio plazo y, por ende, de los hispanohablantes. A ello apunta el comportamiento habitual en los flujos –formación y consolidación de redes a partir de los “cabeza de puente”, que facilitan otros desplazamientos– y el predominio de varones entre sus miembros, lo que vaticina la posterior reagrupación familiar y la formación de familias (véase el trabajo de R. Suro y A. Singer, 2002, para una descripción más detallada de las nuevas áreas de asentamiento).
Gráfico 11.
(Ampliar)
Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de EEUU.
En cuanto a la fracción que suponen los hispanohablantes en relación a la población total, dado lo irregular de su distribución, ya puede suponerse que es también desigual. Así, a nivel estatal, la media nacional que apunta el Censo 2000 (11%) establece una clara línea de demarcación entre una decena de estados que la igualan o rebasan –los mismos que reúnen las tasas más notables de población hispana – y la suma restante que le va a la zaga.
Encabeza el primer grupo Nuevo México con cerca de un 30% de hispanohablantes, una tasa, sin duda, muy significativa pero distante, como puede observarse en el Gráfico 12, de la que reúne la población latina en el conjunto total (41%).[23] Y es que Nuevo México es, entre los estados de tradicional asiento hispano, uno de los que presenta un índice más crecido de anglófilos en el colectivo latino (algo más de un tercio, el 34%). Una proporción que excede en diez puntos a la media nacional (21%) y que sólo rebasa, entre los que integran este primer grupo, Colorado, estado en el que el español fue lengua oficial hasta 1921 (Fernández-Shaw, 1988) y en el que cerca de la mitad de los latinos (44%) es anglo-monolingüe en la actualidad.
Tras Nuevo México, los estados de Tejas y California –los más poblados del país–, presentan las tasas de hispanoparlantes más elevadas: más de la cuarta parte de su población total (el 27% y 26% respectivamente), lo que implica un aumento superior a 5 puntos porcentuales respecto a 1990 (véase la Tabla A3 del Anexo). Estos constituyen también, al igual que ocurre en Nuevo México, Colorado y en un buen número de estados, la porción más voluminosa del segmento de población que utiliza una lengua minoritaria. En concreto, en Tejas suponen la generalidad (86%), la tasa más alta de toda la nación. En California, el estado líder en diversidad lingüística, con más de 200 lenguas vernáculas registradas por el Censo 2000 y casi la mitad de su población (40%) haciendo uso de alguna de ellas, aunque no llegan a la (casi) bipolaridad de Tejas, constituyen también la fracción dominante (65%). En otras palabras, la notable pluralidad lingüística que pone de relieve el Censo 2000 se concreta, en la práctica, en un profuso bosque de idiomas (322, según un estudio del grupo US English –de 2005-, de los que sólo 24 confluían en los 50 estados) en el que uno de ellos acapara una cifra lo suficientemente significativa de hablantes como para traspasar sus límites naturales y ser relevante a mayor escala (véase la Tabla A3 del Anexo).
Además de los estados citados, otros seis presentan una densidad de hispanohablantes por encima de la media nacional. Son, en ese orden, Arizona (20%), Florida (16,4%), Nevada (16,1%), Nueva York (14%) y Nueva Jersey (12%), como recoge el Gráfico 12. La mayor novedad aquí es la incorporación, a raíz del último censo, de un nuevo estado –Nevada–, al círculo de áreas en las que la presencia hispana resulta más notoria. Finalmente, Illinois y Colorado, los otros dos estados con tradicional presencia hispana, presentan una tasa análoga a la media nacional. En el resto de áreas los hispanoparlantes suponen una cuota más reducida que oscila desde el 5% al 9% en algo más de una docena de estados, a una fracción inferior en los restantes (véase la Tabla A3 del Anexo).
Gráfico 12. Población hispana e hispanohablantes en los principales estados (en %), 2000

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Censo 2000.
Pero, con independencia del mayor o menor grado de visibilidad que tenga la lengua española en el elenco de estados, en muchos se aprecia un denominador común; o, mejor dicho, dos. Uno es el ascenso en la tasa que representan en la población respecto a 1990, que supera en algunos estados el 5%. Entre ellos, Nevada, en donde duplica la tasa previa, lo que hace que entre en el grupo de cabeza; California, en la que aumenta 6 puntos; y Arizona y Tejas, donde elevan su representación en 5 puntos porcentuales (véase la Tabla A3 del Anexo).
El otro rasgo en común es su hegemonía en buen número de estados (44) respecto al resto de lenguas vernáculas, dimensión en la que el incremento experimentado de uno a otro censo ha sido, en no pocos casos, aún mayor. La variación respecto a 1990 en lo que atañe a este punto es, en algunos casos, especialmente notable. En Nebraska, por ejemplo, pasan de representar alrededor de un tercio de los que utilizan una lengua distinta en el hogar a constituir casi las dos terceras partes, al aumentar su cuota en 27 puntos porcentuales. En Arkansas la diferencia supera también los 20 puntos, mientras en Iowa, las dos Carolinas (del Norte y del Sur), Rhode Island y Wisconsin, el cambio rebasa los 17 puntos porcentuales. La principal salvedad a ese respecto la constituye el manojo de estados de ubicación tradicional que, a excepción de Arizona e Illinois, no presentan diferencias significativas en las variaciones de ambas tasas (véase la Tabla A3 del anexo).
No obstante, es a nivel local donde se materializan los efectos de la concentración territorial y las tendencias demográficas. Es fácil deducir, en este sentido, que los condados y ciudades con mayor densidad de hispanohablantes se ubican en los estados que integran el primer grupo citado, en particular en Tejas, Florida, California, Nueva York y Nueva Jersey.
Así, en los condados de Webb, Hidalgo y Cameron, todos ellos en Tejas, era hispanohablante del 80% al 90% de la población. En El Paso, también tejano, rebasaban el 70% y en Miami-Dade (Florida) lo eran seis de cada 10 de sus residentes. En el condado de Los Ángeles (CA), que con más de tres millones (3,3 millones para ser más exactos) encabeza la lista de distritos en número de hispanohablantes, rondaban el 40% y en el del Bronx (Nueva York) hablaba español cerca de la mitad de la población. En algunas ciudades, como Santa Ana (California), El Paso (Tejas) o Miami (Florida), cerca del 70% de la población se declaró hispanohablante en el último censo. Y aún fue mayor la cifra en otros lugares, como Hialeah (Florida), Laredo o Brownsville (ambas de Tejas) en las que, según datos oficiales, constituían la práctica generalidad (90%).
Por supuesto, esos grandes focos de “concentración hispana” forman sólo una parte de la cartografía estadounidense, en la que abundan los condados y ciudades con escasa presencia hispana. Pero es la única lengua minoritaria presente en los 51 estados y todos los condados de la unión y la única también, además del inglés, que congrega a más del 60% de la población en algún condado del país (en concreto en 35, según datos de US English, uno de los principales lobbies que impulsan el movimiento English Only). El ritmo de crecimiento y la gradual dispersión auguran, asimismo, la expansión y el aumento de los asentamientos.
El relieve del cambio lingüístico
Las huellas del cambio lingüístico son visibles también a escala territorial revelando, al igual que en las notas previas, una distribución irregular en la geografía estadounidense como refleja el Gráfico 13. Es en las regiones que destacan por acoger, en conjunto, a la menor y mayor población latina (Región Central y Oeste, respectivamente) –en cifras absolutas y relativas– en donde se aprecian los índices más altos de anglófonos. En conjunto, tanto en una como en otra, la pérdida de la lengua nativa afecta a alrededor de la cuarta parte de la población latina (el 25% y el 27% respectivamente).
Sin embargo, a nivel estatal se observan notables diferencias. Desde uno de cada diez (12%) en Florida, el estado en donde, en proporción, más latinos mantienen la lengua nativa, a las tres cuartas partes en Hawai y Montana (76% y 72%, respectivamente), las áreas en donde menos la hablan (véase el Gráfico 14). La mayoría de los 36 estados que superan la media nacional a este respecto (21,4%) cuentan con poblaciones poco cuantiosas, en cifras absolutas o relativas, y, en general, se encuentran alejados de las zonas fronterizas, que es otro de los factores que, según Alba et al. (Alba 2004; Alba et al, 2002) inciden en la conservación y pérdida de la lengua materna. Pero cuatro de ellos constituyen importantes excepciones a este patrón pues el peso de la población latina es significativo. Ya los mencionamos al comentar la diferencia entre los dos segmentos de población que forman el conjunto de hispanohablantes y aparecen reflejados en el Gráfica 12. Son, en orden decreciente, Colorado, en donde casi la mitad de los latinos (44%) es anglo-monolingüe; Nuevo México, el estado con el índice más elevado de latinos en su población (42%) y en el que el cambio lingüístico completo afecta a más de un tercio (34,5%); Arizona, otro de los núcleos tradicionales y una notable concentración (24%) y en el que los anglófilos rebasan la cuarta parte (26%); y, ya lindero a la media nacional, California, el estado que alberga la cifra más alta de latinos y con una de las mayores densidades de población (31%).
Ello hace patente la fortaleza del proceso de aculturación. Y es que los factores que lo impulsan son tan potentes[24] que ni la crecida inmigración de la pasada década, ni la mayor presencia social que empieza a advertir la lengua española, ha logrado frenarla. De ello dan cuenta distintos trabajos que confirman el avance y la resolución del cambio lingüístico. Y así, si el estudio de A. Portes y R. Rumbaut (2001), que sigue el curso de la adolescencia a la adultez (14/21 años) de una amplia muestra de segunda generación, documenta los primeros indicios a escala de preferencias y conocimiento de la lengua vernácula,[25] otros trabajos, como la encuesta del Pew Hispanic Center/Kaiser Family Foundation (2002), o los de Richard Alba et al. (2002; 2004) ratifican la vigencia del patrón generacional. A tenor de sus datos, más del 70% de la tercera generación –el 72% según el análisis de Alba (2004) y el 78% según la encuesta del Pew Hispanic Center– habrían completado el cambio completo a la lengua inglesa, quedando restringido el bilingüismo, básicamente, según Alba, a las áreas fronterizas y más próximas a México. La única excepción a este patrón son los dominicanos, con el índice más bajo de anglófilos (44%) debido, según ese mismo autor, a la frecuencia de los desplazamientos.
Unas deducciones que revalida nuestro examen del último Censo. Los estados que rebasan la media nacional de hispanohablantes en la población latina, coinciden, en general, bien con áreas fronterizas, caso de Tejas, y, en cierto sentido, también de Nueva York y Nueva Jersey, que alojan una elevado tasa de dominicanos y puertorriqueños –grupos que mantienen un contacto regular con los países de procedencia–, bien con algunos de los que observan los mayores incremento de población, caso de Carolina del Norte y Georgia –que superaron el 300% y en donde más del 80% de los latinos habla español– o Rhode Island –que con un incremento algo menos significativo en cuanto a población (99%) ocupa el segundo lugar (tras Florida) en el índice de latinos hispanohablantes en dicho colectivo– (véase el Gráfico 13 y las Tablas A2 y A3 del anexo).
Gráfico 13.
(Ampliar)
Fuente: cálculos propios a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de EEUU.
Gráfico 14. Cambio lingüístico en los latinos según área geográfica (en %), 2000
(Ampliar)
Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Censo 2000 (SF 3). Oficina del Censo de EEUU.
La aportación externa
Finalmente, y con esto cerramos esta sección, la presencia de “no latinos” entre los que declararon hacer uso habitual del español refleja el influjo del español en la población general, lo que nos orienta en dos direcciones. Una, hacia su relativa extensión –y por ende aceptación– entre el segmento mayoritario. Cuestión que va más allá del orbe numérico pues, implícitamente traslada la idea de interpenetración y trasvase. Ello contribuye a atenuar la frontera entre “propios” y “extraños” y es un indicio de uno de los modos menos lesivos de incorporación de los inmigrantes que señalan Zolberg y Long (1999) y el paso –y requisito– previo a una redefinición de la situación y remodelación de la identidad grupal.
Y es que, si la gesta de EEUU como nación está teñida de una fuerte corriente de intransigencia frente al dispar, la lírica que la acompaña hace hincapié en la imagen de libertad individual y aceptación y tolerancia frente a las diferencias.
La combinación entre pragmatismo, neofilia y sustrato ideológico (que pone el acento en la diversidad), elementos que definen parte del carácter estadounidense, podría impulsar, así, hacia un gradual reconocimiento y asimilación de la lengua española en la sociedad estadounidense, ya no como elemento ajeno o importado, sino como algo propio, un elemento más, consustancial, a la nación. Al fin y al cabo, pese a la contrariedad que les causa a algunos, basta mirar en derredor para topar con los vestigios de esa herencia; si bien ello no tiene porqué ser un proceso lineal ni afectar por igual a todas las áreas y tampoco, en el caso de darse, referir a un futuro próximo.
A modo de conclusión
Los datos reseñados a lo largo de este examen muestran, de forma inequívoca, la expansión de la lengua española en la geografía estadounidense y permiten entrever algunas tendencias y características. Entre ellas, el papel de la inmigración –tanto directa como indirectamente a través de la crecida natalidad–, que revitaliza los antiguos enclaves e impulsa la difusión geográfica, dentro y fuera de los núcleos habituales, incorporando nuevas áreas a las que cuentan con un largo arraigo. Asimismo, otro de los puntos destacados es el desplazamiento del eje de gravedad de la población foránea a la nativa que constituye ya el sector mayoritario (53%).
Ello, de un lado, puede avalar las posibilidades de una relativa continuidad; y, de otro, lo somete a los efectos y riesgos añadidos al proceso de aculturación lingüística –declive de las destrezas lingüísticas; diglosia y pérdida final de la lengua materna–, un proceso que se va acentuando con el tiempo y que se hace patente al cotejar las cifras de población latina y los usos lingüísticos en las sucesivas generaciones.
Por otra parte, la revisión de los factores que median en la adaptación e incorporación lingüística ayudan a matizar ciertas imágenes sobre las actitudes y habilidades lingüísticas de los hispanos. Imágenes que, con independencia de su veracidad, inciden en la actitud hacia la lengua y la comunidad de hablantes. Aunque nuestro examen fue muy somero, pues hay otras circunstancias que afectan a esta vertiente, los datos desmienten el estereotipo de la supuesta resistencia de los latinos frente a la lengua franca.
Finalmente, otra de las notas que se deduce del análisis de los datos censales es la gradual aceptación de la nueva realidad lingüística por parte de la población mayoritaria, que, al seleccionarla como segunda lengua, contribuye a engrosar la cifra de hispanohablantes.
Todo ello induce a pensar en una relativa continuidad de la lengua española en los EEUU, al menos a corto y medio plazo. La principal duda es el modo y grado en que le afectará el contacto y convivencia con la lengua inglesa. Pues, en realidad, a pesar del notable drenaje que supone la aculturación lingüística, ¿si ha logrado sobrevivir hasta ahora, en unas circunstancias enormemente adversas, por qué ha de involucionar una tendencia tan firme en las condiciones presentes que, a todas luces, son mucho más favorables?
María Jesús Criado, Investigadora del Real Instituto Elcano para el tema de Latinos en Estados Unidos y profesora en el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Referencias bibliográficas
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Criado, Mª Jesús (2004a),“La población hispana en EEUU de América. Asimilación y diferencia”, Revista Internacional de Sociología, nº 36, pp. 171-206.
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Apéndice – Tablas
Tabla A1. Lengua hablada en el hogar por la población de EEUU según natividad, 2000
|
Total (miles) |
Nativos |
Foráneos |
|
Miles |
% |
Miles |
% |
|
Sólo inglés |
215.424 |
210.212 |
91 |
5.212 |
17 |
|
Español |
28.101 |
14.761 |
6,4 |
13.340 |
43 |
|
Otra lengua indo-europea |
10.018 |
4.431 |
2 |
5.586 |
18 |
|
Lengua asiática o de islas del Pacífico |
6.960 |
1.448 |
1 |
5.512 |
18 |
|
Otra lengua |
1.872 |
814 |
0,4 |
1.059 |
3 |
|
Total |
262.375 |
231.666 |
100 |
30.709 |
100 |
Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Censo 2000. Oficina del Censo de los EEUU. “Lengua hablada en el hogar según natividad”, Censo 2000 (SF 3). Universo: población mayor de 5 años.
Tabla A2. Evolución estatal de la población hispanohablante, 1990-2000 (en orden decreciente según el incremento porcentual en ese periodo)
|
Área |
1990 |
2000 |
Cambio 1990-2000 |
|
C. A. |
? % |
|
Carolina del Norte |
105.963 |
378.942 |
272.979 |
258 |
|
Nevada |
85.474 |
299.947 |
214.473 |
251 |
|
Georgia |
122.295 |
426.115 |
303.820 |
248 |
|
Nebraska |
24.555 |
77.655 |
53.100 |
216 |
|
Minnesota |
42.362 |
132.066 |
89.704 |
212 |
|
Arkansas |
27.351 |
82.465 |
55.114 |
202 |
|
Utah |
51.945 |
150.244 |
98.299 |
189 |
|
Tennessee |
49.661 |
133.931 |
84.270 |
170 |
|
Oregon |
83.087 |
217.614 |
134.527 |
162 |
|
Iowa |
31.620 |
79.491 |
47.871 |
151 |
|
Carolina del Sur |
44.427 |
110.030 |
65.603 |
148 |
|
Delaware |
15.302 |
34.690 |
19.388 |
127 |
|
Kentucky |
31.293 |
70.061 |
38.768 |
124 |
|
Washington |
143.647 |
321.490 |
177.843 |
124 |
|
Rhode Island |
35.492 |
79.443 |
43.951 |
124 |
|
Wisconsin |
75.931 |
168.778 |
92.847 |
122 |
|
Kansas |
62.059 |
137.247 |
75.188 |
121 |
|
Oklahoma |
64.562 |
141.060 |
76.498 |
118 |
|
Idaho |
37.081 |
80.241 |
43.160 |
116 |
|
Alabama |
42.653 |
89729 |
47.076 |
110 |
|
Virginia |
152.663 |
316.274 |
163.611 |
107 |
|
Colorado |
203.896 |
421.670 |
217.774 |
107 |
|
Indiana |
90.146 |
185.576 |
95.430 |
106 |
|
Mississippi |
25.061 |
50.515 |
25.454 |
102 |
|
Dakota del Sur |
5.033 |
10.052 |
5.019 |
100 |
|
Arizona |
478.234 |
927.395 |
449.161 |
94 |
|
New Hampshire |
9.619 |
18.647 |
9.028 |
94 |
|
Dakota del Norte |
4.296 |
8.263 |
3.967 |
92 |
|
Maryland |
122.871 |
230.829 |
107.958 |
88 |
|
Missouri |
59.585 |
110.752 |
51.167 |
86 |
|
Vermont |
3.196 |
5.791 |
2.595 |
81 |
|
Michigan |
137.490 |
246.688 |
109.198 |
79 |
|
Illinois |
728.380 |
1.253.676 |
525.296 |
72 |
|
Florida |
1.447.747 |
2.476.528 |
1.028.781 |
71 |
|
Pennsylvania |
213.096 |
356.754 |
143.658 |
67 |
|
Alaska |
10.020 |
16.674 |
6.654 |
66 |
|
EEUU |
17.345.064 |
28.101.052 |
10.755.988 |
62 |
|
Massachusetts |
228.458 |
370.011 |
141.553 |
62 |
|
Maine |
5.934 |
9.611 |
3.677 |
62 |
|
Connecticut |
167.007 |
268.044 |
101.037 |
60 |
|
Montana |
8.083 |
12.953 |
4.870 |
60 |
|
Nueva Jersey |
621.416 |
967.741 |
346.325 |
56 |
|
Ohio |
139.194 |
213.147 |
73.953 |
53 |
|
Tejas |
3.443.106 |
5.195.182 |
1.752.076 |
51 |
|
California |
5.478.712 |
8.105.505 |
2.626.793 |
48 |
|
Louisiana |
72.173 |
105.189 |
33.016 |
46 |
|
Distrito de Columbia |
35.021 |
49.461 |
14.440 |
41 |
|
Hawaii |
13.729 |
18.820 |
5.091 |
37 |
|
Wyoming |
13.790 |
18.606 |
4.816 |
35 |
|
West Virginia |
13.337 |
17.652 |
4.315 |
32 |
|
Nueva York |
1.848.825 |
2.416.126 |
567.301 |
31 |
|
Nuevo México |
388.186 |
485.681 |
97.495 |
25 |
Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Censo 1990 y del Censo 2000.
Tabla A3. Porcentaje de hispanohablantes en las distintas áreas, 1990-2000 (en orden decreciente según cuota en la población total en 2000)
|
(%) |
Tasa en la población total [A] |
Tasa en poblac. que habla “otra lengua” [B] |
Variación 1990-2000 |
|
Área |
1990 |
2000 |
1990 |
2000 |
[A] |
[B] |
|
Nuevo México |
28 |
29 |
79 |
79 |
1 |
0,1 |
|
Texas |
22 |
27 |
87 |
86 |
5 |
-0,3 |
|
California |
20 |
26 |
64 |
65 |
6 |
2 |
|
Arizona |
14 |
20 |
68 |
75 |
5 |
7 |
|
Florida |
12 |
16 |
69 |
71 |
4 |
2 |
|
Nevada |
8 |
16 |
58 |
70 |
8 |
12 |
|
Nueva York |
11 |
14 |
47 |
49 |
3 |
1 |
|
Nueva Jersey |
9 |
12 |
44 |
48 |
4 |
4 |
|
Illinois |
7 |
11 |
49 |
56 |
4 |
8 |
|
EEUU (Total) |
8 |
11 |
54 |
60 |
3 |
5 |
|
Colorado |
7 |
11 |
64 |
70 |
4 |
6 |
|
Distrito de Columbia |
6 |
9 |
49 |
55 |
3 |
6 |
|
Connecticut |
5 |
8 |
36 |
46 |
3 |
10 |
|
Rhode Island |
3,8 |
8 |
22 |
40 |
4 |
18 |
|
Utah |
3,3 |
7 |
43 |
59 |
4 |
16 |
|
Oregon |
3,1 |
7 |
43 |
56 |
4 |
13 |
|
Idaho |
4 |
7 |
63 |
72 |
3 |
9 |
|
Massachusetts |
4 |
6 |
27 |
33 |
2 |
6 |
|
Washington |
3 |
6 |
36 |
42 |
3 |
6 |
|
Georgia |
2 |
6 |
43 |
57 |
4 |
14 |
|
Kansas |
3 |
5 |
47 |
63 |
3 |
16 |
|
Carolina del Norte |
1,7 |
5 |
44 |
63 |
3 |
19 |
|
Nebraska |
2 |
5 |
35 |
62 |
3 |
27 |
|
Virginia |
2,7 |
5 |
36 |
43 |
2 |
7 |
|
Delaware |
2 |
5 |
36 |
50 |
2 |
14 |
|
Maryland |
3 |
5 |
31 |
37 |
2 |
6 |
|
Oklahoma |
2,2 |
4 |
44 |
59 |
2 |
15 |
|
Wyoming |
3,3 |
4 |
58 |
63 |
1 |
5 |
|
Wisconsin |
1,7 |
3 |
29 |
46 |
2 |
17 |
|
Arkansas |
1 |
3 |
45 |
67 |
2 |
22 |
|
Indiana |
2 |
3 |
37 |
51 |
2 |
15 |
|
Pennsylvania |
1,9 |
3 |
26 |
37 |
1 |
10 |
|
Carolina del Sur |
1,4 |
3 |
39 |
56 |
2 |
17 |
|
Iowa |
1 |
3 |
31 |
50 |
2 |
18 |
|
Minnesota |
1 |
3 |
19 |
34 |
2 |
15 |
|
Alaska |
2 |
| |