El 7 de octubre de 1998, España aprobó su actual Ley de Hidrocarburos.
Cuando la noticia llegó a Argelia, los funcionarios del Ministerio de Energía
vieron con desmayo que su artículo 99 prohíbe que el suministro de gas "proveniente
de un mismo país sea superior al 60 por 100" del total. La redacción
de este artículo es chocante. Por un lado,el legislador establecía esta limitación
del 60% para los "combustibles gaseosos", pero no afectaba al petróleo,
carbón o la electricidad. Por otro lado, se predicaba esta prohibición de
un sujeto tan amplio como un mismo país en lugar de hacerlo de otros
más habituales en la literatura de la competencia como un mismo proveedor,
o de los que el sentido común pudiera sugerir como un mismo gasoducto
o, en conjunto, de un mismo sistema de aprovisionamiento. El lenguaje
utilizado por el legislador sugiere que su mente albergaba la posibilidad
de que un país entero pudiera dejar repentinamente de vender su gas a España,
bien por un colapso sistémico total o bien porque voluntariamente así lo decidiera.
Y el país en que pensaba era Argelia, que había inaugurado en 1996 el gasoducto
Duran Farrell (así lo llaman en Argelia, aunque en España se conoce como "Magreb-Europa",
un nombre inapropiado que induce al error de considerarlo el primero o principal
entre ambos territorios). Este gasoducto sigue siendo el más relevante de
los que alimentan España. Gracias a esta instalación, en 1998 Argelia tenía
una cuota del mercado gasero de España muy superior a la establecida, siendo
los demás proveedores marginales.
Dudas sobre Argelia
De esta forma, en 1998 España expresaba sus dudas sobre el futuro de la Argelia
dirigida por Liamín Zerual, un presidente que parecía incapaz de resolver,
o al menos contener la crisis del integrismo iniciada en las Navidades de
1991, que a esas alturas ya había provocado 100.000 muertos y evaporado su
economía.
A esta situación, muy cercana al colapso, habría que añadir que la producción
de hidrocarburos de Argelia dependía de una sola compañía, Sonatrach, que
disfrutaba, en la práctica, de un monopolio. Su vinculación al Estado era
tan estrecha que existía la percepción de que sería arrastrada en un eventual
colapso del país. Eso sin tener en cuenta que Argelia no pertenecía a ninguna
organización internacional económica o política que pudiera atenuar un fracaso
del Estado o estableciera un control supranacional sobre sus actividades al
margen del sistema ONU y Bretton Woods. Y, desde un punto de vista bilateral,
España tenía como primer proveedor energético a un país con el que no se había
firmado el máximo acuerdo del arsenal diplomático nacional, el "Tratado
de Amistad, buena vecindad y Cooperación", que sí se mantenía con sus
vecinos Marruecos (firmado en 1991) y Túnez (firmado en 1995).
Parece que había suficientes elementos como para pensar que el artículo 99
de la Ley de Hidrocarburos española estaba animado por la prudencia y la sensatez.
A esto habría que añadir el nuevo tono político que el primer gobierno Aznar
quiso imponer a las relaciones internacionales, revisando la política mantenida
por los gobiernos del PSOE con ciertos países "de izquierdas", como
fue el caso de Cuba.
La limitación del mercado español caía como una losa sobre Argelia, cuya
pertenencia a la OPEP ya ponía un cerrojo a sus exportaciones de crudo. Se
entenderá mejor el desánimo argelino explicando que su economía es extremadamente
sensible a cualquier variación del mercado de hidrocarburos, que aportan más
del 90% de su ingreso en divisas. Dos tercios de esta cantidad corresponden
a exportaciones de gas. Mientras Argelia es un productor de petróleo del montón,
con menos del 1% de la producción mundial, el país es el tercer exportador
mundial de gas, incluso el segundo si sólo se considera el gas licuado.
Además, la Ley española se sumaba a una directiva recién aprobada por Bruselas
que había puesto fuera de la ley la mecánica general de las exportaciones
de gas argelinas. En resumen, a finales de 1998 Argelia parecía al borde del
colapso por su conflicto interno. En paralelo, Bruselas había dejado fuera
de la ley la forma en que el país realizaba el negocio gasero, lo que casi
equivale a decir la forma en que ingresa divisas, y España le prohibía que
incrementase su cuota de mercado.
¿No pasa nada?
A pesar del mal aspecto que tenían las cosas en 1998, cuatro
años después, en 2002 Argelia sigue siendo el primer proveedor de energía
de España, con una cuota del 15,6% en el primer semestre de 2002 (carbón,
petróleo, gas y electricidad, capítulo 27 del arancel).
En el caso concreto de la partida arancelaria 2711 (gases de petróleo y demás
hidrocarburos gaseosos), Argelia suministró en el primer semestre de 2002
el 62,5% del total importado por España. A lo largo de todo el año 2001, suministró
el 63,8%.
Estos elevados porcentajes sugieren dos constataciones obvias: Por un lado,
si la "seguridad energética" nacional depende de algún país además
de España habría que imputar esa posición a Argelia.
Por otro lado, parece que el artículo 99, que
limita la cuota de mercado gasero de cualquier país al 60%, se toma a título
indicativo, al menos si éste porcentaje se mide en Euros *(1). Así las cosas,
en septiembre de 2002, el gobierno presentó su "plan energético"
2002-2011 que prevé más que duplicar las importaciones de gas natural, convirtiéndolo
en la segunda fuente de energía. Argelia mantendrá su muy teórico 60% del
suministro gasero, pero pasará de suministrar el 15% de toda la energía que
importa España a un porcentaje total cercano al 30%, agudizando la dependencia
española.
¿Qué ocurrió entre 1998 y 2002 para que España pasara del temor a perder
el suministro de gas a duplicar su apuesta por esta fuente de energía y por
Argelia? Lo que ocurrió entre medias fue que Argelia logró contener la hemorragia
e insertarse en la Comunidad Internacional. Quizá todavía no haya resuelto
todos sus problemas, pero hoy es un país que mejora gracias a la decidida
acción de sus políticos, curiosamente impopulares en su país (en las elecciones
generales del pasado mayo sólo votó el 47,5% del censo) y poco reconocidos
fuera de él.
Pacificación de Argelia
El presidente Liamín Zerual fue sustituido por Albelaziz Bouteflika, que
con la iniciativa de la concordia civil pacificó parcialmente el país. En
paralelo, inició las negociaciones para el ingreso en la Organización Mundial
de Comercio (OMC) para alcanzar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.
Esto integraba a la periférica Argelia en instituciones fundamentales, con
todos sus derechos y, por cierto, obligaciones. Unas obligaciones cuyo cumplimiento
se pueden exigir por medio de mecanismos previstos tanto en la UE como en
la OMC.
Al terreno energético, el Acuerdo de Asociación con la UE dedica su artículo
61, uno de los más amplios del Tratado con 230 palabras en su versión inglesa.
Sirva como ejemplo la comparación con el Acuerdo de Asociación suscrito por
su vecino Túnez, al que dedica una magra declaración de 50 palabras en su
artículo 57º. Este artículo 61 del Acuerdo de Asociación compromete a Europa
y Argelia a cooperar de forma "prioritaria" en "la adaptación
del marco regulatorio, institucional y legislativo de las actividades del
sector de la energía a las reglas de la economía de mercado". Una declaración
significativa para un país integrado en la OPEP, organización cuyos miembros
se rigen por criterios muy diferentes a los de "las reglas de la economía
de mercado". El artículo especifica que esta cooperación se dirigirá
a la "creación de partenariados en las áreas de exploración, producción
y procesamiento de gas y petróleo", además de su distribución. Es decir,
busca terminar con los monopolios y la reserva de ciertos sectores o actividades
a operadores locales.
No deja de ser significativo que el presidente argelino Bouteflika firmase
este Acuerdo durante al primer semestre de 2002, en que España presidía la
Unión Europea y que se desplazase para la firma a Valencia.
Reforma energética
La recepción de estas regulaciones en Argelia ha sido desigual.
Hay que decir que antes de la firma del Acuerdo de Asociación, Argelia ha
presentado una Ley de Hidrocarburos que convertiría a Sonatrach en una empresa
privada, desgajando hacia entes reguladores las funciones institucionales
que venía desempeñando. Esta Ley, en su proyecto conocido, liberaliza parcialmente
el sector introduciendo una limitada competencia, que no garantiza que en
el futuro España pudiera adquirir gas argelino a entidades diferentes de Sonatrach.
Eso sí, liberaliza el negocio de los ductos y depósitos, por lo que
el gas transitaría por redes privadas, limitando el riesgo de colapso sistémico
total.
Sin embargo, el cambio más notable del sector energético argelino ha sido
la dosis de transparencia aportada con la llegada al cargo de ministro en
1999 de Chakib Khelil, alto funcionario del Banco Mundial, ex-director de
su departamento de Energía para Iberoamérica. Este ministro, con torería,
afirmó que en enero de 2001 se terminaría el "viejo sistema" petrolero
por el que Argelia concedía los derechos para perforar en busca de hidrocarburos.
Estos contratos se negociaban en privado, sin transparencia ni competencia.
El proceso era tan "complejo" que muchos interesados ni siquiera
lo intentaban. Algunas fuentes afirmaban que la clave de este "viejo
sistema" eran las amistades que uno pudiera tener en los diferentes grupos
de presión locales, incluyendo el Ejército. Khelil anunció que cambiaría ese
sistema por uno basado en licitaciones públicas, con adjudicación inmediata
al mejor postor, lo que, en principio, le enfrentaba a los partidarios del
oscurantista sistema de amigos y enemigos. Pocos apostaban por Khelil, y la
industria no se lo tomó muy en serio. Sorprendentemente, Khelil invitó a principios
de 2001 a varias petroleras extranjeras a abandonar importantes proyectos
por no adaptarse.
La primera en caer fue la gigante canadiense PetroCanada, que en febrero
de 2001 fue invitada a abandonar las negociaciones que mantenía con Sonatrach
sobre los yacimientos de gas húmedo que rodean Tinrhert, proyecto que salió
a licitación posteriormente. Otra que no se creyó las advertencias de Khelil
fue Anadarko, la empresa extranjera más activa en Argelia, a la que Sonatrach
retiró el permiso sobre el bloque de exploración 406B. Anadarko había obtenido
este bloque en una subasta, el 15 de febrero, de la que varias empresas fueron
eliminadas por proponer modificaciones a las condiciones ofrecidas por Argelia.
Anadarko tampoco estaba conforme, pero prefirió expresar sus quejas en privado
y tras la adjudicación, según el sistema "viejos tiempos"...
Poco después, Khelil asumía la dirección de Sonatrach manteniendo el Ministerio.
Había ganado el pulso a los oscuros personajes que pululan en torno al sector
energético del país. Hoy, Sonatrach edita periódicamente un boletín que informa
de todas sus licitaciones, incluyendo hasta sus compras de modestas herramientas
de mano, informando de quién las gana y a qué precio. Un ejercicio de fair
play sin parangón en empresas españolas de talla similar.
En el negocio petrolero, como en cualquier otro, importa casi más lo que
dice el "tam-tam" sectorial que cualquier otra cosa. Y el mensaje
de transparencia que distribuyó Khelil resonó con simpatía en toda la industria.
Argelia cerró en 2001 diez contratos de exploración petrolera, un récord histórico
para este país, que podría cerrar en 2002 una cifra superior. Sonatrach, por
su parte, es hoy la 12ª mayor petrolera del mundo y la mayor empresa de África,
con unas ventas en 2001 y en divisas de $18.520 millones (una cifra, por cierto,
similar al PIB de Túnez o a la mitad del marroquí).
Planificar frente al artículo 99
Dicho esto, hay que advertir que la agenda de Khelil, o del sector energético
argelino, no es la de un liberal ingenuo, gratuitamente comprometido con el
libre mercado. Su objetivo es maximizar el beneficio petrolero de Argelia,
en el caso anterior recortando el sobrecoste que implica el cabildeo oscurantista.
Como es natural, también trata de generar ingresos y ha desarrollado múltiples
proyectos energéticos que le podrían permitir incrementar sus exportaciones
de gas a España sin infringir el artículo 99, al menos de forma directa.
Por un lado, ha lanzado una licitación para construir centrales eléctricas
de hasta 2.000 Mw cuya producción sería vendida en España. Para ello se construiría
una conexión eléctrica entre Argelia y España, a través del Mediterráneo.
El combustible que utilizarían las centrales es el gas natural, pero sólo
se exportaría la electricidad, lo que no infringe la letra del artículo 99,
aunque quizá sí su espíritu. La española Endesa está entre las empresas precalificadas
para este proyecto, el mayor en el terreno eléctrico que se viene desarrollando
en el Mediterráneo.
Por otro lado, Argelia ha firmado un acuerdo con Nigeria para estudiar la
construcción de un gasoducto de casi 4.000 km que lleve el gas nigeriano hasta
la red de exportación argelina. Este gasoducto atravesaría el desierto del
Sahara y quizá también el del Teneré. Permitiría que la red argelina llevase
más gas a España que, a efectos del artículo 99, sería nigeriano. Eso sí,
hay que suponer que Argelia percibiría un porcentaje de los pagos como derecho
de uso de su red.
En tercer lugar, Argelia se ha embarcado en una ambiciosa política de inversiones
en España. Entre otros proyectos, destaca una planta petroquímica recién inaugurada
en Tarragona donde Basf posee el 51% y Sonatrach el 49%. Acaba de darse luz
verde a la regasificadora de Murgados, en Galicia, donde Sonatrach tiene un
15%. Asimismo, Sonatrach acaba de tomar una participación del 30% en Cepsa
Gas. España es el único país del mundo donde Sonatrach ha desarrollado operaciones
similares, algo que contribuye a mejorar su imagen como proveedor fiable,
así como a retornar con sus inversiones el notable flujo de divisas que drena
su liderazgo en el suministro energético de España.
Por último, Sonatrach lidera la sociedad Medgaz junto a la petrolera española
Cepsa, que estudia la construcción de un gasoducto entre Argelia y España
atravesando el Mediterráneo. El proyecto aún no ha presentado sus conclusiones
ni tampoco ha definido sus objetivos en el mercado español del gas. Cuando
lo haga, el Ministerio competente tendrá que valorar varias cuestiones de
índole económica, legal y estratégica: Por un lado, España tiene la necesidad
estratégica de un suministro alternativo frente a un fallo del gasoducto Duran
Farrell, que atraviesa Marruecos. Esta eventualidad es improbable, pero no
imposible. Sobre todo si continúan degradándose las relaciones entre Madrid
y Rabat. Por otro lado, el Gobierno tiene la obligación legal de vigilar que
la dependencia de Argelia no exceda el 60%. En tercer lugar, Cepsa tiene un
interés económico por vender la mayor cantidad posible de gas argelino en
España.
Al margen del sector energético español, estos proyectos tendrán una consecuencia
notable en el mediterráneo Sur: desde el punto de vista energético, Europa
acaba en España y África comenzará en Argelia. Con su puesta en marcha, Marruecos
quedará convertido en una isla, casi aislada y marginal, unida a España y
Argelia por una débil conexión eléctrica (existen planes para ampliarla) y
sin beneficiarse del paso de nuevas infraestructuras. Algo que, por otro lado,
era de esperar ya que según publicó el boletín Magreb Negocios en agosto de
2001,el coste de atravesar el Reino para el gasoducto Duran Farrell, supone
"el 14% del gas como derecho de tránsito". Frente a este aislamiento,
Marruecos podría sentir la necesidad de asegurar su suministro energético
con tecnologías que lo garanticen, como la energía nuclear.
Conservar los privilegios
Además de reducir los gastos y generar nuevos ingresos, la política energética
argelina tiene como tercer objetivo conservar el acquis, la posición
que tiene en el mercado del gas del sur de Europa y que le permite imponer
las condiciones de venta. El pasado mes de febrero, el presidente Bouteflika,
y luego el ministro de Energía Khelil, atacaron la directiva europea de gas
98/30, que introduce la competencia y liberaliza al cerrado mercado del gas.
Ambos señalaron que “fragiliza...la seguridad del aprovisionamiento”, sobre
todo, si da “una aplicación unilateral de esta nueva reglamentación”. No
era sólo una declaración. Inmediatamente después, el ministro argelino Khelil
canceló todos sus compromisos y emprendió viaje a Rusia. Allí se encontró
con el ministro del ramo y le invitó a formar parte de un “grupo de trabajo”
gasero en el que estaba incluida Noruega, para "coordinar sus políticas
de exportación de gas para defender sus intereses en este campo" según
afirmó la agencia Tass. Algo que suena muy parecido a lo que podría ser una
OPEP del gas. Estos tres productores se sienten afectados por la directiva
porque pone en cuarentena la estructura del comercio gasista, edificado sobre
contratos a largo plazo garantizados, llamados take or pay, con cláusulas
de destino y de cliente preferente. Estas últimas prácticas son consideradas
por Bruselas como "incompatibles" con la libre competencia porque
impiden la creación de mercados libres. Los contratos take or pay atan
al cliente y al proveedor, dificultando la creación de un mercado. Claro que
su rigidez permite utilizarlos como garantía para financiar la construcción
de las costosas infraestructuras de exportación de gas. Las muy discutibles
cláusulas de destino impiden que el comprador de gas lo revenda a terceros
fuera de ciertos territorios. Estas cláusulas existen porque Argelia no vende
el gas al mismo precio a todos sus clientes y alguno podría tener la tentación
de convertirse en un revendedor o intermediario. Crear un mercado europeo
de gas, donde Sonatrach ya no sería un operador dominante.
Más gas, pero ¿de dónde?
Esta evolución desde 1998 a 2002 se reflejó de forma muy positiva el viernes
13 de septiembre de 2002, día en que el Consejo de Ministros español aprobó
el documento de“Planificación de los Sectores de Electricidad y Gas 2002-2011".
El objetivo principal de este documento, que contempla inversiones por valor
de Eu26.500 millones, es decir, 4,4 billones de pesetas, es cambiar el mix
energético español. Pretende que el gas natural y las energías renovables
se conviertan en la segunda y tercera fuente energética, respectivamente,
desbancando al carbón y la energía atómica. El gas natural será la energía
primaria con mayor crecimiento en España, hasta alcanzar un 22,5% de la demanda
total en 2011, frente al 12,8% en 2001. Esto supone que a finales del año
2011 España consumirá más del doble de gas natural que en la actualidad, lo
que plantea la cuestión de cual será la fuente de suministro. El propio documento
sugiere que el reparto geográfico del suministro de gas apenas se modificará,
lo que supone que Argelia duplicará sus exportaciones de gas a España, fundamentalmente,
duplicando la capacidad del gasoducto Duran Farrell. Aunque mantenga su cuota
de gas en torno al famoso 60%, calculamos que elevará su cuota total en el
suministro energético de España quizá desde el 15% actual hasta el 30% (gas-carbón-petróleo-electricidad),
contando con que, seguramente, también incrementará sus exportaciones de petróleo,
y que el documento ya contempla la conexión eléctrica directa entre ambos
países quizá de hasta 2.000 Mw (PROGRAMA DE INSTALACIONES DE LA RED DE
TRANSPORTE ELECTRICO, pag. 37).
Claro que aprovisionarse en Argelia tiene ventajas y la fundamental es que
está muy cerca de España, con lo que el coste de transporte es reducido. El
gas o el petróleo argelinos, puestos en nuestro país, son los más baratos
del mundo y ese reducido precio, a la vez, es el más beneficioso que Argelia
puede obtener. En segundo lugar, es posible comprar barcos llenos de petróleo
nigeriano o saudí, pero resulta imposible improvisar un gasoducto desde, digamos,
Trinidad y Tobago. Las peculiaridades de la logística gasera obligan a privilegiar
los mercados donde es posible aprovisionarse.
Frente a esta situación, España puede hacer varias cosas. Una es seguir el
consejo de Cervantes, buen conocedor de Argel, y "darle tiempo al tiempo".
Otra es impulsar al Comisario de la Competencia para que "haga entender"
a Noruega, Rusia y Argelia que Europa no ha fragmentado sus mercados energéticos
para que los mismos macroproveedores puedan imponer con más fuerza sus condiciones.
Una alternativa que sugerimos sería considerar que Argelia ya no es ese país
centralizado de 1998 donde parecía posible un colapso fulminante y modificar
la palabra "país" del artículo 99 por el más preciso concepto de
"sistema de aprovisionamiento". Un concepto que, para empezar, no
puede ser malinterpretado en términos de xenofobia e integra un diferente
proveedor, diferente entrada en el sistema y diferente origen. Es decir, prohibir
la compra de más del 60% del gas al: mismo vendedor y/o que llegue por el
mismo gasoducto o planta de regasificación y/o que se extraiga de los mismos
yacimientos. Eso sí, aún no existen dos "sistemas de aprovisionamiento"
desde Argelia, pero esta reforma supondría un incentivo para que el país profundizase
su liberalización que últimamente parece renqueante. La tímida Ley de Hidrocarburos
argelina lleva en capilla más de un año, mientras sigue abierto el enfrentamiento
con Bruselas por la directiva.
Otra opción podría ser la que han tomado otros países enfrentados con situaciones
similares: han preferido no resolverlos y simplemente, cambiar su tecnología
energética. Un caso equivalente al español es el de Finlandia, otro país periférico
(como España), que importa sus hidrocarburos y cuyos suministradores más cercanos,
Rusia y Noruega, se oponen a la legislación europea. Frente a esta situación,
Finlandia acaba de optar por comenzar a construir nuevas centrales nucleares.
Si se hiciera una encuesta, posiblemente el 99% de los españoles afirmaría
preferir el gas natural a la energía nuclear. Claro que, posiblemente, ese
mismo 99% también afirmaría preferir un suministro de gas natural al de metano.
(1)*En realidad, la fórmula que emplea el artículo 99 hace que la responsabilidad
de diversificar los suministros recaiga sobre los transportistas y
comercializadores de gas quienes, individualmente, deben mantener como
máximo el porcentaje del 60%. Es posible que todos, individualmente, mantengan
ese porcentaje medido en metros cúbicos de gas, pero que la suma total en
Euros exceda el límite, debido a que el gas de Argelia puesto en España sea
más caro que el de los demás países, cuando todo indica que, al menos estructuralmente,
debería ser al revés.
Iñigo Moré, Presidente de la consultora Mercados Emergentes
mercadosemergentes@hotmail.com |